ANASTACIO
DE GUZMAN Y ABREU
SABIO.- Nació hacia 1.770 aproximadamente,
en Andalucía, España, de familia de
clase media y escasos recursos y desde muy joven descolló
por su afán de aventuras, amor a las ciencias
naturales y por sus dotes de dibujante y pintor, que
lo llevaron a estudiar con ahínco hasta recibirse
de profesor práctico de Farmacia Galénica
y Química en la Universidad de Sevilla, ejerciendo
la profesión de boticario (químico y
farmacéutico) en el Puerto de Santa María.
Era un producto del movimiento cultural iniciado por
los Ministros de la ilustración liberal de
tiempos Carlos III, que permitieron el ingreso masivo
de los burgueses a las universidades españolas,
anteriormente reservadas únicamente a la nobleza.
Movido por la aventura a principios
de 1.796 partió de Cádiz embarcado en
la Corbeta La Descubierta y pasó a Montevideo
y Buenos Aires donde adquirió el “Almanaque
y Guía de Forasteros para el año de
1.792” y comenzó a anotar las incidencias
de su viaje; siguió a Chile “herborizando
por todos los caminos, colectando plantas y animales
de las diversas regiones del país, levantando
Cartas orográfícas, ensayando mediciones
astronómicas y barométricas, recogiendo
datos estadísticos geográficos, sociales
y económicos: unas veces entre las altas malezas
del bosque y de la selva, otras entre el inclemente
frío y tremendo fuetear del viento de los paramos,
pero todo caía en su visión y análisis”.
De Chile pasó a Lima
y escribió “Las virtudes de las producciones
naturales del Perú”, manuscrito en cuarto.
En dicha capital vivió un año que aprovechó
para trabajar “Géneros nuevos y especies
recogidas en el Perú” en 500 fojas en
cuarto y siguiendo hacia el norte en el Paquebote
Copacabana fue presentado por el Capitán, al
Coronel de milicias Jacinto Rodríguez de Bejarano,
que le propuso hacerlo Mayordomo y Director General
de sus obras (haciendas) en vista de sus conocimientos
de molinos, arquitectura, albañilería.
En Guayaquil anotó una valiosa información
que le sirvió para su “Descripción
de los pueblos de Guayaquil” en 34 fojas en
cuarto.
En 1.797 viajó a la
Sierra, sufrió los estragos del terremoto que
destruyó Riobamba y a casi todo el callejón
interandino hasta Ibarra, anotando una “Razón
de lo acaecido”.
En 1.798 se avecindó
en Quito y trabó amistad con José Mejía
que lo hospedó gentilmente en su casa por espacio
de tres años. Guzmán inició a
Mejía en el conocimiento de las ciencias naturales,
fue su maestro en numerosas expediciones botánicas,
frecuentes y fatigosas, juntos recorrieron las zonas
de Otavalo y Cocaniguas con Vicente Alvarez Torres,
Mariano Ontaneda y el peruano Juan Manuel de la Gala.
En 1.802 arribó Humboldt
a Quito y Guzmán le presentó sus esquemas
contenidos en 165 paquetes de mariposas, 7 y ½
pliegos de prospectos de templos y casas iluminados
de colores, 46 mapas geográficos de distintas
porciones territoriales de la Audiencia de Quito,
4 claves geográficas de los Virreynatos de
Lima, Buenos Aires y Santa Fe, 1.889 láminas
de ½ pliego cada una de varias plantas preciosas
perfectamente bien dibujadas, 22 cuartillas de papel
con dibujos iluminados de insectos y mariposas, algunos
apuntes en 6 pliegos, 428 cuadernitos en octavo y
manuscritos refiriéndose a descripciones de
plantas, igual número de cuadernitos de Linneo
traducidos por Guzmán al castellano, un cajón
con 85 conchas, 1 canasta de conchas grandes y pequeñas,
164 dibujos de plantas en medio pliego, 171 dibujos
de plantas en borrador, 129 dibujos de pájaros
en papel azul, 8 dibujos de cuadrúpedos y vivíparos,
7 dibujos de cuadrúpedos y ovíparos,
en cada medio pliego tres o cuatro dibujos tanto en
uno como en otro lado, 4 dibujos de peces por uno
y otro lado, 15 dibujos de culebras, 1 dibujo de cangrejo,
nombres de aves por orden alfabético en 6 fojas
de ½ pliego, 82 fojas en octavo con descripciones
de plantas y animales y 68 fojas en octavo con descripciones
de muchas especies de plantas con dibujos. También
le mostró sus obras más importantes
tales como “La Clave General” de todo
su sistema escrita en forma de cuadro sinóptico
sobre papel de marquilla de 1 ¾ varas de largo,
resumiendo su teoría sobre la división
de los tres reinos naturales que explicaba claramente
en otros libros suyos, que así mismo dio a
leer a Humboldt y eran: 1) “Nueva nomenclatura
botánica con climatología de los nombramientos
griegos dados a todos los géneros de plantas,
granjas y plantas conocidas hasta el presente, arreglada
según la nueva orden de familia”, en
seis fojas de cuarto mayor, que comprendía
un gran número de géneros nuevos de
palmas, plantas, etc., 2) “División natural
de los animales según su estructura interna”,
en latín, en 14 fojas en cuartilla mayor. 3)
“Tabla de la división sistemática
del reino animal, coordinación de sus géneros
y descripción de sus caracteres”, 4)
“División natural del reino mineral”
en 14 fojas en cuartilla mayor, 5) “Clave de
los vegetales” en 11 fojas que también
tenía por título “Clase primera
espatacias” y comprendía 14.095 especies
de plantas 6) “Floquitación circular
de la naturaleza u orden natural fundado”. Tal
cantidad y calidad de material, de anotaciones y conclusiones
científicas maravillaron a Humboldt, que jamás
pensó encontrar en Quito a hombre tan docto
y tan conocedor de las ciencias naturales, a quién
calificó de superior al sabio Linneo.
Por entonces José Celestino
Mutis dirigía los trabajos de la Expedición
Botánica al Nuevo Reino de Granada, con sede
en Bogotá, para colectar, clasificar y dibujar
la flora de estas regiones. La expedición contaba
con el apoyo moral y financiero de la Corona y estaba
formada por numerosos sabios, ayudantes y dibujantes.
Uno de ellos era el joven Francisco José de
Caldas, quién viajó a Quito en 1.803
a herborizar y enseguida amistó con Guzmán
y su discípulo Mejía, quienes le mostraron
sus colecciones y apuntes. Guzmán hasta le
facilitó sus resúmenes explicativos,
que Caldas, por egoísmo, no apreció
en su real valer ni descubrió en Guzmán
los méritos que había aquilatado Humbodt;
por eso escribió en marzo del año siguiente
a su amigo Santiago Arroyo: “Un español,
andaluz, botánico que está aquí,
ha formado una obra cuyo prospecto incluyo. Yo no
salgo de fiador de si satisfará lo que propone:
no obstante, si Ud. quiere, riegue la especie y vea
si puede conseguir alguna suscripción”,
porque Guzmán estaba por publicar sus obras.
A mediados de 1.804 pasó
seis meses en Otavalo, viviendo en casa de su amigo
Agustín Patraña y recogió numerosos
ejemplares de los tres reinos que remitió a
Quito, con un cajón de botellas llenas de agua
y espíritus pertenecientes a la botica que
había instalado para ganarse la vida. También
le hizo llegar a Mejía media resma de papel
que había escrito.
En 1.805 estuvo nuevamente
en Quito y se visitó con sus amigos Agustín
Bustamante y Mariano Ontaneda. De allí siguió
para Gauranda y el Corregidor Gaspar de Morales lo
tuvo en su casa.
De Guaranda se trasladó
a Píllaro y vivió en casa de Vicente
Alvarez. Por un corto tiempo puso botica en Latacunga,
pero atraído por ciertas noticias que allí
recibió sobre la supuesta existencia de un
tesoro, se dedicó a estudiar y a copiar el
derrotero o camino para hallarlo, dibujado por un
español de apellido Valverde y que según
se cuenta hasta ahora, había sido el feliz
descubridor del oro quiteño del rescate de
Atahualpa, enterrado en las montañas de los
Llanganatis.
Guzmán realizó
alguna salidas a las zonas de Mulaló y a los
páramos de Jaramillo y hasta localizó
las entradas de varias minas de plata y cobre abandonadas
durante la conquista. Igualmente logró cerciorarse
de la existencia de otros minerales.
Con tan buenos auspicios “creyó
enriquecerse fácilmente beneficiando las minas
con ardor; pero, al poco tiempo, perdió su
entusiasmo debido a las riñas surgidas entre
sus acompañantes y mayormente a la manera lenta
de adquirir la riqueza, cuando se suponía que
había oro a manos llenas”. Al final,
en 1806, abandonó las minas y regresó
al pueblo de Patate, viviendo bajo la protección
del Teniente de Corregidor, Manuel de la Cuesta y
Zelada.
Allí dibujo una carta Geográfica de
la zona de los Llanganatis, el río Patate desde
Latacunga y el río Pastaza; mas, una noche,
que caminaba sonámbulo por el campo y completamente
dormido, sufrió una aparatosa caída
en la quebrada de Leytillo, valle de Leyto, cerca
del pueblo y llevado a una pequeña casa de
campo, expiró; siendo enterrado en Patate por
su amigo Vicente Alvarez, en cuyo poder quedó
parte de sus libros y escritos, pero la gran mayoría
de sus colecciones y obras siguieron depositadas en
casa de Mejía y cuando éste viajó
a España, las cuidó su esposa Manuela
Espejo.
Mariano Ontaneda se preocupó
por ellas para su publicación y la presidencia
ordenó que se inventaríen. El perito
Joaquín Jaramillo las tasó en la módica
suma de 133 pesos y 5 reales pues no les dio la importancia
que tenían.
Después de la batalla
del Pichincha las recabó el Dr. Víctor
Félix de San Miguel y Cacho, Corregidor de
Guaranda y por orden del general Vicente Aguirre Mandoza,
Intendente de Quito, fueron depositadas en la Universidad,
en manos del Dr. Manuel Angulo; quien, antes de fallecer,
las entregó a un hijo suyo que era Canónigo.
Después fueron a dar a un ahijado que este
último tenía, el abogado Dr. Cruz Ribera.
Celiano Monge Navarrete le
insinúo que las regalara al Arzobispo González
Suárez, como efectivamente sucedió.
Años después aparecieron en la biblioteca
del Arzobispo Manuel María Polit, luego fueron
de sus sobrinos los Espinosa Polit y finalmente de
Jacinto Jijón y Caamaño, que quiso publicarlas
pero fracasó. Hoy deben estar incorporadas
en los fondos del Archivo del Banco Central, a menos
que se hubieren extraviado a la muerte de Jijón.
Algunas plantas de esta Colección han sido
bautizadas con el apellido del sabio Guzmán.
La “Urcu Rosa” tiene por nombre científico
el de “Ranunculus Guzmanii”.
En 1.860 el célebre
expedicionario inglés Richard Spruce sacó
en Ambato una copia de la “Carta Geográfica
de los Llaganatis” dibujaba por Guzmán,
que se reprodujo dos años después en
el “Journal de la Real Sociedad Geográfica
de Londres” como si fuera al plano del tesoro
del Inca Atahualpa, por contener los principales accidentes
geográficos de la zona donde se supone que
Rumiñahui hizo enterrar el oro que iba destinado
a Cajamarca, como parte del famoso rescate. Otras
copias de este plano existían en Quito en poder
de personas particulares. Luciano Andrade Marín
Vaca tenía una pegada a un trozo de zarasa,
con dibujo nítido efectuado con lápiz
de tinta india. El original de tan publicado mapa,
es meramente alegórico e imaginativo, pues
Guzmán jamás entró a los Llanganatis
profundos y no sabemos mayor cosa de Valverde. La
copia de Andrade-Marín lo tenía Salvador
Zoilo Ortega en Ambato, dividido en ocho pedazos de
papel en tamaños desiguales y para 1.860 fue
exhibida en Quito.
Guzmán fue un genial
representante de la ilustración del siglo XVIII
caracterizada por el dominio de la razón sobre
el imperio de la fe, que practicaba el progreso como
ideal del hombre sobre la tierra y el cosmopolitismo
de franca dirección materialista, orientada
a la creación de los grandes sistemas y a la
vuelta del hombre a la naturaleza, fuente primera
del movimiento romántico que se estaba gestando
en Europa.
Las listas de sus obras, donde
aparecen su “Diario de Viaje” escrito
en cuarto, sus “Consejos Saludables” cuadernillo
manuscrito en cuarto, así como otras también
suyas tales como la llamada” Viaje desde Buenos
Aires hasta Guayaquil” en 89 fojas en cuarto
y “Descripciones de especies de plantas de Chile,
Guayaquil y Quito” en 181 fojas en octavo, hoy
perdidas, lo revelan como uno de los más importantes
viajeros de todos los tiempos.
Su descripción física
se desconoce, pero debió ser de estatura mediana,
trigueño como la mayor parte de los andaluces
y de contextura delgada, de índole aventurera,
por infatigable expedicionario, científico
curioso y visionario soñador.