ALEJANDRO
VON HUMBOLDT
SABIO NATURALISTA.- Nació en el Castillo de
Tegel, antigua residencia campestre de la Casa real
de Prusia, situada al noreste de Berlín, el
14 de septiembre de 1.768. Hijo legítimo del
Mayor Georg Von Humboldt, Chambelán y Consejero
real de Federico II de Prusia y de María Elizabeth
Colomb, viuda de Von Holwede, quien aportó
las propiedades y demás bienes materiales a
la familia.
Muy pequeño tuvo por
preceptor al célebre Capellán Cape,
traductor del libro “Robinson Crusoe”
al alemán, distinguiéndose en el estudio
de la física y las matemáticas. Su único
hermano llamaba Guillermo y ambos fueron muy unidos,
estudiando en la Universidad de Francfort y un año
en la de Gotingen, donde Alejandro conoció
a varias notabilidades.
Por un compañero del
Capitán Cook acrecentó su anhelo de
conocer el mundo y comenzó a estudiar mapas
y libros de viajes. Otras lecturas le inspiraron el
amor a la vida campestre, a los países exóticos
y a las selvas misteriosas.
En 1.788 participó de
las reuniones de la “Ilustración berlinesa”,
círculo literario y filosófico dirigido
por Moses Mendelssohn.
En 1.789 visitó la región
de Renania editando una obra sobre las basaltos del
Rhin. El investigador Georg Foster lo indujo a visitar
los Países Bajos, Inglaterra y Francia. De
regreso estudió teneduría de libros
y estadísticas en la Academia Buesch de Hamburgo
y pasó a la escuela de Minas de Freibergh.
El 26 de Febrero de 1.793 se
graduó en ciencias y fue nombrado Adjunto del
Departamento de Minas, explorando los distritos de
Baviera y Prusia. En 1.794 inventó “La
luz inextinguible” y una “máquina
respiratoria” y entró en relación
con Goethe y Schiller, especializándose en
Geografía y Petrografía en el Tirol,
Lambardía y Suiza y en el conocimiento y aplicación
de los principios del galvanismo, sobre lo cual escribió
dos tomos publicados entre 1.797 y el 99.
Al fallecimiento de su madre
heredó una considerable fortuna, y viajó
por Austria, finalizando su libro sobre las fibras
musculares y nerviosas irritadas, que fuera calificado
como “compendio de los fenómenos sensibles
de la naturaleza humana”.
En 1.798 visitó con
su hermano Guillermo el norte de Francia. En París
dictó tres conferencias que publicó
la Academia Francesa en sus Memorias y trabó
amistad con el botánico Bougambille, planeando
un viaje de circunnavegación al globo de seis
años en la goleta del Capitán Baudin,
que no realizó por causas políticas.
Entonces, acompañado del naturalista Aime Bompland,
siguió rumbo a Egipto, pero tampoco pudieron
embarcarse en Marsella, así es que pasaron
en Marzo de 1.799 a España y realizaron localizaciones
astronómicas y mediciones del magnetismo terrestre,
coleccionaron plantas, rocas y minerales. El Rey Carlos
IV los recibió en Araujuez y el Consejo de
Indias les dio pasaporte a América.
En 1.800 salieron para Tenerife
y Cumaná, “trayendo el pensamiento romántico,
el aprecio del majestuoso paisaje de los Andes y el
descubrimiento de sus ciencias naturales, sus monumentos
y sus gentes. Humboldt era un poeta que llegó
a la verdad por la idea, pero no fue un romántico
puro sino en su primera juventud, que sabía
distribuir sabiamente su tiempo entre la ardua y árida
investigación y el fino trato social que tantas
simpatías le conquistaba.
De Caracas pasó al Orinoco,
recorrió sus afluentes y quiso embarcar a Cuba
con destino a México y Filipinas, pero creyendo
encontrar al Capitan Baudin en Guayaquil, cambió
de itinerario y se vino por el río Magdalena
a Bogotá, entrevistándose con el botánico
José Celestino Mutis.
En Diciembre de 1.801 tocó en Ibarra y encontró
a José de Caldas, luego arribaron a Quito y
conocieron la quinta del Marqués de Selva Alegre
en el valle de los Chillos, donde descansaron de las
arduas jornadas realizó varias ascensiones
volcánicas, visitó las reconstruidas
poblaciones de Latacunga, Ambato y Riobamba, así
como sus ruinas, ascendió al Chimborazo, pasó
a Cuenca y por allí se internó a las
quinas y el Marañón, herborizando más
de 5.000 especies y géneros.
De Cajamarca y Trujillo siguió
a Lima donde admiró esa sociedad verreinal
y al regreso pasó a Guayaquil descubriendo
la corriente marítima que hoy lleva su nombre.
Entonces visitó México y Cuba y en 1.804
residió en Filadelfia y Washington, siendo
recibido con honores por el Presidente Thomas Jefferson
en su quinta “Monticello”.
Nuevamente en Europa, entró
por Burdeos con Bonpland y Carlos Montúfar,
adonis conocido en Quito, y fue recibido por la Academia
de Ciencias, sabios y literatos, que se admiraron
de su profundo saber. En París amistó
con Bolívar Rocafuerte, asistió a la
coronación de napoleón como Emperador,
pasó a Roma, siguió hasta Nápoles
y estudió al Vesubio en erupción. De
regreso a Berlín fue designado Miembro de la
Academia prusiana de Ciencias y Chambelán real
por su protector el Ministro Hardenberg.
Entre 1.805 y el 7 publicó
sus “Cuadros de la naturaleza” y este
último año comenzó a editar “Viajes
a las regiones equinocciales del nuevo Continente”,
en 34 tomos de aproximadamente 1.000 páginas
cada uno (1) obra que le tomó 31 años
terminar.
(1) Una colección de
34 volúmenes fue adquirida en Europa por Jacinto
Jijón y Caamaño, hoy figura en la biblioteca
del Banco Central, siendo la Colección más
importante de ese fondo bibliográfico y documental.
Era conocido por tener una de las bocas más
mordaces de la Corte, cenaba en la mesa real y sostenía
conferencias ante la sociedad palaciega, gastando
su fortuna personal en las ediciones de sus obras
publicadas en francés para mayor difusión.
Las colecciones de “Cosmos” y “Tablas
de la naturaleza” aparecieron finamentes empastados.
En 1.828 dictó conferencia
en la Universidad de Berlín el 29 viajó
por los montes Urales, China y el extremo Oriente,
de regreso recogió plantas en el Mar Carpio,
trabajó en Hungría y coleccionó
más materiales. Simón Bolívar
le llamó descubridor del nuevo mundo, cuyo
saber ha hecho más bien a la América
que todos los conquistadores, porque su viaje no solo
se relacionó con la geografía sino que
influyó en la ciencia, el arte y la política
latinoamericanas.
En 1.850 y de 81 años,
aún seguía trabajando y manteniendo
correspondencia con sabios de todo el mundo. Falleció
en 1.858 en Berlín, cerca de 90 años,
soltero y con fama universal. Sus diarios escritos
en alemán, con notables dibujos y comentarios,
fueron encontrados en Europa por el ecuatoriano Neptalí
Zúñiga. Allí Humboldt trató
muchos aspectos de su vida sentimental y quiza por
eso los diarios no se publicaron, aunque sabemos que
Zúñiga los transcribió del alemán
al español.
El mayor aporte de Humboldt
fue descubrir la majestuosidad inmensa del paisaje
americano a los sabios de Europa pues fue el primer
viajero que lo describió con ojos románticos,
es decir, con la visión trascendente de una
revolución que involucraba al hombre con la
geografía y a ésta, en toda su magnificencia,
con la idea de libertad. (2)
De estatura mediana, rasgos
finos, frente alta y ancha y coronada de cabellos
blancos en la ancianidad, que antes habían
sido rubios; ojos azules, vivos y con juvenil expresión;
su boca casi sonriente, benévola y a veces
sarcástica; su andar rápido y con la
cabeza ligeramente inclinada. Su conversación
deleitosa por la variedad de conocimiento que ofrecía
de modo natural, sin alarde ni exhibición de
orgullosa sabiduría. Goethe le admiraba y decía
de él: “Parece una fuente de diversos
surtidores inagotables”.
Afable y social, gustaba de la buena mesa sin excederse
y de las mujeres como “la bella Rodríguez”
que le acompañó casi un año en
México, pero también conoció
el amor que afemina, según palabras de José
de Caldas, pues Humboldt, en su vida privada, era
bisexual.
(2) A Humboldt le correspondió
la proeza de incursionar en un inexplorado territorio
y en distintos campos de la investigación científica:
la cosmografía, la biología, la botánica,
la zoología y la geología. Contempló
y explicó el mundo americano desde su visión
humanista, que recobra vigencia cuando han transcurrido
200 años del monumental viaje a América.
El sabio prusiano transformó la ciencia del
siglo XIX, le dio velocidad e impregnó de interés
por América a los viajeros y las misiones más
diversas, pues su único viaje a América,
que incluyó al Ecuador, lo marcó para
toda la vida.
Desde su juventud había tenido una inquietud
creciente por conocer los trópicos de América,
interés que incluía el estudio del ser
humano. Por seis años preparó el gran
viaje, lo que implicó que estudiara arduamente,
aprendiera el castellano y se apertrechara de novedosos
instrumentos científicos.
Su intención era clara y así la escribió:
“Coleccionaré plantas y animales, estudiaré
la temperatura, la elasticidad, la composición
magnética y eléctrica de la atmósfera,
la descompondré, determinaré las longitudes
y los paralelos geográficos, mediré
montes; pero en realidad, este no es mi objetivo final.
Mi verdadera y única finalidad es investigar
cómo se entretejen todas las fuerzas naturales,
la influencia de la naturaleza muerta sobre el mundo
vivo animal y vegetal”. Humboldt ya consideraba
a la naturaleza como una red en que “nada está
aislado”.
Guiado por los conceptos de la Ilustración
y de la Revolución Francesa, trasladó
su concepción de unidad de la naturaleza a
la “unidad del género humano”,
donde todos sus elementos “están igualmente
destinados a la libertad”.