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LEOPOLDO IZQUIETA PEREZ
FUNDADOR DEL INSTITUTO DE HIGIENE.- Nació en Guayaquil el 15 de Noviembre de 1.879 y fueron sus padres legítimos Bernardo Izquieta y Fernández., Jefe de la Aduana de Guayaquil fallecido en 1.880 y Rosario Pérez Antepara, guayaquileños.

Huérfano de padre a temprana edad, ingresó al colegio de don Tomás Martínez y cursó la secundaria en el San Vicente del Guayas, descollando en ambos planteles como uno de los mejores alumnos especialmente en matemáticas y se graduó de Bachiller el 27 de Agosto de 1.897 en la mayor pobreza, pues su madre, quien habitaba un chalet en Ciudavieja, había perdido todos sus bienes durante el Incendio Grande del 5 al de Octubre del año anterior.

Mientras tanto, desde el 96, era miembro fundador del Círculo de Instrucción Libre y el 97 fue del Juan Montalvo “donde nadie osaba pronunciar en su presencia una palabra impropia, dada su acostumbrada seriedad, que le hacía aparecer como de mayor edad”.

En 1.898 se matriculó en la facultad de Medicina y al año siguiente fue designado Amanuence de la Universidad, desempeñándose hasta 1.901. Era un excelente alumno que se hacía notar por la bondad de su carácter y una eterna sonrisa en el rostro y que se daba tiempo para ejercer la Vicepresidencia del Círculo de Instrucción libre y publicar artículos científicos en el Boletín de la Sociedad Médico Quirúrgica del Guayas como el titulado “Acceso Hepático”. Liberal por convencimiento y carácter, “abrasó el ideario y su celo que traduce las más hondas emociones de la conciencia respetuosa del derecho de los demás”.

En 1.899 fue Vocal de la Asociación Escuela de Medicina. En 1.900 publicó “Carbunco” y “Un caso de Histerectomía abdominal supravaginal”. Entre 1.901 y el 3 presidió la Escuela de Medicina y ascendió a Bibliotecario de la Universidad, laborando allí siete años, hasta 1.907.

Entre 1.902 y el 3 fue Presidente de la Junta Patriótica de Guayaquil. En 1.903 dio a la Luz su artículo “Profilaxis internacional de la Peste Bubónica”. En 1.905 obtuvo la Licenciatura en medicina con la máxima nota de cinco A y el 8 de Diciembre se graduó de Doctor.

En 1.906 comenzó a dictar la cátedra de Física en el Colegio Vicente Rocafuerte y dirigió el Boletín de la Sociedad Médico Quirúrgica del Guayas donde insertó su artículo sobre “Reglamentación profiláctica de la Prostitución” dándose a conocer como médico salubrista.

En 1.907 fue designado Médico del Hospital General de la ciudad. “Su paso diario por el mencionado centro de salud dejó huellas indelebles pues de 8 a 12 de la mañana visitaba su Sala y el examen minucioso de los pacientes, antes las miradas de sus alumnos de Clínica Interna, lo avisoraba como un profesional a carta cabal.

Atento y hasta paternal, pues les hacía caer en cuenta con cariño de los síntomas, para que aprendieran los secretos de la medicina. Ese año fue Consejero Municipal de Guayaquil.

Para la movilización nacional decretada en 1.910 contra el Perú, viajó a la provincia de El Oro como médico de Campaña en la Segunda Sección de La Cruz Roja, con el grado de Mayor asimilado. En 1.913 asistió a la quinta Conferencia Sanitaria Panamericana celebrada en Lima. El 14 nuevamente fue electo consejero Municipal, desempeñando la comisión de Educación. El 15 ocupó una de las secretarías del I Congreso Médico Nacional celebrado en Guayaquil y comenzó a dictar la cátedra de Terapéutica y Materia Médica en la Universidad. El 18 estuvo entre los fundadores de la Sociedad de Puericultura y al abrirse la Casa Cuna colaboró con una crecida suma.

En 1.924 fue ascendido a Subdecano de la facultad de Medicina y electo Vicepresidente de la Médico Quirúrgica del Guayas. El 25 fue Vicepresidente de la Sociedad Protectora de la Infancia y trabajó gratuitamente en el Hospital León Becerra.

Al triunfar la revolución del 9 de Julio de 1.925 le fue ofrecida una de las Vocalías en la I Junta de Gobierno pero se excusó. El 27 fue designado por tercera ocasión Consejero Municipal y ocupó la Vicepresidencia de la Municipalidad de Guayaquil. El 28 fue Presidente y concluyó las obras de construcción del Palacio Municipal “que se levanta desafiante al tiempo mostrando la huella de sus constructores”. Igualmente proyectó y construyó el parque de la plaza de la Victoria, publicó un Informe y un Manifiesto dando cuentas de su gestión y ocupó el Decanato de la Facultad de Medicina.

En 1.931 fue lanzada su candidatura para ocupar el rectorado de la Universidad pero a última hora en el paraninfo, su Jefe de Campaña se postulo a sí mismo, alcanzó mayoría y salió electo, demostrando que su ambición era mayor que toda consideración y respeto humano. Izquieta ni siquiera se inmutó pero a la salida dijo “El hombre verdaderamente honrado no se altera por nada” y bajó con mucha dignidad las gradas, recibiendo el caluroso aplauso de sus partidarios. Ese año comenzó a dictar la cátedra de Fisiología y lo hizo hasta 1.937 que se jubiló.

El 32 construyó una elegante mansión de cemento armado y dos pisos altos sobre el terreno familiar, pues era ordenado y ahorrativo en el manejo del dinero. Hacía mucha vida de club, asistía al Metropolitano y al de la Unión invariablemente una o dos a la semana.

El 33 solicitó al Presidente del Perú General Oscar Benavídes, la inmediata libertad del líder aprista Víctor Raúl Haya de la Torre y de otros distinguidos intelectuales peruanos.

El Partido Liberal Radical lo presentó de candidato para Diputado por el Guayas y salió electo, al mismo tiempo que triunfaba para la presidencia de la República el conservador Neptalí Bonifáz Ascázubi. Pronto se inició en la Costa la propaganda antibonifacista debido a su discutida nacionalidad. Izquieta tenía resuelto no concurrir al Congreso en razón de su amistad con Bonifáz pues no quería votar en su contra, pero éste le invitó por telegrama que hizo público.

Izquieta le contestó “En caso de concurrir al Parlamento deberá entenderse que mi voto le será desfavorable: sin embargo de ello, Bonifáz insistió en carta pública que en su parte medular decía: “En mi despreocupada juventud fui peruano” (había nacido en la legación peruana en Quito y era hijo del secretario del Ministro peruano y de madre quiteña) pero ésta cándida declaración le perdió pues los legisladores de la costa plantearon su inmediata descalificación aún a riesgo de llegarse a una guerra civil, que en efecto se produjo y ha pasado a la historia con el nombre de “La Guerra de los cuatro días”.

Superada la crisis política se llamó a nuevas elecciones y triunfó el candidato liberal Juan de Dios Martínez Mera, que le confió el Ministerio de Educación. Era en esos días un líder cívico y se enamoró de Eloísa Chiriboga Navarro de Quito y hasta pensaron en contraer matrimonio, pero finalmente se distanciaron, cuando renunció su cartera durante la pugna del ejecutivo con el Congreso.

Nuevamente en Guayaquil reasumió su cátedra y fue insultado soezmente en una hoja volante anónima que circuló en la Vieja Casona el 19 de Junio de 1.934, sus sobrinos Carlos y José publicaron al otro día en e1 diario “El Universo”, el siguiente remitido: Deseamos conocer el nombre del universitario que ha redactado o se haga responsable de la hoja que ayer tarde apareció en la Universidad insultando al Profesor Dr. Leopoldo Izquieta Pérez. Esperamos que no sea un cobarde y se dirija a cualquiera de los suscritos. Carlos Manrique Izquieta y José Manrique Izquieta. Por esa época había adquirido a sus sobrinas las Rendón Izquieta la extensa propiedad de madera que había sido de Carlos Rendón Pérez, ubicada en la calle P. Ycaza, que tenía tres frentes e iba de una cuadra a otra, entre Pedro Carbo y General Córdova, donde instaló su consultorio.

El 35 se unificaron los grupos arroyistas y baqueristas y en la nueva Junta Suprema fue electo tercer vocal principal.

A principios de 1.937 ocupó la Dirección General de Sanidad tras lograr que dichas oficinas fueran transferidas a Guayaquil y fue Consejero Municipal por cuarta ocasión. El 17 de Agosto de 1.938 se creó a su instancia el Instituto Nacional de Higiene en Guayaquil (1) para realizar el control de los productos médicos y de los laboratorios del país.

Por esos días fue electo por el Presidente Interino Manuel María Borrero para el desempeño por segunda ocasión del Ministerio de Educación, que ocupó durante ese gobierno hasta 1.939, previa licencia en la Sanidad, a cuya Dirección volvió, iniciando las obras del edificio del Instituto con un préstamo que garantizó personalmente y ahorrando hasta el último centavo y habiéndosele preguntado en 1.942 cómo había podido culminar tan importante proyecto, contestó “Lo hice con mi cajita de lata donde suelo guardar el dinero, depositando allí lo que me tocaba robar”. Por ello, la obra lleva su ilustre nombre.

El 1.940 entró en polémica con el Ministro de Gobierno Aurelio Aguilar Vásquez, para que no trasladen la sede del Instituto a Quito. Entre el 41 y el 42 ocupó la presidencia de la Sociedad de Puericultura y recibió el homenaje de la Sociedad Médico Quirúrgica del Guayas. El 42 asistió como Delegado del Ecuador a la Conferencia Sanitaria Panamericana reunida en Washington y de regreso “devolvió cinco dólares a las arcas del Estado, que le habían sobrado de los viáticos, con las siguientes palabras: “lo que a uno no le pertenece debe ser devuelto a su dueño” Entonces dejó de asistir al Hospital General después de treinticinco años de servicio ininterrumpidos.

A raíz de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 “fatigado, se retiró a la vida privada después de siete años de conducir la Sanidad, .acaso tocado ya por la enfermedad; pero conservó sus preocupaciones patrióticas y vivió inquieto ante todo problema nacional, dada su aguda sensibilidad cívica y su amor a las instituciones republicanas”.

En 1.945 fue Director Supremo del Partido Liberal Radical y quiso terciar en las elecciones de Alcalde de Guayaquil contra el socialista Antonio Mata Martínez y el populista Rafael Mendoza Avilés quien finalmente triunfó.

El 47 comenzó a sentir fuertes molestias en la próstata y supo enseguida que se trataba de un cáncer; sin embargo “empezó el momento final resignado y hasta estoico, sin pronunciar una queja, sin lamentos, sabiendo que se iba aproximando al fin de su jornada terrenal. La Municipalidad le declaró el Mejor Ciudadano de Guayaquil, concurrió el 9 de Octubre a la Sesión Solemne y recibió la Medalla y el Diploma. Fue su último triunfo.

A principios del 48 sufrió un notable deterioro en su salud a consecuencia de una metástasis pulmonar y guardó cama. La noche del 4 de Abril su sobrino Pepe que le cuidaba, le preguntó porqué se hallaba intranquilo, como desasosegado y le respondió “No te preocupes, que todo se resuelve solo”. Falleció el día lunes 5 de Abril, a la seis de la tarde, de solo 68 años de edad, con la mirada tranquila, la faz reposada.

Circunspecto, pulcro y elegantísimo en el vestir, invariablemente usaba unos impertinentes sostenidos por una cinta de seda negra. De andar sereno, hablar reposado, movimiento rápido y alegre fisonomía, pues jamás le abandonaba una agradable sonrisa; pero lo más notables de su persona eran los bellísimos ojos color de miel tirando a verdes melados se decía entonces, únicos en la ciudad.

Fue un clubman e influyó muchísimo en sus conciudadanos pues tuvo carismas y logró formar numerosos discípulos en Salubridad, enviándoles becados a los Estados Unidos con la ayuda económica de la Misión Rockefeller, de manera que creó en el país esta especialidad Médica.

“Por su discurrir analítico como médico distinguíase en sus observaciones nada retóricas y de talento poco común”. De joven había estado de novio con Sara Arrarte Crosbyy, que falleció en 1.913 a causa de un cólico miserere (entonces la apendicitis no se operaba) y tal fue el impacto que le causó su muerte, que juró de por vida guardar su romántico recuerdo, como efectivamente lo hizo, manteniendo el retrato de la amada encima del velador y de su escritorio.

De estatura mediana, tez blanca rosada, pelo negro aunque calvo desde la mediana edad. Sagaz, honorable y rectilíneo, delicadísimo con el manejo de los fondos públicos, científicos y humanitarios.

De carácter suave y exquisito y de modestia rosa tropical que dejaba sentir sus palabras convincentes. Su porte social iba más allá de los límites de la etiqueta y su elegancia era proverbial aún en Quito, pues vestía con lujo y fue de los últimos caballeros ecuatorianos en usar polainas blancas y guantes de cabritilla gris cuando concurría a fiestas o a ceremonias de cumplimiento sociales.

Finalmente, como dato explícito, era fama que jamás negaba sus servicios gratuitos a los pobres, ni de noche ni de día. Muchas veces tuvo que salir en las madrugadas y con lluvia, a la Quinta Pareja, para atender un parto difícil pues era época en que no existían todavía las especializaciones y se esperaba de los médicos que hasta supieren partear.

(1) El 22 de Abril de 1.937, siendo encargado del Mando supremo de la República el ingeniero Federico Páez, se expidió un Decreto que establecía la obligación de obtener una “Patente” para la elaboración y venta de productos químicos y farmacéuticos en el país, encargando el control de tal función al Instituto Nacional de Previsión Social, al que se autorizó a fundar los laboratorios necesarios para el control, análisis y estudios que demandaren dicho dictamen.

El Doctor Leopoldo Izquieta Pérez desempeñaba el cargo de Director General de Sanidad y objetó el citado Decreto por cuanto el Instituto de Previsión nada tenia que hacer en el ámbito sanitario, pues el estudio de los productos químicos y especialidades farmacéuticas, su análisis y control, eran funciones netamente sanitarias, debiendo por consiguiente estar a cargo de la Dirección General de Sanidad.

El Mandatario acogió la objeción y el 17 de Agosto dictó un Decreto modificatorio del anterior mediante el cual encargaba a la Dirección General de Sanidad, según proforma presentada por su Director, el Registro y Control de Especialidades Farmacéuticas y Medicamentos en general, incluyendo Artículos de tocador a los cuales se atribuyeran propiedades terapéuticas.

Para financiar el cumplimiento de este cometido que incluía la instalación de un laboratorio, el Gobierno creó impuestos y tasas sobre dichos análisis, confiando también su recaudación, manejo o inversión a la misma Dirección General de Sanidad, con carácter de RENTAS DESCENTRALIZADAS. La indeclinable rectitud del Doctor Izquieta Pérez en la recaudación de los impuestos y tasas establecidas en el anterior Decreto y en el cuidado de los fondos provenientes, hizo que en 1.939 se dispusiese ya de una cantidad apreciable para iniciar la construcción del Laboratorio que ordenaba la Ley.

Mas adelante, sin embargo, esta cantidad resultó insuficiente, por lo cual el doctor Inquieta Pérez comprometió su crédito personal con una institución bancaria, obteniendo un préstamo de S/. 120.000 para llevar adelante la obra.

La mentalidad avanzada y el afán patriótico de servicio del doctor Izquieta Pérez hicieron que desde su inicio, mirara el laboratorio a construirse como un INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN al servicio de la salud Pública del país y no solamente como laboratorio de análisis y control de medicinas. En ese sentido dirigió todas sus entregas.
Buscó asesoramiento técnico, y tuvo conferencias con diversas fundaciones internacionales de Salud Pública, púsose en contacto con el doctor Eugenio Suárez, distinguido salubrista, fundador y Director del Instituto Bacteriológico de Chile de paso en Guayaquil por aquellos días y quien informado por el doctor Izquieta, hizo elaborar por arquitectos chilenos y envió los planos que sirvieron de base para la edificación del primer cuerpo del Instituto. Al mismo tiempo sostenía conversaciones con el doctor D. Long, Comisionado Viajero de la Oficina Sanitaria Panamericana, quien consiguió que esta Organización se interesara en el proyecto y muy especialmente consiguió de la Fundación Rockefeller una ayuda que fue decisiva.

Por los últimos meses de 1.940, la edificación estaba al terminarse en los mismos terrenos que ocupaba el antiguo laboratorio de sanidad (antes Lazareto de Fiebre Amarilla, donde había hecho importantes investigaciones el sabio japonés Hydeyo Noguchi) terrenos ampliados luego por la Junta de Beneficencia de Guayaquil, propietaria de ellos. En estas condiciones la Fundación Rockefeller envió al doctor Lewis W. Mackett, quien concretó la ayuda ofrecida por esta institución de la siguiente manera:

a) Suministro de equipo básico para los laboratorios por una suma de 30.000 dolares.

b) Pago de honorarios por 2 años a un especialista en Salud Pública para que se encargara de la organización del Instituto que se estaba formando. Para este cargo fue escogido el doctor Atilio Macchiavello Varas, reputado investigador chileno, doctorado en Salud Pública en la Universidad de Harvard.

c) Concesión de becas para especialización de profesionales ecuatorianos en el exterior, siendo una de ellas para la persona que debiera ocupar la Dirección del Instituto luego del periodo de organización. Para esta última, fue designado por el doctor Izquieta, el joven doctor Juan A. Montalvan Cornejo, médico que había demostrado especial devocación por la Salud Pública, colaborando estrechamente en la Dirección General de Sanidad y compartiendo con el doctor Izquieta sus inquietudes y desvelos.

Posteriormente y de acuerdo con este programa de adiestramiento en Salud Pública, viajaron becados a los Estados Unidos los doctores Roberto Nevárez Vasquez, Vicente Mosquera Ferrés, José Crusellas Ventura, Luis Fernando Gómez Lince y Daniel Uriguen Bravo y al Uruguay viajó a seguir un curso de bacteriología entérica el doctor Clodoveo Alcívar Zevallos.

d) Subvención para el Instituto por el valor de $120.000 en el primer año de funcionamiento, con el compromiso por parte del Gobierno del Ecuador de aportar en el mismo año, igual suma; en los años subsiguientes la fundación iría disminuyendo dicha asignación en un 20% anual mientras aumentaría la del Gobierno en el mismo porcentaje, de modo que al cabo de 5 años acabaría la ayuda otorgada por la Fundación Rockefeller, como en efecto sucedió.

En los primeros meses del año 1.941, estando ya terminada la edificación de lo que es ahora el Pabellón Norte o Principal del Instituto, fueron trasladados al nuevo local el laboratorio de la Sanidad que funcionaba en el Lazareto de peste y el laboratorio de Ratas y Pulgas también relacionados a la Campaña Antipestosa y que funcionaba en el llamado Corralón de la Sanidad de la Avenida Olmedo.

El 23 de Octubre, en le registro Oficial No. 348, siendo Presidente de la República el doctor Carlos A. Arroyo del Río, se promulgó la LEY DE CREACIÓN DEL INSTITUTO NACIONAL DE HIGIENE, al que se le señalaba las siguientes atribuciones.

“A.- CIENTIFICAS: En el terreno de la bacteriología, parasitología, epidemiología, patología humana y animal, y ciencias afines relacionadas con la biología y medicina sanitaria”.

“B.- SANITARIAS: De orientación, control técnico de las campañas que emprenda la Dirección General Sanidad, de diagnóstico aplicado a las enfermedades transmisibles, de análisis de control bramatológico, de aguas, de especialidades farmacéuticas y productos biológicos, y otros destinados al diagnóstico, prevención y curación de enfermedades especiales y contagiosas”.

“C.- EDUCACIONALES: De preparación de personal técnico sanitario, cooperación a la enseñanza superior de la Higiene y ramas afines, divulgación y propaganda en materia de higiene”.

“D.- COMERCIALES: De preparación y venta a bajo costo de los productos que elabore, cuando sean de utilidad para la conservación y protección de la salud Pública”.

Creado en virtud de la anterior Ley y materializado en el bello edificio recién construido, cuyos laboratorios comenzaban a recibir los diversos equipos enviados por la Fundación Rockefeller, había nacido el Instituto de investigaciones al servicio de la Salud Pública, que la mentalidad progresista del doctor Leopoldo Izquieta Pérez concibió.

DESENVOLVIMIENTO

Una vez creado el Instituto y de acuerdo con el convenio de ayuda con la Fundación Rockefeller, fue contratado por 2 años como Director Organizador, el doctor Atilio Macchiavello Varas, quien asumió el cargo en Noviembre de 1.941, dedicándose desde el comienzo con gran actividad, a la organización inicial del Instituto. En ese momento solamente existían en funcionamiento el laboratorio de Peste a cargo del doctor Clodoveo Alcívar Zevallos y el de Ratas y Pulgas también para control de la Peste, de modo que el director Organizador planificó la división del Instituto en Departamentos y luego hubo de dedicarse a formular los pedidos del instrumental, vidriería, reactivos, etc. para su debido equipamiento y trabajo. Mientras este equipo estaba en viaje ya el Instituto comenzaba a rendir servicios a la salud pública, habiéndose hecho un estudio epidemiológico muy importante con motivo de la epidemia de tifoidea que Guayaquil en los primeros meses de 1.942; hizo después el doctor Macchiavello importantes trabajos científicos en el campo de las Rickettsiosis, tifus exantemático clásico, Tifo murino, tracoma y el de la peste bubónica.

Durante el año de 1.942, solamente funcionaron 4 laboratorios o Departamentos, a saber:

El de Bacteriología e inmunología a cargo del doctor Clodoveo Alcívar, que comenzó a trabajar activamente en bacteriología entérica, en especial Salmonellas y Shigellas, efectuándose por primera vez en Guayaquil el control sistemático de los manipuladores de alimentos.

El departamento de Patología Tropical a cargo del Doctor Juan Montalvan Cornejo también Sub-director del Instituto, al que se agregó la sección Entomología a cargo del ilustre Doctor Francisco Campos Rivadeneira y el Departamento de Elaboración de Vacunas Antivariólica a cargo del Doctor Víctor Castañeda Auz.

El laboratorio de BCG a cargo del doctor Jorge Higgins Jaramillo, que venía realizando estudios en el Instituto Pasteur de París.

Durante ese año se afianzó y amplió la ayuda de la Fundación Rockefeller pues a la primitiva acordada, se añadió una contribución especial para las campañas contra las grandes endemias que preocupaban en aquel entonces a los salubristas: Paludismo, anquilostomiasis y fiebre amarilla selvática.
También durante ese año se recibió la mayor parte del equipo enviando por la fundación Rockefeller.

En el año de 1.943, con el equipo recién recibido, se añade a los laboratorios que venían funcionando, los siguientes departamentos:

Departamentos de Elaboración de Vacuna Antivariólica a cargo del doctor Víctor Castañeda Auz, departamento de Química y Bromatología a cargo del doctor José Crusellas Ventura, que se encargaría de los análisis para inscripción y control de especialidades farmacéuticas y cosméticos y del control bromatológico.

Departamento de Patología y Diagnóstico a cargo del doctor Vicente Mosquera Ferrés; departamento de Patología Tropical a cargo del doctor Julio Alvarez Crespo, departamento de Esterilización y preparación de Medios de Cultivo a cargo del señor Alejandro Cabrera F.

Ese año se obtuvo un aporte especial del naciente Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública, para la ampliación del pabellón central del edificio dedicado a Auditorium, Biblioteca, Sala de Demostración para adiestramiento de personal y 2 laboratorios complementarios.

El 2 de diciembre de 1.943, fecha en que se celebraba el Día Panamericano de la Salud, fue inaugurado oficialmente el Instituto Nacional de Higiene, con la asistencia de distinguidas personalidades. El doctor Leopoldo Chávez, ministro de Previsión Social y Sanidad, a nombre del Gobierno Nacional, puso de relieve el mérito de la obra efectuada por el fundador del instituto, le rindió homenaje de reconocimiento e impuso la condecoración Nacional AL MERITO a los doctores L. W. Hackett y J. L. Hydrick de la Fundación Rockefeller, al doctor Atilio Macchiavello y al señor Carlos Julio Arosemena Tola, Gerente del Banco de Descuento, que había prestado decidido apoyo económico en la construcción del edificio.

En diciembre de 1.943 terminaba el contrato del Director Organizador doctor Macchiavello, pero a solicitud del doctor Izquieta Pérez, fue éste prolongado por la Fundación Rockefeller, por un año más.

Habiendo retornado al país el doctor Juan Antonio Montalván Cornejo, después de haber terminado sus estudios y recibido el Título de Master en Salud Pública, de la Escuela de Higiene y Salud Pública de la Universidad de Johns Hopkins, fue nombrado Director del Instituto, tomando posesión del cargo el 24 de Mayo de 1.944; pero a los pocos días, ocurrieron cambios en el orden político que alteraron el normal desenvolvimiento del servicio Sanitario Nacional y por ende del Instituto.

Por razones de orden personal el doctor Leopoldo Izquieta Pérez se excusó de seguir frente a la Dirección de Sanidad. El nuevo Gobierno aceptó la excusa pero en acto de reconocimiento a la trascendental labor por él desarrollada, acordó denominar con su nombre al Instituto que él había creado, que en delante se llamaría INSTITUTO NACIONAL DE HIGIENE “LEOPOLDO IZQUIETA PEREZ”.

El doctor Juan A. Montalván fue requerido para ocupar la Dirección General de Sanidad teniendo que dejar el Instituto, cuya Dirección ocupó el doctor Clodoveo Alcívar Zevallos. Durante este año se reincorporaron los 2 becarios de la Fundación Rockefeller, doctores Luis Fernando Gómez Lince y Daniel Urigüen Bravo que venían de cumplir estudios de especialización en Salud Pública en los Estados Unidos, el primero con dedicación especial a Laboratorios de Salud Pública y el segundo a la Epidemiología en la Universidad Johns Hopkins, donde también obtuviera el Título de Master en Salud Pública. Con la colaboración de tan distinguidos becarios se organizaron el Departamento de Diagnóstico cuya jefatura fue entregada al Doctor Gómez Lince y de Epidemiología al doctor Urigüen y comenzó a editarse la Revista Ecuatoriana de Higiene y Medicina Tropical, órgano publicitario de la Institución.

E1 15 de Noviembre de 1.944 con motivo de celebrar su natalicio del doctor Leopoldo Izquieta Pérez, se reunió el Consejo Técnico del Instituto y resolvió por unanimidad que en adelante, todos los años en esa fecha, se celebre el día Patronal del Instituto. Estas festividades debían ser de diversa índole pero incluyendo siempre una sesión Solemne en la que el Director presente un informe global de los trabajos efectuados durante el año.

Habiendo terminado la prórroga de su contrato, y siendo requerido por la Oficina Sanitaria Panamericana para reanudar sus interrumpidas funciones, se separó el doctor Atilio Macchiavello en Diciembre de 1.944. En reconocimiento de su fecunda obra se impuso su nombre al Auditorium del Instituto.

En mayo de 1.945 fue nombrado Director General de Sanidad el doctor Roberto Nevárez Vásquez, y asumió nuevamente la dirección del Instituto el doctor Juan A. Montalván.