JUAN
DE DIOS MARTINEZ MERA
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.- Nació en
Guayaquil el 8 de Marzo de 1.875. Hijo legítimo
de Tomás Martínez Avalos, cuya biografía
puede consultarse en este Diccionario, Tenedor de
libros y célebre pedagogo, Director de la “Escuela
Privada de niños” donde se educaron varias
generaciones; y de Florinda Mera Escolar, pertenecientes
a antiguas familias de Ciudavieja cuyas genealogías
se remonta hasta la conquista y se perdieron con el
templo de la Concepción durante el Incendio
Grande de 1.896.
Creció ayudando a su
padre en las tareas y labores de la escuela donde
también aprendía. En 1.887 ingresó
como alumno de Filosofía con sobresalientes
notas. Tocaba el oído magistralmente al piano
y fortalecía su cuerpo con ejercicios que realizaba
en el gimnasio de la escuela de su padre.
En 1.893 siguió un año
de estudios de Medicina pero se retiró para
ingresar a Jurisprudencia. En 1.894 murió su
padre y la dirección de la escuela pasó
a su hermano Julio.
Al estallar la Revolución
Liberal del 5 de Junio del 95 fue de los primeros
en secundarla y poco después ingresó
a la “Escolta de Honor” que acompañó
al Ejército alfarista a los campos de batalla
de la sierra y triunfantes en Gatazo entraron vencedores
en Quito.
De regreso al puerto volvió
a sus estudios de Leyes y los culminó en 1.898
con el premio Municipalidad de Guayaquil, pero no
se graduó por un disgusto que tuvo con el Decano
de la Facultad.
En 1.899 fue Juez Civil de
la parroquia Ayacucho y en 1.900 se retiró
para desempeñar la cátedra de Gramática
y Castellano en el Vicente Rocafuerte, donde también
era inspector y sustituía al rector Juan Gómez
Rendón, cuando éste se ausentaba.
La noche del 31 de Diciembre
de 1.902 contrajo matrimonio con Francisca Torres
Lascano (hija legítima del Coronel Belisario
Torres Otoya y de Mercedes Lascano y García),
adelantando la boda para dar gusto a su madre, que
deseaba evitar la nueva Ley del Registro Civil que
entraría en vigencia el lo. de Enero de 1.903,
haciendo obligatorio el matrimonio civil, al que se
oponía la buena de doña Florinda por
considerarlo un pecado. Fue a vivir en las calles
Aguirre y Escobedo y después construyó
sobre un solar en Las Peñas de propiedad de
la novia; pero, una imprevista calamidad doméstica
lo obligó a gastar el dinero que reunía
para pagar esa deuda y prefirió venderlo antes
que caer en mora con la Institución acreedora.
En 1.906 fue designado Anotador
de Hipotecas, luego Colector Fiscal y en 1.911 pasó
a ocupar la Tesorería de Hacienda del Guayas.
Un año antes, durante el conflicto internacional
con el Perú, había ingresado de Capitán
a la “Compañía”.
Entre 1.912 y el 14 fue Secretario
de la Municipalidad de Guayaquil, luego regresó
a la Anotaduría de Hipotecas (hoy Registro
de la Propiedad) y allí estuvo hasta 1.920,
año en que fue Diputado por el Guayas en representación
del partido Liberal Radical al que se pertenecía
desde siempre.
En 1.919 presentó un
proyecto de Reformas a la Ley de Bancos estableciendo
el resello de las emisiones para contrarrestar los
males de la Ley de Moratoria.
En 1.921 fue electo Presidente
de la Cámara de Diputados y en varias ocasiones
presidió el Congreso pleno por ausencia del
Presidente del Senado, Dr. José Julián
Andrade; pero, en 1.922 se excusó y fue reemplazado
por Arroyo del Río, pasando a gerenciar en
Guayaquil la “Compañía Ecuatoriana
de Estancos”, empresa privada formada por Sergio
Pérez Conto para “organizar, administrar
y controlar la producción y venta de alcoholes
en la costa y tabaco en toda la República”
mediante contrato con el Gobierno del Dr. José
Luis Tamayo. Este monopolio provocó reacciones
contrarias de los más variados sectores, eran
miles de productores libres que se veían contreñidos,
vigilados y perseguidos por esa compañía
que se creó. Las más violentas reacciones
surgieron de los fabricantes de aguardientes, panela,
cigarros y cigarrillos que utilizaron a la prensa
para acabarla y por eso la compañía
solo duró tres años, desapareciendo
con la Revolución Juliana de 1.925; no así
los estancos, que continuaron manejados por el Gobierno
a través de sus guardas, la gente más
odiada por los campesinos durante esos duros años.
La segunda Junta de Gobierno
instaurada en 1.926 le ofreció la cartera de
Haciendas o en su defecto la de Relaciones Exteriores,
que no aceptó por mantenerse en la línea
oposicionista del Liberalismo radical. Ese año
fue Tesorero de la Sociedad Filantrópica del
Guayas.
En 1.929 el Presidente Ayora
le volvió a proponer el Ministerio de Hacienda
considerando su exitosa labor al frente de los Estancos.
El país necesitaba superar la crisis económica
producida por la caída de las exportaciones
de cacao y nadie mejor que Martínez Mera para
ejercer un acertado control financiero, razón
que lo llevó a aceptar la cartera en reemplazo
de Secundino Sáenz de Tejada Darquea; pero,
renunció pocos meses después por desacuerdo
con el ejecutivo y regresó a Guayaquil, tomando
en arrendamiento una pequeña hacienda de propiedad
de su suegra.
En 1.931 cayó el Presidente
Ayora y fue reemplazado por el Ministro de Gobierno
Coronel Luis Larrea Alba y éste, a su vez,
por el Presidente del Congreso Dr. Alfredo Baquerizo
Moreno, quien designó Ministro de Hacienda
a Martínez Mera, considerado un experto hacendista,
así corno un hábil, honesto y acertado
auditor. Los decretos económicos de ese período
llevan, indiscutiblemente, el sello de su inteligencia.
Poco después se convocó
a elecciones y triunfó el candidato conservador
Neptalí Bonifaz Ascázubi, que no fue
calificado por el Congreso de 1.932 y se produjo la
“Guerra de los cuatro días” que
obligó a Baquerizo Moreno a asilarse en la
legación argentina, encargando el mando al
bonifacista Carlos Freile Larrea; sin embargo, las
fuerzas leales triunfaron sobre la “Compactación
obrera” que apoyaba a Bonifaz y asumió
el mando interinamente, el Presidente del Congreso,
Alberto Guerrero Martínez, quien llamó
a nuevas elecciones.
Entre Guerrero Martínez
y Martínez Mera no existía parentesco
pero si una grande y vieja amistad. Martínez
Mera había sido discípulo del Dr. Rafael
Guerrero González padre de Guerrero Martínez,
en la Universidad, frecuentaba su casa y era condiscípulo
de uno de sus hijos, por eso Guerrero Martínez
le orquestó el fraude electoral que le hizo
triunfar.
Pronto surgieron las candidaturas.
Manuel Sotomayor Luna y Orejuela por el conservadurismo,
Pablo Haníbal Vela por los Socialistas y los
independientes y Juan de Dios Martínez Mera
por el Liberalismo Radical con el apoyo del Gobierno.
De los tres, el de mayor experiencia económica
era indudablemente Martínez Mera, siendo ésta
la razón que movió al partido de las
luces a lanzarlo; pues, el país vivía
la más aguda etapa de la crisis, “las
exportaciones se habían reducido al mínimo
a raíz de la quiebra de la bolsa de valores
de Wall Strett, crecía la recesión y
el desempleo y se carecía de dinero y de esperanza,
una época de violencia se cernía sobre
el panorama mundial desestabilizando a los países”.
Entre el 30 y el 31 de Octubre se realizaron los comicios.
Martínez Mera triunfó con 56.872 votos,
contra Sotomayor y Luna que obtuvo 16.211, Vela 6.093
y Francisco Chiriboga Bustamante 293 votos. Esta última
candidatura salió de la nada –fue más
bien una burla– dado lo folklórico del
personaje, un buen señor, rico en bienes de
fortuna y hasta generoso porque obsequiaba los toros
para las corridas taurinas un Quito, pero muy dado
a las exageraciones y dueño de un anecdotario
realmente nutrido en aptitudes y sucesos ridículos,
por eso solo captó votos en Quito.
El 5 de Diciembre el Presidente
de los Diputados, Dr. José María Velasco
Ibarra impuso la banda presidencial a Martínez
Mera en histórica ceremonia que se transmitió
por radio al País; el presidente salió
al balcón del palacio y sufrió el bochorno
de ser soezmente insultado por los compactados, que
aun no se resignaban al fracaso anterior de su candidato.
Mientras tanto se había
producido el conflicto internacional de Leticia entre
Colombia y Perú que duró casi un año
y puso en serio peligro la tranquilidad del país.
El 17 de Mayo de 1.933 se sublevaron tres batallones
de la guarnición de Riobamba encabezados por
el coronel Larrea Alba pero la paz fue restablecida.
El 10 de Agosto se instaló el Congreso y salieron
electos los Dres. José Vicente Trujillo y José
María Velasco Ibarra, presidentes de las Cámaras
del Senado y Diputados, respectivamente. Desde las
primeras sesiones hubo un entendimiento entre los
diputados bonifacistas e independientes. Los primeros
querían la revancha, vengar la pérdida
de la Guerra de los cuatro días y quien sabe
que otras cosas más. Los segundos estaban resentidos
con el Presidente, que gobernaba solamente con los
liberales y con sus amigos.
Emilio Uzcátegui en
“Medio Siglo a través de mis gafas”
le ha acusado de su ensimismamiento que se hizo ostensible
a poco de su ascenso al poder y que obró como
uno de los factores que precipitaron su caída.
Lejos de atraer a los legisladores, se enajenó
la amistad de sus mismos partidarios. A un Diputado,
ferviente servidor suyo, que acudió a la presidencia
simplemente para despedirse, pues tornaba a su provincia,
le hizo regresar dos veces, lo dejó esperar
largas horas la última de ellas y terminó
por salir de su despacho sin siquiera insinuar una
venia de salutación a su amigo y defensor.
Por amigo que haya sido ese Congresista se retiró
furioso e ingresó a la oposición. Comentando
el cambio de actitud del señor Martínez
Mera, el propio autor de su presidencia Dr. Alberto
Guerrero Martínez me decía a pocos meses
de haber asumido el poder ejecutivo: El señor
Martínez Mera cree que es muy popular y se
halla convencido de que ha ganado las elecciones por
su gran popularidad. ¡Y esto me lo cuenta a
mí! No sorprendió más tarde cuando,
sin consecuencia para su mejor amigo y gran servidor,
le retiró de la presidencia del Banco Hipotecario
por los comentarios callejeros. Mientras tanto permanecía
sordo ante el clamor que se produjo por un ministerial
muy mal Seleccionado, salvo alguna feliz excepción...Le
falto flexibilidad, captación de las necesidades
y anhelo del país, hizo un régimen de
orgullosa testarudez y cayó por eso, sin que
nadie lo lamentara ni se entristeciera por su absurdo
pero esperado final, que fue por otra parte, sin pena
ni gloria, como su personalidad gris.
En la sesión del 15
Velasco Ibarra planteó la necesidad de pedir
la renuncia a Martínez Mera, como fórmula
expiatoria para superar los odios y volver a la normalidad,
aunque entonces se dijo que Martínez Mera “mantenía
al País en una neutralidad perjudicial y era
el producto del más espantoso fraude”.
La moción fue aprobada por 49 a 22 y una Comisión
visitó al Presidente, que se reservó
el derecho a contestar por escrito.
Al día siguiente Martínez
Mera envió su negativa al Congreso y éste
dio un voto de desconfianza al gabinete entablándose
una larga lucha entre ambos poderes y mientras el
Congreso siguió exigiendo la renuncia del ejecutivo
y lanzando votos de desconfianza a sucesivos ministros
y a gabinetes en pleno, Martínez Mera se mostraba
impasible, cuando le hubiera sido muy fácil
lograr la mayoría de votos en el Congreso repartiendo
prebendas, pero esa no era su forma de actuar, pues
no poseía la ductibilidad política que
se requiere para comprar votos y personas.
La crisis entró en su
etapa más explosiva cuando el Congreso inició
el juicio político al Presidente de la República.
Entonces el Partido Liberal Radical, viendo que la
situación se tornaba desesperada, comunicó
a Martínez Mera que había llegado el
momento de nombrar a la persona que le sucedería
en el cargo.
El Diputado Dr. Joaquín
Dávila presentó la moción para
privar al Presidente de su cargo “por culpabilidad
en los manejos de los asuntos internacionales”.
Martínez Mera se defendió en una exposición
al Congreso y al conocer que el Senado tenía
preparado el acuerdo que lo destituía, desechó
la dictadura como solución final y viajó
el 15 de octubre con su familia a Guayaquil, donde
esperó los acontecimientos. El 17 fue privado
legalmente del cargo y dos días después
dirigió un mensaje a la nación, que
terminaba así: “Al alejarme de la capital
de la República no penséis ni aun los
que habéis sido mis gratutitos enemigos, que
llevo en mi pecho la más ligera huella de rencor.
Nunca soñé ni con el poder ni con la
venganza, sueño con la justicia. Me queda la
satisfacción de que ni una lágrima se
ha vertido por mi culpa, ni una gota de sangre ha
salpicado mi ejercicio presidencial...”
Después aceptó
desempeñar la Gerencia de la Agencia de Vapores
fluviales de su amigo Manuel Granja Cevallos que cubría
la ruta Guayaquil-Durán.
En 1.936 fue llamado por la
Junta de Beneficencia para administrar el ramo de
la Lotería, que mejoró sustancialmente
aumentando las rentas, pero surgieron problemas por
el reparto de las comisiones con el Inspector del
ramo Dr. Francisco H. Ferruzola Morlas y prefirió
renunciar a discutir.
En 1.937 Juan Francisco Marcos
y Lorenzo Tous fundaron la “Sociedad Agrícola
e Industrial” que resolvió poner en funcionamiento
el ingenio San Carlos y lo nombraron Gerente fundador.
En 1.940 se cambió a la villa esquinera de
9 de Octubre y Tungurahua, construida por su hijo
el Ingeniero Héctor Martínez Torres
con dinero de su propio peculio, ganado en el ejercicio
de su profesión de constructor. En Mayo del
año siguiente le sobrevino un infarto y se
ausentó al “John Hopkins Hospital”
de Baltimore donde fue tratado exitosamente y después
de tres meses de descanso en diferentes lugares regresó
a Guayaquil, sin conocer de la invasión peruana,
que se le había ocultado por disposición
médica.
En 1.942 presidió el
Comité para la erección del mausoleo
a Eloy Alfaro. Después de la revolución
del 28 de Mayo de 1.944 los dirigentes obreros apresaron
a los principales accionistas y funcionarios del Ingenio,
acusándolos de ser “partícipes
del régimen arroyista”. Entonces Martínez
Mera viajó con un destacamento y restableció
personalmente el orden, recibiendo el menoscabo propio
que resulta de ésta clase de conflictos y renunció
la gerencia en gesto de extraordinaria delicadeza
para no enfrentar al ingenio con su enemigo jurado
Velasco Ibarra. En 1.946 su amigo el Dr. Eduardo Salazar
Gómez lo llevó a la Gerencia de la Flota
Mercante Grancolombiana.
El lo. de Noviembre de 1.948
el Congreso Nacional acordó por unanimidad
reconocerle que “había desempeñado
el cargo de Presidente de la República con
dignidad, honradez y patriotismo relevantes”.
Tenía 73 años. La Junta de Beneficencia
lo designó miembro de ella e Inspector principal
de la Maternidad y allí trabajó lo más
que pudo.
En 1.952 falleció en
un accidente automovilístico su hijo: Gabriel.
El 31 de Diciembre conmemoró sus Bodas de Oro
matrimoniales.
En 1.955 fue designado Presidente
de la Asamblea Liberal que candidatizó a la
presidencia a Salazar Gómez. El 2 de Octubre
sufrió otro infarto, cayó en seminconciencia
y falleció a las 8 de la noche del 27 de Octubre,
de 80 años de edad, siendo velado en su casa,
como habían sido sus deseos.
De estatura baja, trigueño,
nariz regular, ojos negros, bigote fino y pelo crespo.
Parsimonioso, calmado y muy victoriano, “tuvo
el defecto político de ser inflexible en sus
principios y no creer en arreglos y componendas. Hombre
de bien, incorruptible, pobre y de intachable conducta”.
En su gestión presidencial fracasó por
el fraude que le llevó al poder, por los ánimos
caldeados tras la Guerra de los Cuatro días
y ante un Congreso politizado y demagógico
y como nunca fue muñidor, permitió que
lo echaran sin que le hubieren probado los cargos
formulados en su contra.