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JORGE PEREZ CONCHA
HISTORIADOR.- Nació en Guayaquil el 5 de Junio de 1.908. Hijo legítimo del Dr. Federico Pérez Aspiazu, abogado guayaquileño, firmante del Acta de pronunciamiento liberal del 5 de Junio de 1.895, socio del Club de la Unión, Presidente de la Sociedad de Artesanos Amantes del Progreso, Profesor de Código Civil de la Universidad, Ministro Fiscal de la Corte Superior de Justicia y de Teresa Concha Torres, condecorada por la Municipalidad de Esmeraldas en 1.953 por ser hermana de héroes y mártires.

Nació en la casa familiar del boulevard, con frente a la Plaza de San Francisco, que había sido de su abuela Carmen Aspiazu Andrade de Pérez. De seis años aprendió las primeras letras, luego ingresó al Colegio San Luis Gonzaga de los Hermanos Cristianos de la Salle pero le sacaron al año siguiente por el ambiente antiliberal que allí existía. Entonces fue matriculado en el Colegio Mercantil del Profesor Marco A. Reinoso, donde concluyó la primaria.

En Abril de 1.919 falleció en Playas su padre. Su familia se trasladó a la finca La Magdalena del Coronel Pedro Concha Torres al norte de Quito. En Agosto de 1.920 asistió a los actos sociales de la transmisión de mando y a la recepción de Gala que ofreció en dicha propiedad el presidente electo José Luis Tamayo y su esposa Esther Concha Torres.

El 1.921 empezó la secundaria en el Vicente Rocafuerte y escribió sus primeros versos, que pronto adquirieron un tinte social. El 26 colaboró en la revista “Savia” de su tío segundo José María Aspiazu Valdés y editó a medias con Demetrio Aguilera Malta un libro de prosa y poesías titulado “Primavera Interior” donde constan 18 poemas suyos y 21 relatos de Aguilera.

El 27 fundó con Alfredo Pareja Diez-Canseco la revista “Voluntad” en colaboración con Leopoldo Benítes Vinueza, pero solo aparecieron seis números. Pareja opinó “Jorge es un verdadero poeta: sencillo, galante y sobretodo de una delicadeza de alma poco común. En sus versos bebemos la tristeza, nos embriagamos de melancolía…”

En Abril del 29 se graduó de Bachiller en Filosofía y Letras, estudió leyes un año y tuvo de profesor de Derecho Internacional al Dr. Vicente de Santistevan Elizalde, quien le tomó gran afecto, prestaba libros y le introdujo en el estudio del derecho territorial ecuatoriano.

Ese año fundó con Héctor Espinel Mendoza la primera Agencia de Publicidad Comercial que tuvo Guayaquil y que funcionó varios años hasta que tuvieron que cerrarla por la aguda crisis económica de los años 30 y porque el comercio y la industria no acostumbraban invertir en ese rubro.

Enviaba colaboraciones sobre tópicos internacionales al diario “El Telégrafo” y en premio a su aprovechamiento desde el 30 desempeñó las cátedras de Castellano e Historia en el Rocafuerte. Fueron años de intensas lecturas formativas, crisol donde se iniciaba el historiador, a la par que asistía a los cenáculos bohemios y literarios del puerto.

En 1.932 inició sus publicaciones sobre Derecho Internacional con el folleto “El Ecuador ante el problema amazónico” en 72 pags. y dictó una de las primeras conferencias radiofónicas que escuchó la ciudad “Guayaquil entre Colombia y el Perú” que luego editó en 18 pags.

Al reunirse las dos alas del liberalismo en Guayaquil, en 1.934, para oponerse al Dr. Velasco Ibarra (la unión fue entre arroyistas y baquericistas) fue electo Prosecretario de la Dirección Suprema y por ausencia del titular Gabriel Pino Ycaza asumió la secretaría al poco tiempo.

El 36 publicó un folleto sobre la participación de Muñoz Vernaza en el fusilamiento de Vargas Torres bajo el título de “Vargas Torres, fragmentos de la vida del héroe” en 36 pags. que le sirvió para iniciar una biografía más extensa e ingresó al Centro de Investigaciones Históricas disertando sobre “Bolívar internacionalista”, discurso que apareció en el Boletín de dicha institución en 24 pags.

El 38 dio a la luz su biografía de Vargas Torres en 287 pags., su primer gran libro, que causó sensación en el país y del que se conocen tres ediciones. Casi enseguida asumió Interinamente el poder el Dr. Manuel María Borrero, quien designó Ministro de Instrucción Pública al Dr. Leopoldo Izquieta Pérez, que le nombró Subsecretario con S/.900 mensuales de sueldo, teniendo que ausentarse a Quito, renunció a sus cátedras en el Rocafuerte.

El 39, el nuevo Ministro de Instrucción Pública, Dr. José María Estrada Coello, le concedió el pase para la dirección del Archivo Nacional de Historia con S/. 800. Allí conoció a María Pesantes García viuda de Alomía, con quien contrajo matrimonio. Unión feliz, con descendencia.

En 1.942 ganó el Concurso Nacional de Biografías convocado por el gobierno nacional con motivo del Centenario del nacimiento de Alfaro con su “Eloy Alfaro, su vida y su obra”, que el Comité presidido por el Dr. Abelardo Montalvo editó en 432 pags. Existe una segunda edición de 1.978.

Después volvió a triunfar con un ensayo biográfico sobre Miguel de Santiago en el Concurso organizado por el Ministerio de Educación, que publicó el trabajo en 56 pags.

En Agosto de 1.944 renunció del Archivo por discrepancias con Nicolás Delgado que dirigía el Museo Nacional y se quedó a vivir en Quito, alternando el desempeño de una cátedra en el Colegio Nacional 24 de Mayo con labores propias del comercio.
Nuevamente en Guayaquil, desde el 45 trabajó en el ramo de seguros hasta el 47, que el Presidente Arosemena Tola le propuso la representación diplomática en Nicaragua, pero a última hora fue enviado de Encargado de Negocios Ad-Interim en Oslo, capital de Noruega, donde permaneció un año, renunciando al ascenso del Presidente Galo Plaza Lasso.

Entonces aceptó la cátedra de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guayaquil, volvió a vender seguros para la Compañía Sudamérica y pinturas del almacén de Raúl Cucalón Jiménez. Y a la par de esas actividades cotidianas inició su magna obra sobre las relaciones diplomáticas del Ecuador con sus vecinos, consultando numerosos archivos públicos y privados, libros , periódicos y revistas durante más de diez años, con ligeras interrupciones como fueron los cinco meses que ejerció la Subsecretaría de Economía en 1.952 durante el Ministerio de su pariente Lisímaco Guzmán Aguirre en la tercera presidencia de Velasco Ibarra, año en que fue designado Miembro titular de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, dignidad que ostentó hasta 1.963 en los inicios de la dictadura de la Junta Militar de Gobierno.

Desde 1.951 había principiado a adelantar parte de sus trabajos en los Cuadernos de Historia y Arqueología del Núcleo del Guayas de la CCE. Cada vez que terminaba un capítulo lo publicaba y así pudo rectificar o ratificar criterios hasta completar su obra.

Entre 1.958, 59 y 65 aparecieron los tres primeros tomos de su monumental “Ensayo Histórico - Crítico de las relaciones diplomáticas del Ecuador con los estados limítrofes” en 375, 465 y 389 pags. respectivamente. El cuarto tomo fue incorporado en 1.979 a la cuarta edición, que se compone de dos volúmenes de 812 y 604 pags. en cuarto, pasta verde, que editó el Banco Central.

“Es aquí donde lució sus méritos como historiador. La relación se erige sobre documentación histórica abundante, insospechable e irredarguible. Aciertos y errores de nuestra diplomacia quedan al descubierto. Se advierte el celo, la pulcritud en la selección de la información. En ningún momento desmaya el tono ni encuentra intersticios el chauvinismo. Sobre esta sólida estructura argumental se da un juicio crítico equilibrado y vigoroso que responde precisamente al curso histórico y a la documentación presentada. La obra mantiene unidad y coherencia; nada falta, nada sobra. No quedan hilos sueltos ni dudas flotantes. El derecho ecuatoriano al amazonas queda confirmado y remozado a la luz de la verdad histórica. “Ningún ecuatoriano educado con el sentimiento de Patria - privilegio de las viejas generaciones - puede ignorar el libro de Jorge Pérez Concha”.

En 1.958 fue designado Vicepresidente del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura y ascendió a la presidencia de dicha entidad el 17 de Febrero de 1.962.

El 59 editó el folleto “Eloy Alfaro ante el Derecho Internacional Americano” en 24 pags. El 60 fue electo Miembro de la Junta Consultiva del Ministerio de Relaciones Exteriores en premio a su obra y al mismo tiempo ocupó la Dirección de la Biblioteca Municipal. El 62 fue condecorado por el gobierno del Presidente Carlos Julio Arosemena Monroy con la Gran Cruz de la Orden Nacional al Mérito.

El 63 dio a la luz “La Invasión peruana y el protocolo de Río de Janeiro ante el Derecho Internacional Americano” en 24 pags. y al ascenso de la Junta Militar de Gobierno fue acosado con pesquisas y tuvo que permanecer varios días escondido en casa de su amigo Nereo Cabezas frente a la propia Zona Militar, acusado del feo delito de ser izquierdista por su credo liberal democrático pues no estaba afiliado a ningún partido político.

La dictadura intervino las Universidades y llegó al colmo del adefesio al declarar por Decreto “nefastos a la educación ecuatoriana” a más de un centenar de ilustres maestros de ideología centro - izquierdista. Le fue arrebatada su cátedra y el 19 de Julio la presidencia del Núcleo, tras una vergonzosa reorganización, entre gallos y medias noches, a la que se prestaron algunos civiles vivarachos, que de otra manera jamás hubieran podido ingresar a la Presidencia del Núcleo.

Entonces soportó una época muy dura, sin trabajo, señalado ante la sociedad como izquierdista, lo que significaba un inri en esa hora de Macartismo retrasado, empezó a conspirar y fue nuevamente perseguido; pero en 1.965 su amigo el Dr. Raúl Clemente Huerta salió en su ayuda y le ofreció la dirección de un nuevo diario vespertino que apareció ese año con el nombre de “La Razón”•, cambiando su suerte.

Al poco tiempo los mismos dictadores que le habían tildado de nefasto le solicitaron que aceptara formar parte de la Delegación ecuatoriana ante la II Conferencia extraordinaria internacional a reunirse en Río de Janeiro bajo la presidencia del Canciller Dr. Wilson Córdova, pero surgió el problema del Decreto ya mencionado y los militares tuvieron que derogarlo, de suerte que la delegación ecuatoriana fue integrada por otros perseguidos como los Dres. Antonio Parra Velasco, Carlos Cueva Tamariz y el poeta Gonzalo Escudero Moscoso.

Caída la dictadura ignominiosamente se reintegró a su cátedra universitaria y a la Junta Consultiva del Ministerio de Relaciones Exteriores, desempeñó una de las vocalías del Consejo de Administración del Seguro Social y fue reelecto en la presidencia del Núcleo del Guayas de la CCE. el 8 de Noviembre del 66, desempeñándose hasta el 29 de Mayo del 69, que renunció, para dar paso a un Movimiento Juvenil de intelectuales de Izquierda, posesionados del edificio.

Entre el 70 y el 84 presidió el Patronato del Archivo Histórico del Guayas. El 72 dio a la luz el tomo primero de “Política Internacional Contemporánea” en 224 pags. texto para sus alumnos de la Escuela de Diplomacia y formó parte del grupo ecuatoriano acreditado ante la Corte Internacional de La Haya.

Entre el 73 y el 79 fue orador invitado al Instituto de Altos Estudios Nacionales. El 74 fue miembro de la Delegación a la XV Reunión de Consulta de la OEA. celebrada en Quito. Entre el 76 y el 79 ejerció la Vicepresidencia de la Junta Consultiva de Relaciones Exteriores. El 77 la Universidad de Guayaquil le concedió el título de Doctor Honoris Causa. El 78 concurrió a la XXXIII Asamblea Ordinaria de las Naciones Unidas en New York.

En 1.979 fue designado primer Embajador en Cuba desde la ruptura de relaciones con ese país en 1.963. Entonces renunció a la dirección del Diario “La Razón”, editó como texto una síntesis histórica de su “Derecho Territorial Ecuatoriano” en 104 pags. y viajó a La Habana, donde su amplia personalidad le granjeó numerosas simpatías hasta que el viernes 13 de Febrero de 1.984, catorce personas de todo sexo y condición, entre las que se encontraban algunos menores de edad, asaltaron fuertemente armados asaltaron el local de la embajada en petición de Asilo, manteniendo como rehenes al Embajador y demás funcionarios y empleados. Al saberse la novedad, la atención mundial se volcó sobre el asunto. El gobierno cubano asumió una política dura, acordonó la manzana donde estaba la sede, hizo desocupar los edificios vecinos, desplegó un gran número de soldados, sin contemplaciones cortó los subministros de agua y energía y solo se permitía el ingreso de una mínima cantidad de alimentos, que los diplomáticos ecuatorianos debían compartir con los asaltantes. El asunto se dilató una semana y temiéndose un desenlace fatal, nuestra Cancillería delegó a los Embajadores Jaime Moncayo García y Cornelio Merchán para negociar a como de lugar la devolución de la sede, lo que se logró tras intensas conversaciones con el gobierno y los asaltantes el viernes siguiente, 20 de Febrero, a condición que los catorce involucrados tuvieren un juicio supervigilado por el gobierno ecuatoriano. Mas, al día siguiente, se conoció que no solamente habían sido torturados sino también condenados a muerte en juicio sumarísimo. Tamaña barbaridad, impropia en un país civilizado, motivó la inmediata intervención del Embajador Pérez Concha, que por teléfono explicó a su amigo personal Fidel Castro, que habiéndose abolido en el Ecuador en 1.902 la pena de muerte, su aplicación causaría en nuestro país una natural reacción que debilitaría las buenas relaciones que recién acababan de reiniciarse el 79. El dictador, por propia conveniencia, se dio cuenta del error político que había cometido y conmutó dicha pena por otra de reclusión mayor extraordinaria de treinta años de cárcel, según informó al mundo el Diario Gramma en su edición del 21 de Febrero; y como se había incumplido lo pactado, Pérez Concha regresó al Ecuador y nuestro gobierno no volvió a nombrar Embajador en Cuba en mucho tiempo. Entonces la Cancillería le ofreció la Embajada en Portugal pero prefirió la Dirección regional del Ministerio de Relaciones Exteriores en Guayaquil con rango de Embajador.

En 1.982 publicó “Visión Internacional de Eloy Alfaro” en 84 pags. El 83 se incorporó a la Academia Nacional de Historia como Miembro de Número y al retirarse de la cátedra de Diplomacia que venía dictando desde hacía diez años atrás en dicho Instituto, una de sus aulas fue designada con su nombre y se colocó su retrato.

El 84, al ascender a la presidencia León Febres Cordero renunció al Archivo Histórico del Guayas dedicándose a terminar la biografía de su tío el General Carlos Concha Torres, héroe de la Revolución liberal de Esmeraldas en 1.913, que apareció con el título de “Un luchador incorruptible” en 224 pags. en ediciones “El Conejo” de Quito, en 1.987.

En 1.985 editó “Frente Externo” en 359 pags. y en Diciembre aceptó una columna bisemanal en “Expreso” . En Julio del 86 renunció a la Junta Consultiva, por cuanto ese organismo, otrora de gran importancia dentro de la vida diplomática del país, había dejado de ser consultado en pleno por el gobierno cesarista de entonces. El recién fundado Instituto de Historia Marítima le designó miembro y posteriormente Asesor con sueldo y presidió la Fundación Internacional Eloy Alfaro con sede en Panamá.

En 1.987 dio a la luz dos libros suyos “De la Goleta Alcance al cañonero Calderón” en dos tomos y su Carlos Concha, como ya quedó dicho. El 88 salió “1.910. La Movilización integral del Ecuador” en 98 pags. cuya segunda edición, totalmente aumentada, estaba finalizada al momento de su muerte con el título de “Frontera Marítima del Ecuador siglo XX” en 197 pags. En Junio había celebrado en su departamento de Los Ríos y Primero de Mayo, los ochenta años de edad. Se le veía robusto y saludable, con su memoria de siempre. En plena faena intelectual, escribiendo un libro cada año, pues a través de una acertada medicación había logrado sobreponerse al Parkinson que le había comenzado y que no le volvió a molestar.

El 89 recibió el Premio Nacional Eugenio Espejo. El 90 editó “Páginas de Historia Ecuatoriana”, volumen en cuarto, en 150 pags. con 8 artículos históricos suyos, muy poco conocidos, pues habían aparecido antes como simples prólogos, introducciones o ensayos cortos.

En el Diccionario de la Literatura Ecuatoriana de los Hermanos Barriga López se le calificó de una de las mentalidades más sólidas del país, no solamente por sus estudios históricos sino también por la rectitud de su conciencia y sus indeclinables principios radicales; pues, a pesar de no tener afiliación política alguna, su vida era ejemplo de lealtad al ideario liberador de las conciencias.

En 1.991 recibió la máxima condecoración del gobierno cubano y fue homenajeado en la Casa de la Cultura, acudía diariamente al Instituto de Historia Marítima, dictaba conferencias y donó parte de su biblioteca al Instituto de Diplomacia de la Universidad de Guayaquil.
Acostumbraba leer y escribir diariamente hasta altas horas de la noche. Manuel Medina Castro escribió en “El Telégrafo” que cuando a las diez de la noche, retornaba de su cátedra y pasaba frente a la casa del maestro, observaba que éste tenía encendidas las luces de su biblioteca, sabía por eso que estaba trabajando y se alegraba por los óptimos frutos de su producción.

En 1.994 dio a la luz “Historia Diplomática y Naval de la Provincia Libre de Guayaquil” en 147 pags. El 95, con motivo del Conflicto armado con el Perú, escribió para “Expreso” diariamente, una extensa serie donde analizó a conciencia todo el largo proceso con el Perú y lanzó por los Canales de Televisión que le entrevistaron, su célebre frase “El Perú no tiene fe pública”, que repetida a través del país, sirvió para alertar las conciencias. Poco después intervino en el Foro que realizó “Expreso”. La Universidad le pidió su serie de artículos sobre el problema territorial ecuatoriano para darla a la publicidad en forma de libro y se apresuró a ordenarlos; pero, posiblemente, la agitación de estos últimos tiempos y el ordenamiento de su biblioteca para entregarla al Instituto de Diplomacia hizo que absorviera sin darse cuenta un polvo químico que estaba poniendo a los libros, esto le tapó los pulmones y en la madrugada del miércoles 29 de Marzo comenzó a sufrir una aguda insuficiencia respiratoria. Internado en la Clínica Guayaquil con pronóstico reservado, se pensó que podía tener una bronconeumonía pero los exámenes radiológicos anunciaron un mal mayor pues tenía los pulmones tomados por ese polvo químico. Permaneció en estado crítico en terapia intensiva, entró en coma y falleció tranquilamente a las 3 de la tarde del Sábado 1° de Abril, faltándole casi tres meses para cumplir los 87 años.

Moderado, siempre lleno de amigos y discípulo que le veneraban. Era de su entero agrado todo platillo criollo sin excepción y un wisky antes del almuerzo. En su aspecto físico, extremadamente blanco, bajito, nervioso, de voz aguda y palabra con doctrina. Nunca ostentoso, amó mucho a su Patria y se sacrificó por ella, de suerte que su deceso constituyó una pérdida irreparable para la conciencia cívica nacional. Está considerado sin discusión como el mayor tratadista de Derecho Territorial Ecuatoriano de todos los tiempos y como una de las mayores figuras de la cultura ecuatoriana del siglo XX.