JUAN
MARIA RIERA MOSCOSO
V OBISPO DE GUAYAQUIL.- Nació en Ambato el
28 de Enero de 1.866. Hijo legítimo de Carlos
Riera Suárez, comerciante, Presidente del Concejo,
Jefe Político del Cantón Ambato y en
su primera juventud Director de una Escuela Fiscal.
(Hijo de Joaquín Riera Valdivieso, quien consagró
gran parte de su vida para dotar a Ambato de un templo
digno y al fallecer en 1.840 lo vio casi concluido
y de Josefa Suárez) y de Dolores Moscoso Suárez,
natural de Ambato. El 30 fue bautizado y Confirmado
con los nombres de Antonio Reinaldo por el Arzobispo
Checa.
Estudió la primaria
en Ambato y Latacunga y de sólo 15 años
entró al Convento de Santo Domingo de Quito
regido y reformado por los padres italianos desde
1.893 con la observancia regular y una acción
organizada; pero, con el mismo arcaico sistema de
estudios que imperaba en la colonia e inicios de la
república, basado en la Filosofía tomística
del medioevo y en el misticismo ascético del
siglo de oro español.
Un año después
hizo su profesión simple. El 83 emitió
sus votos y cambió de nombre, llamándose
Juan María. Tenía 17 años y era
dirigido por el padre Jacinto La Cámara bajo
la protección de Nuestra Señora del
Rosario de Pompeya, exótica advocación
traída de Italia.
Ya dentro del plan general
de estudios rindió sus pruebas de Latín,
Aritmética y Geográfica, en 1.883 las
de Lógica y Matemáticas, en 1.884 estudió
Física y Metafísica y entre el 85 y
el 87 Teología Dogmática y Moral, Sagrada
Escritura, Derecho Canónico e Historia Eclesiástica.
En 1.888 fue el único en examinarse en Sagrada
Escritura y el 89 prosiguió con las doctrinas
de Santo Tomás de Aquino.
En Mayo de 1.885 había
figurado entre los organizadores del “Liceo
de la Verdad” con un órgano de publicidad
manuscrito intitulada “La estrella dominicana”
que dirigía el iterato Belisario Peña;
el 3 de septiembre hizo su profesión solemne
y el 25 de Septiembre de 1.887 recibió el Subdiaconado
de manos del Obispo de Ibarra Pedro González
Calisto.
Siempre había sido persona
de contextura delgada y de naturaleza delicada, propensa
a las enfermedades. En 1.889 enfermó gravemente
de debilidad pulmonar, permaneció tres meses
en cama y libre de sus acostumbrado “régimen
de austeridad que incluía ayunos, disciplinas
y cilicios”; entonces, el Dr. Manuel Baca Murgueitio,
recomendó que se traslade a Cuenca en busca
de mejores climas y allí se ordenó de
diácono el 13 de Julio de 1.890 y el 3 de Agosto
recibió el orden sacerdotal de manos del Obispo
Miguel León Garrido.
Afines de ese año fue
prosíndico del convento y escribió con
el Padre Reginaldo María Duranti una relación
acerca de los progresos de la Tercera Orden en Cuenca
y del fervor que despertaba el rosario de la aurora.
En 1.891 fue profesor de Lugares
Teológicos y Matemáticas en el convento
de Quito y era considerado un sacerdote modelo de
observancia regular y de solvencia académica.
En 1.892 residió tres meses en Macas con el
padre Alberto María Delgado, en ejercicios
espirituales con los indios de esa región.
A su regreso a la capital fue Vicemaestro de estudiantes.
El viernes santo de 1.894 predicó
en la Iglesia dominicana y en Mayo pasó a residir
al convento de Latacunga con el cargo de Superior,
mostrándose observante e irreprensible, popularizando
el culto de Nuestra Señora del rosario de Pompeya;
pero, ese año, se produjo la controversia de
los dominicanos con el Canónigo González
Suárez por la publicación del Tomo IV
de su Historia donde se referían algunos escándalos
domésticos de la orden en el Quito del siglo
XVII, polémica que se tornó nacional,
interviniendo periodistas y autoridades políticas
y religiosas.
El Obispo de Portoviejo Pedro
Schumacher y el Superior dominicano Reginaldo María
Duranti se lanzaron contra González Suárez,
quien tuvo que alejarse del ambiente de Quito para
escribir un defensa que tituló “Memorias
Intimas”; mientras el país presenciaba
el triunfo de la revolución liberal en la batalla
de Gatazo, el fin de los regímenes progresista
y la entrada de Alfaro en Quito, anunciando que acabaría
con el gobierno de la teocracia. La Santa Sede creyó
prudente designar a González Suárez
para el Obispado de Ibarra y el Superior Duranti fue
notificado por el Gobierno con una fuerte contribución
que la Orden dominicana no pudo cubrir, sufriendo
el embargo de una hacienda en Cayambe.
Manuel J. Calle editó
su folleto “Los Dominicanos Italianos en la
república del Corazón de Jesús”,
acusación frontal por los malos manejos económicos
de dichos padres, que tuvieron que salir en su mayor
parte del país para no regresar jamás.
La Orden empezó a quedar sin dirigente y quiza
por ello, el 5 de marzo de 1.897, el Padre Magalli
firmó el nombramiento de Vicario Provincial
a favor de Riera, que se hallaba en Latacunga y viajó
urgentemente a Quito, donde recibió al Visitador
General, padre Segundo Fernández, que llegaba
de Chile.
En 1.897 fundó la revista
mensual “La Corona de María” con
los padres Alfonso Jerves y Ceslao Moreno, fue lector
de Sagradas Escrituras y Latín y comenzó
a transcribir el libro autobiográfico de Sor
Catalina de Jesús Herrera, encontrado por el
Padre Francisco de las Planes en el Convento de Santa
Catalina de Siena de Quito. Con este fin escribió
un resumen titulado “Secretos entre el Alma
y Dios”, añadiendo notas explicativas
con citas de Santo Tomás y de las experiencias
similares de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa.
En 1.898 fue lector de Teología
Moral. El 99 Vicemaestro de Novicios, Promaestro de
estudiantes, Lector de Moral y de Derecho Canónico,
director de la Tercera Orden, confesor de las monjas
de Santa Catalina y Secretario del Consejo conventual.
En 1.900 fue electo Definidor del Capítulo
dominicano; ya había escrito un opúsculo
titulado “Principios generales de Teología
Mística y extracto sistemático de las
Sentencias de San Juan de la Cruz” y un texto
para sus alumnos sobre “Principios generales
de Teología Mística” deducidos
de la teología tomística. Esos trabajos
reflejan erudición y piedad y un peligroso
alejamiento de la problemática nacional y mundial.
En 1.902 fue electo Provincial
dominicano en reemplazo de Fray Enrique Vacas Galindo,
dirigió numerosas misivas en Latín a
los miembros de su orden y en compañía
del hermano Antonio Avecillas realizó un viaje
de un mes por los pueblos de la Misión dominicana
del oriente.
En 1.904 viajó a Roma
con el padre Tomas Racines, interviniendo en el Capítulo
General de la Orden. Pío X les dio la bendición,
de regreso fundó en Quito el “Comité
del rosario” bajo la presidencia de Manuel Jijón
Larrea. En 1.906 González Suárez ascendió
al Arzobispado y se registraron incidentes con el
Gobierno de Alfaro.
Riera fue reelecto Provincial
y presentó su trabajo sobre Catalina de Jesús.
Entonces ocurrió el enojoso asunto de la entrega
de los conventillos de Ibarra, Latacunga y Loja que
exigiera el Arzobispo para dedicarlos a escuelas y
colegios y aunque primeramente Riera se opuso, después
defendió el principio de autoridad y hasta
se enfrentó al dominicano Vicente María
Caicedo, Prior en Loja, de suerte que obtuvo la gratitud
de González Suárez que lo presentó
para ocupar el Obispado de Portoviejo, vacante desde
la huida de Monseñor Pedro Shumacher en 1.894.
En 1.907 presidió las
honras fúnebres del general Ignacio de Veintemilla
en la Catedral de Quito.
En Febrero de 1.908 llegó
el Breve Pontificio a Quito y el 3 de Mayo fue solemnemente
preconizado en la Catedral, sellándose de tal
suerte las paces, entre el Arzobispo historiador y
la Orden dominicana, a los 14 años del escándalo
de la publicación del Tomo IV de la Historia
del Ecuador; pero el Ministro de Cultos, Amalio Puga
Bustamante, manifestó que la Diócesis
manabita había sido suprimida por el Congreso
en 1.902 y que, en consecuencia su nombramiento no
tenía ningún valor; Riera protestó
como Obispo y se ordenó su enjuiciamiento penal
por “haber usurpado el título de Obispo
de la Diócesis de Portoviejo”, quedando
prácticamente confinado en Quito e impedido
de viajar a Manabí.
I pasaron 2 años hasta
que en Diciembre de 1.910 fue comisionado por el Arzobispo
para realizar una visita pastoral a Guayaquil cuya
sede estaba vacante desde 1.894. Poco después,
González Suárez, decidido a solucionar
el impase con el gobierno, solicitó la designación
de Riera para ese Obispado y Pío X firmó
el 1°. de Enero de 1.912 el Decreto, encargándole,
además, de la Administración Apostólica
de Manabí. En 17 Junio entró en el puerto
y el 23 tomó la posesión canónica,
“cautivando por la suavidad de sus costumbres
y la tranquilidad e inalterable serenidad de la almas
virtuosas”; pero, la sede estaba empobrecida
por el largo abandono en que había permanecido
y Dolores Irrazabal de Peña tuvo que donar
un edificio para residencia del Obispo, pues este
no tenía donde habitar. Ignacio Robles, que
había dirigido la comisión de recepción,
conformó una Colecta pública y su sobrina
política Angela Carbo Macías de Aspiazu
hizo de tesorera y se encargó de proveer las
siguientes mensualidades a fin de conservar al Obispo
con un mínimo de decoro, dada sus altas funciones.
(1)
En octubre comenzó la
bubónica y fiebre amarilla, muchos eran atacados
y morían. El 8 de diciembre, mientras Riera
celebraba de pontificial la misa de la Virgen, comenzó
a sentirse mal y tuvo que ser llevado a Palacio, donde
le subió la temperatura a 40 grados. Le había
(1) Josefa Macías y Triviño, cuñada
de Robles y tía de la señora de Aspiazu,
había casado sucesivamente con dos tíos
de Monseñor Riera llamados Juan Bautista y
Benjamín Moscoso Suárez.
comenzado la fiebre amarilla que casi acabó
con su vida, salvando milagrosamente por los cuidados
del Dr. Luis Felipe Cornejo Gómez, pero quedó
tan delicado del corazón y los riñones,
que se les hincharon las rodillas y solo podía
moverse con muletas. Su médico le aconsejó
viajar a Posorja y someterse a una estricta dieta
de pescado y legumbres, sin carnes ni sal.
De regreso a Guayaquil solemnizó
los festejos de la Semana Santa de 1.913. El 1°.
de Junio comenzó visitar la aparroquias rurales
y salió en defensa de la propiedad de la Orden
dominicana, amenazada por la Municipalidad y la Junta
Municipal de Beneficencia de Guayaquil, que le habían
arrebatado el cerro contiguo al convento, so pretexto
de ciertas edificaciones. Riera buscó en el
archivo dominicano, encontró el título
y con él pudo hacer una venta al Dr. Alfredo
Valenzuela, pero no consiguió la devolución
de los restantes terrenos que se habían dividido
la Municipalidad y la Beneficencia, como ya se dijo.
En 1.914 intervino en la pugna
de González Suárez con el padre dominicano
Jacinto Palacios acerca del cambio de rostro de la
imagen de la Virgen del Rosario; su aclaración
se publicó en Quito y el padre Palacios fue
asignado a un convento fuera de la capital. En ese
incidente, como siempre, Riera formó filas
con González Suárez. También
inició la devoción de San Vicente Ferrer
en el pueblo guayaquileño, bendijo la imagen
nueva y presidió su solemne Novena en santo
Domingo.
En Junio de 1.915 viajó
a Riobamba a visitar a su amigo el Obsipo Andrés
Machado pero no resistió la altura, le faltó
aire, sentía palpitaciones, de regreso guardó
cama en Noviembre aquejando de una tuberculosis declarada.
Monseñor Machado le vino a pagar la visita
y se quedó cuidándole. Su lecho de enfermo
era atendido por numerosos facultativos y el sábado
20 de Noviembre, después de recibir la visita
de Machado, murió sin muestras de agonía,
a las 10 y 5 de la mañana, considerado y tenido
como un santo varón de Dios. Tenía solamente
49 años de edad y menos de 3 como Obispo de
Guayaquil.
El 22 se celebraron la solemnes
exequias. José Félix Rousilhe pronunció
la Oración Fúnebre y fue enterrado en
la cripta de la Catedral.
Como religioso fue modelo de
observación; amaba el retiro, el silencio y
la oración. Fue un asceta de ascendrada religiosidad,
“llama de amor en medio de la tormenta”.
Blanco pálido, ojos
negros, suaves maneras, baja estatura, delgado y hasta
magro de carnes; su causa de beatificación
se encuentra en trámite, iniciada por orden
de Monseñor Bernardino Echeverría Ruiz
que decidió que la Diócesis de Guayaquil
merecía contar con un Obispo en camino a los
altares.