JACINTO SANTOS VERDUGA
POETA.- Nació en Bahía de Caráquez el 16 de septiembre de 1.944. Hijo legítimo de Jacinto Santos Santos, natural de Bahía, Administrador de Aduanas y por 45 años Primer Jefe del Cuerpo de Bomberos de esa población y de Magdalena Verduga Andrade, nacida en Chone.
Recibió la educación primaria en la escuela "Juan Montalvo" que dirigía el profesor Sucre Mieles y luego siguió la secundaria en el colegio "Eloy Alfaro" hasta culminar el tercer curso, formando parte de una juventud llena de ideales que dirigía su pariente el Dr. José Santos Rodríguez. Por entonces comenzó a hacer poesías, ayudaba en el bisemanario "El Heraldo" y en la revista "Panorama" que tuvo corta duración. Mas, "una ciudad pequeña como Bahía, una provincia todavía culturalmente débil como Manabí, poco le podía ofrecer a sus aspiraciones intelectuales. A sus ansias de cantar las insinuaciones de su inteligencia"; por eso viajó en 1.961 a Guayaquil, se matriculó en el cuarto curso del "Vicente Rocafuerte" y enseguida descolló obteniendo en 1.962 el tercer premio en el Concurso Intercolegial de Poesía y el primero y tercer premios en el Certamen Literario promovido por el Colegio Nacional "Dolores Sucre" al año siguiente.
En enero de 1.964 se graduó de bachiller en Filosófico Sociales con notables calificaciones pues siempre había sido un excelente alumno, de los primeros de su clase. Vivía en casa de su hermano Julio en el barrio Orellana, practicaba Karate y llegó a poseer una recia musculatura que unida a su extrovertida personalidad, le permitió convertirse en líder y conoció gentes, intelectuales que le ofrecieron su amistad incondicional que él retribuía generosamente, sin límites.
Era inquieto, inconforme, fuerte, alegre y entró a estudiar a la Facultad de Jurisprudencia, ocurriéndole la siguiente anécdota. Un compañero sufrió una necesidad económica y le solicitó un préstamo de dinero; pero, como Jacinto no disponía de efectivo, le cedió su máquina de escribir para que la empeñe con la condición de que le devolviera el tiket a fin de poder rescatarla en cualquier momento.
Vivía la vida a plenitud, momento a momento y sus mejores compañeros fueron Reinaldo Huerta Ortega, Fernando Navas Vinelli y Juan Trujillo Bustamante con quienes estudiaba a diario. Por esa época sus enamoramientos con Patricia Caamacho Menoscal no estaban excentos de desavenencias, pero se amaban de verdad y superaban todas las crisis provocadas por el carácter conflictivo del poeta.
En 1.965 comenzó a trabajar en las oficinas del Registro Civil y fue designado profesor de literatura del "Dolores Sucre". Ese año publicó su primer poemario titulado "Testimonio" en 87 págs. y en la autopresentación escribió: "quien a golpe de veintiún corceles conoció las emociones que guardan los poemas de este libro, quien se asombró al presenciar la consumación del cerillo de la infancia, quien fue Dios al sentir los primeros síntomas del amor y pronto hombre cuando el dolor humedeció los atrepellados latidos, quien vio extinguirse una desolada existencia y diariamente observa la prosaica realidad, no debe callar..."
En 1.966 contrajo matrimonio con su novia Patricia y habitaron un departamento del edificio "Cóndor" donde ella quedó embarazada. Entonces Jacinto volcó su ternura al que iba a nacer y le dedicó su "Poema al Hijo", canto que obtuvo el segundo premio en el Concurso Nacional de Poesía del diario " El Universo "; después le escribirá otro poema "Vida Perfecta". De la primera de estas composiciones Hernán Rodríguez Castelo ha opinado que "es un largo y sostenido diálogo con el silencioso interlocutor aún no presente. Los apóstrofes al hijo. El tono de confidencia a un tan íntimo y tan apasionadamente amado, dieron al poema su clima tenso y su entrañable emoción".
Y justamente en esos días estalló el escándalo del affaire que venía manteniendo con una de sus alumnas del "Dolores Sucre", por ella perdió la cátedra y se quedó sin empleo; sin embargo, como lo afirmó en sus poemas "Siempre", "Telegrama urgente" y "Cosecha", la siguió cortejando y esta situación violentó su sistema nervioso y se volvió conflictivo, acostumbraba andar armado, bebiendo más de la cuenta aunque siempre con amigos o intelectuales. Una madrugada disparó varias veces al aire a la salida de un agasajo en el Tennis Club al que yo también concurrí, en otra ocasión con un vaso roto se cortó las venas del antebrazo izquierdo, pero, al día siguiente amaneció arrepentido y hasta concurrió donde un psiquiatra. La muerte se había convertido en su tema preferido de conversación, por eso un amigo le aconsejó que usara máquina de afeitar eléctrica y bebiera vino en vasos de material plástico.
Para el fin de año escribió un "Inventario" /Doce meses de amor/ los tres último sin empleo/ un hijo por llegar/ dos hermanas distantes/ Un premio grande/ y otro menor./ Todos mis amigos/ presentes./ Un par de zapatos/ nuevos/ Muchas malas noches/ Dios y e1 diablo/ conmigo/ dos venas menos/ varios vasos rotos/ Una visita al psiquiatra/ otra al cementerio/ Y esta soledad en el alma/ que parece un domingo/ a las tres de la tarde.//
En 1.967 nació su hijo Juan Fernando y su amiga lo comenzó a atormentar por este motivo. Un complejo de culpa se apoderó de su espíritu, la normalidad comenzó a escapar a su control, de por sí débil.
Al mismo tiempo aparecieron sus poemarios "La llaga insomne" en 59 págs. y "Con los días contados" en 30 págs. donde manifestó un arrepentimiento tardío por sus errores sentimentales, calificándolos de "malos negocios"; pero, era demasiado tarde para ello. Igualmente anunció su muerte en "Poema Final" con meticuloso cuidado, poema que es como su testamento y que dedicó a su compadre Francisco Pérez Febres-Cordero:/ Perdónenme si mi silencio/ les causa ruido/ si les duele/ la herida/ que yo he curado/ compréndanme/ no es mía la culpa/ ya estaba señalado/.
Sus últimos meses del año 1.967 se transformaron en una permanente evasión entre sexo, alcohol y violencia. Con un infantilismo que pecaba de ingenuo y que no ocultaba nada, soñaba con un Dios al que sin embargo negaba y por eso prefería aflorar la vida en el vientre materno. Durante un examen de Derecho Territorial escribió un extraño y hermoso poema, hoy perdido, donde contó que justamente en esos momentos un hijo suyo moría a causa de un legrado practicado a su amante.
El profesor de la materia, Dr. Miguel Arellano Robinson, quedó sorprendido y calificó el poema, que no era lo que tenía que tratar en el examen, con la máxima nota de diez.
De todo lo expuesto se podría pensar que Jacinto era un niño malo, un infante terrible, lo cual no era cierto. Amaba entrañablemente a los suyos y los recordaba siempre; trabajaba en su casa importando libros de España, de preferencia textos de literatura, Enciclopedias y Diccionarios que vendía por medio de agentes y obtenía modestos dividendos; estudiaba y tenía muchos amigos. Al fin, hacia Octubre del 67, pareció que había vuelto a la realidad, reconciliándose con su esposa y dejando el licor. En noviembre planeó enviarla a los Estados Unidos a comprar mercadería para su venta de navidad. El día 2 de diciembre la despidió en el aeropuerto y de regreso al departamento comenzó a beber copiosamente con varios amigos. En eso llegó de visita su joven amiga, minutos después discutieron y para que no se enteraran las restantes personas se encerraron en el baño. Casi enseguida se escucharon tres disparos. El primero parece que le entró a ella por la frente y la dejó tan mal herida que falleció días después; el segundo le traspasó a Jacinto la sien derecha y le salió por la izquierda pero no lo mató, así es que el tercer tiro se lo aplicó al pecho y se destrozó el corazón. Los amigos desenrajaron la puerta y encontraron su cadáver, que después de la autopsia se veló en el domicilio de sus suegros ubicado en Mascote No. 500 y Padre Solano, luego fue llevado en hombros a la Facultad de Jurisprudencia en la Ciudadela Universitaria y de allí siguió el cortejo hasta el Cementerio. Su esposa regresó justo a tiempo para asistir a estas ceremonias.
Ileana Espinel le dijo: "Ayer dejamos en su definitiva morada a aquel que amó la muerte como una antigua amiga. Era franco y vital como un verso perfecto. Poeta de la ansiedad suprema, de la inefable búsqueda, de la inquietud más pura. Amigo de diestra leal, lírico compañero de las horas en vuelo, desparramada sombra de la luz más preclara"."
Gonzalo Espinel le dedicó el siguiente soneto: /Era un pájaro gris, un prematuro/ crepúsculo de mar estremecido/ y a su vuelo de sombras desmedido/ le faltaba un espacio más seguro// Lo hallaréis disparando contra el muro/ en el sitio del pétalo caído/ y en el ceibo que tuerce su gemido/ cuando el viento es más trágico y más duro// Lo hallaréis en un río sin destino/ en la oveja que juega en la quebrada/ y en los ojos de un ángel campesino// pero no se ha escapado por la herida/ sigue siendo una flecha levantada/ en la llaga sin muerte de la vida.//
Alto de estatura pues medía 1,80 mtrs. Blanco, pelo negro, ojos café y algo miopes, viril, alegre y despreocupado. Dejó varias poesías inéditas que, como todo lo suyo, "demuestran su excepcional temperamento lírico; mas, le faltó tiempo y holgura emocional para madurar formalmente".
"Chintolo fue un poeta intenso, capaz de sacudir profundamente con cuatro versos cortos. Certero para el atisbo humano hondo, ahondó implacable en una visión desolada y desesperanzada de la vida. Y la reflexión e iluminación que tal suerte de escritura implicaba, terminó por cerrarle todos los caminos de salida y lo llevó a dar cumplimiento a los más ominosos y trágicos anuncios premonitorios de la llaga insomne".