JOSE
LUIS TAMAYO TERAN
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA.- Nació en Chanduy,
Cantón Santa Elena, provincia del Guayas, el
29 de Julio de 1.858. Hijo legítimo de Manuel
Tamayo Roca, comerciante ambateño quien pasó
a Chanduy a mediados del siglo y se dedicó
al cultivo de la orchilla, exportándola en
sus barcos hacia el norte del Perú donde tenía
muy buenos precios y era usada como tinte o colorante.
En uno de esos viajes falleció de fiebre amarilla
y su esposa Josefa Terán Martínez, al
conocer por carta la mala noticia, gritó ¡Dios
mío! sufrió un fulminante infarto y
cayó muerta, dejando en la orfandad a sus hijos
Dolores de cinco y José Luis de tres y dos
años de edad, que fueron recogidos por su abuela
materna, Jacinta Martínez profesora en Chanduy,
quien les dio las primeras letras.
En 1.869 salvó la vida
de su padrino de bautizo Luis de Tola y Avilés,
que se ahogaba en las aguas embravecidas de Chanduy,
en gratitud éste lo pidió para tenerlo
en su casa de Guayaquil y matricularlo en el Colegio
San Vicente del Guayas, donde dictaba sus cátedras
y tenía fama de adusto y serio; pues antes
de meterse a cura, había sido marino y guardaba
la rígida disciplina militar en todos sus actos,
de suerte que “templó al alma de su ahijado
en los proyectos de una elevada moral y orientó
su mentalidad por las sendas del saber y la cultura”.
En 1.878 el joven se graduó de Bachiller con
espléndidas calificaciones. Era de conducta
arreglada y fino talento, vivía con otros estudiantes
protegidos del ya Obispo Tola en los bajos de su casa
de Víctor Manuel Rendón y P. Icaza (pues
daba a ambas calles).
En 1.879 empezó a enseñar
Latín en ese colegio, colaboró en la
sección literaria del Diario “La Nación”
y comenzó estudios de Jurisprudencia. De esta
época son numerosas publicaciones de índole
literaria aparecidas en diferentes periódicos
y revistas de Guayaquil, especialmente en el semanario
“El Cometa” el 83, donde también
colaboraban Cesáreo Carrera, Nereo Cabezas,
Simón Ceballos, Heráclito Vera, Carlos
Carbo Viteri y Delfín B. Treviño.
El 1°. de Octubre de 1.886
y con Manuel Tama Vivero, arrendó la imprenta
de Calvo y Cia. y asumió la dirección
del gran trisemanario “Los Andes”, le
dio más color local aumentando su información
y en cuyas columnas escribió con altivez, patriotismo
y justicia, protestó por el fusilamiento de
Vargas Torres y por ello fue sindicado de conspirador
y en Mayo del 87 notificado con una orden de confinio
a la capital de la República.
Ese mismo año se incorporó
de abogado y regresó a Guayaquil, volviendo
al periodismo desde las columnas del “Diario
de Avisos”, también tuvo a cargo una
cátedra de literatura en el San Vicente del
Guayas y con Manuel Tama Vivero fundó “La
Revista Literaria” de corta duración,
de aparición semanal y que se imprimía
en los talleres de La Nación.
En 1.887 murió el Obispo
Tola, no sin declarar: “si hubiera tenido un
hijo, no habría sido tan bueno y cariñoso
conmigo, como mi ahijado José Luis”.
Desde Septiembre de 1.888 colaboró
en el diario vespertino “La Opinión Pública”
que se editaba en la imprenta Bolívar. Entonces
fue electo vocal fundador de las “Sociedad Liberal
Republicana” que presidía el Dr. Juan
Emilio Roca Andrade con la finalidad de publicar un
periódico que se tituló “La Reforma”
y presentar candidatos para las Cámaras del
Senado y Diputados.
En 1.890 fue designado Síndico
del Concejo Cantonal de Guayaquil, en 1.892 de la
Sociedad Filantrópica del Guayas y con sus
compañeros de labores en el “Diarios
de Avisos”, José de Lapierre y Luis Felipe
Carbo, formó una sociedad para editar una obra
relacionada con la Exposición Universal de
Chicago, viajando a los Estados Unidos y recogiendo
numeroso material informativo y gráfico. A
su regreso escribió la parte expositiva y la
descripción política de “El Ecuador
en Chicago” y el resto corrió de la pluma
de José Antonio Campos. Dicha obra es un clásico
de la literatura nacional y constituyó un éxito
sin precedentes por la bondad de su lectura, profusión
de gráficas y retratos y elegantes impresión.
En 1.895 formó parte
del Comité investigador del bullado asunto
de la venta de la bandera. El 18 de abril fue apresado
por orden del Gobernador Gabriel Luque González,
por ser redactor de El Grito del Pueblo y hubiera
salido al destierro, pero el gobierno dio pie atrás
y dispuso la libertad de los detenidos políticos.
Para la revolución liberal
del 5 de Junio de 1.895 fue enviado a asumir la Jefatura
Civil y Militar de Manabí. De regreso a Guayaquil
pasó a ocupar la secretaría de la Gobernación,
al arribo de Alfaro estuvo entre los oradores que
hablaron en la gobernación y ocupó la
subsecretaría del Ministerio del Interior de
la dictadura, viajó a la Sierra con el Ejército,
asistió a la batalla de Gatazo y después
se hizo notar en Riobamba, al lado de Alfaro”.
“Entonces ocurrió
el alejamiento de Carbo del Ministerio del Interior
y fue designado en su reemplazo, entrando en Quito
como vencedor. Terminada la campaña, Alfaro
le ofreció el grado de Coronel que rehusó
aceptar por considerarlo desproporcionado y renunció
casi enseguida para regresar a Guayaquil, donde perdió
la totalidad de sus bienes en el Incendio Grande de
Octubre de 1.896.
En 1.897 fue electo Secretario
de le Cámara de Comercio y Síndico de
la Sociedad Filantrópica del Guayas. Ese año
contrajo matrimonio con Esther Concha Torres, a quien
había conocido en casa de Darío Egas
Sánchez durante un bautizo. Fue un matrimonio
modelo que tuvo seis hijos.
En 1.898 fue diputado por Esmeraldas,
asistió al Congreso extraordinario y salió
electo Presidente del Senado, repitiéndose
dicho honor al año siguiente.
Durante la campaña presidencial
de 1.901 apoyó como el resto de liberales la
candidatura oficial del General Leonidas Plaza, quien
le ofreció la cartera del Interior pero “rehusó
marchar a la capital por el poco sueldo”. Meses
después la provincia de Esmeraldas volvió
a elegirlo Senador. En 1.902 fue Presidente de esa
Cámara, ocurrió su alejamiento definitivo
del alfarismo y pasó a la oposición.
En 1.905 apoyó la candidatura
oficialistas de Lizardo García que triunfó
ampliamente en las elecciones y Tamayo volvió
a ser electo Presidente de la Cámara del Senado;
mas, al producirse la revolución de Enero de
1.906 y el triunfo de Alfaro en los campos de Chasqui,
se reintegró a sus actividades privadas y no
volvió a participar en política sino
hasta 1.907, en que, con motivo de la asonada contra
Alfaro en la Gobernación del Guayas, su casa
fue allanada y salió al Perú; de allí
siguió a los Estados Unidos y Francia hasta
que varios amigos gestionaron y obtuvieron su regreso.
Para entonces era uno de los
más respetables miembros del foro guayaquileño,
vivía con mucha holgura en una casa del malecón,
con su esposa, hijos y suegra, la famosa “Misia
Delfina de Concha, madre de héroes”,
quien lo prefería de entre todos sus yernos
porque era muy atento y la tenía en su casa
y en alguna ocasión le había traído
de vuelta una lora escapada hacia el vecindario.
En 1.912, cuando ocurrió
el arrastre de Alfaro y sus tenientes y la consecuente
revolución de su cuñado Carlos Concha,
mantúvose neutral y por tal motivo creció
su fama de verticalidad en el grupo liberal placista.
En 1.916 sonó su nombre para ocupar la presidencia
de la República pero se prefirió al
Dr. Alfredo Baquerizo Moreno por el parentesco político
que tenía con Plaza, según se rumoró
entonces; sin embargo, se le ofreció a Tamayo
designarlo sucesor de Baquerizo en 1.920.
Ese año fue miembro
de la Junta Provincial del Partido Liberal del Guayas
y se lanzó su candidatura frente a la del Dr.
Gonzalo S. Córdova, que renunció con
la promesa de ser elevado en 1.924, lo que efectivamente
sucedió. Tamayo ascendió al poder el
1°. de Septiembre de 1.920 con 126.945 votos derrotando
al candidato conservador. “El pueblo esperaba
mucho de él por su nombre limpio y gran prestigio
jurídico, porque tenía el más
alto bufete profesional”; pero en el ejercicio
del cargo decidió contar con elementos de todos
los partidos y designó canciller al conservador
Nicolás Clemente Ponce.
En Guayaquil, en cambio, para
neutralizar la influencia política de Enrique
Baquerizo Moreno, empezó a contar con los servicios
del joven abogado Carlos A. Arroyo del Río,
a quien protegió.
A esta política de acercamiento
al conservadorismo, se llamaba “Nacional”
y los miembros del Oficialismo dieron en alabarla,
formándose el “Partido Nacional”
de entre las filas de liberalismo tradicional; sin
embargo, ya existía una generación de
jóvenes idealistas que habían perdido
la fe en el liberalismo y que estaba en pugna con
la llamada política nacional del gobierno,
que se agravó con la dura realidad económica
que se vivía en 1.922 a causa de la caída
de las exportaciones del cacao. En Noviembre ocurrió
una huelga general en Guayaquil que fue degenerando
en enfrentamiento con el ejército y en la mañana
del 15 las calles estaban desiertas, los almacenes
no abrieron sus puertas y se cortaron las comunicaciones.
El pueblo salió al medio
día y desde las tres de la tarde fue dispersado
a tiros por el Jefe de zona General Enrique Barriga,
produciéndose más de quinientos muertos,
la mayor parte de los cuales fueron arrojados al río.
La oposición abrió todos sus frentes
al gobierno, la prensa no silenció el crimen,
el partido liberal se levantó en multitudinaria
Asamblea y sus juventudes declararon la oposición
al régimen siguiendo los nuevos caminos del
socialismo y de otras tendencia de la izquierda revolucionaria;
sin embargo, Tamayo no se doblegó, mostrándose
inflexible en su política “Nacional”
hasta el final; aun más, felicitó al
ejército el 16 de Noviembre en los siguientes
términos: “Estoy orgulloso de nuestro
ejército y quisiera estar en esa ciudad para
abrazar estrechamente en nombre de la Patria a cada
uno de esos valientes y magnánimos camaradas”.
El 7 de Junio de 1.924 falleció
la primera dama de la nación a consecuencia
de un cáncer al seno y poco después
concluyó el periodo, Tamayo entregó
el mando al Dr. Córdova y se retiró
“con las manos limpias y más pobre que
nunca, a su soledad de filósofo desengañado
de la política y con el juramento de no volver
a aceptar ningún cargo público”;
pues, era tan grande la reacción del país
por la matanza de el 15 de noviembre que comprendía
que ya no podía actuar en política.
Durante su mandato empezó el desarrollo de
la aviación nacional, se inauguró la
pista de aterrizaje “Cóndor” en
Durán, se iniciaron las obras de saneamiento
de Guayaquil, se construyó el edificio de la
gobernación del Guayas, se instaló el
servició de faros en la costa y vinieron al
país la Misiones militares de Italia y pedagógica
de Alemania, funcionando la escuela Modelo.
Nuevamente en su estudio se
negó sistemáticamente a aceptar homenajes
o pensiones, rechazando la que le asignó el
Congreso con la siguiente frase “Vivo muy honroso
con mi pobreza”; sin embargo, en 1.940, desempeñó
la presidencia sin sueldo del Concejo Cantonal y en
1.942 fue declarado “Mejor Ciudadano de Guayaquil”.
Entonces vivía con su hijo José Luis
y a raíz de la revolución del 28 de
mayo de 1.944 fue a acompañarle en prisión,
permaneciendo siete días en el cuartel hasta
que se ordenó la libertad de su hijo y ambos
se reintegraron al hogar.
A principios de Junio de 1.947
aún se mostraba activo y entusiasta. Diariamente
concurría a su estudio y trabajaba hasta de
noche, pero una tarde, cuando estaba redactando el
testamento de Lautaro Aspiazu Carbo, fue atacado de
un derrame cerebral que le imposibilitó continuarlo
y volviéndose a su hijo le gritó: “Mijo,
estoy perdido”.
Llevado a su casa permaneció
21 días enfermo en cama y aunque quería
volver a su trabajo los médicos se lo impidieron,
falleciendo el 7 de Julio a eso de las 2 y ¼
de la tarde. Su capilla ardiente se realizó
al día siguiente y su sepelio tuvo grande acompañamiento.
Valiente, musculado y deportista.
En cada aniversario de la Matanza del 15 de Noviembre
paseaba por las calles y en una ocasión alguien
quiso faltarle al respeto, pero se defendió
con su bastón sacando en fuga a su agresor.
Adusto en lo exterior, cariñoso y bondadoso
en confianza, protegió a los suyos y a numerosos
compadres, amigos y relacionados, con plata y personas,
al punto que mensualmente distribuía numerosas
ayudas. De cabellos canos, ojos café, cejas
arqueadas, nariz recta, labios finos y contextura
gruesa; amó el mar y cuando podía se
escapaba a las playas, gozando sanamente de la naturaleza.
Además tenía
la curiosa costumbre de dar limosna los sábados
por la mañana a más de 50 pobres de
la cuidad y era de ver las filas que se formaban en
los bajos de su estudio.