MARIETA
DE VEINTEMILLA MARCONI
LA GENERALITA.- Nació en alta mar a la entrada
del Golfo de Guayaquil, mientras sus padres viajaban
del Callao a Guayaquil, el día 8 de Septiembre
de 1.858. Hija del General José de Veintemilla
Villacís, Senador de la República, casado
por poder otorgado el 16 de Abril de 1.857 en Lima,
a favor de Urbano de Olarte, natural de Nueva Granada
y residente en Guayaquil, para que se desposara con
María Marconi Missearelli nacida en Roma, de
18 años de edad, hija legítima de José
Marconi y de Lucrecia Missearelli, la dispensa se
obtuvo el 2 de Mayo.
Su padre vivía en Lima
como socio de la Compañía de Gas de
esa ciudad y allí conoció a su madre,
primera figura de la Compañía de Opera
Ferretti de paso por Lima. Vivieron un intenso romance
en la capital peruana y decidieron escapar con destino
a Guayaquil. En 1.861 viajaron a Quito, allí
murieron dos niñas y sólo quedaron Marietta
y su hermano menor José Ignacio.
En 1.862 quedó huérfana
de madre. El General se fue a Guayaquil y en Milagro
tuvo dos hijos más sin volver a casar. Marietta
pasó interna al Colegio de los Sagrados Corazones,
“pálida, triste, pobre, quizá
menesterosa, tímida y de una imponderable piedad”
y triunfó en religión y piedad, obteniendo
medallas y menciones; mas, debido a su pobreza, fue
becada en 1.863 por el presidente García Moreno,
cuya primera esposa Rosita Ascázubi Matheu
era prima segunda de los Veintemilla Villacís
por Ascázubi. Después tomaría
clases de música. Los Libros del Colegio anotan
que sus pensiones eran pagadas tardíamente.
En enero de 1.869 falleció
asesinado en Guayaquil el General José de Veintemilla,
durante la revolución que acaudilló
contra la dictadura garciana. Su hermano José
Ignacio fue perseguido, tuvo que salir del país
y la situación económica se tornó
desesperada. Fueron años de miseria para las
tías de Marietta, que sin embargo no la abandonaron
y por eso pudo terminar sus estudios siete años
después convertida en una hermosa mujer, preámbulo
de la dama insurrecta que después fue. “Blonda
cabellera, bellísimos ojos azules, cuerpo esbelto,
formas perfectas y equilibradas, donaire y gracia,
todo inspiraba admiración y respeto”.
En septiembre de 1.876 su tío
Ignacio fue proclamado dictador en Guayaquil y luego
del triunfo de Galte entró victorioso en Quito.
Marietta y sus buenas tías fueron a vivir al
palacio Presidencial, convirtiéndose de hecho
en la Primera Dama de la Nación, pues sus tías
eran una viejucas buenísimas pero simplonas
y solo hablaban de temas religiosos, monjas, sacerdotes,
vírgenes, santos, milagros, conventos y para
el resto eran nulas.
Marietta, en cambio, era coqueta,
dominadora y terrible, recibía clases de piano
del Prof. Aparicio Córdova y cantaba con voz
modulada y argentina y en el carnaval de 1.879, durante
una alegre batalla de globos. Marieta no vio donde
ponía el pie, “cayó unos tres
metros y se fracturó una pierna”.
Llamado de urgencia el joven
doctor Fidel Castillo, de no más de 30 años
de edad, quien la curó con tantas delicadezas
que terminaron enamorados; Juan Montalvo escribió
después que el Dr. Castillo había roto
la barrera profesional y como todo termina por saberse,
el celoso tío llegó a enterarse y ordenó
la prisión del médico, al que aplicaron
29 días de arresto en uno de los cuarteles
y hasta quisieron caparlo por orden de Veintemilla;
pero la esposa de Castillo intercedió ante
su compadre el Dictador y evitó la pena; sin
embargo, ella se separó para siempre de su
esposo, a quien nunca perdonó el adulterio.
Los días 8 de septiembre
de cada año Marietta celebraba su natalicio
y el triunfo de la revolución con Misa de Acción
de Gracias, paseo militar y una fastuosa fiesta en
palacio a la que asistía el cuerpo diplomático,
las autoridades, la sociedad de Quito y cenaban y
bailaban hasta altas horas de la noche con gran boato.
Sus salones eran centro galante
y literario lleno de musas y poetas donde imperaba
el buen gusto por la música y la lectura. Numerosos
intelectuales de todo el país leían
y recitaban sus producciones y una conversación
siempre chispeante y de tono elevado amenizaba el
ambiente. Cuando pasó por Quito la Baronesa
de Wilson le dedicó un hermoso poema. La Condesa
Emilia Pardo Bazán la elogió desde España
en un artículo.
También Inauguró
la costumbre de los paseos con vestidos de colores
por el parque de la Alameda cuando se daban las retretas
los domingos y “rompió con la monotonía
del viejo ambiente gazmoño y clerical que impedía
a las mujeres salir solas a las calles y vestir otras
prendas que no fueran las negras y pesadas mantas”.
Estudiaba francés y
llegó a dominarlo, era amiga de sabios de la
talla del ascensionista Edward Whymper, del geógrafo
Teodoro Wolf y del botánico Luis Sodiro. El
Nuncio Apostólico Monseñor Nonceni la
trataba de hija y paisana y el gran poeta Nicolás
Augusto González componía obras dramáticas
para que se representaran en el Teatro Sucre, que
Marietta acababa de inaugurar trayendo compañías
de canto y arte dramático de Lima. Tal el ambiente
mundano que impuso en nuestra capital.
En mayo de 1.881 contrajo matrimonio
en la Iglesia de Pomasqui con el guayaquileño
Antonio de Lapierre Cucalón, viudo de María
Urbina Jado, hija del general Urbina. El novio tenía
28 años y “era muy de buen ver”.
Hijo de Juan Antonio de Lapierre y Mira (Ministro
de Francia en el Ecuador, a su vez hijo de los condes
de Lagliouille) y de la guayaquileña Antonia
Cucalón y Ariza.
La boda fue celebrada en la
intimidad en la casa de hacienda de Tajanar en Pomasqui,
propiedad de los Veintemilla y antes del año
Lapierre viajó al puerto principal para hacerse
cargo de la Dirección de las Aduanas. Marietta
quedó embarazada en palacio, tuvo a su hijo
Antonio y el niño y su padre murieron. El primero
de gastroenteritis, el segundo de fiebre amarilla
y todo esto en pocos meses.
Mientras tanto el General Veintemilla
se había trasladado a Guayaquil y vivía
bebiendo y bailando de fiesta en fiesta, mientras
Marietta gobernaba en Quito apoyada en el Primer Designado
Leopoldo Salvador y en el Ministro de Guerra y Marina,
Cornelio Escipión Vernaza, quien “pactó
con los conservadores para proclamar su dictadura
personal” en la madrugada del 26 de marzo de
1.882; pero, Marietta se lo impidió con un
golpe de audacia, pues al ver a los batallones formados,
bajó sola a la plaza mayor y aregando a la
tropa hizo que ésta gritaba a favor del General
Veintemilla y por supuesto, también a favor
de “su Generalita” como ya le decían
de pura simpatía. Este apodo le quedó
para siempre, junto al de “Mayasquerita”,
con que la honraban los bravos “pupos de la
raya” o soldados de la provincia del Carchi,
que es por donde corre el río Mayasquer.
Esa misma noche “ordenó
el arresto de Vernaza, lo destituyó y afrentó
horriblemente, asumió el Poder Ejecutivo y
la Jefatura Máxima del Ejército”
Mientras tanto su tío se había proclamado
Dictador. De allí en adelante el país
se levantó en armas y las guerrillas comenzaron
a asolar los campos. Alfaro en Esmeraldas, Landázuri
por el Norte y Salazar y Sarasti al Centro. Fueron
varios meses de intensos combates, la noche del 10
de Enero de 1.883 cayó Quito en poder de los
Restauradores, Marietta se inmortalizó en las
páginas de la historia ecuatoriana dirigiendo
la defensa de la capital con inusitados bríos
y una valentía digna de mejor causa, las balas
pasaban sobre su cabeza y ella ni se amilanaba Vestía
de negro y llevaba un revólver en la mano derecha,
deslizándose por entre los muertos y heridos
en lo más terrible del combate en el atrio
del palacio, sorteando las balas asesinas, desafiando
la muerte y dando ejemplo de valor.
Hasta la tarde del 9 de Enero
había derrotado a las tropas de los Generales
Salazar y Sarasti, pero al llegar la lluvia y paralizarse
momentáneamente la acción, arribó
Landázuri con gente fresca y decidió
la suerte del combate. En la madrugada se perdió
el palacio que fue saqueado por las tropas de Landázuri.
Marietta pasó al convento de los Jesuítas
dónde ya estaban asiladas sus tías y
su amiga Dolores Jaramillo y de allí fue trasladada
a un cuartito del edificio de la Municipalidad que
le sirvió de prisión, poniéndole
por guardia a varios jóvenes militares que
se le hicieron amigos y hasta le llevaron sereno con
banda. Saberlo esto los cinco miembros del Pentavirato
y montar en alarma y cólera fue todo uno y
la guardia fue relevada.
Después se sucedieron
varías anécdotas cuando la cambiaron
a la Cárcel pública a seis cuadras de
distancia y tuvo que realizar el recorrido a pie y
en medio de una escolta, entre gentes del pueblo que
la admiraban en silencio.
En eso enfermó de angina
y sólo se le permitió la atención
médica del Dr. Teodoro Donoso. Leía
intensamente y fue visitada por los ministros Hamilton
de Inglaterra y Pierret de Francia, que concurrió
con su esposa y hablaron todos en francés,
idioma que Marietta dominaba.
El 2 de septiembre de 1.884,
tras casi dos años de encierro salió
libre con sus tías y aceptó el asilo
del Conde de Boutaud, miembro de la Legación
francesa, cuya casa se convirtió en sitio de
visita de numerosas familias de lo principal de Quito.
El gobierno se incomodó, ordenó la confiscación
de los bienes de la familia Veintemilla y su salida
del país. Marietta quiso demostrar por última
vez su fuerza ante el pueblo y ese domingo a las cinco
de la tarde fue con su amiga Dolores Jaramillo a pasear
por el parque de la Alameda.
“Una gran multitud la
siguió en silencio y ella se sentó en
un banco del parque para que todos la vieran. Luego
emprendió el retorno triunfal a la Legación,
acompañada de una manifestación espontánea
de gente que la aclamaban y “de algunos balcones
le agitaron pañuelos despidiéndola pues
ya se sabía que estaba expatriada”.
La víspera del viaje
un grupo de quiteños le ofrendaron una serenata
galante y al día siguiente partió a
Guayaquil con sus tías y la Srta. Jaramillo.
El 18 embarcaron en el vapor “Islay” de
la Compañía inglesa y tras un tonto
y absurdo incidente promovido por el Gobernador del
Guayas, General José Antonio Gómez Valverde,
que subió a reclamar el pago de unas glosas
levantadas en 1.881 contra su marido en la aduana,
levaron anclas y abandonaron el país.
En Lima colaboró en
el terrible periodiquito “El Proscrito”
lanzando dardos contra el Gobierno del Presidente
Placido Caamaño, que en represalia intentó
la extradición de Veintemilla para hacerlo
juzgar en Quito. El gobierno interino del Perú
notificó al General “de abandonar el
país para no verse obligado a entregarle a
las autoridades ecuatorianas” y tuvo que dirigirse
a Santiago de Chile, dejando a sus hermanas y .sobrinos
nuevamente abandonados.
José Ignacio, el hermano
de Marietta, se ganaba la vida como músico,
mas, el dinero, no alcanzaba para todos. Vinieron
malas épocas pero menudeaban las invitaciones
a los grandes salones de la sociedad limeña
donde Marietta tocaba al piano y cantaba con voz magnífica.
En una reunión conoció al poeta Carlos
Germán de Amézaga, director de la revista
“Prisma”, cuatro años menor que
ella y vivieron un cálido romance. Amézaga
era gallardo y hermoso y le decían de apodo
“el Moro” por su barba poblada y tez trigueña.
Hacia 1.890 Marietta viajó
intempestivamente a Guayaquil y sin pasaporte, a hacerse
pagar una fuerte cantidad de dinero que le adeudaba
Carlos Stagg Flores, a quien se le presentó
pistola en mano y Stagg tuvo que devolver. Al día
siguiente regresó a Lima a corregir las pruebas
de un libro que estaban en la “Imprenta Liberal
de F. Mesías y Co.”. Poco después
aparecía con grave escándalo sus “Páginas
del Ecuador” en 411 pags.
La edición fue repartida
en Guayaquil por su hermano y de inmediato despertó
los más encontrados criterios. El Presidente
Dr. Antonio Flores Jijón polemizó duramente
con Marietta, quien le contestó en Carta aparecida
en abril de 1.892 en varios periódicos peruanos.
Otros políticos también mojaron sus
plumas en vitriolo para refutarla. Juan Benigno Vela
la tildó de “Angel malo”. Alfaro
y Rafael M. Mata le salieron al paso y hasta el Canónigo
Vicente Nieto llegó al odioso extremo de calificarla
de “mujer cínica” porque al referirse
a él Marietta le calificó así
“Alto muy alto, negro, muy negro y nervioso
como una señorita”.
Abelardo Moncayo expresó
sobre las páginas de Marietta: conjunto más
acabado de verdades peregrinamente pergeñadas
y de mentirillas ataviadas con la más seductora
coquetería, rara vez brotada de pluma femenil.
Retratos hay en esta colección que pasman,
por su exactitud e imparcialidad, así como
tan chispeantes y originales caricaturas que es imposible
moderar la carcajada y realzan la obrita tal viveza
y colorido en la expresión, tal arte y tal
amenidad en estilo, que pálidos habrán
quedado muchos académicos al verse incapaces
de tanta donosura y gracejo.
Las páginas, leídas
después de casi un siglo, llaman a meditar
en su rebeldía heroica y sin igual audacia
para defender y glorificar el gobierno de su tío
o lo que es lo mismo, su propia Dinastía; pero,
entonces, conmovieron a la Nación y debilitaron
a los gobiernos progresistas. Por eso, cuando sonó
la hora del liberalismo y Alfaro fue proclamado en
Guayaquil; Marietta, de 37 años, viajó
a entrevistarlo y pidió que admitiera a su
tío Veintemilla de Comandante del ejército
liberal que subiría a la sierra, Alfaro la
escuchó con gran cortesía y sólo
terminó por concederle una pensión al
viejo General para que pudiera vivir con decencia
en Lima. Luego comentó maliciosamente a uno
de sus capitanes ¡Qué hembra!¡Capitán
y yo tan viejo...!” pero Marietta ya iba de
regreso al Perú.
El 26 de Septiembre de 1.898 volvió a Guayaquil
y fue recibida galantemente. De allí siguió
a la sierra aceptado los homenajes que le tributaban
sus amigos y partidarios. Por fin llegó a Quito
donde la esperaban las autoridades que le devolvieron
su casa y la hacienda de “Tajanar” en
Pomasqui, que ella bautizó con el nombre “Veintemilla”.
Allí hizo abrir un acueducto
para hacer producir maíz y aguacate a esa tierra
floja y arenisca, edificó una casa con oratorio
y hasta se hizo pintar al óleo con el torso
desnudo para representar a la Magdalena, sosteniendo
en su diestra un crucifijo y la calavera del Mariscal
Sucre que acababa de ser descubierta en el monasterio
del Carmen alto y de quien era gran admiradora. También
construyó una piscina para el baño,
el cuarto de música donde instaló un
piano de cola, negro, modelo Segundo Imperio y una
salita anexa y obscura para sus reuniones espiritistas
a las que se entregaba con exceso y asiduamente desde
su residencia en Lima.
En 1.900 trabajó la
precandidatura presidencial de su tío Veintemilla
y colaboró con algunos artículos en
el periódico “La Sanción”.
A principios de 1.904 regresó a vivir en Quito
y no tuvo empacho en volver a exhibir la precandidatura
de su tío. Vivía leyendo, tocando piano
y meditando. De vez en cuando publicaba folletos con
el sugestivo título de “Disgresiones
libres”. En Junio y siendo colaboradora de la
“Sociedad Jurídico- Literaria”,
apareció en el No. 24 de esa revista su trabajo
sobre “Madame Roland” en 8 págs.
Por entonces gozó de la íntima amistad
de los intelectuales Maximiliano Rivadeneira García,
estudiante de Derecho que le servía de secretario
y del Dr. Alejandro Ojeda Vega, poeta, director de
un periódico y ministro de la Corte. El periódico
era El Bisemanario “La Palabra” y Marietta
era la redactora. En 1.906 lo trasformó en
diario, pero terminó con su muerte al año
siguiente.
El domingo 10 de febrero de
1907 a las 8 y 1/2 de la noche leyó una conferencia
titulada “Psicología Moderna” en
los salones de la Jurídico- Literaria y ante
un público compuesto de más de trescientas
personas. Fue su apoteosis cultural y literaria y
los periódicos la saludaron reconociéndola
por unanimidad como la abanderada del feminismo en
el país.
En los días posteriores
se dedicó con ahínco a preparar un alzamiento
armado. Hizo varios viajes al norte y en el valle
del Chota se contagió de unas fiebres perniciosas
(Paludismo maligno cerebral) que en escasos tres días
le puso de gravedad. Con todo, alcanzó a viajar
a su casa de Quito y murió recién llegada,
a las cuatro de la tarde del 11 de marzo de 1.907,
de sólo 49 años, aun vestida en traje
de calle, pues no tuvo tiempo ni fuerzas para cambiarse.
Le fueron rendidos honores
de General. Su tío Veintemilla vivía
en Lima, de suerte que el General Eloy Alfaro presidió
el sepelio. La prensa la elogió sin reservas
y se dijo que fue mujer de pensamiento y lucha (1).
Su biografía, escrita por Enrique Garcés,
se editó en 1.949.
Marieta de Veintemilla, Manuela
Sáenz, Nella Martínez y Rosalía
Arteaga han sido las cuatro únicas mujeres
que han ejercido el poder supremo en el Ecuador aunque
sea por días.
(1) Desde niña aprendió
a manejar armas con su padre y en “Tajanar”
cazó un lobo depredador de sus aves de corral,
luego de hacerle la guardia rondando con el fusil
al hombro varías noches.