JUAN BENIGNO
VELA HERVAS
POLITICO Y ESCRITOR.- Nació en Ambato el 9
de Julio de 1.843. Hijo legítimo de Juan Pío
Vela Endara, agricultor muerto joven y de Mercedes
Hervas Hidalgo, ambateños; hija del ilustre
prócer José Joaquín Hervas López-
Naranjo, que ya octogenario descargó su trabuco
sobre las tropas realistas en la plaza de Mocha y
mató a varios soldados, siendo asesinado enseguida.
En la escuela de Ambato descolló
por su talento y buena memoria y después siguió
un concurso de Latinidad y Gramática con el
Prof. Miguel Francisco Albornoz. En 1.859 viajó
a estudiar al colegio “Vicente León”
de Latacunga, hospedándose donde sus primos
los Endara. El rector Francisco Javier Montalvo lo
nombró secretario interino para ayudarlo. Allí
concluyó el curso de Filosofía e inició
el de Jurisprudencia con el Dr. Carlos Casares de
quien fue su discípulo predilecto.
En 1.863 se matriculó
en la Universidad de Santo Tomás en Quito,
viviendo en casa de su deuda Ramona Vásconez,
mujer del Crnel. Eusebio Conde, en un cuarto junto
al zaguán y para estudiar hasta altas horas
de la noche hurtaba las velas de una imagen de la
Virgen del Rosario que presidía el descanso
de las gradas, pues era huérfano de padre y
pobre de solemnidad.
Mientras tanto los abusos del
régimen garciano lo llevaron a buscar la amistad
de Pedro Carbo y Juan Montalvo, convirtiéndose
en un fervoroso liberal y cuando apareció “El
Cosmopolita” en enero del 66, fue secretario
ocasional de Montalvo, sacando copias manuscritas
de sus originales.
El 29 de Octubre de 1.867 rindió
el grado de Bachiller en Jurisprudencia exonerado
del pago de derechos y regresó a Ambato a instalar
su estudio, donde pronto ganó fama y clientela.
De Guayaquil “le ocupaban en representaciones
comerciales y con el cobro de créditos”.
Todo parecía sonreírle pues era joven,
culto, alto, gallardo, viril, pulcro en el vestir
y tenía apostura elegante, rasgueaba la guitarra
y entonada coplas de suave melancolía; mas
en enero de 1.869, García Moreno dio un golpe
revolucionario, proclamó su oprobiosa dictadura
y un manto negro se cirnió sobre la República.
Vela se indignó y un día en Mocha, arrodillado
en la misma plaza donde había sido asesinado
su abuelo, prometió derramar su sangre por
la libertad e intentó matar al tirano a su
paso por Ambato, pero fracasó; la conjuración
no tuvo consecuencias.
Al mismo tiempo se fundaba
en Ambato la “Sociedad Literaria” que
comenzó a editar el periódico “El
Joven Literario” para depurar las costumbres
y rectificar el gusto literario y artístico
y se distrajo en esas pueriles aficiones. Por esos
días comenzó a tener serios problemas
con la vista y preocupado por la posibilidad de quedar
ciego viajó a curarse en Quito, donde se enteró
de la muerte en el destierro de su amigo el Dr. Carlos
Auz.
Llevado por un generoso impulso
pronunció el discurso fúnebre en una
sociedad patriótica reprochándole al
dictador la dureza de su gobierno y cuando este pasó
en marzo por Ambato, prendió a Vela, lo trasladó
a Quito y mandó que le dieran de alta como
soldado raso en uno de los batallones de esa capital,
que funcionaba en el antiguo edificio del Cuartel
Real de Lima. Allí sufrió vejámenes,
incomodidades y molestias en pocilgas inundadas durante
siete largos meses, tildado de “bandido liberal”
mientras su mal avanzaba y ante la posibilidad de
que por ello cegara totalmente, el Dr. Nicolás
Martínez obtuvo el indulto y el joven Vela
pudo regresar al seno de los suyos, reintegrándose
en Noviembre a su estudio profesional, sin volver
a intervenir en política.
En agosto de 1.875 se alegró
con el asesinato de García Moreno y siguiendo
los consejos de Montalvo luchó por el triunfo
de la candidatura presidencial del Dr. Antonio Borrero.
A fines del siguiente año contrajo matrimonio
con Mercedes Fernández Ortega “de buena
ilustración y despejado talento, que le sirvió
de secretaria en los años más críticos
de la vida sin luz”.
Durante la revolución
de Veintemilla estaba recién casado. El 24
de febrero de 1.877 el ministro Pedro Carbo le nombró
Inspector Escolar del Tungurahua, “invirtiendo
su sueldo en las escuelas pobres, proveyéndolas
de bancas, pizarras y otros útiles que necesitaban
y en la compra de libros para los niños que
por su pobreza no podían adquirirlos”
y cuando Carbo abandonó sus funciones y el
partido liberal retiró su colaboración
al Gobierno, presentó la renuncia.
Ya solamente veía sombras
y solo tenía 34 años. Algunos ultramontanos,
que reprochábanle su posición radical,
tejieron la conseja de que su ceguera era castigo
divino por “haber probado carne de cerdo un
viernes santo después de una endemoniada borrachera”
y no solo allí paró el cuento sino que
también agregaban que “estando acostado
al pie de un árbol y borracho, una ave había
defecado en sus ojos”, sin embargo el no hacía
caso y trabajaba intensamente para sostener a su familia
que creció hasta llegar a siete hijos.
Después de los cuarenta
años una molestosa sordera, que poco a poco
se fue haciendo más pronunciada, complicaba
su situación.
En 1.878 fundó el periódico
“El Espectador” para atacar a los diputados
gobiernistas de la Convención Nacional reunida
en Ambato. A su paisano el Cnel. Luis Fernando Ortega
dedicó una terrible parodia en endecasílabos,
tomada del “Soneto a una nariz” de Quevedo.
Veintemilla quiso atraerlo a su partido y hasta le
ofreció un destino en Europa para que se curara
la vista; que no aceptó.
En un viaje a caballo realizado
con fines profesionales sufrió una caída
y la rotura de su pierna y permaneció varios
meses postrado en cama. En aquel tiempo hizo circular
en Quito el No. 12 de “El Espectador”,
último de ese periódico montalvino,
pues, la dictadura, se había endurecido. Juan
Montalvo vivía oculto, Vela le visitaba y cuando
viajó a Guayaquil en días de descanso
y curación se dijo que “llevaba planes
revolucionarios de Montalvo”. Después
arreciaron las persecuciones y Montalvo se trasladó
a Ipiales.
En 1.882 Veintemilla proclamó
su dictadura y un grupo de jóvenes ambateños
atacaron el 3 de Junio el cuartel de esa ciudad, pero
fueron rechazados por el Gobernador Ortega (el mismo
de la nariz) que aprovechó para desquitarse,
apresó a varios y entre ellos a Vela, enviándoles
al exilio por la frontera Sur.
El viaje fue largo y penoso
y al final arribaron a Cuenca, obteniendo que les
cambiaran de destino a Guayaquil y de allí
partieron a Nicaragua, donde les trataron bien, con
muchas atenciones. Semanas después Vela pasó
subrepticiamente al Perú y de allí siguió
a Colombia, donde lo esperaba su esposa y su suegra
y disfrazados regresaron a Ambato, escondiéndose
hasta la toma de Quito en enero de 1.883.
Para continuar la lucha contra
Veintemilla fortificado en Guayaquil, el 27 de ese
mes fundó el periódico “El Combate”,
saludando a los desterrados que regresaban al país.
El 3 de Junio arengó a la Juventud con motivo
del I aniversario de la intetona golpista y fue respondido
por los conservadores de Quito que lo calificaron
de “falso patriota”.
Después de la caída
de Veintemilla siguió editándose “El
Combate” y escribió contra los diputados
reunidos en Quito. Estos le contestaron expidiendo
la Ley orgánica de la Función Judicial,
que excluía de la judicaturas y asesorías
a los ciegos y a los sordos y por más que protestó
contra ese atropello, que le privada de obtener el
pan de sus hijos, quedó sin su medio de subsistencia.
De todos modos se mantuvo en
la lucha política y doctrinaria. Los conservadores
de Quito le endilgaron varios folletos de los que
se conocen el firmado por “Unos católicos”
y el del Presbitero Fidel Banderas, Cura de Quero.
Su amigo Juan León Mera también le refutaba
desde “El Republicano” y polemizaron agriándose
los ánimos. En 1.884 Mera dio a la Luz el folleto
“Varios asuntos graves. Otra carta al Dr. Juan
Benigno Vela”, donde se portó grosero.
El arzobispo Ordóñez también
le atacó censurando sus opiniones y en una
Carta Pastoral le exigió una retractación
pública, que Vela supo escribir tan sutilmente,
que terminó la discusión sin dar su
brazo a torcer.
En mayo del 84 el presidente
Placido Caamaño le propuso la fundación
de un periódico pro gobiernista. Al poco tiempo
insistió en su pedido y Vela volvió
a rechazarlo pues se encontraba en plena campaña
ideológica, comentando los abusos y equivocaciones
del régimen, hasta que el 15 noviembre fue
apresado junto a otros prestantes liberales que a
los pocos días salieron libres; no así
Vela, a quien condenó el ministro de Interior
José Modesto Espinosa al pago de 2.000 pesos
de fianza o a partir al confinio en Cuenca.
Vela era pobre y como no podía
pagar apeló del confinio; entonces el Ministro
lo desterró al Perú. El 23 de diciembre
protestó por este nuevo abuso y fue obligado
a marchar a Guayaquil, pero ni bien hubo arribado
al puerto se le obligó a regresar a la capital
y permaneció seis meses preso en el Panóptico.
En Junio de 1.885 salió
libre y volvió a editar “El Combate”,
alcanzando gran popularidad y llegando hasta el número
66. Entonces Espinosa ordenó su enjuiciamiento
penal por injurias vertidas contra el Presidente de
la república. Vela escribió una carta
a Caamaño indicándole: “no cambiaré
de tono, es mi lenguaje el rudo y severo de la verdad”.
Esta viril actitud le granjeó la simpatía
del país y el “Comité Patriótico
de Liberales del Guayas” lo condecoró
con Medalla de Oro.
Caamaño tuvo que soportarlo por algún
tiempo más pero en 1.886 lo confinó
a San Miguel del Chimbo. Poco tiempo después
Vela se presentó de improvisto en el despacho
de Espinosa quien lo mandó al Panóptico,
donde por lo menos recibió las visitas de su
cuñada Zoila Ortega Chiriboga, que le leyó
y sirvió de secretaria hasta que a fines de
ese año volvió a gozar de libertad,
pero en abril lo continuaron persiguiendo y tuvo que
ocultarse en el campo. Estas prisiones y persecuciones
en su contra le atrajeron la atención del país.
Su titánica lucha doctrinaria unida a su grave
deficiencia audiovisual le convirtieron en héroe
y mártir.
“El Guayas” en
su séptimo número pidió iniciar
una suscripción en dinero para enviarlo a curar
a Europa. En 1.888 retornó al Panóptico
por ser sujeto peligroso pero salió poco después
y al finalizar el periodo de Caamaño cesó
“El Combate”.
Durante la presidencia de Flores
Jijón mantuvo buenas relaciones con el ejecutivo
publicando “La idea” entre el 88 y el
89; en 1.890 editó “El Argos” donde
sostuvo varias polémicas con Juan León
Mera a quien fustigó con el artículo
“Soberbia y Egoísmo” bajo el seudónimo
de “Silvio”. Los liberales de Bahía
de Caráquez le obsequiaron una pluma de oro.
En 1.891 falleció su
esposa sumiéndole en el dolor. Sus hijos quedaron
tiernos y para reanimarlo, sus amigos le brindaron
un homenaje en el Colegio “Bolívar”.
En 1.892 el presidente electo Dr. Luis Cordero, de
paso hacia Quito, visitó en su casa al “rebelde
ciego”, como ya le conocían en todo el
país.
En 1.893 fue electo Concejal
del Cantón y ocupó la presidencia del
Concejo. El 94 rechazó la propuesta de hacerse
cargo de un asunto del Fisco que debía resolverse
en Babahoyo y al conocer el negociado de la bandera
formó y presidió la “Junta Patriótica
del Tungurahua”. Poco después rechazó
las maniobras del Vicepresidente Dr. Vicente Lucio
Salazar que había convocado a elecciones. Estructuró
en Ambato la “Dirección General de la
Guerra” y el batallón “Vengadores
de la Patria” que puso a las órdenes
del Cor. Francisco Hipólito Moncayo, pero los
liberales de Quito lo desarmaron y disolvieron. Entonces
ayudó a formar la “Columna Tungurahua”
que luchó en Gatazo con el comandante Carlos
Fernández.
Mientras tanto había
viajado a la Costa y al arribar a Babahoyo fue objeto
de grandes honores. En Guayaquil el Consejo de Ministros
delegó a José de Lapierre para que presidiera
un apoteósico recibimiento al “ilustre
patriota y esclarecido hombre público, por
ser protagonista incansable de la buena doctrina”.
De regreso a Ambato fue designado
Jefe Civil y Militar. Viajó a Quito y arregló
varios asuntos graves del Gobierno, entre otros el
allanamiento de la legación de Venezuela. Al
mes siguiente pasó a ocupar a Gobernación
del Tungurahua con facultades extraordinarias.
Alfaro le designó casi
enseguida miembro principal de la “Comisión
Revisora de Legislación ecuatoriana”
para elaborar el proyecto de Constitución Política
y las leyes secundarias con S/. 300 mensuales y un
secretario pagado; mas al poco tiempo, renunció,
descontento con las confiscaciones del gobierno y
para protestar por el inicuo fusilamiento del periodista
Víctor León Vivar fundó “El
Pelayo” el 26 de septiembre de 1.896, periódico
que fue adverso al gobierno de Alfaro.
Electo Diputado a la Asamblea
Constituyente a reunirse en Guayaquil prefirió
no concurrir y Manuel J. Calle quiso entrar en polémica
con Vela en varias cartas que escribió en el
periódico “El nuevo régimen”
y cuando la Asamblea pasó a sesionar en Quito
ocupó su curul, ayudado de un cornetín
auditivo al oído e intervino en las discusiones
acusando el crimen cometido contra Víctor León
Vivar. También pidió la abolición
de las deudas de los indígenas, se negó
a firmar la Constitución, votó en blanco
para la elección de Presidente de la República
y obtuvo un acuerdo en favor de los rebeldes cubanos
que luchaban contra España. Por todo eso “los
compañeros diputados pretendían ver
excentricidades en su conducta o por lo menos contradicciones”
lo que no fue obstáculo para que derogaran
el inicuo Decreto de 1.883, rehabilitándole
al libre ejercito profesional. Este noble gesto le
reconcilió con Alfaro.
En 1.898 murió su hija
María, fue electo Senador suplente por el Tungurahua
y al año siguiente perdió la vida su
hijo Atahualpa, luchando en la batalla de Sanancajas
contra los conservadores alzados en armas en el centro
de la República.
En 1.900 fue principalizado,
concurrió a las sesiones del Congreso y presidió
la Comisión de Legislación sin hacer
oposición a Alfaro. Había comprendido
que el liberalismo requería de la unión
de todos sus miembros para implantar en el país
su saludable doctrina y el beneficio de la reformas
que tantos años habían demorado en arribar
al país.
En 1.901 apoyó la candidatura
de Leonidas Plaza contra la de Manuel Antonio Franco
y concurrió por cuatro años a las sesiones,
del Congreso, siendo factor influyente en la expedición
de la Ley de Elecciones, de Instrucción Pública,
de Culto, de Registro Civil y el Código de
Policía.
En 1.906 fue comisionado por
el Presidente Alfaro para redactar el proyecto de
la nueva Constitución con S/. 400 mensuales
de sueldo, cumpliendo tan importante labor en sólo
cuatro meses. El proyecto fue aprobado casi sin modificaciones.
Poco después volvió
a distanciarse de Alfaro y al producirse la revolución
del II de Agosto de 1.911 medió ante el Congreso
para que no se rompiera el orden constitucional.
Entre 1.912 y el 19 siguió
de Senador y fue hombre fuerte en los regímenes
de Plaza y Baquerizo, pero varias neuralgias y molestias
le aquejaban. En febrero de 1.920 murió de
fiebre tifoidea su hija Corina, que le hacía
de secretaria. Su hijo Cristóbal lo trasladó
a la quinta de Miraflores para ver si lograba superar
el contagio en medio de la naturaleza, pero todo fue
en vano. Nuevamente en Ambato, le sobrevino un infarto
cerebral, perdió el habla y murió conciente
el 24 de febrero, a la avanzada edad de 76 años.
Cristóbal falleció poco después,
también de tifoidea.
Fue su vida un modelo de virtudes
pues siempre luchó por el imperio de la verdad,
la justicia y la libertad. Probo y severo a la par
que modesto y tolerante, gustaba de amenidades y chanzas
en el trato familiar. Su carácter violento
y fiero. Hablaba a gritos por la sordera y se trasladaba
en su casa por todos los cuartos -sólo y sin
ayuda- a pesar de su ceguera. Gran memoria para recordarlo
todo, nunca probó el alcohol y detestaba a
quienes lo hacían. Caminaba rápido y
siempre con la cabeza levantada, orgulloso de si mismo,
con el sano orgullo de los que se saben cumplidores
de su deber. Sus alegatos luminosos y espléndidos.
Sus discursos vibrantes a la par de francos, sencillos,
convincentes y llenos de lógica. Brilló
en los congresos donde su palabra era respetada. Su
obra jurídica y periodística permanece
dispersa y en espera de ser recogida.