PEDRO
JORGE VERA
NOVELISTA.- Nació en Guayaquil el 16 de Junio
de 1.914, hijo legítimo del Sr. Alfredo R.
Vera Benavídes, natural de Naranjal, Provincia
del Guayas, abogado con casa propia en la calle Mascote
en los extramuros de la ciudad. Luego construyó
otra más céntrica en la esquina de Vélez
y Santa Elena. Fiscal de la Corte Superior y defensor
de la honra del pueblo de Guayaquil en el juicio instaurado
por los sucesos del 15 de Noviembre de 1.922 y de
Leonor Vera Almendares, guayaquileña, hija
del Dr. Pedro José Vera, Comisario de Guerra
en Gatazo en 1.895 y Diputado por los Ríos
a la Convención Nacional de Guayaquil del 96
y nieta del erudito anticuario y bibliógrafo
Dr. José Plutarco Vera, primer director de
la Biblioteca Municipal de Guayaquil, “donante
de cuatro colecciones de periódicos importantes
y algunos cuadernos interesantes en 1.860” y
cuyo retrato al óleo se conserva en el Salón
de Honor de dicha institución.
Inició su educación
primaria en el Colegio Tomás Martínez
dirigido por el prof. José Elías Altamirano
y la prosiguió en el Colegio Guayaquil de Rigoberto
Ortíz Bermeo que funcionaba en la Sociedad
Hijos del Trabajo, terminando en el Pensionado del
prof. Nicolás Segovia. En 1.926 ingresó
al Colegio Vicente Rocafuerte.
Debido a la influencia de su
abuela materna “era un niño santurrón
y tragahostias”; pero a través de sus
lecturas, comenzó a transformarse intelectualmente
en un muchacho inquieto, vivaz, locuaz y curioso.
En 1.930, figuró entre
los huelguistas que pedían la renuncia del
Rector Abel Gilbert Pontón y aunque triunfó
el movimiento, al formar con otros revoltosos estudiantes
universitarios mayores de edad, el grupo marxista
“Grumarxad” y sacar un periódico
mural, fueron expulsados bajo el inri de alborotadores.
Entonces, para disipar el mal ambiente que le hacían
sus amistades en Guayaquil, viajaron a Milagro, aprovechando
la invitación de la familia de un amigo.
En las instalaciones del ingenio
Valdés les negaron trabajo por aniñados.
En esa población representó el papel
protágonico en “La Carcajada”,
drama de Joaquín Dicenta. De vuelta al puerto
principal le apresaron por andar vendiendo en las
calles el quincenario comunista “Bandera Roja”.
Leía mucho y desordenadamente
pero se iba especializando en temática política
y social. Varios amigos lo llevaron a la buhardilla
de Joaquín Gallegos Lara quien le introdujo
en el comunismo científico y las letras y dijo:
“Tienes que escribir” y por obedecer,
compuso pequeñas poesías que empezaron
a salir rubricadas en la revista “Estudiantil”
hasta que lo volvieron a expulsar del Vicente Rocafuerte
y solo en 1.932 pudo graduarse de Bachiller, entrando
de marinero segundo a la Capitanía del Puerto,
mas no por ello dejaba de asistir a las manifestaciones
políticas y varias veces hasta lanzó
piedras en protesta contra el presidente electo Neptalí
Bonifáz Ascásubi.
En 1.934 viajó a la
capital donde su hermano mayor Alfredo estaba de taquígrafo
del Congreso y le consiguió empleo como meritorio
en la Dirección General de Estancos; luego
pasó a Secretario particular del Ministro de
Educación Dr. Antonio Parra Velasco en el primer
velasquismo y entró a la facultad de Jurisprudencia
de la Universidad Central.
Allí formó parte
del Frente de Defensa, publicó poesías
de ingenuo entusiasmo que llamaba “Carteles”
en el diario socialista “La Tierra” de
Quito y en “Bandera Roja” de Guayaquil
y hasta pensó recopilarlas en un libro que
llamaría “Carteles para las paredes hambrientas”
que nunca salió. Benjamín Carrión
calificó a esos versos de desesperados y penetrantes
gritos proletarios nacidos de la inquietud social
y de la angustia interior injusticia internos corroboró
Hernán Rodríguez Castelo.
Mientras tanto se había relacionado con algunos
literatos de su generación: Alejandro Carrión,
Augusto Sacoto, Ignacio Lasso y publicaban la revista
“Elan” bajo la dirección de Lasso,
agrupados en el “Sindicato de Escritores y Artistas”,
tal encuentro influyó notablemente en Vera
y desde entonces comenzó a crear con mano segura.
Por esos días participó
en la toma del edificio de la Universidad Central
para impedir su reorganización, decretada por
el Ministro de Educación velasquista, Rosendo
Santos y al saber que iban a ser apresados por la
policía, escaparon por una cloaca, dejándolos
burlados. La hazaña fue comentaba por la prensa,
causó grave escándalo al gobierno y
le acarreó estar entre los numerosos estudiantes
que fueron expulsados, truncando su carrera. También
le despidieron del trabajo pues el nuevo Ministro
Carlos Arízaga Toral le tenía entre
cejas por peligroso.
En 1.935, nuevamente en Guayaquil,
consiguió empleo como traductor de telegramas
en “El Universo” haciendo turnos hasta
las tres de la mañana y aunque reingresó
al primer curso de Derecho no lo terminó. Ya
era corresponsal y agente del semanario humorístico
y político “Zumbambico” editado
en Quito por José Joaquín Silva en colaboración
con Raúl Andrade Moscoso y tuvo la columna
“Sketchs del Puerto”.
En 1.936 su exprofesor Rigoberto
Ortíz Bermeo fue designado rector del Colegio
Vicente Rocafuerte y le llevó de profesor.
Pocas semanas después estalló en el
plantel una huelga antisocialista y Vera, miembro
activo de la Juventud Comunista, sintió que
era necesario luchar contra ella y así lo hizo.
La huelga fracasó y
fue expulsado del Partido porque los comunistas no
se llevaban con los socialistas mas bien se odiaban
por ridículas nimiedades y desde entonces no
ha vuelto a afiliarse, aunque ha seguido siendo un
fiel seguidor de esa doctrina.
Con Alfredo Pareja Diez-Canseco
comenzó a editar el semanario “España
Leal” en apoyo a la República pero solo
alcanzaron a aparecer los dos primeros números
porque los pesquisas del nuevo dictador Federico Páez,
lo esperaron a la salida de la oficina comercial de
Pareja en P. Ycaza y Córdova, se lo llevaron
preso.
Al mismo tiempo el nuevo Rector
del Vicente, Teodoro Alvarado Olea, le cesó
en su cátedra y. como algunos de los profesores
eran apresados y desterrados, prefirió volver
a Quito y su hermano Alfredo le consiguió empleo
en una organización mutualista denominada la
Confederación Hacendaria, aunque al mes fue
detenido Alfredo y tuvo que expatriarse.
En 1.937 dio a la Luz el poemario
“Nuevo Itinerario” en Noviembre ocurrió
la llamada “Guerra de la Cuatro horas”
donde murió valientemente el Joven Jaime Zambrano,
a) El Guambra, luchando contra la policía.
Vera le dedicó un hermoso romance con reminiscencias
lorquianas.
Otra vez en Guayaquil ingresó
al grupo cultural “Allere Flamma” del
escultor italiano Enrico Pacciani, dedicado a la realización
de actos culturales; mas, a causas de una importuna
visita del dictador a la Exposición de Arte
inaugurada el 9 de Octubre y de la tenaz persecución
a las izquierdas, los jóvenes de esa ideología
se pasaron a la “Sociedad de Escritores y Artistas
independientes”.
Se ganaba la vida en labores
de corretaje de bienes raíces y produjo su
primer cuento “Hacia la escuela”, historia
de un niño que al caer preso inicia su aprendizaje
del delito y que gustó mucho a José
de la Cuadra, quien lo hizo publicar en una revista.
En Octubre del 37, con el golpe
militar del General Alberto Enríquez Gallo
volvió la paz a la República y regresaron
los exilados. El 38 instaló la librería
“Vera y Cía.” a medias con su hermano
Alfredo. Pronto se les unió Enrique Barrezueta
en Pedro Carbo entre 9 de Octubre y P. Ycaza y los
negocios fueron bien. Compraron las existencias de
la antigua librería Janer y se inició
la importación de libros, pero a instancias
de Manuel Cazón Arríbar adquirieron
una maquinaria muy vieja a Pompilio Ullos Reyes, que
nunca funcionó bien, donde imprimieron algunos
libros nacionales.
En 1.938 viajó a Quito
e instaló la “Agencia General de Publicaciones”
con sus amigos Jorge Icaza y Genaro Carnero Checa,
peruano exilado en el Ecuador. Entonces publicó
su poemario “Nuevo Itinerario” en 60 pags.
y 5 ilustraciones de Eduardo Kingman, con poesías
escritas entre el 34 y el 36 y llenas de novedades
formales que iban del cubismo al superrealismo".
Como el negocio no daba para
tres, regresó a fines del 38 a Guayaquil y
sacó el semanario “Noticia” que
no fue productivo por culpa de la mala maquinaria.
Allí editó su poemario “Romances
madrugadores” en 78 pags. con prólogo
de Pareja Diez Canseco, cuya segunda edición
data de 1.944, en 83 pags.
En 1.940 viajó a Santiago
de Chile en plan trashumante y mas que nada por la
ilusión que le producía el triunfo del
Frente Popular del radical Aguirre Cerda. Fue amigo
de numeroso intelectuales como Juvencio Valle y Raúl
González Tuñon y al año siguiente
contrajo matrimonio con Ena Alarcon Diez, natural
de Ancud, a quien conoció en la Biblioteca
Nacional donde ella trabajaba y quien le dio “Tres
hijos y muchos años de felicidad” siendo
su padrino de matrimonio del Dr. José María
Velasco Ibarra, que por ese tiempo vivía exilado
en esa capital.
De esa época son unos
versos de admirable plenitud, ritmo, contenido, imágenes
y metáforas que aparecerían bajo el
título de “Túnel iluminado”
que marcarían sus momentos de mayor madurez,
por hermosos e intimistas y siempre contra fondos
políticos como sus “Cantos de Rusia a
Chile”. También estrenó al 41
“El Dios de la Selva” considerada su pieza
teatral más libre y potente que había
escrito en Guayaquil en 1.939 y publicó en
Quito el 43 también ayudaba a Velasco Ibarra
en labores de secretaría, en el despacho de
su correspondencia.
De regreso el 42 portó
una carta de Velasco a Francisco Arízaga Luque,
Máximo dirigente de “Alianza Democrática
Ecuatoriana” ADE. que el 43 lanzó la
candidatura presidencial velasquista. Para entonces
Vera era Secretario de ADE. y con tal calidad viajó
a Cuenca y Loja, tomó contactos y organizó
esos núcleos políticos.
Después del triunfo
del 28 de mayo de 1.944 dirigió la página
literaria de “El Telégrafo” por
algunos meses y fue electo Secretario de la Asamblea
Nacional Constituyente del 45.
Para el golpe dictatorial de
Velasco Ibarra del 30 de marzo de 1.946 tuvo que esconderse
para no caer preso. Fueron meses de gran pobreza que
superó con la ayuda de algunos amigos. Ya tenía
finalizada su novela de densidad intelectual, iniciada
en Chile, que mandó a la Editorial Futuro de
Buenos Aires con el título de “Los animales
puros” en 239 pags. y circuló en plena
frustración revolucionaria. En esa obra expresó
“los ideales y las perplejidades de las generaciones
a la hora de la irrupción política a
través de personajes agónicos, héroes
y antihéroes todos ellos”.
El éxito fue sorprendente
y su lectura no ha decaído hasta la presente
pues se han sucedido ocho ediciones, cuando yo la
léi en mi época de universitario, me
causó tal impacto emocional que la hice mi
libro de cabecera durante muchos meses y me iba a
la Facultad con varios ejemplares que regalaba a los
compañeros más sensibles, igualmente
apareció en México, en el No. 23 de
la Colección Lunes, su novela corta “La
Guamoteña”.
En 1.947 despidió el
cadáver de un entrañable amigo y maestro
Joaquín Gallegos Lara con un hermosísimo
soneto, Leonardo Espinel, Secretario General de la
Administración del presidente Carlos Julio
Arosemena Tola, le ofreció un empleo diplomático
que no aceptó, como tampoco se afilió
al partido Comunista cuando se lo propuso Pedro Saad
pues aunque su cosmovisión se fundamenta en
el marxismo nunca ha sido suficientemente disciplinado
como para formar parte de un partido político;
sin embargo, en la revista cefepista “Momento”
se le insultó por casi dos años, dura
y soezmente, por comunista.
En 1.949 concluyó su
carrera poética con la aparición de
“Túnel Iluminado” en 83 pags. donde
emerge “más bien como poeta total e intimista
más que como poeta de compromiso Político”,
por eso su libro marcó “la entrada de
un poeta en el misterio, en el grave y solemne misterio
de si mismo”, por entonces escribía para
“El Universo” con el pseudónimo
de “Fadrique Méndez”. Ya para entonces
residía con los suyos en Quito.
En 1.952 publicó la
pieza de teatro “Hamlet resuelve su duda”
que lograría su versión definitivamente
como “Los ardientes caminos” y escribió
los quince relatos que luego aparecieron bajo el título
de “Luto eterno”, con el cual logró
el Premio José de la Cuadra y se editaron con
gran éxito al punto que se han republicado
varias veces, traducidos a otros idiomas, asombroso
documento de nuestra época aunque solo es una
farsa grotesca o mejor dicho una caricatura social.
El Libro apareció el 53 y existe una segunda
edición.
En 1.954 escribió en
Quito varias de las sabrosas y picantes estampas quiteñas
que presentó Ernesto Albán en numerosos
teatros del país e inició una actividad
escénica importante formando la “Compañía
de Teatro Intimo” con actores profesionales
que montaron sus piezas “Luto Eterno”
y “La Mano de Dios” en el teatro Sucre
y en las reuniones que sostenían los poetas
y literatos en el Café “La Cueva del
buho” en el antiguo edificio de la Universidad
Central.
En 1.956 apareció en la editorial de la CCE
un volúmen de teatro con sus obras (La mano
de Dios, ya editada en los Anales de la U. Central,
Luto eterno, Los Ardientes Caminos y El Dios de la
Selva) con esta publicación cerró su
trayectoria de hombre de teatro para dar paso al periodismo
político. El 57 reeditó “Los Animales
Puros”.
En 1.958 fundó con Alejandro
Carrión la revista “La Calle” que
llegó a los veinte mil ejemplares por su oposición
al régimen social cristiano del Presidente
Camilo Ponce Enríquez y a las oligarquías.
Mientras en “El Diario del Ecuador” hacía
popularizado su pseudónimo “Diablo Cojuelo”.
Para las elecciones presidenciales
de 1.960 disolvió su sociedad con Carrión
cuando éste apoyó a Galo Plaza mientras
Vera tomaba partido con el binomio Parra-Carrión,
posiciones políticas contrarias, incompatibles
y antagónicas.
En 1.959 había asistido
a la operación Verdad en La Habana con otros
mil periodistas del mundo. El 60 volvió a Cuba
para el Congreso de la Cotal y fue recibido por el
Che Guevara con quien dialogó en privado, convirtiéndose
desde entonces en el mayor defensor de la revolución
cubana en el Ecuador, fundando en Quito la revista
semanal “Mañana” con la ayuda de
Benjamín Carrión y de Rodrigo Cabezas.
El capital inicial fue de cinco mil sucres y los primeros
números salieron impresos en los talleres del
Partido Comunista. Sus principales redactores fueron
Germán Carrión, Méntor Mera,
Alfredo Vera, Patricio Cueva. Después ingresaron
Hugo Larrea Benalcázar, Fernando Cazón
Vera, el Cap. Antonio Flores, Jaime Galarza Zavala,
José Félix Silva, Rafael Galarza Arízaga,
Agustín Cueva, Alfredo Vera Arrata, Luis Maldonado
Estrada.
Ese año viajó
con Jorge Ycaza, Oswaldo Guayasamín, Nelson
Estupiñan, Diógenes Paredes y Julio
Enrique Paredes a Pekin y Moscú, siendo recibidos
por Mao Tse Tung y Nikita Krusshev, a quienes entrevistó
para la prensa mundial. De regreso siguió a
Praga, París y otras capitales.
En 1.961 el Presidente Carlos
Julio Arosemena Monroy le nombró Vocal del
consejo de Administración del Seguro social.
El 62 publicó su novela “La Semilla estéril”
trabajada a lo largo de diez años y que trata
sobre la burguesía “que solo siembra
dinero que es estéril por toda la eternidad”
y fue designado profesor de Práctica periodística
de la Escuela de Ciencias de la Información
de la Universidad Central. Había radicalizado
su posición hacia una línea abiertamente
Marxista.
En 1.963 viajó a Moscú,
vía París, pues no se podía hacer
el vuelo directo, llevando a su esposa gravemente
enferma de cáncer al útero con metástasis
a la columna. A su regreso el 12 de Julio fue recibido
en forma dramática y grotesca en el aeropuerto
de Quito. A su esposa la tendieron en una camilla
en el suelo y a él lo trasladaron al penal
García Moreno por orden de la dictadura nacida
el día anterior, de la Junta Militar de Gobierno
presidida por Ramón Castro Jijón. “Mañana”
dejó de salir. (1)
Sometido a ridículos
interrogatorios y sin haber cometido ningún
delito, solo por su ideología marxista, le
dejaron salir bajo estricta vigilancia a su casa de
la calle Guipúzcoa, en la Floresta, solamente
porque tenía que atender a su esposa que seguía
agravándose y de allí partieron a Chile,
donde ella falleció casi enseguida, rodeada
de los suyos.
(1) La dictadura de la Junta
Militar de Gobierno persiguió en Julio de 1.963
a los principales personeros y colaboradores de “Mañana”.
Edmundo Rivadeneyra y Fausto Falconí fueron
al Panóptico. Alfredo Vera Arrata y Jaime Galarza
Zavala tuvieron que asilarse en la Embajada de Bolivia.
Pedro Jorge Vera cayó preso como ya se ha visto
y salió al exterior.
En situación de apremio
económico solía reunirse en Santiago
con otros exilados políticos: Manuel Araujo
Hidalgo, Fausto Falconí, Manuel Medina Castro,
Napoleón Zavala, Edmundo Rivadeneira y editó
“Mañana en el exilio”, revista
que solo circuló clandestinamente en el Ecuador
en sus dos primeros números, porque el dócil
gobierno de Alessandri, para agradar al dictador ecuatoriano
Ramón a Castro Jijón, la prohibió.
En. 1.964 contrajo matrimonio
en Santiago con la escritora guayaquileña Eugenia
Viteri Segura en quien tiene una hija y fueron invitados
con Alba Calderón de Gil, por Pablo Neruda,
a su casa en la isla Negra y con Manuel Araujo Hidalgo,
por Salvador Allende, a su casa en Guardia vieja.
Al poco tiempo viajó
a Cuba con su familia pues su estadía en Chile
se le hacía insostenible. En La Habana se incorporó
a la vida revolucionaria como simple miembro del Comité
de Defensa de la Revolución de su barrio y
trabajó de redactor en el periódico
“El Mundo” escribiendo diariamente.
En 1.966 publicó un
importante ensayo político sobre la situación
de Chile y al año siguiente otro sobre Haití.
Ese año pudo retornar
a su Patria con pasajes cedidos por el gobierno ecuatoriano
pues la dictadura militar había caído
ignominiosamente y volvió a la cátedra
universitaria y a publicar “Mañana”
bajo el lema ideado por Enrique Wilford de Ruiz “Del
destierro a las calles de la Patria” con la
colaboración de la Nela Martínez, Agustín
Cueva, Alfredo Vera Arrata, Jaime Galarza Zavala,
Germán Carrión hasta que en 1.970 la
nueva dictadura civil del Presidente Velasco Ibarra
la volvió a hacer desaparecer.
“Mañana”
le quitaba casi todo su tiempo, mucho de su energía
pues no conseguía anuncios publicitarios debido
a su matiz político, así y todos no
desmayó y la revista salió tres años
con gran aceptación popular, pues la gente
veía en ella la única opción
de verdad popular en el país.
En 1.968 recogió catorce
cuentos de todas sus épocas en “Un ataúd
abandonado en 115 pags. el 69 viajó con su
esposa a Corea del Norte y pasó de regreso
por Europa.
En 1.970, con la dictadura
velasquista, estuvo tres meses detenido en el Panóptico.
Al salir en libertad fundó la revista “Ecuador
70” que solo duró dos años (2).
En 1.971 editó “Tiempo
de Muñecos”, novela escrita años
atrás con técnica y lenguaje ya superados,
pues la había comenzado en enero del 66 en
La Habana y terminado en Junio del 68 en Quito. Con
ella ganó una Mención en la Bienal de
Literatura y trata sobre un recuerdo de infancia,
la rebelión indígena que encabezó
un muchacho al que había conocido. Vera quiso
mostrar al indio de la ciudad representado por ese
muchacho indígena que está convencido
que su obligación es ponerse al servicio de
la gente de su raza convirtiéndose antes en
un hombre de ciudad a fin de enchufar en el sistema
pero fracasa al final. La segunda edición es
de la Editorial Seix Barral de Barcelona y le hizo
conocido internacionalmente como escritor.
(2) El nuevo Ministro de Defensa Nacional de la dictadura
velasquista, Jorge Acosta Velasco, sobrino del dictador,
tenía tal odiosidad contra Vera, que decretó
su muerte; pero ante la intervención de los
ministros Luis Robles Plaza y Galo Martínez
Merchán le perdonó la vida, a condición
de que le castraría y la persecución
solo cesó cuando Eugenia Viteri consiguió
un artículo del columnista Milton Alava Hormaza
de El Universo, que motivó al dictador a intervenir
ante su sobrino. I todo porque Vera en “mañana
había denunciado varios negociados del quisquilloso
Ministro Acosta, típico fascista criollo y
a quien no se le ha vuelto a oír desde el 72
que cayó aparatosamente arrastrando al tío.
En 1.972 renunció a su cátedra por desacuerdo
con las autoridades docentes y a fines de año
apareció un tercer volumen de cuentos, dividido
en diez parcelas, con el título de “Los
Mandamientos de la Ley de Dios” en 239 pags.
y una recopilación de cuatro libros de cuentos
suyos “Nada más que cuentos”.
En 1.977 lanzó en Seix
Barral “El Pueblo soy yo” en 289 pags.
novela que resume los años velasquista vivido
por el autor en toda su intensidad, sin embargo la
vida privada del dictador fue de su invensión.
De esa época es su poema “Recado al Gran
Viejo” (Eloy Alfaro) que cocluye con un grito
subversivo, del que tomaron su nombre los jóvenes
sudversivos de “Alfaro Vive Carajo”.
En 1.979 editó un volumen
de cuentos “Jesús ha vuelto” y
el Núcleo del Guayas de la CCE. la imprimieron
una Antología de versos titulada “Versos
de Ayer y Hoy”.
En 1.982 dio a la luz pública
la novela “La familia y los años”
que alcanzó tres ediciones en solo catorce
meses. Su argumento traspasa el ámbito simplemente
ecuatoriano para situarse en la América Latina
en su conjunto, de allí que no se menciona
un país determinado y que se presentan hechos
y anécdotas de todos ellos. Su acción
es intrincada, tiene calidad artística y consistencia
de estilo, según opinó el crítico
español Caballero Bonald. Ese año presidió
el Comité ecuatoriano de la celebración
de los treinta años de creación de la
República Democrática Alemana y dirigió
la revista “Espejo” de la Corporación
Estatal Petrolera Ecuatoriana CEPE.
En 1.984 se reintegró
nuevamente a la docencia, celebró sus setenta
años de edad y recibió el homenaje que
la Unión Nacional de Periodistas le tributó
en reconocimiento a sus méritos. También
editó su novela corta “El Destino”
en El Conejo de Quito.
Colaboraba para el diario “El
Meridiano” de Guayaquil y habiendo sido candidatizado
para la presidencia de la Casa de la Cultura en 1.985,
aceptó en principio, pero como se dio cuenta
que existía una trinca en el interior de dicha
institución y que sería derrotado a
pesar que el candidato contrario era un sujeto insignificante,
se retiró a tiempo. Ese año editó
un volumen de cuentos bajo el festivo título
de “Ah, los militares”.
En 1.987 sacó la novela
“Por la Plata baila el perro” en la Editorial
Planeta que alcanzó un sonado éxito
pues en solo un año alcanzó ocho ediciones.
Fue traducida al francés y el Embajador ruso
en el Ecuador, Nina Cherjakov realizó la versión
a ese idioma, Alvaro San Félix escribió
una magnífica adaptación teatral que
aún no sube a escena.
En 1.988 fue Jurado del concurso
Casa de las Américas de La Habana. El 89 sacó
“Los Sonetos” en la Universidad Central
con veinticuatro sonetos que hablan del hombre y del
amor. El 90 aparecieron sus “Cuentos Duros”.
En 1.991 produjo la novela
“Este furioso mundo” en Planeta. Existe
el rechazo al dinero como medida de todas las cosas
pero en escala universal y su trama se desarrolla
en Guayaquil, Quito y varias ciudades del exterior.
Contiene ciertos recursos, homilías intercaladas
y fue traducida al italiano por el crítico
Roberto Bugliani. También fue Jurado del Premio
José Martín de Prensa Latina de la Habana.
En 1.993 dio da la Luz sus
Memorias “Gracias a la Vida” en 279 pags,
con detalles de su vida, sus viajes y participaciones
en Congresos Internacionales o como Juez de Concursos
Literarios.
De estatura mediana, piel trigueña
clara, ojos negros, amplia sonrisa y gran melena blanca.
Estaba considerado un maestro de la narrativa ecuatoriana
y uno de los más importantes hombres de letras
del Ecuador en este siglo.
“Cuentista nato aunque también ardoroso
novelista, poeta, dramaturgo y periodista”.
Dueño de una versatilidad sorprendente. En
enero del 98 viajó con en pintor Oswaldo Guayasamín
a La Habana a hacerse un examen médico pues
un cáncer le iba quitando las fuerzas. De vuelta
a Quito siguió desmejorando y el 5 de marzo
de 1.999 falleció. Sus cenizas fueron arrojadas
al volcán Pichincha y al río Guayas.
Tenía 84 años de edad.
Fue un ejemplo de hombría
de bien, de ideales al servicio de sus semejantes
en un país donde el transfugio político
y el arribismo se practican a diario y en forma por
demás canallesca.
La Sociedad fue su preocupación
principal por medio de su indagación en los
males sistémicos y síquicos de su patria
se estableció como un escritor de plena conciencia
social. El origen de su actitud y dedicación
hay que rastrearlo en parte, en la concepción
del papel del arte, auspiciado por los escritores
de orientación izquierdistas que influyeron
sobre él durante el periodo de su formación
literaria en los años 20. Vera continúa
en forma refinada la trayectoria del Grupo de Guayaquil,
que creó una literatura de “denuncia
y protesta” contra el apoliticismo de los modernistas
y la ignorancia complacida de la burguesía
hacia el sufrimiento de la clase baja.
Apoyándose en su formación
marxista se dedicó a exponer la situación
socio- política de sus Patria y a examinar
los impedimentos del progreso del Ecuador y por contigüidad
de Hispanoamérica. La verdad que expuso, es
la de una amalgama sobre la cual se han superimpuesto
filosofías políticas y sociales de adquisición
foránea. La verdad que ofrece es la de un país
donde la fragmentación geográfica y
política, las rivalidades regionales y la estructura
jerárquica de la sociedad, imposibilitan la
solidaridad nacional requerida para el bienestar y
el mejoramiento del pueblo. Sobre todo, lo que la
novelística de Vera censura, es la condición
mítica del progreso, de la democracia y de
la libertad en el Ecuador. La realidad que revela
en sus obras es la de un estado político social
en que, como en la mayor parte del mundo, la ciencia
y la tecnología moderna han fracasado como
redentores de la libertad y la democracia, que son
solo ilusiones.
La primera novela de Vera,
“Los animales puros” sirve de interpretación
de los años 30 y como tal es un diagnóstico
del fracaso de toda una época. Por bien intencionada
que sea la inspiración de los universitarios
izquierdistas, sus impulsos revolucionarios se estancan
y buena parte de los obstáculos que tienen
que hacer frente, derivan de su inseguridad respecto
a su función.
El egoísmo hace un papel
total en “La semilla estéril”.
En esta novela se ofrece un lamentable cuadro de la
vida nacional ecuatoriana en tanto revela que lo único
que une a los niveles estratificados de la sociedad
es su preocupación por la posición social
y el consumo materialista. El objetivo de Vera es
poner de manifiesto esa lacra social corno una de
las consecuencias de la revolución liberal
de 1.895.
El espíritu capitalista
que Vera critica aparece ilustrado por medio del conflicto
entre la sed de lujo y los sentimientos espirituales
de sus personajes. Vera desacredita al capitalismo
haciendo ver que en este sistema hasta las emociones
más íntimas se convierten en artículo
de comercio y consumo. Esta conversión cualitativa
es el resultado social de la situación económica.
O sea, que el hecho económico de la enajenación
del hombre de su labor, tiene como consecuencia directa
la enajenación, de otros hombres y de sí
mismo.
La visión transmitida
en “La semilla estéril” es la de
una sociedad basada completamente en el fetichismo
del lucro, en que la mayoría de sus miembros
se revelan motivados por la ganancia personal y son
indiferentes al destino del país como entidad.
Esta falta colectiva de previsión caracteriza
también a “Tiempo de muñecos”,
en que se planea la problemática indígena
como uno de los problemas políticos y económicos
que tiene que resolver el Ecuador en su búsqueda
de identidad cultural y de bienestar social. Vera
llega a la observación de que los medios legales
al alcance de los indios no han de resolver la cuestión.
La transformación al “verdadero socialismo”
que los liberales tradicionales proponen, es un cambio
sin violencia, más cosmético que sistemático,
que no interrumpen el funcionamiento del país.
Vera critica así mismo la postura del revolucionario
farsante, incapaz de identificarse con la realidad
ecuatoriana. Martín Romero, personaje que se
adhiere a una filosofía revolucionaria, es
ilustrativo al respecto. Romero, al igual que muchos
de los intelectuales ecuatorianos que interpreta Vera,
ve al Ecuador con una actitud de desprecio, como un
país que no merece la intención de un
revolucionario “Serio”. A su entender,
las condiciones dentro del país destinan revolucionarios
a la mezquindad y al fracaso. Lo que esta conveniente
postura oculta es una ideología racista, reaccionaria
y hasta fascista en Romero. Para otros “revolucionarios”,
sin embargo, la docilidad de las masas ecuatorianas
invita a la dominación. Este es el objetivo
de hombres codiciosos de poder como Alberto Velásquez,
que cuenta con la demagogia para promover carreras
políticas y profesionales. Con este personaje
Vera critica obviamente al líder populista
de los años 40 y 50 Carlos Guevara Moreno,
que abandonó las filas de la izquierda y que,
como Velásquez, se aprovechó de su mínima
experiencia en las trincheras de España para
crearse un aura de héroe.
Un impedimento significativo
para una verdadera confrontación de clases
en el Ecuador ha sido el populismo y el resultante
simulacro de un estado democrático. La novela
“El pueblo soy yo” esta inspirada en la
vida del presidente populista José María
Velasco Ibarra, cuya carrera, en virtud de la longevidad
(fue cinco veces presidente del Ecuador), ejemplifica
a la perfección el carácter cíclico
y sin cambio de la historia ecuatoriana. La novela
presenta asimismo una disección de la presencia
del populismo como elemento constitutivo de la realidad
sociopolítica ecuatoriana y como uno de los
males que afligen a dicha sociedad.
Las características
de la política ecuatoriana se han afirmado
como personalismo, paternalismo y oportunismo, el
oportunismo imperante en el sistema político
que Vera propone en “El Pueblo soy yo”
es una especie de simbiosis en que González
Tejada en tanto es un manipulado como un manipulador,
un fantoche utilizado y descartado cuando ya no sirve
a los propósitos de los que verdaderamente
poseen el poder. En efecto, en los distintos regímenes
de González Tejada figuran otros grupos de
“gonzalistas” que acuden a él solo
porque les ofrece medios para consolidar su control
del país.
El oportunismo de los grupos
oligárquicos constituye la base de “Las
familias y los años”, y Vera lo identifica
como otro de los grandes males que afligen a la situación
socio política ecuatoriana. En esta obra Vera
expone la manera en que la estructura de clases en
el Ecuador otorga a una minoría una influencia
desproporcionada sobre la vida nacional. La cosmovisión
de los privilegiados en esta sociedad la representa
en la novela la actitud de dos familias ricas e influyentes.
La ambición aprovechadora de estos clanes se
intensifica hasta convertir al país entero
en un mundo hermético dirigido por las grandes
familias en perenne lucha por la supremacía.
Con la política nacional en manos de reducidas
y exclusivas facciones que perciben la nación
como su patrimonio, la democracia moderna no puede
ser más que una ilusión y una fachada
para un sistema oligárquico.
El establecimiento social y
político del pueblo en “Las familia y
los años” conduce a la general carencia
de verdadero progreso en el mundo hispánico.
Se ha evidenciado que la pura teoría marxista
no ha podido traducirse en praxis. Y así como
la historia como fuerza dinámica no ha funcionado
según la formula marxista, y la conciencia
histórica y de clases no ha producido más
que ilusiones de progreso social, parece que el arte
también ha fallado como impulso a la revolución.
Pero el fracaso del arte en promover genuinos cambios
en la infraestructura socio. Económica y política
lleva al papel del artista en este cometido, o sea
a la cuestión de si la culpa yace en la exposición
artística del mensaje o con el escritor mismo,
en su carencia de verdadero compromiso con la causa
que ha de fomentar.
El objetivo de Vera de contribuir
a la redención de la humanidad es socavado
por la sensación de fracaso que se aspira en
sus novelas, cesación que es sintomática
de su frustración por no haber encontrado la
solución a los males del Ecuador ni en la política
ni en el arte. Por medio de sus cinco novelas en conjunto,
Vera propone que las teorías materialista e
histórica no son suficientes y no obstante,
más pueden la psiquis humana y la fuerza del
yo. Esto es, que en formular afirmaciones a cerca
de la evolución social y política del
hombre no se ha estimado suficientemente la porfía
del individuo como componente elemental de la sociedad.
Por ende, Vera concluye, que la historia y el futuro
del hombre puedan quedar inextricablemente ligados
a la dialéctica irresoluble entre el egoísmo
y el bien colectivo.
En su poesía “Recado
al Gran viejo” acuño la frase Viva Alfaro
Carajo, tomada por el grupo juvenil guerrillero de
los años 70 que formó Arturo Jarrín
en el país.
Recado al Gran viejo
Eloy Alfaro, mi viejo
manabita duro y claro
viento grande montonero
de nuestro Ecuador amargo,
fulgor en Jaramijó
y llamarada en Gatazo,
vuelve para rescatar
la flor, el aire, el arado.
¡Ah estas ganas de gritar
que viva Alfaro carajo!
Te han convertido en estatua
para tenerte amarrado.
Te escarnece y ningunea
audaz cualquier pobre diablo.
Te incineran diariamente
llena la boca de Alfaro
y mancillan tus cenizas
payasos de tres al cuarto.
Tu corazón indomable
de guerrillero templado
latina en el vendaval
del color americano
y ofreciste tu palabra
y el empuje de tu brazo
sin vainas ni vuelva luego
al Martí de los cubanos.
En tu alma estaba el pobre
y el pobre sigue de esclavo.
Niños de huesos desfilan,
los pulmones en la mano.
El indio riega la tierra
con sus lágrimas de espanto.
Esta es la patria, mi viejo
que los buitres han dejado.
Montuvio de siete suelas,
eras del indio el hermano.
General de hacha y machete
nunca fuiste derrotado.
Ah mi viejo luchador
costeño como serrano,
ven dáñales el pastel
que los vivos amasaron.
¡Estas ganas de gritar
que viva Alfaro carajo!