El 43
apareció su "Mirador Terrestre: La República
del Ecuador, encrucijada cultural de América".
El 44 el presidente Velasco Ibarra lo envió
de Encargado de Negocios a Caracas, convirtiendo su
casa en centro de reunión de las más
importantes personalidades de las letras y la política
venezolana. Esa fue, además, una época
de meditación y creación, "debiendo
a la revolución rusa y a las doctrinas marxistas
la inspiración de sus ideales de humanismo
social, aquel sentimiento de fraternidad universal
que halló expresión plenaria en los
poemas de última hora."
En 1.945 editó sus poemarios
"Lugar de Origen", "Canto a las fortalezas
volantes: Cuaderno del Paracaidista" que había
escrito en San Francisco, una antología bajo
el título de "Poesías escogidas"
y unas traducciones suyas de Paúl Valery.
En eso ocurrió la revolución
que destituyó al Presidente Medina Angarita
y muchos políticos y parientes del depuesto
mandatario se asilaron en la Embajada hasta que obtuvieron
salvoconductos. Carrera Andrade hizo respetar el derecho
de Asilo y se convirtió en el hombre del día,
pero cuando Velasco proclamó su dictadura en
Marzo del 46 renunció como protesta cívica;
mas, sus amigos no le abandonaron y pasó de
Director de Prensa de la Casa de Publicidad “Ars”,
colaborando para varios medios culturales. Entonces
ocurrió la separación con su esposa,
que volvió a Francia, y al ser depuesto Velasco
en 1947 y subir Carlos Julio Arosemena Tola al poder,
fue designado Ministro Plenipotenciario en Gran Bretaña.
Al año siguiente el
Presidente Galo Plaza Lasso también lo designó
miembro de la Delegación del Ecuador ante la
III Asamblea de las Naciones Unidas que se celebró
en París, le correspondió estar presente
en la elaboración de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos", editó
"Rostros y Cimas" en prosa, vió seis
traducciones de sus obras y se unió a Janine
Ruffier des Aimes.
En Marzo del 50 fue castigado
con el regreso a Quito como simple Jefe de la Sección
Diplomática por enemistad con el mediocre Canciller
Neptalí Ponce Miranda, que le siguió
molestando, al punto que Carrera Andrade tuvo que
renunciar poco después. Entonces escribió
contra el citado Ministro con el seudónimo
de "Antonio Ante". En Agosto fue electo
Vicepresidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana
y director de la revista "Letras del Ecuador"
órgano de la sección Literatura de dicha
entidad, donde aparecieron varios discursos y trabajos
suyos.
En 1.951 publicó "Poesía
francesa contemporánea" con 300 poemas
de autores franceses y belgas, también una
selección de sus poemas propios bajo el título
de "Lugar de Origen", con seis poemas sobre
Quito.
Ese año fue enviado
a París por el Ministro de Educación,
Carlos Cueva Tamariz, como delegado permanente del
Ecuador ante la Unesco, pero sin sueldo. En situación
de apremio pensó en regresar; Jaime Torres
Bodet le pidió que se quedara como simple traductor,
después ascendió a redactor de las publicaciones
en español y director de la revista "El
Correo de la Unesco” y en esas funciones permaneció
siete años asistiendo a varios eventos internacionales
por la Unesco. En Septiembre del 52 había contraído
segundas nupcias con Janine Ruffier Des Aimes, en
París, con quien vivía desde del 48.
El 53 dio a la luz su poemario
"Familia de la Noche" con cinco poemas de
"gran plenitud y altura lírica, largo
aliento y penetrante estilo,” libro que es una
elegía a sus seres queridos que habían
desaparecido y a la humanidad que se siente amenazada
por todas partes y colaboró en numerosas revistas
de literatura. Estaba en su edad madura, estudiaba
en los archivos de París y traducía
poesías del francés y del inglés,
aunque el manejo de los asuntos burocráticos
le sumía en sentimientos de frustración
intelectual.
En 1.958 editó otro
poemario "La Moneda del forastero" y tomó
vacaciones para regresar al Ecuador donde dio a la
luz "El Camino del sol" con temas históricos
y "Galería de Místicos e Insurgentes"
con vidas de personajes de la colonia y república,
libros con historias noveladas, muy mediocres. Entonces
renunció a la Unesco y se ausentó a
Long Island, trabajando para varias universidades
americanas.
En 1.960 volvió al servicio
diplomático pues el presidente Ponce le sorprendió
con la designación de miembro adscrito con
rango de Embajador, a la Delegación del Ecuador
ante las Naciones Unidas, todo ello a petición
de sus amigos el jefe de la Delegación Leopoldo
Benitez Vinueza y del Canciller José Ricardo
Chiriboga Villagómez y al poco tiempo Velasco
Ibarra fue nuevamente electo y deponiendo viejas enemistades
le nombró Embajador en misión especial
ante los gobiernos de Chile, Argentina y Brasil para
explicar la tesis de nulidad del Protocolo de Río
de Janeiro; misión altamente patriótica
que sin embargo no dio mayores resultados. De regreso
a Quito el 61, pasó de Embajador a Venezuela.
Entretando había publicado
su poema "Hombre planetario", considerado
"lo mejor de lo suyo, su obra cenital por sus
símiles y metáforas, ironías,
interrogantes y por el hondo contenido de su enjuiciamiento
a la civilización tecnológica. "Hombre
Planetario” es una visión descarnada,
mucho más profunda que su otro poema antológico
"Juan sin cielo", que originara el seudónimo
de Alejandro Carrión en la prensa nacional.
En su edad madura Carrera Andrade,
conmovido profundamente por las obras de los poetas
europeos Friedrich Holderlin y Rainer María
Rilke, cantó a la humanidad y a la especie,
con el ímpetu de su propia inspiración.
En Julio del 63 Venezuela aplicó
al Ecuador su doctrina Betancourt y se suspendieron
las relaciones a causa del ascenso de la cerril dictadura
de Castro Jijón. En situación económica
lastimosa por su inveterada manía de derrochar
el dinero, Carrera Andrade regresó a Quito
a reeditar algunas de sus obras y su "Hombre
Planetario" que le sirvió para ingresar
a la Academia Ecuatoriana de la Lengua. El 64 pasó
de Embajador a Nicaragua, país que ya conocía
y amaba por ser la tierra de Rubén Darío,
de suerte que en sus años postreros, abandonados
los gestos rebeldes de juventud sirvió a las
dictaduras y vivió en ellas. La acomodaticia
diplomacia había matado su idealismo de juventud.
En Managua publicó su célebre poemario
"Floresta de los Guacamayos" con seis poemas
que mas bien son himnos que cantan a la vida tropical
a través del exotismo de dicha ave, retorno
a la tierra tibia y de gran hondura humana.
El 65 fue trasladado de Embajador
a París por el Canciller , poeta y amigo Gonzalo
Escudero; dio a la luz "Crónica de las
Indias", composición de sobria belleza
y patetismo en 351 versos que tratan de la “rebelión
de Gonzalo Pizarro, drama más humano que histórico,
símbolo de la lucha entre la libertad y la
opresión”, cuya aparición coincidió
con la caída de los dictadores. La subida de
Clemente Yerovi y la subsiguiente elección
de Otto Arosemena Gómez, cambiaron todo. Este
último lo eligió Canciller el 19 de
Noviembre de 1.966.
Carrera Andrade aceptó
el cargo y se posesionó en Quito; mas, desde
el primer momento marchó en desacuerdo con
el estilo muy personal de gobierno del citado mandatario.
En eso tuvo que viajar a Buenos Aires para la reunión
preparatoria de la III Conferencia Interamericana
extraordinaria que se llevaría a efecto en
Punta del Este y a la que asistieron los presidentes
de las repúblicas americanas, donde le correspondió
ser mudo testigo de la sorpresa que el ególatra
presidente Arosemena Gómez tenía preparada,
siendo el Ecuador el único país que
no se sumó a la unanimidad en ha votación
final. De regreso a Quito presentó la renuncia
y poco después fue designado Embajador ante
los Países Bajos.
En 1.968 salió en New York su poemario "Poesía
Ultima" de 32 composiciones "en torno al
concepto y variedad del alba, metafísica de
la vida después de la muerte". Entonces
un señor llamado Luis Ortiz Terán, funcionario
en la Cancillería, se empeñó
en hacerle la vida imposible y terminó por
sacarlo de la Embajada en La Haya. En Quito le trampearon
rebajándole su jubilación y todo por
la maldita envidia de los mediocres que se sentían
heridos con su fama. Así pues, viejo y cansado
su amigo el sholar ecuatoriano Enrique Ojeda Velasco
decidió ayudarlo y tuvo que recurrir a la U.
Estatal de New York que comenzó a protegerlo
y dictó dos años de clases en Stonybrook,
Long Island;" pero, el 72, regresó a descansar
con su familia en París, prácticamente
acabado por el mal de Parkinson y allí se estuvo
hasta 1.975.
El 72 había editado
su poemario “Misterios Naturales” que
es un intento de vuelta al encantamiento de los primeros
tiempos; incluso contiene algunos versos de amor que
figuran en las mejores antologías, también
de esa época es “Volcán Terrestre”.
La CCE publicó el 76 la “Obra Poética
Completa” aunque con numerosas omisiones, y
se realizó un homenaje nacional en su honor.
Trabajaba en la dirección de la Biblioteca
Nacional en la esquina de Sucre y García Moreno
con sus 73 años a cuestas. Corpulento pero
sufriendo algún mal, se estremecía constantemente
y su voz vacilaba. Estaba relativamente pobre. Un
hijo que estudiaba arqueología lo acompañaba
a Quito. Su hija y su esposa vivían por el
momento en Francia mientras arreglaba el traerlas.
Aprovechó sus últimos
tiempos para escribir su autobiografía “El
Volcán y el Colibrí”, dos poemarios
“Libro del Destierro” y “Vocación
Terrena”, una crítica sobre la poesía
Hispanoamericana y “Selected Poems” en
inglés.
Sus últimos años
los pasó en Quito y murió a consecuencia
de una úlcera perforada con complicaciones
al corazón el 11 de Noviembre de 1978.
Su poética, propia y
original, se movió libremente entre las más
variadas escuelas con esencialidad, densidad y elegancia.
La ingeniosidad de sus expresiones, riqueza metafórica
y acentos poéticos son constantes. Cantó
a la raza, al hombre, a la libertad, sin menospreciar
por eso las cosas sencillas, tan queridas para él
y a las que volvió al final.
"Fue un poeta visual,
mago, con inagotable poder de sorprender, que veía
a los seres integrados en una gran empresa cósmica
y en su madurez fue seducido por abismos y emprendió
incursiones más sostenidas hacia la altura,
para volver a refugiarse en el punto inicial."
“Hombre de extraordinario
talento y conversador de fantasía desbordante”,
escribió mucho; en su libro “El tiempo
manual” se inspiró en un verso de Rimbaud
que al referirse al siglo xx dijo que siglo de Manos.
“Amo las cosas que le
rodeaban y dialogó con ellas pero sobre todo
se preocupó del hombre, motivo principal de
su obra, por eso dijo en alguna ocasión que
su obra es un encanto al hombre”.
“La poesía le
venía sola, de pronto, en cualquier momento
y lugar empezaba a sentir que la poesía formaba
un poema en su cerebro. Si lo volvía a recordar
es que valía la pena, entonces lo rescataba
al papel”.
“De joven había
luchado por la implantación de la ideas socialistas
en el Ecuador, defendió su credo, criticó
asperamente la injusticia social. Existen vívidos
testimonios de su entrega por la causa de los indios;
sin embargo, el paso de los años atemperó
su carácter y lo volvió un ciudadano
apacible. Dejo inédita e inacabada su novela
“Hombres en Marcha”.
Alejandro Carrión ha
escrito: “Fue el más grande de nuestros
poetas del siglo xx; pero, además, fue el más
generoso y bondadoso de los hombres, el más
alegre, el más compresivo, el más gentil,
decir Jorge Carrera Andrade es nombrar todas las excelencias”.
Lamentablemente se hizo Diplomático, carrera
que las más de las veces en el Ecuador es sinónimo
de vicioso, vago, pedante, ocioso y bueno para nada.
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