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JOSÉ SANTOS CHOCANO
Pocos poetas americanos han gozado de la fama que en su tiempo tuvo el peruano José Santos Chocano, cuya vida novelesca y trágico fin servirán algún día para argumento da una película de aventuras. Limeño de nacimiento y de raza mestiza, vino al mundo en Lima, en 1.875 y siempre se sintió entre indio y español, gravitando el mestizaje sobre sus poemas en forme repetitiva, sobre todo en los de sus primeros tiempos cuando se decía tataranieto de don José Santos Chocano Fernández de Córdoba y Fernández-Cornejo.//Me ha dicho un viejo infolio que apenas una nota/de sangre de Gonzalo-de Córdoba hay en mí,/no sé; pero yo he sido de aquella edad remo¬ta/y siento la grandeza del siglo en que viví. Por eso a vos me llego ¿lo comprendéis ahora?-/con majestad de Inca y orgullo de español// En otro verso dirá://Esto de los amores imposibles me viene/como una infausta herencia de mis antepasados/el árbol de mi heroica genealogía tiene,/de Gonzalo de Córdoba, el gran nombre, soldados/ mandar supo en cien guerras, más rindióse a una dama.//También escribió lo siguiente://Al preludiar mis notas de indígena o de híspano,/una mitad soy Inca y otra mitad Virrey//.

Sus comienzos fueron matizados con numerosas correrías políticas que lo llevaron a guardar prisión en'"Casamatas del Callao y por eso no pudo concluir los estudios de derecho en la Universidad de San Marcos. En 1.902 el gobierno lo envió de Cónsul General del Perú en Guatemala y allí estuvo dos años. Enseguida pasó a Encargado de Negocios en Colombia, en 1.905 fue designado Consejero de la embajada peruana en el arbitraje de límites con el Ecuador y realizó una gran labor en pro de su Patria; después "pasaría con iguales funciones a España, siempre en misión diplomática y pudo brillar en escenario más grande cuando en el Ateneo de Madrid, "de pió, abombado el pecho, retorcido el bigote nigérrimo, peinado hacia atrás el cabello duro aunque no superabundante, alto y agresivo el cuello y notoria la corbata de plastrón herida por una piedra preciosa, el sinsonte perulero declamaba algunas primicias de su libro ALMA AMERICA. La voz estentórea dejaba arrastrar las eses numerosas y plurales como séquito incaico. La mano trazaba solem¬nes rúbricas en el aire como Capitán de tercio ¡bórico y Madrid fijó su atención en el inusitado poeta. Le pudo oír entonces extrañas declaraciones".

Para esa fecha había publicado nueve poemario donde su estro de poeta tropical y al mismo tiempo poeta de los Andes, había danzado en homéricas andanzas; por ello, al decirle alguien que era, homérico, él respondió que Hornero era chocanesco, porque se creía a la altura del padre de la poesía griega, debido a que siempre fue más épico que lírico, sobre todo en su juventud, cuando desafió a los poetas de España y se hombreó de igual a igual con ellos, quejándose de no saber ingles para competir con Watt Whitman, a quien admiraba por creerlo el mayor poeta del norte.

En 1.912 estuvo por Cuba, después siguió a Guatemala, a Centroamérica y Méjico. Para la revolución fue partidario de Madero y admiró a Pancho Villa. De regreso a Guatemala trabajó de consejero de Estrada Cabrera y a su caída corrió serio peligro de ser fusilado, salvándose a última hora y solo merced a las múltiples gestiones que realizaron a su favor los intelectuales de América y España. Nuevamente en el Perú fue coronado poeta en la época del dictador Augusto B. Leguía, en hermosísima ceremonia que fue seguida por agasajos y convites donde la musa de Chocarte se prodigó en felicísimos versos. Fue su hora máxima, la de su exaltación como poeta continental, heredero de la corona de mirtos dejada por Darío; pero su hora triunfal pasó y vino la de su desgracia. En 1925 se produjo en Urna una violenta polémica con el escritor Edwin Elmore, porque éste defendió a José Vasconcelos, quién había criticado desde Méjico a Chocano y a Lugones. En un encuentro casual que tuvieron Chocara y Elmore en la imprenta de "El Comercio", el primero disparó al cuerpo de Elmore, hiriéndole de suma gravedad. El escándalo fuá total, porque días después falleció el periodista herido y Chocar» fue a dar a la cárcel, sometido a juicio y condenado a tres años de prisión.

Cumplida la pena abandonó el Perú y pasó a Chile donde vivió poco tiempo, llevando sobre su corona de poeta en el inri del crimen y una tarda de 1.931, en que iba sentado en un tranvía, un loco lo asesinó, poniendo fin a su tragedia con un tinte griego antiguo, como el poeta hubiera deseado que ocurriera y cuando solo tenía cincuenta y seis años de edad.

En sus últimos tiempos había escrito mucho y bien por las penas de la vida. En "Notas del alma indígena" dijo: //La raza espera... espera, espera,/hila que hila sin cesar,/es por la sangre de tal raza/que en todo tranca soy Igual.//Creíate indio honorario más que indio racial://lndio que asoma a la puerta/ de esa tu rústica mansión,/¿para mi sed no tienes agua?/¿para mi frío, cobertor?/"Parco maíz para mi hambre?/¿Para mi sueño, mal rincón?/¿Breve quietud para mi andanza?//¡Quién sabe, señor! Indio que labras con fatiga/ tierras que de otros dueños son,/ ¿Ignoras tú que deben ser tuyas/ser, por tu sangre y tu sudor?//¿Ignoras tú que audaz codicia/siglos atrás, te las quitó?/¿Ignoras tú que eres el amo? .../¡Quién sabe, señor!/Indio de frente taciturna/y de pupilas sin fulgor,/qué pensamiento es el que escondes/en tu enig¬mática expresión?/¿Qué es lo que sueña tu silencio?/¿Qué es lo que oculta tu dolor ?/

/ ¿Qué es lo que buscas en tu vida?/ ¿Qué es lo que imploras a tu Dios?//¡Quién sabe, señor!/¡Oh raza antigua y misteriosa/de impenetrable corazón,/que sin gozar ves la alegría/y sin sufrir ves el dolor;/eres augusta como el Ande,/el grande océano y el sol I / Ese tu gesto que parece/como de vil resignación/es de una sabia > indiferencia/y de un orgullo sin rencor ..//Corre en mis venas sangre tuya;/y, por tal sangre, si mi Dios/me interrogase qué prefiero/-Cruz o laurel, espina o flor ,/beso que apague mis suspiros/ o hiél que colme mi canción .-/responderíales dudando:/ ¡Quién sabe, señor!//

Fue un caudillo modernista y un poeta épico, aunque propia¬mente no fue enteramente ni lo uno ni lo otro, gustaba de la gran¬dilocuencia y del canto clamoroso, teniendo como escenario la gran¬deza de una América que él presentía inmensa -la raza espera, espera, espera -no fue intimista ni gustaba de lamentaciones amo¬rosas, se creyó el gran poeta de Latinoamérica y en efecto lo fue, por eso compuso lo siguiente: //Soy el cantor de América, autóctono y salvaje;/mi lira tiene un alma, mi canto un ideal./Mi verso no se mece colgado de un ramaje/con un vaivén pausado de hamaca tro¬pical.//Cuando me siento Inca, le rindo vasallaje/al sol, que me da el centro de su poder real;/cuando me siento hispano y evoco el coloniaje/parecen mis estrofas trompetas de cristal .//Mi fantasía viene de un abolengo moro;/los Andes son de plata, pero el León de oro;/y las dos castas fundó con épico fragor.//La sangre es española, e incaico es el latido; y de no ser poeta, quizás yo hubiese sido/ un blanco aventurero o un indio emperador./ /