Así pues,
la revisión de los sistemas bancarios y fiscales
devino en el fin primordial de una tan compleja labor,
que requirió mucho tiempo y numerosos estudios
técnicos.
Las Juntas Militares
de Zona encabezadas por la de Guayaquil formaron los
Tribunales de Justicia Popular y se trató de
corregir entuertos. La Junta de Gobierno dictó
numerosas leyes, creando la Cédula de Identificación
dactiloscópica, el descanso dominical obligatorio
y numerosos Colegios y Escuelas de Artes y Oficios.
Entre el 13 de Julio
del 25 y el 10 de Enero del 26 Dillon desempeñó
la cartera de Hacienda con una brillantez que aún
no ha sido bien comprendida, pues no solo fue el inspirador
filosófico de la revolución, el hombre
providencial que se multiplicaba, el economista clarividente
a quien todos consultaban, sino también el
brazo ejecutor que reformó las leyes tributarias
con una energía asombrosa inspirado en el ensueño
de la justicia pública. Por eso todos lo aplaudían
hasta el día en que hizo público su
proyecto de fundación de una Caja Central y
se comprendió en la República que las
reformas iban a ser fundamentales; entonces, los banqueros
comenzaron a atacar a la Junta por la prensa, acusándola
de querer alterar el orden y la paz, y se levantó
la bandera de una franca rebelión.
Los bancos de emisión
hablaban públicamente de liquidar sus negocios,
creando angustia en el comercio, asfixiando con el
cierre de sus operaciones, cancelando cuentas, exigiendo
el fulminante pago de toda deuda.
En la costa, los diarios
abrieron campaña contra Dillon acusándole
de regionalista y enemigo de Guayaquil por querer
el cierre del Comercial y Agrícola cuando solo
era un político centralista, en Quito fue injuriado
por el socialismo, pero Dillon contratacó dictando
los Decretos del 26 y 31 de Octubre que regularon
los procedimientos a seguir en caso de liquidación
de ese Banco.
Julio Estrada Ycaza en
su obra: “Bancos de siglo XIX”, indica
que Dillon saldría triunfante en su propósito
de destruir cuando menos al Banco Comercial y Agrícola.
A éste lo cargaría con S/.2.200.457
de multas por emisiones hechas en beneficio exclusivo
del Estado; otros S/.754.646 de multas sobre los billetes
que fueron a dar a las arcas fiscales y no contento
con esas multas, todavía redujo la deuda del
Gobierno en S/.8.483.200 por reliquidación
de intereses, para lo cual vino el propio Ministro
a Guayaquil en Octubre del 25 y con fecha 10 de ese
mes se expulsó a Urbina Jado del país.
Así las cosas,
se descubrió el Tratado secreto Salomón-Lozano
suscrito entre Colombia y Perú, que nos perjudicaba
ostensiblemente, y rompimos relaciones con Colombia.
En Guayaquil, las turbas fueron comandadas desde la
Jefatura de Zona desfilaron lanzando mueras al gobierno.
El Ministro de Guerra se trasladó al puerto
y separó al Jefe de Zona, quien era muy popular
entre el pueblo y la atmósfera se envenenó
aún más contra Dillon, colocado en situaciones
equívocas y atacado por regionalista, oportunidad
que aprovecharon los banqueros para reunirse en Quito,
convencer a los militares y obtener la formación
de una segunda Junta de Gobierno que desplazó
a la primera.
Mas, el impulso dado
por Dillon al movimiento reformista fue tan grande,
que esa nueva Junta tuvo que crear en Mayo de 1926
1a tan vapuleada "Caja Central de Emisión
y Amortización" con sede en Quito, transformada
un año después en Banco Central, del
que Dillon formó parte como miembro del primer
directorio, en representación de las Cámaras
de Quito.
El 3 de Noviembre, Ricardo
Jaramillo, dueño del diario "El Día"
1e pidió que escribiera una serie de artículos
de índole Económica para información
de la Misión de Edwin W. Kemmerer que vendría
al país. Poco después aparecían
bajo el título de "Las cosas que Mr. Kemmerer
debe conocer: la corta historia de una tiranía
de once años" con informaciones precisas
y fieles sobre el dominio de 1a banca privada en el
Ecuador; en Febrero, de 1927 un grupo de sus amigos
los recopiló en un volumen titulado: "La
Crisis económica financiera del Ecuador",
en 309 pags. que le sirvió para ser calificado
como "La Voz del Pueblo", aunque expresó
conceptos tan discutibles como los siguientes.
“No dejaremos de
gritar a voz en cuello, una y mil veces, para que
lo entiendan los ilusos o ignorantes que celebran
como adelanto del país la fundación
de alguna nueva institución de crédito:
Señores, los bancos nada producen. Podemos
tener un banco en cada esquina que la nación
quedará tan pobre o más pobre que antes”.
Dillon vivía en
la Venezuela y Sucre, justamente al lado la histórica
Casa Azul que había sido del Gran Mariscal
de Ayacucho Antonio José de Sucre y de su esposa
Mariana Carcelén. Su hogar era un centro de
reuniones patrióticas y políticas, escribía
sin descanso para diversos periódicos y revistas
donde mantenía sus puntos de opinión
con una lucidez y percepción mental admirables.
Había madurado luego de experimentar la voluptuosidad
del fracaso, sin importarle odios ni resentimientos.
En 1.928 comenzó
a sentir molestias al riñón. Se le decubrió
un tumor. El presidente Ayora le aconsejó viajar
a la Clínica Mayo de Rochester. Lo operó
Willian Mayo, regresó a Quito con la herida
operatoria abierta, Ayora le asistió hasta
que falleció dando muestras de gran entereza,
a causa de cáncer, el 31 de Marzo de 1929 a
los 54 años de edad y fue enterrado como el
honor manda y él lo había dicho: "Al
pié del cañón y con la cara al
sol", es decir, en su ley.
No creó escuela
ni dejó discípulos bien es verdad que
tampoco había ejercido la cátedra, pero
terminó con una época sombría
y dio comienzo a otra esperanzadamente, en tiempos
asaz difíciles que tampoco nos condujeron a
nada.
De estatura mediana,
tez blanca, ojos azules, pelo y bigote tirando a castaños,
de maneras pulcras, de gestos sencillos y al mismo
tiempo altivos. Fue un gran rebelde que tuvo la genialidad
de vislumbrar el todo en su conjunto.
Lamentablemente le faltó
tiempo y poder político para llevar a cabo
su plan económico integral ideado con el fin
de aliviar la crisis que agobiaba las conciencias.
Su nombre aún
despierta resquemores, odios y desconfianzas en ciertos
sectores que vieron notablemente disminuidas sus esferas
de poder, justamente porque Dillon es la gran figura
de la revolución Juliana, hecha por militares
inspirados en un sueño de justicia. Por ello
su nombre se agiganta con el tiempo. Además
fue polifacético, ensayó cambios en
la educación, fundó a la gran industria
y figura entre los ecuatorianos del siglo XX como
“trueno jupiteriano que cabalgó en el
aire, hambriento de verdad humana y libertad”,
aunque como economistas fue un simple diletante, que
actuaba instintivamente y con pasión.
Poco después de su muerte se recogieron sus
cuentos, un discurso y un ensayo breve, en el N°
A de la pequeña biblioteca ecuatoriana, 1.929.
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