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ANA DARQUEA LUQUE
FEMINISTA .- El sábado 7 de Mayo de 1932 moría en Guayaquil y avanzada edad, Ana Darquea de Sáenz de Tejada y terminó su época. Moría la Presidenta perpetua del "Belén del Huérfano", noble institución fundada para "tras la labor constante y sin descansar un día/' alzaron ese asilo, que morada ha de ser de aquellos que ni casa, ni amparo, ni cariño / tuvieron al nacer.

Pues ha de saberse que habiendo nacido en cuna rica y figurando durante su juventud como la más perfecta belleza de Guayaquil tenia un corazón generosísimo para el bien y como ninguno para los huérfanos y la niñez desvalida. Su padre el General, Secundino Darques Iturralde había sido Comandante de Anuas de Guayaquil durante el garcianismo, pero después del 76 tuvo que emigrar a Lima con los suyos y allí fue donde Anita aprendió a realizar obras sociales. Fue su madre Doña Ana Luque Benítes de Darquea.

De regreso casó con un español minero y aventurero que tuvo inciertas fortunas descubriendo placeres auríferos en el austro ecuatoriano, sobre todo en Loja. Llamaba Tito Gemino Sáenz de Tejada, natural de Guemica, pero oriundo del solar de Valdeosera, en la Rioja Castellana; de dicha unión nacieron entre otros, Clementina y Leonor, casadas con Adolfo Klaere y con Manuel Baquerizo Noboa, respectivamente, a quienes la gracia popular tituló "Los Príncipes blanco y negro", por sus orígenes alemán y español, respectivamente. (1)

(1) También fueron sus hijos: Ana María de Vignolo, y Secundino, Ministro de Hacienda en 1928-29, casado con Ana Medina Romero S.s.

Doña Anita desde 1920 más o menos empezó a trabajar, congregando a la sociedad en hermosas kermeses en el parque Seminario o en artísticas funciones en el Teatro Edén y en el Olmedo. Allí se dieron cita intelectuales y artistas, hubo bailes, conferencias, números de prestidigitación y magia y cuando aún las señoritas salían a las calles acompañadas con empleadas ancianas las presentaba en los teatros y cuando las señoras jóvenes solo podían caminar de dos en dos o acompañadas de sus esposos, las hacía cantar y tocar al piano y en fin, fue lo que se dice. Una revolución blanca, pero revolución femenina y feminista, no cabe dude.

En los años 20 alcanzó sus mayores logros. El asilo comenzó a funcionar, igual la escuelita y todo iba viento en popa; sus números musicales mejoraron con la llegada de numerosas familias provenientes de la riviera o de París, que traían ritmos y decorados tomados de los ballets rusos de Montecarlo. En los años 30 promocionó a dos figuras femeninas. Rosa Borja en la prosa y María Piedad Castillo en el verso, ambas sus muchachas por haberlas visto crecer y amarlas como hijas. Antes habían figurado en el cielo femenino del Guayos las poetisas Aurora Estrada y Zaida Letty Castillo, pero un espeso silencio había caído sobre ellas, pues ambas, en coincidencia trágica para las bellas letras, habían salido de la ciudad. La primera vivía en Quito y la segunda en Lima.

Así pues, cumplió su papel dentro del feminismo, fue una promotora y abanderada de causas benéficas, pero no tan ciega como para no ver que era por el camino de las letras donde sus chicas podrían ir abriendo rumbos para alcanzar la igualdad que ahora posiblemente logren en todos los sentidos. Por eso, cuando se esparció la noticia de su muerte, muchas la lloraron. El duelo bajó de su casa a las 4 de la tarde y marchó a la Iglesia de La Merced presidido por el Obispo Carlos María de la Torre. Su ataúd fue colocado en medio de la guardia de honor del Colegio del Belén del Huérfano y entonces se dijo/ "que había sido como una ventana mágica por donde pasaba el sol de su ternura" y la cantaron / yo tengo en mi existencia un íntimo tesoro/ que para mí más vale que toda pompa vana / es faro en mis tinieblas con su destello de oro,/ y guía de mis pasos, la luz de su ventana / si por la calle cruzo, mis ojos se iluminan /y el corazón me vibra con palpitar suave;/sin darme cuenta hacia día mis sueños se encaminan / como hacia el patrio nido, tiende su vuelo el ave...//