VOLVER A LOS TOMOS
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• Se ha dicho que desde la aparición del “Teatro Crítico Universal” se abrieron nuevos centros de estudio en España, lo cual es cierto y no debe ser considerado solamente como una simple coincidencia. En 1.753 se fundó la Academia de Nobles Artes de San Fernando en Madrid, el 64 abrió sus puertas la Academia de Guardias Marinas con estudios especializados en navegación y en matemática, así como el Colegio de Artillería en Segovia y las Escuelas Militares de Avila y Ocaña, el 71 se reformaron los Colegios Mayores permitiendo el ingreso de cualquiera y no los nobles como hasta entonces ocurría, el 70 se crearon los Reales Estudios de San Isidro, el 76 se inauguró el Gabinete de Historia Natural al que tanto contribuyó el guayaquileño Pedro Franco Dàvila con sus Colecciones botánica, zoológica, mineralógica y de antigüedades, el 87 se creó la primera cátedra de Química del Reino.

• Su influencia sobre la medicina tradicional del tiempo se hizo palpable en el Discurso “Lo que sobra y falta en la enseñanza de la Medicina” donde criticó con sobra de razón los métodos terapéuticos en uso y aconsejó el abandono de las debilitantes sangrías, etc. también intervino en los programas educacionales con útiles consejos siempre ceñidos a la razón y en constante combate con la ignorancia, la superstición y el error, tan arraigados en esa sociedad y algunos tan pueriles por fundados en creencias y costumbres campesinas, pero otros en opiniones erradas de la religión y de la antigüedad.

• Por eso se respetó su erudición nacida de sus muy variadas lecturas. Lo mejor de la intelectualidad española le solicitó vivir en la capital española y hasta le ofrecieron la prelacìa del Monasterio de San Martín en Madrid que no aceptó por el acendrado amor a la ciudad de Oviedo donde se sentía felicìsimo pensando y escribiendo en paz. El Rey Felipe V le ofreció por medio de su confesor uno de los primeros Obispados en América que también rechazó.

• A pesar de ello, doce años más tarde, posiblemente arrepentido de estar “ocioso”, porque así se decía cuando pensaba y escribía, se opuso en 1.736 a la cátedra de Prima que regentó hasta su definitiva jubilación por reparos de salud, ocurrida dos años después.

• Tanta fama literaria le atrajo también ciertos honores, como Maestro General tuvo diversas prerrogativas, entre otras la de poder votar en los Capítulos Generales de su Orden. En 1.748 el Rey Fernando VI le nombró su Consejero por la general aprobación y aplauso que sus obras habían merecido a la república literaria.

• Feijoò cambió la forma de pensar de la España de su tiempo sirviendo de puente natural entre un aristotelismo y tomismo trasnochados y la era enciclopedista, principio de la modernidad. Tuvo una visión más bien europea y por eso gustó tanto en el exterior y fue traducido al inglés, francés, italiano y portugués, pero en España también se le apreció aunque con reparos y refutaciones explicables a la luz de la ignorancia y de la envidia, al punto que hasta lo trataron con desdén porque siempre el más atrevido es el menos considerado; sin embargo, a todas las contradicciones supo contestar y salir con gracia y su fama fue reconocida y valorada.

Numerosas personalidades le escribían. El Bibliotecario de la Santa Sede Cardenal Querini celebró su talento “verdaderamente admirable en el arte crítica”. El Papa Benedicto XIV le citó tres veces en su Carta Pastoral a los Obispos de l.749, exhortándoles a procurar que la música de los templos estuviese en lo sucesivo llena de gravedad y desnuda de los adornos superfluos de lo teatral. La celda de su convento de Oviedo era punto de reunión de personas doctas que le buscaban de todas partes del país y acudían a escuchar su palabra y la lectura de sus borradores nuevos o a demandar consejos pues hablaba con notable discreción y exacta naturalidad, de suerte que solía persuadir con eficacia y suspendía y embelesaba a quienes le oían. En 1.756 dio a la luz un folleto sobre las causas de los terremotos para absolver un dictamen que se le había solicitado.

En su celda vivía solamente dedicado a la lectura como lo dijo en su discurso “Desagravio de la profesión literaria” que incluyó en el Tomo Séptimo del Teatro, pero el excesivo trabajo y la fatiga mental consiguiente le fueron minando las fuerzas y el 25 de Marzo de 1.764, mientras se hallaba en la mesa, le acometió un accidente - debió ser un derrame cerebral - que le privó del uso del oído y habla y de la facultad de andar.

Así vivió cinco meses mas, acarreando de a poco una lentitud cada vez mayor pero se hacia trasladar todos los días a la iglesia y allí rezaba y estando con la voluntad debilitada “arrojaba ardentìsimas lágrimas de expiación con que lavaba sus culpas” que debieron ser literarias pues jamás se le conoció vicios ni malas costumbres, que en todo fue de conducta edificante.

Finalmente el 26 de Septiembre, a las tres y veinte minutos de la tarde, tras seis meses de enfermedad, le repitió el ataque cerebral y falleció en su convento, a la provecta edad de casi 88 años.

Figura tan sugestiva, que habló de todo y con mucha propiedad, que atacó a las supersticiones, que polemizó con todos, con médicos por no ser partidario de las sangrías, con pseudo educadores porque solo enseñaban el traspantojo aristotélico y que se preocupó de la higiene, que tuvo conocimientos de psiquiatría, sabiéndolo todo con gran espíritu y mucha gracia, dejaba a su muerte una España y unas colonias en las Indias - que eran tan españolas como la península en los tiempos de Fernando VI y Carlos III - con la novedad de ser mejores por los cambios suscitados, sobre todo en la época de Carlos III que fue brillantìsima.

Atrás quedaban los residuos del estado español de abandono, atraso y postración mental en relación con el resto de naciones de la Europa occidental, que hizo expresar a Luis XIV en un momento de gran verdad, aquella famosa frase que todavía causa escozor a los espíritus sutiles: Europa termina en los Pirineos.


( 1 ) El escritor Miguel Donoso Pareja en un bolsilibro impreso en pocas páginas y con letras grandes para abultar, ha criticado al Diccionario Biográfico del Ecuador por incluir extranjeros - sobretodo a algunos peruanos - lo que a su criterio constituye casi una aberración. Nosotros creemos que el Ecuador, como cualquier nación del mundo, ha recibido influencias foráneas a través de inmigrantes, pensadores o viajeros cuyas vidas y obras forman parte de nuestra naturaleza, es decir, de la manera de ser y de pensar del actual habitante ecuatoriano y no tenemos porque avergonzarnos de ello, de suerte que cuantas veces nos topemos con vidas importantes para nuestra Patria, las seguiremos incorporando.

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