RICARDO PALMA
TRADICIONISTA.-
Nació en Lima el 6 de Febrero de l.833 en un
hogar pobre y fue su padre un mulato y su madre una
mestiza no casados que sin embargo pudieron matricularlo
en el Colegio de San Carlos y posteriormente inició
estudios de Jurisprudencia. Versificaba con notable
soltura y hasta formó parte de la bohemia literaria
de su tiempo escribiendo los dramas en verso “La
hermana del verdugo”, “La muerte o la
libertad” y “Rodil” donde se atisban
trasfondos de innegable interés histórico.
En 1.853 se empleó en
la armada y aprovechó sus obligados ocios en
la lectura de los Clásicos españoles
y en escribir para “El Heraldo” de Lima.
En un viaje a Piura conoció a Manuela Sáenz
y a Giuseppe Garibaldi, después visitaría
Guayaquil y fue amigo de Dolores Veintimilla de Galindo.
El 54 fue Contador del transporte Rimac que naufragó
el 55 cuando arribaba a Guayaquil. Ya era miembro
de la masonería peruana en la que ocuparía
el grado de Gran Maestro. El 59 participó en
el desembarco armado en Mapasingue. En l.860 dejó
la marina y se transformó en político
liberal, comprometido en los planes de secuestro del
presidente Ramón Castilla, pero habiendo fracasado
el golpe salió al destierro y permaneció
tres años dedicado al periodismo en Santiago
de Chile. El 6l publicó “Dos poetas”
sobre Dolores Veintimilla y Juan María Gutiérrez
a quien había conocido y tratado en Lima.
En l.863 volvió al Perú
y escribió “Los anales de la Inquisición
de Lima” y “Monteagudo y Sánchez
Carrión” – este último trabajo
recién aparecería en l.877 – después
viajó a los Estados Unidos y a Europa. En París
dio a la luz la colección de sus composiciones
poéticas bajo el nombre de “Armonías”.
En l.866 ingresó al Ministerio
de Guerra y Marina, participó en el célebre
combate del 2 de Mayo en el Callao contra la armada
española del Almirante Casto Méndez
Nuñez y se dio tiempo para empezar otro volumen
poético.
En l.867 fundó el periódico
satírico “La Campana” y reprodujo
algunas de sus poesías: I // ¿Dónde
vais? A coger flores, / ¿Sola? Con mi pensamiento
/ ¿Qué piensas? En mis amores / ¿Amas?
– Ese es mi tormento /¿Tienes celos?
– Matadores / Pobre niña ¡Niña
de mi corazón¡ / No seré yo quien
te riña / pues sé lo que celos son.
// II // ¿De dónde vienes? – Del
prado / ¿Traes flores? No las busqué
/ ¿A quien hallaste? – a mi amado / ¿I
no te habló el desdichado? / En brazos de otra
lo hallé. / ¡Pobre niña¡
¡Niña de mi corazón¡ / No
seré yo quien te riña / sé lo
que desdenes son. // III //¿I lloras? Morir
quisiera. / ¿No amas la vida? Me hastía
/ ¿I si el perjuro volviera? / Jamas olvidar
pudiera.../ ¿Su desamor? Su falsía /
¡Pobre niña¡ ¡Niña
de mi corazón¡ / No seré yo quien
te riña / pues sé lo que agravios son.
En hasta los gatos quieren zapatos
escribió // Señora mía yo soy
un mozo / que, aunque apenitas me apunta el bozo,
/ soy como amante / de alma gigante. / Si Ud. se apiada
de mi ternura / causará envidia nuestra ventura
/ a los querubes de rubio pelo / que hay en el cielo.
// ¡Jesús me asista¡ / si hasta
los gatos / quieren zapatos. // Sin elogiarme yo soy
un bolo / y para bruto me pinto solo; / más
sin modestia / vi otro más bestia / que yo
calzare / ¡Quien lo diría¡/ de
un Ministerio la oficialía / Yo hago como otros
que no son zotes / cuatro palotes... // ¡Bravo¡
¡Archibravo¡ / ¡Si hasta los gatos
quieren zapatos¡
En l.870 editó en Lima
un segundo volumen poético bajo el título
de “Las pasionarias”. El 72 tenía
reunió la primera serie de Tradiciones Peruanas
con la que entró de golpe y por derecho propio
a la galería de prestigios nacionales e internacionales,
era estimado por entonces solamente como escritor
original y personaje tunantón, dado a las fiestas
y a las mujeres, pues había tenido un hijo
natural en la guayaquileña Clementina Ramírez,
quien después casó con N. Durand con
numerosa descendencia.
Su matrimonio y el estallido
de la guerra con Chile en l.879 le hizo cambiar de
conducta y el 81 combatió rifle al brazo en
la célebre batalla de Miraflores en las afueras
de Lima, luego de lo cual, los chilenos vencedores,
le quemaron su casa sin siquiera abrirla, perdiéndose
para siempre los manuscritos de la novela “Los
Marañones”, cuyo tema eran las expediciones
de Gonzalo Pizarro y Lope de Aguirre al Amazonas.
Entonces, reducido prácticamente a la indigencia,
empezó a vivir de lo poco que le producía
su correspondencia con el diario argentino “La
Prensa”.
Al finalizar el conflicto en
l.884 aceptó la dirección de la Biblioteca
Nacional de Lima que había sido destruida y
en dicho cargo permaneció hasta 1.912 y de
mendigo formó otra vez una gran Biblioteca.
Entonces comenzó su enfrentamiento con Manuel
González Prada, máximo representante
de las letras de la postguerra, “que no aceptaba
las tradiciones de Palma por ser una falsificación
agridulce de la historia”.
En l.895 publicó un ensayo
lingüístico titulado “Neologismos
americanos” y en l.903 volvió a las andadas
con “Papeletas Lexicográficas”.
En l.911 salieron sus estudios “El demonio de
los Andes” y “Apuntes para la historia
de la Biblioteca de Lima”, siendo prácticamente
obligado a retirarse. Le reemplazó su archienemigo,
que obtuvo un triunfo generacional aunque tardío
y barato. De allí en adelante publicó
poco, su última tradición apareció
en l.915 y como todas las suyas reunió a la
historia con la anécdota y la fantasía.
De ellas se ha dicho que son
leyendas breves y resulta casi imposible saber donde
acaba la historia y comienza la ficción. Son
miniaturas cuya belleza no consiste en el tamaño
sino en el estudio de las personalidades, en lo característico
de cada escena, en los detalles secundarios, en el
particular color de los tiempos que se describen.
Además, son de sabor tan puro y tan castizo,
que no tienen falta y dejan de recuerdo algo así
como el bouquet del mejor vino.
Sus últimos tiempos fueron
tranquilos, se le veía poco porque vivía
casi de continuo en su domicilio, pero cuando salía
con su sillón a la alameda amplia y sombreada,
lo rodeaban los niños del barrio y solía
a contar admirables historietas que hacían
la diversión de todos. Era ocurridísimo
y un día que le preguntaron cómo estaba
respondió “Pal gato”. En otra ocasión
le contaron que una maestra le creía la gloria
viva del Perú y él apuntó “Las
viejas son muy chismosas”. Una señora
de edad se lo quedó viendo y díjole:
¡Ay don Ricardo, cómo estamos... Ud.
señora, porque yo estoy para casarme con su
nieta¡ y así pasaban sus últimos
días entre vecinos saludadores y somnolencias
que avizoraban su próximo fin, hasta que una
noche de l.919 murió quedamente y preguntando
la hora porque siempre fue muy curioso.
Al pie de su busto constan los
siguientes versos de José Galves. // Con su
varita mágica despertó el pasado / oidores
y virreyes, tapadas y guerreros / dando vida a la
muerte sus manos milagrosas, / abrió a nuestras
miradas un inmenso dorado. // Nuestro sombrío
cielo tachonó de luceros / y añadió
a la corona de Lima una de rosas / / Curvado por la
gloria paseó en esta avenida / aquel patriarca
mago, su ancianidad gloriosa / aquel que a nuestra
Historia diera vida con su alma / / I aunque los tiempos
pasen y cambie nuestra vida / ha de triunfar perenne
como una enseña airosa, / el nombre evocativo
de don Ricardo Palma. //