MARIANA DE JESUS PAREDES
Y FLORES
PARADIGNA EN
LA COLONIA.- Nació en Quito el 1 de Noviembre
de l.618. Hija legítima de Jerónimo
Flores Zenel de Paredes, natural de Toledo y de Mariana
Granoble y Jaramillo, dueña de la hacienda
Granoble cerca del río Pisque en el valle de
Cayambe, quienes poseían un solar en Quito,
de media manzana de superficie, con casa, patios,
jardines y demás dependencias en las actuales
calles García Moreno, Rocafuerte y Benalcázar.
La menor de una familia compuesta
de siete hermanos, fue bautizada en la iglesia del
Sagrario y según afirmación de su biógrafo
el padre Jacinto Morán de Butrón, S.
J. solo tomaba el seno dos veces al día, lo
que entonces se juzgó un prodigio y hoy solo
hubiera sido considerado una rareza, siendo inútiles
los esfuerzos de su madre para alimentarla mejor.
El suceso debió ser relatado a la niña
cuando ésta tuvo uso de razón y posiblemente
influyó sobre ella, pues tenía la imaginación
ardiente y siempre quizo sobresalir de la media con
actitudes y gestos patéticos y muy propios
del tenebrisuro de esa época, por eso desde
los siete años decidió ayunar por costumbre
y sobre todo en Semana Santa y fiestas de guarda.
De dos o tres años se
arrodillaba junto a su madre y extendiendo los brazos
en cruz oraba con ella uniendo la mortificación
a la plegaria. Una hipersensibilidad nerviosa la predisponía
a todo género de sacrificios y renuncias, como
si no viviera para el mundo de los sentidos sino para
el gozo de otra realidad.
Cuatro años tenía
cuando murió su padre y por esta causa se le
acentuaron otros rasgos de su carácter. Lloraba
cuando al cambiarle la ropa descubrían su cuerpecito
o cuando le acariciaban el rostro – esto lo
dicen los Procesos Canónicos seguidos después
de su muerte – aunque más parecen exageraciones
propias del siglo XVII, que fue un siglo de santos
taumaturgos, de mágicos prodigios y de rudos
extremos, “barroco en artes visuales, conceptista
y culterano en letras y tétrico en aspavientos
religiosos” por eso no se aceptaban los términos
medios y mientras los recoletos aprendían a
morir en vida, los frailes levantaban fastuosos altares
de oro. Sociedad teocrática donde lo religioso
dominaba todas las actividades.
Los mismos Procesos anotan que
durante un viaje se cayó del caballo a un río,
no se hundió y hasta parecía que estaba
parada sobre las aguas cuando la rescató el
asustado Mayordomo de la hacienda Hernando Palomero.
Poco después regresaron a vivir en Quito y
murió su madre. Mariana pasó a la casa
de su hermana Jerónima casada con el Capitán
Cosme del Caso, padres de tres pequeñas hijas
de casi la misma edad de Mariana, quienes desde ese
momento se convirtieron en sus compañeritas.
Por su condición de huérfana
experimentaba una cierta madurez y durante los juegos
con sus sobrinas afloraban sus sentimientos de religiosidad
pues arreglaba altarcitos dentro de su cuarto y en
las esquinas de los corredores, celebraba procesiones
con cantos y oraciones y era hermoso constatar como
obtenía que las demás niñas hicieran
lo mismo, liderando a todas por su bello carácter.
Dicha encantadora religiosidad, según cándidas
opiniones, era signo inequívoco de vocación
hacia la santidad. I volviendo a las anécdotas
constantes en los Procesos, un día cayó
de lo alto de una tapia sin lesionarse y riendo se
puso en pie. Meses después anunció que
se vendría abajo una pared lo que ocurrió
casi enseguida. En otra ocasión quizo retirarse
con sus sobrinas a lo alto del Pichincha pero un toro
bravo les cortó el paso. Una noche quisieron
ir a morir en tierras de moros o de salvajes de Mainas
que para el caso era el mismo porque entonces la geografía
era una ciencia poco menos que desconocida y tomando
las llaves salieron pero se durmieron cerca del portón
con los bizcochos y galletas que habían retirado
de la alacena y allí las descubrieron muy por
la mañana. Estas andanzas demuestran que la
niña poseía una poderosa imaginación,
facilidad para la acción, belleza, simpatía
e innata predisposición a imitar los modelos
que la vida le presentaba y que eran casi todos religiosos
y cuando la llama de un cirio prendió fuego
al velo de la Virgen de la Concepción y Mariana
logró apagarlo sin hacerse daño, también
se tuvo el suceso por mágico y milagroso.
En lo demás era una
jovencita muy normal, de faz hermosa y de conducta
modesta, que sabía leer y escribir, cantaba
con voz agradable y de preferencia la siguiente estrofilla
// Cristo, Jesús, amoroso / hermosísimo
cordero / con vestiduras nupciales / sale enamorando
el cielo // También tocaba la vihuela e instruía
a sus sobrinas y a las hijas del personal de servicio
en rezos, practicando pequeños sacrificios
como por ejemplo introducirse garbanzos en los zapatos
para lastimarse los pies.
Ciertamente que en su familia
se vivía una rara y absurda religiosidad y
tanto, que su hermana Jerónima le había
dicho en cierta ocasión “Para qué
naciste niña, a este mundo, tan hermosa y bella,
porque esa tu hermosura ha de ser para trabajos y
desdichas” con lo cual le iban quitando la alegría
de vivir y moldeando un carácter sombrío.
En eso llegó el tiempo de su primera comunión
que preparó debidamente con el padre Juan Camacho,
S. J. Quien le ordenó emitir el voto de perpetua
castidad aunque solo era una impúber, pero
así se exageraba en esos tiempos. Desde entonces
Mariana debió sentirse esposa de Cristo o dicho
sea en otras palabras una espiritual doncella unida
a la divinidad, por eso renunció a sus galas
y conservó un solo vestido para ir a la iglesia.
También renunció a su herencia, sustentándose
de lo que buenamente le proporcionaban sus cuñados
Cosme del Caso y Juan Guerrero de Salazar.
Los Jesuitas Antonio Manosalvas
y Juan Camacho eran sus confesores, quienes la guiaban
con fuerza y fanatismo, arrastrándola al duro
camino del ascetismo a base de un renunciamiento por
etapas a todos los goces del mundo y cada vez se admiraban
más de su buena disposición pues era
muy obediente y cuando ella – a su vez- solicitaba
nuevas penitencias, no se las negaban; lo que originó
un círculo vicioso que se fue estrechando con
el tiempo y duró quince años hasta su
muerte, tiempo en el cual permaneció encerrada
en su cuarto con numerosos silicios y otros instrumentos
de tortura, martirizándose sin tregua ni descanso,
simplemente porque si o como entonces era costumbre
decir, para expiar los pecados de la humanidad corrompida.
I como no tenía padres que la defendieran de
estos torpes y criminales confesores, terminó
destruida por ellos ....¡
La idea del encierro parece
que la tomó de un sueño según
lo dicen los procesos. Primero se despidió
de sus sobrinas e íntimas amigas a quienes
rogó que la consideraran como muerta, dramatismo
explicable en la colonia, pues según Hernán
Rodríguez Castelo, ese fue un tiempo dramático
dominado por la cosmovisión hispana posterior
al Concilio de Trento llena de misticismo y de tragedia,
que despreciaba la vida y huía de ella... Del
cuarto solo salía diariamente a oír
misa y a comulgar en la Iglesia de la Compañía,
pero tantas fatigas, ayunos, desvelos y obsesiones
desmejoraron su rostro.
Su hermana la trasladó
a la hacienda Saguanche donde sin embargo persistió
en sus propósitos y buscaba un lugar retirado
para aplicarse las disciplinas en la espalda desnuda,
con ramas de espino que la herían y hacían
sangrar, hasta que la pilló un empleado y dio
parte a la familia.
Por humildad jamás había
querido sentarse a la mesa de comer sino que prefería
servirla y si tomaba a sus sobrinitos en brazos pronto
los devolvía diciendo “Tomadlos que son
llorones, yo tengo un niño que se ríe
y entretiene conmigo” pues ya habían
comenzado sus fugas de la realidad, sus aberraciones,
(desvaríos, visiones) etc.
De regreso a Quito su cuñado
quiso que entrara a un convento y Mariana visitó
a la superiora de Santa Catalina pero se salió
con un pretexto antes de la noche. En otra ocasión
se hicieron los preparativos para su ingreso en el
de Santa Clara y cuando ya estaba listo hasta el banquete
de despedida y pasadas las invitaciones, entró
en oración y “oyó” que le
decían “Vive recogida en tu propia casa
con la misma estrechez, pobreza y abstracción
de todas las cosas del mundo, como pudieras hacerlo
entre los muros de la comunidad más austera”
y por eso no ingresó.
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