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RODRIGO PESANTES RODAS
CRITICO Y POETA.- Nació en Azogues el 25 de Julio de l.937. Hijo legítimo de Abelardo Pesantes Garzón, tipógrafo cuencano, propietario de una imprenta, periodista y editor del semanario “La Voz Cañari” y de Dolores Rodas Quintero, natural de Azogues y treintisiete años maestra desde las escuelas rurales hasta la Dolores J. Torres, considerada la más importante de Cuenca. También fue miembro educadora del tribunal de Menores de Azogues por diez años y dirigente del partido Liberal en su provincia, fallecida en 1.973.

El mayor de siete hermanos, aprendió las primeras letras a través de su madre que le hablaba en refranes y recitaba poemas de los místicos españoles como oraciones. De siete años inició la primaria en la escuela de los Hermanos Cristianos y terminó la secundaria en el Colegio Juan Bautista Vásquez. Sus versos iniciales datan de l.956 cuando obtuvo el Primer Premio con un soneto a Eva Perón durante un concurso intercolegial celebrado en Azogues. Pronto comenzó a publicar en la revista Patria que editaba el Dr. Luis R. Uquillas en Riobamba y en el diario El Comercio de Quito. El Presidente del Núcleo del Cañar, Carlos Aguilar Vásquez, le alentaba a proseguir en los caminos de la lírica y se graduó de Bachiller.

En Abril del 58 se estableció en Quito, empezó a estudiar la especialidad de Químico Biólogo en la Facultad de Filosofía y Letras de la U. Central y triunfó en el Concurso convocado por la FEUE con el poema “El Arbol”. Durante una proclamación de reinas pronunció un discurso que sorprendió gratamente al Decano Luis Verdesoto Salgado y al Subdecano Fabián Jaramillo, quienes le convencieron para que se cambiara a Castellano y Literatura. Poco después comenzó a investigar sobre la mujer ecuatoriana en la poesía a través de frecuentes visitas a la Biblioteca Nacional de Quito, la jesuita de Cotocollao y la del Benigno Malo de Cuenca mientras enseñaba a los niños de la escuela San Andrés de los padres franciscanos dirigida por su amigo y paisano el padre Cristóbal Zambrano.

El 60 aprobó el primer curso de Literatura y Castellano y se trasladó a vivir con su familia en Guayaquil, reinició sus estudios y fue llevado como profesor accidental al Normal Rita Lecumberry por la rectora Lic. Aurora Vallejo Arrieta, vinculándose a lo más representativo de la intelectualidad porteña y en especial a los poetas y novelistas Miguel Augusto Egas a) Hugo Mayo, Rosa Borja de Ycaza, Aurora Estrada de Ramírez, José Maria Egas, José Antonio Falconí Villagómez, Humberto Salvador, Enrique Gil Gilbert y a Adalberto Ortíz en la secretaría de la Casa de la Cultura y con los más jóvenes como Euler Granda que había arribado de Quito a estudiar medicina en Guayaquil, Nancy Carlin Iglesias, Ana María Iza que de vez en cuando venía a dar recitales al puerto e Ignacio Carvallo con quien fundó el grupo literario “Nosotros” y cuyos primeros poemas dentro de esta asignación fueron publicados en El Universo.

Acostumbraban reunirse en casa de Ileana Espinel y fraternizó versos y aspiraciones con algunos integrantes del Club Siete como David Ledesma Vásquez, Sergio Román Armendáriz, Gastón Hidalgo y publicó con Nancy Carlín y Agustín Vulgarín un folleto titulado “Espirales Poéticas” donde colaboraron poetas de generaciones anteriores tratando de configurar una presencia comprometida ante todo con el hombre, a quien se le estaba negando el derecho a reafirmar una estatura de reivindicaciones sociales. La voz estaba perdida, había que unirla, afianzarla y gritar con esa voz, aunque la voz también estuviese amenazada, pues, desde la misma dirección del Núcleo se los ignoraba pues todos los esfuerzos se dirigían a formar el museo de oro y a organizar expediciones arqueológicas pero al producirse la revolución de l.961, que trajo consecuencias culturales, intervino en la toma del edificio de la Casa de la Cultura y las cosas cambiaron favorablemente.

Desde el 59 mantenía una columna de notas bibliográficas del austro en el diario La Nación. El 60 fue electo delegado por Filosofía, concurrió a las sesiones del Consejo Universitario y el Rector Antonio Parra Velasco auspició su primer libro “Presencia de la mujer ecuatoriana en la poesía” que vino a llenar un vacío en nuestras letras. El 61, el Lic. Luis Felipe Torres, Director Provincial de Educación del Guayas, lo llamó al desempeño de la cátedra de Literatura con S/. 2.625 mensuales y allí permaneció hasta el 67.

Su maestro Ezequiel González mas le motivaba constantemente. También el 6l apareció su primer poemario “Sonetos para tu olvido” con doce sonetos, que circuló obsequiado. Hernán Rodríguez Castelo, cuya crítica vamos a seguir de aquí en adelante, ha opinado de este primer trabajo que “mostró una firme voluntad de dominar el molde austero y sabio del soneto. Generalmente está a punto de redondear la fórmula feliz y en lugares lo logra con ecos de los clásicos del barroco, léxico con capricho de riqueza y ritmo seguro como atreverse a variaciones en las relaciones métrico – sintácticas.”

El 62 sin embargo, dejó el soneto y en apertura hacia la forma libre impuesta por lecturas a César Vallejo y Pablo Neruda, sobretodo al primero, editó su segundo poemario “Vigilia de mi sombra” en 46 pags. donde “una nueva emoción busca libertades métricas, pagándolas con creces, con ritmo seguro. Hay aciertos de fórmula verbal más ricos y sugestivos y mayor vuelo de imágenes. Se establece una cierta dualidad: de un lado fórmula corta y recortada: del otro, forma que trasunta emoción directa. Aquella es sin duda la más acertara y por allí va a cobrar el poeta sus mejores piezas a la hora de la síntesis.” Obtuvo por entonces el título de Profesor de segunda enseñanza de Castellano y Literatura e ingresó a la Casa de la Cultura, siendo electo Vicepresidente de la sección Literatura.

El poeta colombiano Omar Velásquez le invitó a dictar conferencias en la U. del Valle de Cali y durante el viaje, “el recuerdo de un lejano amor vino a cristalizarse en un conjunto de sonetos que bajo el título de “Denario del amor sin retorno” envió al Concurso de poesía de El Universo y logró el Primer Puesto con /. 5.000 de premio y diploma y por supuesto también logró la consagración nacional. La obra premiada se editó en 22 pags. y “aparece seguro y fácil de ritmo, que responde a briosa emoción erótica, menos trabajado el léxico. Apenas en soneto como el IX el retruécano nos recuerda y hace añorar el encaprichamiento de los primeros sonetos. No cavía duda, la conquista de una voz personal se iba haciendo a costa de sacrificar refinamientos.”

El 63 egresó con la Licenciatura. Un viaje a Concepción, Chile, a recibir Literatura de postgrado, le abrió nuevos horizontes y en un Concurso de Poesía Infantil convocado por el Ministerio de Educación obtuvo el primer Premio de S/. 5.000 con “La Patria y el niño” que editó como un breve paréntesis didascálico, es decir, de sentido y orientación pedagógica.

El 64 se doctoró con Premio Contenta sustentando la tesis “El Romance en el Ecuador” y fue designado por concurso para la cátedra de Literatura ecuatoriana y Crítica literaria en la Universidad, donde aún continúa. El 65 contrajo matrimonio en Azogues con la poetisa Ana María Iza e instalados en Guayaquil iniciaron una etapa de grandes logros intelectuales. Fue designado Vicerector del Colegio experimental universitario Francisco Campos Coello. El 66 dio a la luz el primer tomo de “La Nueva Literatura Ecuatoriana” en 219 pags. con antología y crítica, libro considerado como algo más profundo que un simple texto, iniciando su carrera de crítico. El 64 editó una recopilación didáctica de “Treinticuatro sonetos” con notas biográficas de autores ecuatorianos en 36 pags. y en homenaje de cariño a sus hijas Hania Maria y Natalí Lucía escribió con su esposa el raro poemario “Pasaporte del sueño” en 16 pags. que apareció junto a “Los cajones del insomnio” de Ana María Iza en 12 pags. dentro de un folleto titulado “Poemas” con voces ásperas y violentas pero de hermosas e incitantes metáforas, cuya edición casi fue destruida en su totalidad, de suerte que los ejemplares que han quedado no pasan de la docena y por eso no consta en la “Lírica Ecuatoriana Contemporánea” ni en otras antologías menores.

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