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HERNAN RODRIGUEZ CASTELO
HUMANISTA.- Nació en Quito el 1 de Junio de 1.933 y fueron sus padres legítimos Luis Humberto Rodríguez Dávila natural de Otavalo, profesor primario y Director de la escuela de varones. En l.932 pasó a Quito con su esposa María Esther Castelo Peñaherrera y fue profesor de Historia y Geografía en el Mejía y en el Central Técnico. Ella era ibarreña, había sido Directora de la escuela Gabriela Mistral de Otavalo, en Quito siguió cursos de normalista y ocupó el Vicerectorado del Liceo Fernández Madrid.

Inició la primaria en una escuela fiscal de Quito pero al siguiente año le negaron la matrícula por alborotador. Cambiado de escuela, por atrasarse un día le pusieron en fila para recibir su palmeta y como no se dejó castigar tuvo problemas y también lo cambiaron. Del cuarto al sexto grado estudió en la escuela Espejo y obtuvo el Primer Premio en un concurso sobre González Suarez relevando sus méritos como escritor. El periódico La Voz del Pueblo realizó un concurso nacional sobre la vida de Mariana de Jesús en solo cien palabras y también lo ganó con un trabajo de síntesis que resultó magnífico.

Inició la secundaria en el Montúfar donde organizó una huelga de silencio, la primera en la historia del Colegio. Al siguiente año le negaron la matrícula y pasó al San Gabriel donde comenzó a escribir en el periódico “Adelante” que aparecía con ilustraciones al xilograbado. Por eso sus compañeros le apodaron El Literato.

La escritora Zoila Ugarte de Landívar, muy viejecita y gran amiga de su madre, corregía sus redacciones. Una mañana lo llevó al almuerzo de gala del Círculo de la Prensa y lo sentaron al lado del general Angel Isaac Chiriboga que presidía la mesa. Vivía con su familia en la calle Portilla, eran felices, leía mucho y bien, entre dos y tres libros por semana, divirtiéndose con Salgari, Zola, Verne. Eran cuatro hermanos varones y la menorcita mujer, se prestaban los libros unos a otros.

Durante el cuarto año conoció al Padre Misael Vásquez, S. J. Pues habiendo averiguado que sabía la Iliada de memoria en latín, el joven aprendió los primeros versos y se los fue a recitar, causándole gran alegría. También amaba el cine y una tarde, mientras presenciaba la proyección de la gran película del cine italiano “Ladrón de Bicicletas”, se cortó el rollo y encendieron las luces. Un señor dijo: Esta película es una porquería y para su sorpresa el joven de su lado comenzó a explicarle los valores del film. “En ese momento comprendí que sabía de cine y me dediqué a ver las grandes películas.”

En sexto curso se matriculó en la especialidad de Fisico-Matemáticas, como un reto a si mismo porque no le agradaban las matemáticas y aprobó con la máxima nota, obteniendo el bachillerato en esa especialidad. “Entonces comenzó la lucha con mi padre que no deseaba que fuera sacerdote y al fin triunfé. Entre el 51 y el 53 estudié Ascética y Mística en Cotocollao que por esos días era el mayor centro de estudios clásicos de los jesuitas en América latina, bajo la dirección del Padre Aurelio Espinosa Pólit, S. J. Allí me encontré con varias costumbres raras por anticuadas. Habían sacerdotes ancianos que jamás habían concurrido a un cine y nos estaba prohibido hacerlo a los seminaristas, por eso le encomendé a mi hermano menor Edmundo, que viera determinadas películas para que me las pudiera contar.”

Entre el 53 y el 56 realizó estudios de Literatura en el Instituto de Humanidades Clásicas y obtuvo la Licenciatura con la tesis “El método de crítica y análisis literario ( de la prelección ) del Padre Espinosa Pólit”, colaboró con la revista guayaquileña Catolicismo donde apareció su sainete “El decreto 2l-29” en defensa de la educación confesional. El 30 de Diciembre del 56 estrenó con un grupo de aficionados su traducción del cuento “Canción de Navidad” de Dickens, arreglado para teatro.

Entre el 56 y el 59 asistió a la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Quito. Fue su segunda Licenciatura. Este último año inició un Diario emocional que continuó en forma más bien esporádica hasta su publicación en los años 90, inicialmente le llamó “Neuma” que significa alma en griego.

Entre el 59 y el 62 enseñó Literatura en el Colegio San Gabriel donde fundó varias academias literarias y ayudó a formar entre sus alumnos a varios intelectuales y recuerda a Patricio Quevedo, Vladimiro Rivas, Gonzalo Ortíz Crespo, Benjamín Ortíz, Federico Ponce, Francisco Proaño Arandy, Javier Ponce, etc.

Desde el 59 tuvo columna propia en el periódico de los jesuitas de Quito bajo el pseudónimo de “Tragicristiano”. El escribió “Historia de cien años del Colegio San G Gabriel” en 28 pags. y un texto de Filosofía optativa en 132 pags que apareció mimeografiado para consumo de sus alumnos y a fin de que estudiara Teología fue enviado a la Universidad de Comillas junto a Santander en el norte de España, donde permaneció hasta el 65 ganando el bacalaureado en Teología.

Durante estos años logró conectarse con el mundo intelectual de España escribiendo para las revistas “La Estafeta Literaria” y “Reseña” que ayudó a fundar. Fue presentado a Carlos Robles Piquer. Director del Instituto Nacional del Libro español, quien le solicitó su ayuda para tratar de liberalizar la cultura española, fuertemente influida por la política dura de un franquismo agónico y postconciliar que no cedían posiciones ante las nuevas tendencias de occidente. Con tal motivo inició una campaña educativa a través de publicaciones de tanta importancia como “Sal terrae”, “Educadores”, “Humanidades” y “Cuadernos Hispanoamericanos” entre el 62 y el 64 bajo los siguientes títulos: 1) “Un niño quiere leer” en 44 pags. 2) “El Universitario que no sabía leer” en 48 pags. 3) “Carta a uno que no entendía” en 48 pags. 4) “Conversar con Jesús” en 32 pags. 5) “Bibliografía práctica de teatro para jóvenes” en 9 pags. 6) “Los hermanos Karamasov, un himno a la alegría” en 30 pags. 7) “La novela nueva llamada a juicio” en 11 pags. que despertaron injustos recelos entre la jerarquía jesuita española, después continuó con 8) “Teatro ecuatoriano” en 39 pags. que constituyó una rápida evocación del movimiento escénico en nuestro país, 9) Trescientas obra de literatura infantil y juvenil” en 23 pags. y 10) “Cómo tiene que ser el cine para niños” en 19 pags. artículos de apertura a nuevos parámetros y formas de ser y pensar. También fue designado Jurado de Cine, viajó mucho y dictó cursos sobre estos temas. Era feliz pero su situación personal en la orden se volvía cada vez más difícil y al escribir un artículo titulado “Grandes libros malos” opinando que no había razón para que un joven de quince años leyera a Dostoievsky le salieron al paso dos escritores jesuitas de la vieja escuela que le contradijeron por la prensa. El asunto se volvió polémico y hasta ocasionó cierto revuelo, pero causa tan nimia sirvió para que algunos jesuitas ortodoxos lo sacaran de la Universidad de Comillas y tuvo que volver al Ecuador. Mas, en Quito, parece que su posición había despertado recelos y lo enviaron a Guayaquil sin tomarle el examen final para su aceptación definitiva.

En tales circunstancias enseñó durante seis meses en el Colegio Javier y el 66 solicitó su salida de la Orden. Unos opinaron que eso estaba bien porque siempre había sido una pieza dislocada por su afán innovador. Otros dijeron que no pues le consideraban un valioso dirigente estudiantil; mas, fue el Padre Marco Vinicio Rueda, S. J. quien dio la última palabra al respecto comentando que era una vergüenza que un jesuita tuviera que salir de la Orden por querer trabajar dentro del espíritu de Loyola y que eso revelaba el grado de decadencia al que habían llegado.

De esta época es su libro “Cristo mío” en 120 pags. explicativo de su proceso interior desde que llegó a jesuita en l.954 hasta su salida doce años después. La oposición de su padre, su felicidad inicial, los estudios clásicos, la influencia del Concilio Vaticano II y su decisión y compromiso con la nueva Iglesia de la Liberación a la que se pertenece; iglesia de las Catacumbas, iglesia mártir que triunfará al final por sobre todas las jerarquías políticas y eclesiásticas.

Ya de seglar inició un vertiginoso ritmo de vida alternando ratos de bohemia con otros de obra seria y sustantiva. Carlos de la Torre Reyes le abrió las puertas de “El Tiempo” de Quito y el 1 de Junio del 66 inició una página cultural que duró diez años, recogiendo el quehacer artístico, literario, científico, bibliográfico y cinematográfico del país. Esfuerzo múltiple que al principio realizó solo y después a medias con algunos colaboradores. Además mantenía dos columnas, una los sábados llamada Microensayos y otra que salía tres veces a la semana denominada Idioma y Estilo, que luego apareció por mucho tiempo en Expreso de Guayaquil, siendo una lástima que sigan desperdigados pues podrían formar varios interesantes volúmenes.

También dictaba clases de Literatura en los Colegios América y San Gabriel pues siguió manteniendo excelentes relaciones con la Orden al punto que el 84 editó en el No. 81 de la Biblioteca Ayacucho del gobierno de Venezuela un estudio en 312 pags. sobre el período jesuítico ( siglo XVII ) denominado “Letras de la Audiencia de Quito” ensayo único en su género.

El mismo año l.966, a la caída de la Junta Militar de Gobierno, promovió con otros intelectuales una Revolución Cultural y se tomó con Oswaldo Guayasamín y otros miembros el local de la Casa de la Cultura Ecuatoriana haciendo elegir nuevo Presidente a Benjamín Carrión, después fundó el Cine Club de la crítica con funciones cada lunes sobre moral y cine, que transformaron el gusto y el criterio de la gente.

En 1.967 casó con Pia Cabrera Velásquez, riobambeña, tienen tres hijos: Sigrid, Cristian y Selma, editó “Teatro” en 171 pags. en la CCE. con sus obras “l hombrecillo” , “La noche aquella”, “El hijo” y “La fiesta” calificadas por Ricardo Descalzi como piezas donde se siente un contenido revolucionario de tipo cristiano. También tiene escrito para teatro “El Principito” adaptación del libro de su nombre, “La conquista del reino” y “Feliz dia señor San José”.

El 68 integró la Comisión que elaboró la nueva Ley de Cultura y apareció en la CCE su ensayo polémico titulado “Revolución cultural” en 95 pags. fundamentando los lineamientos principales del movimiento que acababa de triunfar, un poco parricida por cierto, pero necesario para el ajuste con la realidad. Esta obra lo situó entre los más importantes culturólogos de latinoamérica y fue contratado por la ONU para asesorar al Ministerio de Cultura de Bolivia.

El 69 editó un “Cursillo elementalísimo de Cine” en 40 pags. y “El Tratado práctico de puntuación” en 240 pags. que vio una segunda edición al año siguiente. El 70 incursionó en la bibliografía morlaca con “Señales del Sur” en 94 pags. Para esa fecha se había comprometido con la Editorial Ariel a escribir los prólogos de los cien tomos de Clásicos Ariel a razón de S/. 1.500 cada prólogo, aparte de ciertos derechos que se estimaron en la cantidad de diez centavos por ejemplar que se vendiera después de los diez mil.

Para cumplir con esta formidable tarea de investigación y crítica que abarcó más de dos mil páginas de material, trabajó intensamente desde el 69 hasta el 72 en las bibliotecas del país, especialmente en la de Carlos Manuel Larrea, “el hombre más generoso del mundo” y fueron apareciendo los cien volúmenes, primero en la sierra y luego en la costa, tímidamente al principio y luego en forma triunfal, pues el país entero comprendió que se trataba del esfuerzo editorial más importante del siglo, se aceptaron sin discusión los textos que había seleccionado como los mejores y la crítica que hacía de ellos. Igualmente se aplaudió el método generacional empleado con tanto éxito y se aceptó su magisterio, que no ha decaído hasta la fecha.

Había nacido el gran crítico, docto investigador histórico y literario que hablaba latín y leía griego. El gobierno nacional le otorgó la Medalla al Mérito Educacional de Primera Clase que generosamente compartió con la Editorial. De allí en adelante fue buscado por las Universidades para dictar cursos y seminarios y por instituciones especializadas como la CIDAP ( seminario de Cuenca en l.980 ) la UNESCO ( París en Mayo de l.983 ) los gobiernos del Ecuador ( Quito en l.970 y el 80 ) y Venezuela ( Caracas en l.981 ) las Naciones Unidas ( Noviembre de l.979 )

Hernán ha sabido orientar sus esfuerzos e investigaciones a través de tres grandes vertientes: 1) La Lingüística, no solo como ciencia del pasado sino también como una visión contemporánea y por ello la Academia Ecuatoriana de la Lengua lo llevó a su seno en l.971 y el diario “Hoy” publicó la columna “Hoy en el idioma”.

Ya hemos hablado de su “Tratado práctico de la puntuación” y aparte de él ha editado: 1) “El español actual, enemigos, retos y política” en l.975, 2) “El Hermano Miguel lingüista” en l.978, 3) “Cómo nació el Castellano” en l.979, 4) “Léxico sexual ecuatoriano y latinoamericano” ese mismo año, 5) “Habla y estilo de Bolívar” en l.981, 6) “Manual de ortografía” el 86.

El 82 adquirió una quinta en Alangasí dentro del valle de los Chillos y se trasladó a vivir allí con los suyos, compartiendo la tranquilidad que brinda el campo.

Como crítico literario, poético y artístico ( su segunda vertiente ) escribe no para halagar ni como forma fácil de escalar posiciones sino como cientista total, por eso no acostumbra obsequiar adjetivos ni se deja llevar por sentimentalismos. En “El Tiempo” mantuvo por diez años su columna “El libro de la semana” y en “Expreso” la titulada “De libros y gentes”.

El 90 editó “Lírica ecuatoriana contemporánea” en dos tomos, considerado un libro genial de crítica, el primero en su género y el único completo en el país, fundamental para el cabal conocimiento del quehacer poético desde los inicios del siglo XX . El 85 editó en el Círculo de Lectores su “Antología de la poesía lírica ecuatoriana” en 15.000 ejemplares que se agotaron enseguida.

Dentro del arte es autor de más de cien monografías aparecidas mensualmente en la revista Diners sobre pintores y escultores contemporáneos. También es autor del prólogo del libro sobre Eduardo “Kingman” y de “El Arte Sacro Contemporáneo” en l.985, así como el de “El siglo XX en las artes visuales en el Ecuador” que editó el Banco Central en Guayaquil.

También ha sobresalido en cuanto al periodismo crítico, realizando en la década de los años 70 sus famosas entrevistas a personajes de nuestro arte y cultura a través de su columna “Por si mismo”.

Su tercera vertiente ha sido la literatura infantil tan abandonada entre nosotros. En “Meridiano” de Guayaquil dirigió la revista infantil “Caperucito Azul” y antes y después ha dado a la publicidad cuentos tan variados y tan lindos como “Caperucito Azul” el 75, “El Grillito del trigal” 79, primer libro infantil incorporado en una Colección de libros para adultos, “El Fantasmita de las gafas verdes” el 84 bellamente ilustrado por Jaime Villa , “Tontoburro” el 83, “Memorias de gris, el gato sin amo”, “El hada buena de las tildes”, “El aprendiz de Mago” y “El cuento de la vida de Andersen” También es autor de “Grandes libros para todos” en dos ediciones.

Ha dictado cursos para la CIESPAL ( Centro Internacional de periodismo para América Latina ) y en concluir su “Historia General y Crítica de la Literatura ecuatoriana” en seis volúmenes gruesos, de los que ya han aparecido 1) “Literatura precolombina y siglos XVI y XVII” en el No. 100 de Clásicos Ariel, 2) “Literatura de la Audiencia de Quito siglo XVII” en l.980 auspiciada por el banco Central y “Literatura ecuatoriana l.830-1.980”

De estatura más que mediana, contextura regular, blanco tostado por el sol, pelo negro y ondeado. Habla claro y con propiedad sobre los más diversos temas culturales al punto que está considerado el perfecto humanista ecuatoriano y el crítico mayor de nuestra contemporaneidad.