ADOLFO H. SIMMONDS
GUERRERO
PERIODISTA.- Nació en
Guayaquil el 23 de septiembre de 1892. Hijo legítimo
de Adolfo Hauer-Simmonds y Codiña natural del
puerto de Santa Martha , tenedor de libros que arribó
viudo a Quito contratado por la fábrica de
cigarrillos el Progreso. Allí hizo dinero,
adquirió propiedades y contrajo segundas nupcias
con Ramona Guerrero Martínez de esa ciudad.
Después pasaron a Guayaquil y trabajó
en “La Nacional”, fabrica de calzado,
puso una tenería propia y aumentó sus
haberes adquiriendo varios terrenos en el sector de
la plaza de la Victoria que sus herederos malbarataron
años más tardes. Los Hauer-Simmonds
habían sido judíos alemanes llegados
a Colombia a mitad del siglo XIX como armadores de
barcos, profesión tradicional de esa familia
en los astilleros de Hamburgo y Bremen.
En 1900 inició los estudios
primarios en el colegio San Luis Gozaga y en 1906
realizó la secundaria en el Vicente Rocafuerte,
pero sólo hasta quinto curso, enviando polémicas
colaboraciones a “El Grito del Pueblo Ecuatoriano”
bajo los pseudónimos de Moisés Hauer
y Pedro Gallo”. En 1910 se fundó el semanario
“El Guante” inspirándose en la
circunstancia de ser cinco, como los dedos de la mano,
los jóvenes que lo iniciaron, alguno de los
cuales ideó firmar sus artículos con
los nombres especiales de los dedos. Ese año
fue atropellado en la esquina de 9 de octubre y Boyaca
por un automovilista que lo envío a curarse
a una clínica con una pierna rota.
En 1911 pasó al Colegio
“ Pedro Carbo” de Guaranda donde se graduó
de Bachiller, de regreso a Guayaquil escribió
para “El Alacrán” con José
Vicente Trujillo; también se agregó
a la redacción de “El Guante” con
Manuel J. Calle y cuando el 27 de agosto se imprimió
la edición del primer aniversario, apareció
su caricatura.
En el Guante era costumbre usar pseudónimo
y salieron a relucir los nombres de los famosos mosqueteros
del Rey de la célebre novela de Alejandro Dumas.
D’ Artagan era Germán Lince Sotomayor,
Athos Jorge Diez, Porthos Adolfo H. Simmonds, y Aramís
Juan Emilio Murillo Landín. De todos ellos
solamente Simmonds y Murillo persistieron en el cultivo
de las letras. Simmonds pasó casi enseguida
a dirigir la página literaria de “El
Guante” contando con colaboradores tan importantes
como Miguel Valverde, Manuel J. Calle, Miguel E. Neira,
Eleodoro Avilés Minuche y José A. Falconí
Villagómez. Para entonces usaba los pseudónimos
de Francisco de Olmos, Mauricio Romantier, Raúl
Rojas.
Entonces inició la carrera
de Medicina que no pudo concluir pues se dio cuenta
que no estaba interesado mayormente en esa ciencia
y pasó a la Facultad de Química y Farmacia
donde tampoco llegó a graduarse pero trabajó
de ayudante del Dr. Roberto Leví en la Planta
Municipal Stasanizadora de leche.
En 1915 colaboró en “El
Pueblo” el 16 lo hizo en “Semana Gráfica”
y el 17 al ocurrir la muerte de Calle, fue considerado
uno de sus sucesores. A fines de abril de 1921 principio
a escribir en “ El Fuete” de Pompilio
Ulloa Reyes y el 22 formó parte de la redacción
de “El Telégrafo”, donde trabajó
por espacio de 47 años hasta su muerte.
Fue su época romántica,
gustaba cantar con su bella voz de tenor y se aficionó a la fina bohemia intelectualizada, quizá como medio para escapar
al tedio del vivir cotidiano en un ambiente vulgar
y como evasión suprema de su espíritu
de esteta. También era activista del Kuo Min
Tang y defendía por la prensa a los inmigrantes
chinos.
En 1925 contrajo nupcias con
la Prof. María Cristina Dueñas Cartagena,
una de las fundadoras del Colegio Técnico de
Mecanografía, Taquigrafía y Secretariado
(Redacción Comercial) como entonces se llamaba
y que después de la revolución del 44
se transformó en el Colegio 28 de Mayo de Guayaquil.
El 25 también colaboró con la revista
“Savia” de José María Aspiazu
. Era un excelente crítico de arte en una época
en que sólo realizaba esta labor el periodista
español Francisco Ferrandiz Albors bajo el
seudónimo de “Feafa”. Igualmente
era aficionado a los toros, hacía crítica
taurina para varias revistas, asesoraba a los presidentes
de las corridas y sus consejos nunca eran desechados.
En mayo de 1926 figuró
entre los delegados del Guayas a la fundación
del partido Socialista Ecuatoriano. En 1928 empezó
a colaborar en prosa verso en la revista “Páginas
Selectas” que se editaba en la imprenta del
diario “El Telégrafo” y con el
Dr. Rigoberto Ortiz Bermeo y Francisco Ferrandiz Alborz
colaboró en los dos pequeños periódicos
que imprimía el primero titulados “Ardeplo”
órgano del Sindicato Regional de Educadores
del Guayas y “Expectación” de política
y literatura. Ese año fundó el sindicato
periodístico “Prensa Simmonds”
que tuvo corresponsalías en varios diarios
del continente. “En lo personal era aparentemente
un hombre contradictorio: delicado y gentil hasta
la exageración que siempre andaba desprevenido
como volando en una nube y al mismo tiempo era el
ácido escritor político, crítico
de feroz sátira, el hombre de regreso de todas
las esperanzas.”
En 1931 ocupó por varias
semanas la Subsecretaria de Gobierno y de Educación
en la Presidencia Interina de Alfredo Baquerizo Moreno.
De allí pasó al Departamento de Estadísticas
del Banco Central en Guayaquil. Cada fin de año
debía viajar a la capital a preparar el Informe
General del Banco y en varias ocasiones lo contactaron
para redactar los borradores del Informe a la Nación
que anualmente acostumbran leer los Presidentes de
la República.
En 1932 escribió
con Luis Gerardo Gallegos la mayor parte de la revista
“Semana Gráfica” de José
Santiago Castillo. El 33 empezó a desempeñar
la cátedra de Castellano en el Vicente Rocafuerte,
luego tendría a su cargo la de Literatura Universal.
Hablaba en tono bajo pero claro haciéndose
querer de sus alumnos por su amplísima cultura
pues había leído mucho aunque en forma
por demás desordenada y como en la prensa ganaba
poco, sufría de los males del subempleo, cubriendo
parte de su presupuesto mensual con las más
diversas labores, escribiendo tesis de grado sobre
asuntos tan variados como sólo un humanista
hubiera podido hacerlo. En cierta ocasión redactó
una tesis sobre Higiene y Salud Pública y los
profesores de la Facultad de Medicina recomendaron
su publicación, sin imaginar que no era del
alumno cuyo nombre figuraba en la carátula
y encontrándole méritos científicos
sobresalientes y hermosos estilo literario. En la
revista del Vicente colaboró con artículos
y ensayos, en 1949 apareció “La formación
del teatro ecuatoriano, fragmentos de una conferencia”
que se convirtió en fuente de consulta obligada
para todos aquellos que querían conocer un
poco más de la historia del teatro en nuestra
Patria.
En “El Telégrafo”
hacía de todo desde editorialista hasta gacetillero
sujetándose al horario más raro del
mundo; pues, a la cinco de la tarde concurría
a su oficina particular que daba a la segunda ventana
del segundo piso del edificio por el lado de 10 de
Agosto y allí redacta el editorial y su columna
titulada “Cosas que pasan”, encontrando
serios tropiezos para hallar los temas a propiados
pero una vez que los tenía en mente, escribirlos
era tan sencillo y natural que lo hacía en
pocos minutos entregando sin corregir a la imprenta.
De su columna se ha dicho que era notable por la erudición
de su autor, evidente en los temas más disímiles
y por el urticante humor que invariablemente enronchaba
al aludido.
A eso de las ocho de la noche
bajaba a la redacción a conversar con los demás
periodistas, controlando sus trabajos; pero, como
era amiguero, se escapaba al restaurant “El
Búho” a tomarse una tácita de
café con viejos conocidos, alternando esos
momentos de solaz con otras visitas a la redacción
que no descuidaba y así hasta las cuatro de
la mañana hora en que se retiraba a su casa
y dormía hasta las diez, que se bañaba,
vestía y concurría a los Bancos. Almorzaba
siempre pescado, platillo del que era aficionadísimo,
creyendo que por esa costumbre gozaba de tan buena
salud. Por la tarde dormía la siesta, escribía
y salía a las cuatro dirigiéndose a
su oficina en donde como ya hemos visto llegaba a
las cinco a trabajar.
Por eso algún
chusco le dijo en cierta ocasión que era un
invertido porque invertía el horario haciendo
el día noche y la noche día y el chiste
le hizo tal gracia que luego lo repetía y festejaba
siempre.
En 1936 fue expulsado a Chile
por haber escrito un artículo titulado “La
Ley Externa” que la dictadura boba pero implacable
del Ingeniero Federico Páez no pudo soportar.
Entonces pasó por las distintas redacciones
de periódicos y revistas de Santiago escribiendo
sobre temas de su predilección y mientras duró
su extrañamiento, el espacio del editorial
aparecía en blanco. Estos fueron sus mejores
tiempo, su pluma era nerviosa, sus ideas socialistas
y hasta llegó a pedir cien entierros de primera
para salvar al Ecuador.
Durante los años de la
segunda Guerra Mundial formó parte del grupo
de Protección a los judíos en el Ecuador
que presidía Max Wasserman. En 1947 fue Ministro
Consejero de la delegación Ecuatoriana, por
la prensa, a la conferencia Interamericana de Bogotá
y estuvo alojado, casualmente en el mismo hotel, con
el joven Fidel Castro, presenciando desde allí
el bogotazo, con su secuela de crímenes, incendios,
muertes, violencias y destrucciones.
Cuando su amigo Teodoro Alvarado
Olea ocupó el Ministerio del Tesoro en la década
de los 50, lo ayudo en la elaboración del “Plan
de la Producción” considerado el punto
de partida de la estructuración de la Junta
de Planificación.
Por esa época construyó
una casa mixta esquinera en Guaranda y Portete, sector
que se volvió famoso por la gran cantidad de
golondrinas que por las tardes llegaban a posarse
en los cables de luz eléctrica. El espectáculo
era único, duro varios años y aún
hay gente que lo recuerda. En dicha casa vivió
feliz con su esposa e hijos hasta su última
enfermedad.
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