SEBASTIAN SALAZAR BONDY
Fue una de las más
raras personalidades literarias del Perú, pues
nació en Lima en 1924 y murió de solo
41 años en 1965, amargado, pobre y desesperanzado
por el retraso de una revolución que nunca
llegó y él "se desvaneció
en el aire con la misma irrealidad conque había
vivido una vida casi estrictamente literaria"
Era alto, delgado y de perfil
afilado. Hacia 1944 publicó su primer libro
titulado "Voces de la vigilia” donde circula
una negra vaharada de pesimismo, de tedio. Después
editó "Cuaderno de la persona" con
prosa de amarguras y adjetivos truculentos. En 1947
puso en escena "Amor, gran laberinto" y
en 1949 salió "Máscara del que
duerme", "donde atrona el tácito
aire del suspiro, con quejas sobre la inestabilidad
de su destino y el contraste desolador de su mundo".
Era un literato a tiempo completo que se entregaba
a la narración, al relato periodístico
y a la declamación social y trabajaba como
poeta y comentarista del diario "La Prensa".
"Los años fueron
transformándole en un ser irascible, en un
extremista que hablaba incansablemente de la revolución,
sin practicar¬la, salvo en sus aspectos de relación
de sala, corrillo y calle; "pero aún así,
seguía cultivando una literatura decadente,
con arrebatos emoti¬vos. Por esa época
salió peleándose de "La Prensa"
y terminó trabajan¬do en diarios y revistas
reaccionarios, donde solamente por su amor a la literatura
podía permanecer quién sentía
la revolución como parte de su ser.
En 1950, prosiguió como
autor teatral con la obra "Tres confesiones";
en 1951 "Como vienen se van" y "Los
ojos del pródigo", así como "El
trapecio de la vida" drama en un solo acto y
"Los Novios". Era el más prolífico
literato peruano y a través de los personajes
se movía sobre temas de esa actualidad con
discusiones estético, sociológicas,
históri¬cas y narrativas; en un plano típicamente
intelectual, de corte disgresivo, en que el poeta
conversaba con un público elevado, una élite
a la que él mismo se pertenecía, sin
jamás rendirle pleitesía al vulgo aplebeyado,
que por otra parte, trataba de defender y auxiliar.
Salazar tenía otra característica
muy propia en él, pues gustaba de representar
sus obras con aquel garbo que también lo distinguía
en los courts limeños de tennis, a los que
dedicaba algunas horas a la semana, vestido de punta
en blanco. Su teatro fue calificado de emoción
colectiva con ráfagas de sátira y de
farsa; antes que revolu¬cionario, fue un literato
vital, que trataba de estar al día en la línea
roja, sin experimentarla más que superficialmente;
sin embargo, la curiosidad le incitaba a mirarlo todo
para testimoniarlo y esto salva la veracidad de su
obra.
En 1952 incursionó en
el drama histórico con "Rodil" pero
también subió a escena "El de la
valija" demostrando que poseía tan buenas
cualidades para los temas serios como para los detectivescos.
En 1954 estrenó "No hay isla feliz"
anunciando un desencanto final y escribió un
relato "Náufragos y sobrevivientes"
en que entraban en conflicto un grupo de personas
diferentes, que al final se unían ante la situación
creada por el naufragio y luchaban juntas para alcanzar
un objetivo común.
En 1956 estrenó "Algo
que quiere morir" y el juguete cómico
"Un cierto tic tac", para volver al relato
en 1958 con "Pobre gentes de París",
a las estampas históricas con "Flora Tristán"
y a las limeñísimas parodias a lo Ricardo
Palma con "Dos viejas van por la calle''.
En 1960 trató sobre
el desconsolador panorama de un hombre que piensa
y al final se quedó solo en "Confidencia
en alta voz", monó¬logo filosófico
de las desconsolaciones y estrenó "Vida
de Ximena". En 1961 sorprendió con una
obra semiromántica que llamó "Sólo
una rosa" y con otra de misterio "Tres juegos
para dos". Salazar era versátil y nunca
se sabía a ciencia cierta con qué elementos
sorpren¬dería al público, que lo
tenía mucho y a lo largo de toda América.
En 1962 "El Fabricante
de deudas" gustó por su alto contenido
emocional. En 1963 llevó a las tablas "Conducta
sentimental", publicó “Cuadernillo
de Oriente" y hasta presentó una diatriba
"Lima la horrible", jugando al enfant terrible
y dando rienda suelta a su descon¬tento por el
retraso de la revolución comunista en el Perú,
que aún estimaba lejana.
En 1965 estrenó "La
escuela de los Chismes" y "La solterona
y I el ladrón" que causó furor
como pantomima fácil en un acto y por tener
I situaciones especulativas de todo orden. Ese año
murió, después de I haber escrito tantas
obras que asombran en su complejidad; práctica
-1 mente no quedó género que no tocara
aunque fuere de aldehala como dramaturgo.
Su prosa también fue
rica en descripciones. En "Un chaleco color de
rosa", dijo: "Al compás de sus tranquilos
pasos, Roque Linares convenía que la poesía
era algo más que un ejercicio literario y que
podía ser algo muy distinto a los doscientos
y pico de sonetos que guardaba en el velador de su
buhardilla de la Rué des Ecoiles. Y si la poesía
asumía a veces la forma de los catorce versos
de un soneto, nada impedía que adoptara el
estupefaciente aspecto de un chaleco color de rosa.
Precisamente, el aspecto de aquel que había
visto el día anterior a esa bella mañana
de Julio en una pequeña y elegante tienda de
artículos para caballero del "Boulevard
Malesherbes". El chaleco se le había metido
como un puñal en el corazón. La mañana
era límpida y luminosa, pero Linares la encontraba
incompleta. Le faltaba el chaleco color de rosa. Y
por eso no fe bastaba, pese al carácter excepcional
de una circunstancia semejante, poder gozar sin obligaciones
ni respon¬sabilidades, del insólito sol
que brillaba desde las nueve y tener para esa noche
una invitación "chez Madame Lou Vivrosga-Benoit",
quien animaba una tertulia de intelectuales proustinas,
de alto refinamiento y estricta selección..."
Salazar representó para
su patria y PUM América al intelectual de tiempo
completo y al teórico del castro-comunismo
de los años 60, precursor de las nuevas corrientes
de corte socioeconómico de los 70 con la Democracia
Cristiana y Allende. Hoy en los SO, la revolución
se ve a través de la economía, más
que por la Literatura.