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ALCIDES SPELUCIN
Alcides Spelucín nació en Trujillo del Perú en 1879 y allí j estudió haciendo amistad con César Vallejo. Entre 1.915 y el 17 formó parte del grupo literario "Bohemia", de 20 años se marchó a La Habana y luego vivió en New York donde trabajó rudamente "paseando su crespa y abundante melena renegrida, su enceguecido aire de búho, sus grandes anteojos sabios, su aire de abate, su inci¬piente grosor, su voz tácita."

"Era una especie de nictálope que, sin embargo, miraba viendo al sol". A su regreso al Perú fundó con su amigo el escritor Antenor Orrego el diario "El Norte" colaborando en las publicacio¬nes "Balnearios" y "La Prensa". Entonces se decidió a editar su poemario "El libro de la nave dorada" con sus poesías modernis¬tas de la década anterior, que salieron a destiempo, pues la vanguar¬dia literaria había triunfado en 1926; sin embargo era tanta la fuerza de su estro y tanta la sinfonía de sus poemas del mar, que se impuso a pesar de su tónica obsoleta, por la hermosura de las descripciones y la abundancia de imágenes que también caracterizaba a los nuevos movimientos. Una de sus poesías dice: //|Oh rada inquieta y escon¬dida/refugio de serenidad!/¡Cómo alcanzara al fin mi vida/tu lecho azul de eternidad!//.

En 1.929 colaboró en la revista "Mundial" con nuevas poe¬sías. Ese año obtuvo el doctorado en Filosofía y Letras en la Univer¬sidad de Trujillo. En 1.931 y ya afiliado al APRA, fue miembro de la Asamblea Constituyente, pero al ocurrir la persecución de su partido salió al destierro en Colombia. En 1.933 escribió sin firmar el magnífico prólogo del tomo "El Proceso a Haya de la Torre','editado en Guayaquil en Febrero de ese año. "El panorama histórico que allí trazó, su exposición doctrinaria, su defensa del aprismo, su perfil del fundador, cuentan entre las páginas mejor cinceladas de la li¬teratura política de América". Posteriormente regresó a su patria donde nuevas prisiones lo aguardaban. "Impenitente huésped de la prisión, era en la cárcel un varón sobrio y sufrido, con rasgos de santo. Nauta del verso y del cielo, se perdió en olor de exilio".

De esta época es una de sus mejores poesías: //Puertos de Dios, tirados como caracoles,/sobre la arena parda/por aquí, por allá/amados de los vientos, amados de los soles/y de lo que se viene/ y de lo que se va.//en esta poesía la playa aparece embellecida por diferentes elementos que la confirman como el viento y el sol; el sol es la fatiga y el viento la amenaza, el mar tiene el privilegio de los crepúsculos y el juego de sus cristales realiza la divina confu¬sión de cielo y agua para lograr la maravilla de una visión final del paisaje, con el sol y el viento, sus eternos cortejantes. En su poema al sol Spelucín dice: //En un gesto de sangre se despide el crepúsculo/las velas cobran una laxitud indolente./¡Es éxtasis la espira! ¡Es paz de ensueño el músculo!/y ante un despertamiento planetario de nardos/bramando lilas tristes, por la ruta de oriente/ se van los vesperales, divinos leopardos!//

En 1.945 fue electo Senador pero poco tiempo después un nuevo destierro político lo sacó del país con destino a Bahía Blanca, Argentina, donde dictó cátedra en esa Universidad y ocupó su Vicerectoría. De esta época son sus poesías de viajes "porque siempre anduvo en pos de un sueño remoto, cuya huella descubre acaso en el piélago marino". En "El salmo de los puertos" escribió: //Desde esta roca brava que atalaya la orilla/del mar/quiero dar/mi canción./Quiero darla al oído de los lejanos puertos/que apuntara la quilla de mi embarcación /una tarde dorada/oxidada/amarilla,/ en que ardía la pipa de la evocación./Puertos que vi de cerca,/ puertos que vi de lejos/en el suave regazo de cualquier litoral,/ con sus marinos viejos/y su alcohol,/su tabaco,/y su yodo,/y su sal./

Acento insólito en la poesía latinoamericana de hasta enton¬ces, con términos antipoéticos como yodo, sal, evocaciones vestidas de ensueño y suave nostalgia de puertos "que vi de cerca, que vi de lejos, en el suave regazo de cualquier litoral"; canto natural, ingénito y hermosísimo el de Alcides Spelucín, modernismo de tran¬sición, pero modernismo al fin, aunque se escribiera por los años 40 al 50.

En "La Barca Rosa" agregó //Era la ignota barca, soñada o presentida,/la taumaturga barca que nos arma el amor/y llega a nuestras playas una vez en la vida/con sus vinos celestes y su vago temblor ...//

Spelucín, el poeta de los exilios y prisiones, pero sobre todo el poeta del mar, falleció en Bahía Blanca, lejos de su patria, en 1976 y a los 79 años y su cuerpo reposa al pié de un acantilado, protegido por una roca brava como la que él cantó. Su aporte a las letras suda¬mericanas, modernismo tardío y de mar, sirvió de ejemplo lírico a las nuevas generaciones por bello y evocador.