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FRAY VICENTE VALVERDE
I OBISPO DEL CUSCO.- Nació en 1498 en la villa de Oropesa, Provincia de Toledo, España. Hijo legítimo de Francisco Hernando de Valverde, hidalgo trujillano que pasó a residir en Oropesa, de Camarero de la corte de Francisco Alvarez de Toledo, III Conde de Oropesa, donde contrajo matrimonio con Teresa Alvarez de Vallejeda, hija de judíos conversos, muy influyentes en el ánimo del Conde.

En 1.515 ingresó a la Facultad de Teología de la Universidad de Salamanca que funcionaba en el Convento dominicano de San Esteban, donde estudió a los autores clásicos y se convirtió en un fervoroso humanista imbuido en el espíritu del renacimiento; sin embargo, decidió tomar los hábitos y tras un año en el Noviciado domini¬cano, profesó el 23 de Abril de 1.524 ante Fray Juan Hurtado de Mendoza, Prior de ese convento.

Pronto comenzó a ascender en su Orden pues fue enviado a perfeccionar sus estudios al Colegio Mayor de San Gregorio en Valladolid y allí permaneció cinco años hasta alcanzar el puesto de Lector en Artes y en Teología. Eran los tiempos del Humanismo en España y en San Gregorio dictaban cátedras hombres del talento de Fray Francisco de Vitoria, Regente de estudios en dicho Colegio Mayor y considerado el fundador del Derecho Internacional moderno. La formación que recibió fue de primera categoría intelec¬tual para su tiempo, quizá por ello fue escogido con otros cinco domi¬nicanos para viajar a las Indias en la expedición de Francisco Pizarro, quien regresaba a Panamá tras formar capitulaciones con el Emperador Carlos V. En Enero de 1.530 zarpó del puerto de San Lúcar de Barrameda. Una vez en Panamá los seis sacerdotes dominicanos se dividieron en dos grupos. Alonso Burgalés, Pablo de la Cruz y Tomás de Toro se quedaron con Almagro. Juan de Yépez, Reginaldo de Pedraza y Vicente de Valverde avanzaron con Pizarro hacia el sur. Yépez murió en Coaque a causa de la peste de bubas, Pedraza regresó con una misión a Panamá y entonces sólo quedaron con Pizarro dos sacerdotes; el secular Juan de Sosa, que al fundarse San Miguel de Piura permaneció allí y Vicente Valverde, que continuó con Pizarro a Cajamarca a fin de entrevistar a Atahualpa que les había mandado a decir que los estaba esperando.
Una vez en Cajamarca el 14 de Noviembre de 1532, Pizarro dividió a sus 168 hombre apostándolos en las esquinas de la plaza donde también se coloca¬ron estratégicamente los cañones o culebrinas que habían arrastrado con grandes penalidades y cuando al día siguiente, empezó a ingresar el séquito de Atahualpa formado por miles de indios, ordenó a Valverde que se adelantara con felipillode intérpetre, la Biblia en una mano y la Cruz alta en la otra, a “requerirle con la fórmula ideada por el eminente jurisconsulto Palacios Rubio” de parte de su Majestad el Rey de España, para que aceptara buenamente su autoridad y se convirtiera a la religión Católica o se atuviera a las consecuencias; pero el en¬cuentro de Valverde y Atahualpa terminó en violencia, cuando el Inca arrojó al suelo la Biblia ofrecida considerando que dicho obse¬quio no estaba a la altura de su condición. ( 1 ) Valverde, escandalizado ante dicho desplante, que reputaba un sacrilegio, se exaltó mucho y volviéndose al sitio donde se encon¬traba Pizarro, le gritó: “¡No veis que mientras estamos aquí gastan¬do tiempo en hablar con este perro lleno de soberbia, se llenan los campos de indios? ¡Salid a él, que yo os absuelvo!. Entonces Pizarro gritó “Santiago a ellos” y comenzó el ataque.


(1) El requerimiento decía “Dios creó al mundo y lo dio a su hijo. Este lo entregó a su iglesia presidida por el papa, que por el tratado de Tordesillas de1494 delegó su potestad sobre los estados indianos en el rey de España, que firmó las capitulaciones de Toledo con Pizarro, dueño y señor del Incario. Atahualpa preguntó que dónde constaba todo eso y Valverde le tendió la Biblia escrita en Latín y el Inca la tomó no sacó nada en claro de ella, concretó a Valverde: “Un Dios que regala lo que nos es suyo debía haber estado borracho”.

De la horrorosa carnicería que hicieron los españoles sobre los aterrorizados indios, que jamás habían visto un caballo ni conocían el ruido de las armas de fuego, no se puede acusar a Valverde; a quién sin embargo numerosos historiadores le han condenado por no haber ejercido su ascendencia moral para impedirla. ¿Pero qué hubiera podido hacer en esos momentos cuando las pasiones desata¬das ya no aceptaban control?.
Posteriormente Valverde se mostró duro con Atahualpa y en el Consejo de Guerra que se le siguió secretamente votó por su condena a muerte, a pesar que el Inca estaba cumpliendo con su oferta de entregar a los conquistadores un cuarto lleno de oro y plata hasta donde alcanzara la mano extendida de un hombre.
Un día antes de la ejecución el Inca se convirtió al catolicismo sólo para evitar que lo quemaran en la hoguera como a infiel, pues era muy antigua la creencia de que al morir y ser enterrada su cabeza, al contacto con la madre tierra se unía su espíritu con el del Sol; así es que prefirió el garrote vil, antes que ser quemado, como eran las intenciones de los crueles españoles.


El autor material de dicha conversión fue Valverde, quién también le administró los sacramentos incomprensibles para el Inca y hasta llegó al extremo de darle un nombre cristiano, que no ha pasado a la historia porque a nadie le ha importado conocer tal adefesio.

Valverde adquirió muchas riquezas: 55.000 Ducados de oro del rescate, cifra inferior únicamente a la de Pizarro, siendo el único sacerdote beneficiado con el oro del Inca, era un auténtico líder, intervenía y opinaba en todo asunto espiritual y de gobierno y por eso escribió al Rey dándole cuenta de la prisión del Inca y su muerte. Posteriormente al atravezar las sierras en 1.533, ordenó la destrucción del templo del dios Huarivilca en Mantano y de la huaca de Huancayoc cerca de Jauja, "hechos precursores de las bárbaras campañas posteriores de extirpación de idolatrías."

Tomada la capital del Cusco en Noviembre no sin fatigas y contrariedades, le fue donado en el reparto de dicha metrópoli el gran templo de Coricancha, que convirtió en convento dominicano despojándole de sus inmensos tesoros pues estaba recubierto su interior con planchas enormes de oro y plata, que hizo fundir en lingotes, destruyendo sus hermosos grabados. Después asistió a la coronación de Manco Inca y en 1.534 Pizarro, apreciándole en alto grado y confiando ciegamente en su amistad, lo envió de vuelta a la corte a gestionar nuevas mercedes, puesto que le reputaba su amigo, asesor y un consejero capacitado y veraz.

Valverde regresó a España en calidad de personaje, acompañado de 65 conquistadores y en cuatro barcos que arribaron en 1.535 y poco después circulaba entre los principales hombres de su tiempo (2). A su maestro Vitoria le proporcionó datos sobre la conquista para que escribiera su tratado "De Indis y de Jure Bellis" sobre la naturaleza del dominio español en América.

Pronto los reyes vieron en él al hombre serio e instruido que podría equilibrar la situación del Perú pues ya comenzaban a desconfiar de Pizarro y por ello le confirieron amplísimos poderes solicitándole al Papa la creación de la Diócesis del Cusco y la designación de primer Obispo a favor de Valverde, a quién nombraron Inquisidor Mayor de esos territorios con encargo especial de ocuparse de la evangelización de los indios, tasando sus tributos e investigando los repartos y en fin, ejerciendo autoridad y control sobre los Oficiales Reales de Hacienda que le estarían subordinados.

(2). El Emperador recibía una Renta anual de 60.000 ducados de oro y Valverde regresó con 55.000 tal su riqueza.

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