VOLVER A LOS TOMOS
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La Bula de creación de la Diócesis y su nombramiento de Obispo tardaron en llegar a España; pero, aI fin, en 1.537, fue consagrado y poco después regresó con más de un centenar de familiares, allegados y paisanos en diez naves que primero tocaron las costas de la Isla Española y luego las de Panamá, donde desembarcaron y volvieron a partir a Lima, Ciudad a la que arribó a principios de 1.538 pasando al valle de Ica poco después y sabedor de la pugna existente entre Almagro y Pizarro apuró su viaje al Cusco y quiso servir de mediador entre ambos, haciendo medir la exacta ubicación geográfica de dicha ciudad para ver a quién le correspondía su gobierno; pero no sirvieron estas gestiones, pues ambos capitanes rechazaron su oferta y comprendiendo que nada más podía hacer por ellos, prefirió alejarse de su diócesis para evitar la pugna que veía venir.

En Lima ordenó que se iniciara el cobro de los diezmos prediales y personales entre españoles e indios y hasta llegó a controlar personalmente sus recaudaciones, todo por servir al Rey.

I como su situación personal era muy estrecha debido al tren de gastos que requería el mantenimiento de su corte diocesana, se vio motivado a solicitar varios préstamos en metálico suscribiendo obligaciones por ellos.

Vivía con mucho boato, como un príncipe de la Iglesia, pues tenía casa grande y espaciosa con salones y biblioteca, a más de un Oratorio donde celebraba misas privadas, siendo la primera autoridad de la ciudad, pues los individuos que había traído de España pronto se organizaron y consolidaron como grupo de poder. En 1.540 tomó muy en cuenta a su séquito para el reparto de las Encomiendas. A su hermana María, casada con el hidalgo Juan Velásquez en segundas nupcias, dio la Encomienda de Lampas. A su hermano Francisco la de Daule muy pingüe por su riqueza, y él se quedó con la de Huancayo que administraba por medio de su amigo el Curaca Chuquimparzo. También por esta época dio inicio a las catedrales de Lima y el Cuzco y trató de defender a los naturales de los excesos y arbitrariedades de los conquistadores. Estas ambivalencias le acarrearon el juicio de ser un hombre de su tiempo, “sacerdote respetable, de carácter rígido y desapacible, apegado al cumplimiento de las Ordenes y disposiciones de los reyes, sobrio, tenaz, sufrido, casto y siempre confiado en el apoyo de Dios", más, a pesar de ello, no tuvo éxito en las labores propias de la evangelización ya que dedicó casi todo su tiempo al control financiero y en vigilar sus intereses, como después lo afirmó con malicia Almagro el Joven, bien es verdad que el dinero se le iba de las manos en mantener su alta condición eclesiástica.

En 1.541 fue demandado por el Cabildo y el vecindario de Lima para que no continuara con los diezmos. El pleito pasó a la Corte y Carlos V sentenció contra Valverde, quién ya era todo un poder en el Perú, aunque siempre subordinado a Pizarro, a quién fue obediente hasta el fin.

Era un Obispo con Encomienda, el único Obispo en el Perú, vivía como un príncipe renacentista y tenía a su favor el poder espiritual así como la propiedad de varias casas principales en Lima, Cuzco y Arequipa. Igualmente mandaba sobre muchos a los que había traído pobres, sustentando en su casa y mesa por meses y luego enriquecido con Encomiendas y buenas posiciones en el gobierno. Por eso lo querían y obedecían ciegamente, por ser el mayor poder después de Pizarro.

A mediados de 1.541 pasó nuevamente al Cusco y entró al manejo de su Diócesis, al poco tiempo ocurrió en Lima el asesinato de Pizarro, que le dolió mucho. Entonces decidió regresar a esa capital para ver si podía ordenar a los rebeldes que depusieran sus armas, pero fue mal recibido y hasta se rumoró que corría peligro de muerte. Con tal noticia preparó su fuga a Panamá y al enterarse que había llegado a esas costas el Enviado Real Lic. Cristóbal Vaca de Castro, decidió escribirle en secreto. Días después, el 1o. de Noviembre, tomó subrepticiamente unas balsas, acompañado de su cuñado Juan Velásquez, de sus dos sobrinos y algunos leales y se hizo a la mar, siempre costeando para no perderse. Eran dieciseis personas en total.

" El día 11 arribaron a Túmbez y enseguida enfilaron a la isla Puna por el temor que tenían de ser perseguidos. En dicha isla los esperaba el Cacique Tumbalá en astuta celada y habiéndoles tomado prisioneros los sometió a los más crueles tormentos. A Valverde, según lo indicó posteriormente el Virrey Toledo, "le asaron vivo sobre una barbacoa, sacándole los ojos de la cara y vaciándole otros de oro derretido, hasta que con este martirio y otros, murió."

También existe la versión de que fue comido vivo pues mientras le arrancaban por trocitos la piel utilizando finísimas navajas de hojas de obsidiana, los puneños se las iban engullendo con gran Júbilo y algazara.

De todas maneras, cualquiera que haya sido su fin, éste fue terrible y por ello ha perdurado en la memoria de cronistas e historiadores y los posteriores sucesos ocurridos en el Perú no pudieron opacar su muerte.

Fue heredado por su hermana María que recibió 2.614 pesos por el remate de parte de sus bienes en Lima, luego de pagar las cuantiosas deudas que sumaban casi 7.000 pesos, suma exhorbitante para la época. Los libros del inventario revelan que fue un hombre de buenas lecturas pues poseía autores tan modernos para entonces como el gramático Antonio de Nebrija y el filósofo Erasmo de Roterdam, así como traducciones de los antiguos maestros, entre los que se puede mencionar a Plauto y a Terencio. Muchos de estos libros fueron adquiridos por el Obispo de Quito García Arias Dávila como pago de una deuda pendiente. Otros se perdieron en manos de particulares.

Las propiedades del Cusco y de Arequipa también pasaron a su hermana y años después él Obispo de Lima reclamó unas casas situadas al lado de la Iglesia Mayor; mas, el pleito, duró varios años y tuvo suertes diversas. Valverde fue el I Obispo de Sudamérica, hombre capaz y trabajador, intelectual en España y aventurero en el Perú, leal a su jefe con quien posiblemente debió estar emparentado o por lo menos eran paisanos. Su única página amarga constituye la saña con que persiguió a Atahualpa hasta lograr que fuera condenado a muerte y su desmedido lujo y boato, así como su interés por el dinero que nunca le alcanzó por ser manirroto.

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