También el 63 tentó
su primer cuento aparecido en el periódico
“Surcos” de la FEUE el protagonista se
llamaba Fosforito.
En 1964 apareció en Quito
su poemario “Yo me fui con tu nombre por la
tierra”, que mostró a un Adoum en plena
transición a otros lenguajes y formas porque
a pesar de que el libro se abre con un lirismo ya
antiguo, como el de su composición “lamento
y madrigal sobre Palmira" de Ecuador amargo,
luego adopta un lenguaje de radical ironía,
libre y hasta caprichoso, de recursos a lo popular,
apto para desmitificar radical y libremente, para
denunciar todo lo alienante, desde el patriotismo
mentiroso y seudo nacionalista hasta las prohibiciones
que se repiten en el poema "Prohibido fijar carteles",
de diez años después.
Posiblemente la dictadura
que sufría la Patria, comprendida desde el
exilio en todo su horror, hizo que nuestro poeta se
diera cuenta de que ya no podía seguir escribiendo
sus Cuadernos de la Tierra, su poesía épica,
para una sociedad que como la ecuatoriana no es heroica
sino bucólica y pacifista. Además, un
plan tan ambicioso como el que se proponía
completar en ocho tomos - el mayor esfuerzo lírico
e intelectual de su época-, adolecía
de demasiada historicidad, mientras la realidad gritaba
diariamente las enormes desigualdades e injusticias
sociales que se cometían. Por todo ello Adoum
decidió no continuarlos pues, como dice él
mismo, cantar las glorias pasadas era una especie
de evasión; había que cambiar de idealización
del pasado a la asunción del presente.
De 1964 a 1966 residió
en China Popular con su esposa y sus hijas, como traductor
del inglés al castellano y enriqueciéndose
con la poesía oriental, tan bella y diferente
a la nuestra. Fue como una apertura a otro mundo.
De regreso a Europa, trabajó de asistente de
la cátedra de español en un liceo cercano
a El Havre, luego fue lector de la Editorial Gallimard
de París y periodista de Radio France International.
En agosto del 68 visitó
Ecuador después de cinco años de ausencia.
Los dictadores habían pasado a la ignominia
y Adoum recibió varios homenajes públicos.
Era el gran poeta, ya no tan joven, que regresaba
cansado, solo y cosmopolita. Un año después
fue contratado como funcionario por la ONU con sede
en Ginebra. En el interim había producido casi
sin querer el mayor escándalo literario que
registra la historia ecuatoriana de este siglo, pues
en La Habana, a donde había ido en 1968 como
jurado del Premio Casa de las Américas, había
afirmado que nuestra literatura, una vez salida del
realismo de los años 30, atravesaba por un
período de crisis. Entonces se alzaron las
más encontradas opiniones que el tiempo se
ha encargado de disipar, pero sus declaraciones sirvieron
para remecer las conciencias y para resaltar una dolorosa
realidad.
El 14 de julio de 1970 se estrenó
en Ginebra su obra teatral “El sol bajo las
patas de los caballos”, drama simbolista sobre
la conquista española tomada como enfretamiento
de dos culturas y como prototipo de todas las conquistas
del mundo. El 71 pasó a la Unesco como redactor
de la revista El Correo de la Unesco, El 73 sacó
en Madrid “Informe personal sobre la situación”,
antología con varios de sus textos de denuncia,
inéditos, sobre dictadores y dictaduras. Una
segunda edición apareció en La Habana
dos años después, El 74, “Los
37 poemas de Mayo de “Maosetung, traducidos
del inglés y el francés. El 76 volvió
nuevamente a colocarse en la picota por “Entre
Marx y una mujer desnuda”, texto con personajes,
como modestamente su autor lo ha definido, cuando
en realidad es una notable novela con muchos episodios
referenciales particularmente a la vida de Joaquín
Gallegos Lara, uno de los autores del realismo ecuatoriano
de los años 30; que obtuvo enorme éxito
de librería, ha conocido varias ediciones y
el Premio Xavier Villaurrutia de Méjico. Esta
novela marcó un hito en la nueva narrativa
ecuatoriana y fue materia de acaloradas disputas y
aun hoy, después de más de diez años
de su aparición, sigue siendo discutida. El
argumento es simple y relata situaciones que le acaecen
a un escritor comprometido con el marxismo, que al
mismo tiempo siente una fuerte pasión amorosa
que le distrae de su alta misión revolucionaria.
De esta época
es su Breve antología para estudiantes, con
selección y prólogo de Vladimiro Rivas
Iturralde, que salió en Méjico. El 77
tras su divorcio, contrajo segundas nupcias con la
dama suiza Lisette Werren.
En 1979 se editó en Barcelona su poemario “No
son todos los que están”, con poemas
escritos desde 1949, y se publicó en Alemania
su drama “La subida a los infiernos”.
La acción se desarrolla en un cabaret de mala
muerte: los personajes, sentados a diferentes mesas
representan los pecados capitales de la sociedad occidental
contemporánea: la conspiración contra
los regímenes democráticos, la tortura
, la explotación de las compañías
transnacionales, el chantage conyugal . . .
El 80 apareció
en Caracas Narradores Ecuatorianos del 30 (tomo No.
85 de la Biblioteca Ayacucho, selección y cronología
de Pedro Jorge Vera) con un prólogo suyo que
en 1984 se publicó en Quito con el título
de “La gran literatura ecuatoriana” del
30. El 81 escribió sobre la fotografía
como arte y como testimonio de la realidad estática
del país, en Ecuador: imágenes de un
pretérito presente, con fotografías
de César Alvarez. En julio de 1986 terminó
su contrato con la Unesco, preparó su regreso
al Ecuador y llegó a Quito el 5 de Marzo de
1987, una hora antes del terremoto.
En 1988 la Editorial Universitaria
de Quito dio a la luz Jorge Enrique Adoum: entrevista
en dos tiempos, de Carlos Calderón Chico. Actualmente
prepara para la Editorial Planeta un libro sobre cuestiones
teóricas de la literatura.
Su obra lírica - conceptual
y ríspida - se mueve a través de la
angustia, el tiempo, la presencia de la muerte, constantes
permanentes en la angustia existencia, actual y social.
Su madurez, que linda con el
abstraccionismo por sus figuras sintéticas
y cargadas de obscuridad y de lectura difícil
e intelectualizada, le ha situado en la primera línea
de la lírica contemporánea del Ecuador
y habiendo sido el mayor poeta de su generación
y el heredero de la primacía que dejó
a su muerte Carrera Andrade, hoy es el gran poeta
nacional cuyo mayor mérito radica en la sutileza,
la verdad y el amor con que cuenta el dolor de los
pueblos oprimidos, en versos libres, en prosa ideal,
que hasta un ayer no muy lejano cantara los orígenes
ecuatorianos y hoy revela la difícil problemática
social; Además de su poesía y de su
novela, se le conocen numeroso ensayos.
En 1995 editó
Ciudad sin ángel, su segunda novela, trata
sobre un tema histórico sudamericano –
el exilio y la tortura – vistos con intensidad.
Es, pues, novela de exploración de la precaria
estructura del tiempo circular que vuelve y se detiene
impiadoso, ahondando el infierno de los hombres. De
lectura fácil y fluyente, cuya trama, tejida
a los dos lados del espejo, Yuxtaponen los testimonios
y nos presenta una historia, la de los amantes de
sumpa, o del amor desenterrado, que aceptaron la muerte
para disolver el espacio del presente, que les era
una verdadera pesadilla.
Hombre tranquilo, bueno y excelente
amigo que nunca ha traicionado a nadie, ha escrito
cerca de treinta libros y sus dos novelas demuestran
que tiene recursos muy personales como narrador y
que su escritura es una evasión de la propia
realidad mezcladas con unos elementos históricos
y otros de ficción, todo ello visto por un
narrador omnisciente que hace ostensibles su presencia
en el tiempo sin perspectiva, estancado sin respuestas
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