DIONISIO DE ALSEDO
Y HERRERA
PRESIDENTE DE
LA AUDIENCIA DE QUITO.- Nació en 1690 en Madrid.
Hijo legítimo de Matías de AIsedo y
Herrera, Secretario del Consejo de Italia nacido en
el Honor de Miengo, en la costa Cantábrica;
y de Clara Teresa de Ugarte, natural de Bilbao.
No se conocen mayores
datos sobre sus primeros años a no ser que
se especializó en matemáticas y en estadísticas
y quizás hasta obtuvo grados universitarios.
En 1704 fue nombrado Oficial de las Tesorerías
de Cruzadas del Arzobispado de Sevilla y Obispado
de Cádiz. El 10 de Marzo de 1706 y previa renuncia,
se embarcó en Cádiz recomendado por
el Marqués de Mancera, Presidente del Consejo
de Italia, en uno de los galeones del Conde de Casa
Alegre, que llevaba a bordo al Marqués de Castel
dos Rius, designado Virrey del Perú y a sus
familiares y el 27 de Abril arribaron a Cartagena
de Indias. Mas , a los pocos días, cayó
enfermo con un ataque de fuerte calentura que entonces
llamaban la Fiebre Chapetona y el Virrey, que le había
cobrado mucha estimación y aprecio durante
la travesía, partió a Lima, desvaneciéndose
las halagüeñas perspectivas de seguir
a su servicio.
Decidido a regresar a
España y mientras esperaba un barco visitó
y estudió las costas de Darien y marcó
sus ríos. Años después volvió
a la zona y marcó 51 ríos poco explorados.
Entonces conoció al corsario M. Cormier y en
Junio se embarcó en Veragua en la flota de
galeones de Portovelo, que fue atacada en medio mar
por la escuadra inglesa del Vicealmirante Charles
Wager y después de tres horas de duros combates
cayó prisionero con dos heridas, fue conducido
a Jamaica y finalmente canjeado con algunos ingleses
pudo regresar a Cartagena, de donde partió
a Lima, pero al arribar a Quito después de
un penosísimo viaje por los pantanos llenos
de mosquitos y las insalubres riberas del río
Magdalena, se enteró de la muerte de su amigo
el Virrey y de que el Obispo de Quito Diego Ladrón
de Guevara era su sucesor. Entonces se presentó
al Obispo, quién admirado de su inteligencia
y preparación, a pesar de sus cortos años
lo nombró Oficial Mayor de la Secretaría
de Cámara y lo llevó en su comitiva
a Lima, confiriéndole en Enero de 1712 el nombramiento
de Contador Ordenador del Tribunal Mayor de Cuentas
con jurisdicción sobre el derecho de sisa.
Y fue tal su habilidad para organizar las cuentas
que le encomendaron varias comisionadas.
En 1713 realizó
los arqueos generales de la Real Hacienda en todas
las cajas del Perú. El 14 pasó a ocupar
una plaza en el Tribunal de Cuentas de Guancavelica
sin faltar por estas ocupaciones y las ordinarias
del Tribunal a los diarios expedientes de la secretaría
y efectuó una serie de asuntos del ramo de
Hacienda como Cuadros y Cálculos sobre el estado
y fruto de las recaudaciones de impuestos, que fueron
remitidos al Consejo de Indias.
En 1715 compuso unos
«Mapas y cálculos generales del estado
y fruto de la Real Hacienda de Lima». El 18
renunció a todos sus empleos por haberse enfermado
gravemente y con licencia del nuevo Virrey, príncipe
de Santo Buono, viajó con su protector el Obispo
y llegando a Acapulco contrató a los huandos
en que se le condujo a Méjico.
De allí fue comisionado
para agilitar en el Consejo de Indias la sentencia
favorable en el juicio de residencia que se había
enviado a España. Con este fin se embarcó
en La Habana a bordo del navío de guerra San
José y al llegar a Cádiz se enteró
de la muerte de Ladrón de Guevara, pero no
obstante desempeñó su comisión
y lo hizo con tanto acierto que logró la absolución
y que el Ministro de Marina Manuel Fernández
Duran le encargara redactar un «Manifiesto de
Aviso».
En 1719 escribió otro
opúsculo contra el proyecto de cerrar las minas
del azoguez de Guancavelica y el Ministro quiso retenerlo
en algún empleo en Madrid, pero AIsedo solicitó
la plaza de Contador Mayor del Tribunal de Cuentas
en Lima, que no consiguió por no haber la vacante
y tuvo que aceptar el Corregimiento de la Provincia
de Canta en el Perú.
En Junio de 1721 partió por segunda ocasión
a América en la armada del Tte. Gen. Baltazar
de Guevara. En Cartagena de Indias contrajo matrimonio
con María Luisa de Bejarano y Saavedra, luego
concurrió a la feria de Portovelo y en 1722
llegó al Perú posesionándose
del Corregimiento hasta Enero de 1724 en que previo
traspaso a un tercero volvió a Lima, donde
fue electo Diputado General en la corte y el Arzobispo
Virrey le entregó un cajón de alhajas
para la reina, embarcando en Veracruz en el navío
«Nuestra señora de la Concepción».
El viaje a España fue
accidentadísimo a causa de dos temporales que
desviaron la nave y del ataque de los piratas ingleses
en la sonda de Campeche, pero prosiguió en
el registro «La Candelaria» y en Mayo
de 1725 entregó el encargo a la reina que se
encontraba descansando en Aranjuez y fue premiado
con la Orden de Santiago y la Encomienda de Fradel.
En 1726 editó en Madrid un «Memorial
Informativo y una Justificación de los Asientos
de Avería, almojarifazgos y alcabala ...»
y asistió como Ministro con voto a una Junta
nombrada para tratar y arreglar varios asuntos importantes
de la América, principalmente relacionados
con las armadas de galeones y por todo ello fue mirado
«como el oráculo de las Indias y todos
le consultaban».
El Ministro Universal José
Patiño le recomendó escribir una memoria
sobre la trata inglesa en América y habló
al rey Felipe V para que lo designara Presidente de
la Audiencia de Quito en Marzo de 1728, en reemplazo
de Santiago Larrain, por ocho años. Entonces
regresó por tercera vez a América en
el convoy de galeones de Manuel López Pintado
y el 29 de Diciembre hizo su ingreso a Quito y tomó
posesión al día siguiente.
«AIsedo era activo
y solícito por el bien común; en el
vigor de la edad varonil, acompañado de una
esposa grave y circunspecta su casa fue ejemplo de
orden y decoro: instruido en asuntos rentísticos,
no ignorante en aquellas ciencias que hoy constituyen
la profesión de ingeniería civil, pronto
para todo cuanto podía contribuir a levantar
la abatida colonia, el nuevo presidente puso manos
en la reforma de antiguos a inveterados abusos, algunos
de los cuales eran tanto más difíciles
de extirpar, cuanto estaban sostenidos por las robustas
convicciones religiosas de la época”.
También atacó
al contrabando en todas sus formas pero sin obtener
éxito, persiguió a los monederos falsos
e hizo quemar vivos a dos de ellos en Quito, levantó
personalmente el primer plano de esa ciudad, construyó
el puente de la calle Manosalvas y comenzó
el de Guáitara, sometió a los negros
cimarrones del valle del Patía, cortó
los abusos del derecho de Asilo en sagrado y favoreció
a los peninsulares postergando a los americanos, grave
discrímen, "que atrajo el odio entre los
criollos y chapetones y que a la larga originó
las guerras de la independencia.
En 1730 escribió un
«Mapa y Resúmen General de la Real Hacienda,
de la Caja de Quito». En Marzo de 1736 llegaron
los Académicos franceses a medir un arco del
meridiano terrestre en la mitad del mundo y los alojó
en su Palacio, dando órdenes para que se les
facilitara su alta misión.
En 1736 fue sucedido
en la presidencia por el limeño José
de Araujo y Río, a quien Alsedo acusó
de introducir en Quito 136 cargas de género
de contrabando y otros 66 cajones con artículos
de comercio prohibido. El juicio fue escandaloso y
recién terminó en 1747 con una sentencia
que le condenó al pago de 10.000 pesos, «pues
exageró resquemores movido por su naturaleza
intolerante y suspicaz.»
Mientras tanto había
viajado a la Habana y de allí a Santander,
de donde siguió a Madrid en Septiembre de 1739.
Un año después dio a la luz su «Aviso
Histórico, Político, Geográfico
con las noticias más importantes del Perú,Tierra
Firme, Chile y Nuevo Reino de Granada, en la relación
de los sucesos de 205 años, por la cronología
de los Adelantados, Presidentes, Gobernadores y Virreyes
de aquel reino meridional, desde el año de
1535 hasta el de 1740» donde trató principalmente
de todo lo ejecutado por los ingleses para extender
su comercio a la América española, retrato
curioso de los esfuerzos del comercio extranjero para
introducir de manera clandestina sus géneros
en la colonia. El Aviso tuvo una suerte curiosa pues
los agentes de Inglaterra lo retiraron casi inmediatamente
de circulación adquiriendo la mayor parte de
sus ejemplares, por lo que su autor tuvo en 1763 que
sacar una segunda edición, pues se había
convertido en una rareza bibliográfica. En
1883 el Académico de la Historia de Madrid,
Justo Zaragoza, lo reeditó con el título
de «Piraterías y agresiones de los ingleses
y de otros pueblos de Europa en la América
española desde el siglo XVI al XVII»,
con algunas otras obras de AIsedo y un prólogo
de 130 páginas, con su biografía, el
homenaje mejor que hasta hoy se le ha rendido.
En 1741 editó el «Compendio
Histórico de la Provincia, Partidos, Ciudades,
Astilleros, ríos y puerto de Guayaquil, en
las costas de la Mar del Sur» que vino a ser
como un agregado al Aviso y que según se dice
fue compuesto por el jesuita guayaquileño Jacinto
Moran de Butrón, por lo que Alcedo «sólo
cambió alguno pasajes, editándolo como
suyo». Este Compendio a visto 4 ediciones. Ambas
obras influyeron notablemente en el ánimo de
los ministros para que opinaran favorablemente a la
declaratoria de Guerra a Inglaterra.
Por entonces AIsedo era consultado
por el Rey quién le encargó que escribiera
una «descripción de los tiempos de España
en el presente décimo octavo siglo» y
por el Consejo de Indias en cuantos asuntos ocurrían
y en premio a su saber y buena disposición
fue designado el 15 de noviembre de 1741 cuarta vez
a Presidente de la Audiencia de Tierra Firme (Panamá),
viajando por enarca vez a América y se posesionó
y combatió nuevamente ül contrabando,
fortificó los puertos de Panamá, Portobclo
y Chagres, vigilando las caletas y fondeaderos y derrotó
a 234 hombres sublevados en la provincia de Nata,
ganándose la antipatía de los Oidores
que estaban metidos en sucios negocios y no trepidaron
en hacer nombrar a Fernando Morillo y Velarde, Juez
de pesquisas en Panamá.
Entonces AIsedo resignó
el cargo en 1748, a los seis años y medio de
ostentarlo y regresó a la corte, defendiéndose
de las falsas acusaciones hasta que en 1750 fue absuelto
y declarado «buen ministro, amante y servidor
del Rey, celoso de sus reales intereses y que había
cumplido con las obligaciones de sus empleos»,
pero nuevos enredos judiciales por costas y otras
acusaciones prolongaron hasta 1762 su situación,
casi 15 años, fecha en que el Juez Morillo
fue condenado a pagar a AIsedo 12.523 pesos.
En 1776 escribió el
«Plano Geográfico e Hidrográfico
del Distrito de la Real Audiencia de Quito y Descripciones
de las provincias, gobiernos y corregimientos que
se comprenden en su jurisdicción y las ciudades,
villas y ríos que median de unos a otros»,
tratado de geografía física, política
y económica de lo que era la Audiencia de Quito
por entonces.
Se encontraba pobre y solitario
pues en 1755 había fallecido su esposa, pero
dedicaba su tiempo a escribir muchos libros, algunos
de los cuales se han perdido y solo se conoce de ellos
por citas y referencias de su autor y de su hijo Antonio
en la «Biblioteca Americana».
Además vivía entristecido por las injusticias
ya que habiendo sido un celosísimo funcionario
colonial, honorable y lleno de merecimientos, tuvo
que soportar la persecusión de los Oidores
de Panamá y la lentitud del Consejo de Indias
para resolver su caso, Y amargado por tantas penurias
físicas y morales falleció en 1776,
de 86 años, siendo enterrado en la iglesia
parroquial de San Sebastián.
Durante su vida había
odiado a los ingleses pues vivió el período
más álgido de las relaciones anglo-hispanas,
cuando los primeros querían adueñarse
del comercio americano desplazando a los segundos
a como diera lugar; pero se recuerda su nombre porqué
fue un infatigable coleccionista de libros referentes
a historia y a muchas ciencias auxiliares. También
conoció y supo aprovechar la bibliografía
americanista de la época.
Autodidacta, bibliófilo,
que a más de muchos libros raros tenía
la colección de las Gacetas de Holanda y de
Madrid, de las que extractaba noticias sobre el perfeccionamiento
de la náutica e innovaciones en la construcción
de navíos».
Desde su alejamiento de Panamá
en 1748 hasta su triunfo judicial en 1762 vivió
en Madrid escribiendo. Años de producción
lenta pero efectiva. De allí en adelante y
hasta su muerte tuvo una vejez de limitaciones y pobrezas.
Su carácter hosco, serio
y avinagrado; su inteligencia despierta, su erudicción
pródiga pues su hijo públicó
la “La Biblioteca Americana” beneficiándose
con sus apuntes, libros y datos. Recto, honorable
y buen español, pero no quizo a los criollos
y cuando ejerció mando les trató de
menos y creó resistencias.