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Ese año fue elegido presidente del Comité Ejecutivo de LEA teniendo a cargo la parte económica y administrativa. El 17 de Agosto inauguró la Conferencia organizadora del Plan Nacional de Lucha Antituberculosa y tal era la confianza que le dispensaba Velasco Ibarra, que le pidió en telegrama público que concurriera a Quito a tratar sobre los problemas más urgentes que aquejaban a la nación. Los particulares le confiaban sus libros para que los guardara en la caja de seguridad del banco y otros hasta le llegaron a designar arbitro de graves diferencias económicas suscitadas entre ellos, de suerte que sin quererlo se convirtió en el hombre del momento, y en víctima de los émulos y envidiosos que nunca faltan.En

Enero del 47 y mientras seguía de presidente de la Beneficencia, Director principal del Comité de Vialidad y Vicepresidente de LEA., esta última solicitó al Congreso Nacional la creación de un gravámen a las aguas gaseosas para financiar la campaña antituberculosa, pero éste negó por unanimidad el impuesto. Entonces Arosemena se dirigió en telegrama público al ejecutivo, en procura de sus buenos oficios y el Gerente de la Previsora denunció al país que era absurdo gravar los alimentos para combatir la tuberculosis, pues al encarecerlos se dificultaba su compra, aumentaba la desnutrición, se provocaba dicha enfermedad y lo que era peor, que los fondos de esas instituciones se mantenían inactivos por años en el Banco de Descuento, sirviendo a los comerciantes y al Banco y no al objeto para el cual los contribuyentes habían pagado.

El asunto cobró revuelo periodístico y causó cierto malestar nacional, pero a la postre sólo sirvió para enterar al público de la sorda competencia que se venía gestando desde años atrás entre ambas instituciones bancarias. Arosemena no contestó y su buena fama no sufrió mengüa. Prueba de ello fue que en septiembre, tras la caída de la dictadura del Coronel Carlos Mancheno Cajas y la renuncia del Encargado Mariano Suárez Veintimilla, el Congreso delegó una Comisión con el objeto de proponerle la presidencia interino de la República hasta la terminación del período para el cual había sido electo Velasco Ibarra.

Arosemena se excusó varias veces aduciendo que empezaba a sufrir los efectos de una artritis deformanfe y que el clima frío de la capital no le asentaría, además estaba el hecho de que jamás había intervenido en la vida pública. “Ni siquiera he aceptado desempeñar una Concejalía” - les dijo, pero a la postre cedió ante la amistosa conminación que le hizo el Obispo José Félix Heredia, S.J., quién le habló en nombre de la felicidad de la Patria y fue electo Presidente Interino en la mañana del 17 de Septiembre por el Congreso en pleno, por 103 votos contra 2 de los diputados comunistas, que opinaron que Arosemena era “la antípoda en sentido económico de los principios de Engels y en la práctica de Stalin”.

Así pues, casi a la fuerza, viajó a Quito y se posesionó de inmediato, designando el siguiente gabinete de concentración nacional: Jaime Chávez Ramírez en el Ministerio de Gobierno," José Vicente Trujillo en Relaciones Exteriores, José Miguel García Moreno en Educación, Ruperto Alarcón Falconí en Obras Públicas, Modesto Larrea Jijón en Economía, Ángel Saquero Dávila en Defensa Nacional, Alfredo Pérez Guerrero en Previsión Social, Raúl Clemente Huerta en Tesoro, Leonardo Espinel Mendoza fue el Secretario General y el factótum de ese Interinazgo y José Salazar Barragán desempeñó la secretaría privada.

Su administración fue una de las más respetuosas y equilibradas que registra el país casi no tuvo oposición, la prensa le fue enteramente favorable. El Presidente era la sencillez personificada. Andaba a pié, se mezclaba con el pueblo quiteño, se recreaba en la contemplación de los parques, oía misa y a la hora de la elevación se arrodillaba en el suelo, saludaba con las tenderas vecinas del palacio de Gobierno y todo ello con una eterna sonrisa en los labios.

Sus costumbres austeras y morigeradas, su natural parsimonia y su afectuoso trato con los demás le granjearon desde el primer momento el cariño y la admiración del país. Su gobierno marcó una era de progreso material pues demostró tener un corazón patriota y una recia y disciplinada voluntad. Durante su período se expidió la ley de Régimen Monetario recomendada por la misión Triffin, en virtud de la cual se transformó al Banco Central en un organismo activo y vital, ampliando su campo de acción de simple instituto emisor y regulador de la moneda, en propulsor de la economía nacional, mediante el empleo de nuevos recursos financieros en el fondo destinado a la producción y a las actividades fecundas del país. También frenó las importaciones oficiales del estado y de las municipalidades reformando el Art. 47 de la Ley de emergencia sobre Cambios Internacionales, obligándolas a cumplir con el requisito del permiso previo del Banco Central y al pago del impuesto señalado en el Art. 9 de la antedicha ley e intensificó los trabajos de construcción de las carreteras Duran - Tambo, Girón - Pasaje y San Lucas - Loja. Guayas se benefició con la Comisión de Tránsito, las provincias orientales con el Timbre orientalista, de suerte que al término de su mandato de once meses se dijo que “su nombre había servido de paréntesis de paz, de lazo de unión para que los partidos políticos y los ciudadanos olvidaran sus resentimientos y pospusieran ambiciones”.

Entonces la Municipalidad capitalina le designó “Benemérito quiteño” entregándole la Gran Cruz de Benalcázar y la de Guayaquil lo declaró “Mejor Ciudadano”. Mas, casi enseguida, tuvo que ausentarse con su señora al John Hopkins Hospital de Baltimore, donde el Dr. Lay Martin le extirpó la vesícula viliar. Dos meses después regresó aparentemente sano y se reintegró a la gerencia del banco, cuya plana administrativa estaba formada por Gonzalo Ycaza Cornejo, Jorge Ponce Coloma, Heráclito y Ernesto Weisson Egas, Víctor Max Toledo y José Arosemena Jaramillo y el departamento legal por los Dres. José Miguel García Moreno, Raúl Clemente Huerta y Leonardo Espinel Mendoza.

Ya la artritis le había avanzado deformándole los dedos de las manos, yo le vi en la calle usando guantes de franela blanca, cuando a las dos de la tarde se dirigía al banco. A principios del 49 volvió a viajar a los Estados Unidos y retornó con su estado no muy halagador, recluyéndose en su hogar donde guardó cama por casi tres años, aquejado de dolores que ni siquiera le permitían leer. Al final llegó a debilitarse al punto que tuvieron que suministrarle sueros “hasta que encontró una mañana pura, amarrada su barca a otra orilla”, pues falleció de solo 64 años de edad, el miércoles 20 de Febrero de 1.952, a las 8 y 30 de la mañana, respetado y querido por sus conciudadanos.

Su viuda declinó las capillas ardientes que ofrecieron la Gobernación y la Municipalidad, en el camposanto muchos oradores tomaron la palabra y los diarios le dedicaron sendas notas de pesar.

En 1954 fueron trasladados sus restos a un imponente Mausoleo confeccionado en Italia por la Casa Montecatini, de Carrara, con mármoles blancos. Dicho Mausoleo fue pagado por el Banco de Descuento.

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