ABDON CALDERÓN
GARAYCOA
HÉROE
NACIONAL- Nació en Cuenca el 31 de Julio de
1804 Hijo legítimo del Corn. Francisco García-Calderón
y Díaz-Núñez natural de la Habana
y de Manuela Garaycoa Llaguno, guayaquileña.
Cuando en 1812 fue fusilado
el Coronel Francisco García Calderón
después de la derrota patriota de San Antonio
de Ibarra, su viuda Manuela Garaycoa se trasladó
a vivir en Guayaquil con sus tiernos hijos; el huérfano
Abdón Calderón había realizado
sus estudios primarios en Cuenca con el padre José
María de Landa y Ramírez y algunos de
sus libros de escuela se conservan en nuestro Museo
Municipal.
Después siguió
los cursos del Colegio Seminario de Guayaquil y desde
1817 fue alumno de su pariente Vicente Rocafuerte.
El día 9 de Octubre
de 1820 se alistó en el ejército Revolucionario
con el grado de Subteniente a órdenes del Coronel
Ignacio Alcázar. El 9 de Noviembre actuó
"con rabia en el cuerpo" en el combate de
Camino Real, a órdenes del Coronel Luis Urdaneta,
quien pidió su ascenso a Teniente "por
su valor heroico".
El 22 de ese mes actuó
en Huachi y con los pocos que se salvaron regresó
a Babahoyo.
El 3 de Enero de 1821
peleó en Tanizagua como miembro del ejército
reorganizado del General chileno Toribio Luzuriaga,
figurando en el cuerpo compuesto de tropas cuencanas
que dirigía el Coronel José García,
y cuando la victoria coronaba los esfuerzos patriotas,
el Cura Benavides atacó por la retaguardia
y los flancos. Entonces Calderón rompió
con su Compañía el cerco de fuego y
hierro y salvó la vida y el honor patriota,
retirándose a Babahoyo.
Después vino el invierno y las acciones se
estabilizaron entre los ejércitos realistas
y patriota; pero el 18 de Julio siguiente, mientras
estaban en Babahoyo a las órdenes del Coronel
López, se apareció este militar, arengó
a las tropas guayaquileñas para que gritaran
"Viva el Rey" y marcharan con él
a Quito, a unirse a Aymerich. En medio de esta felonía,
tuvo la delicadeza de dirigirse a los Jóvenes
oficiales guayaquileños diciéndoles
que no quería tenerlos forzados, sino voluntarios,
Abdón Calderón, su tío Lorenzo
de Garaycoa y los oficiales Lavayen y Robles fueron
los primeros que pidieron retornar a sus cuarteles
del puerto y tras ellos, otros muchos más siguieron
su ejemplo y regresaron en una canoa a Samborondón,
donde dieron parte a Sucre.
Enseguida pasó a las
órdenes del sargento Mayor Félix Soler
y del Pozo y regresaron en persecución del
traidor López, al que derrotaron en el sitio
Palo Largo retornando a marcha forzada. El 19 de Agosto
de 1821 combatió en Yaguachi a los realistas
del Coronel Gómez Páez. Calderón
actuó de Teniente de las Compañías
del Batallón Libertadores.
El 12 de Septiembre estuvo
nuevamente en los campos de Huachi como miembro del
Estado Mayor de Sucre y tras la derrota regresó
por Babahoyo a Guayaquil. Luego marchó a pie
a Cuenca como Teniente de la Tercera Compañía
del Batallón Yaguachi, ocupándola militarmente
el 21 de Febrero de 1822 donde se organizaron los
patriotas con muchos cuencanos. De allí siguieron
al norte. El 12 de abril de 1822 formó parte
de la Vanguardia del ejército bajo las órdenes
del Coronel Diego Ibarra, el 21 combatió en
las llanuras de Tapi, cooperando con los Granaderos
Argentinos a la derrota de la caballería realista.
Enseguida siguió a Quito,
tomó parte activa en los preparativos de la
batalla del Pichincha y el 24 de Mayo estuvo en las
líneas de fuego como abanderado de la tercera
Compañía del Batallón Yaguachi,
portando la insignia celeste y blanca de la provincia
libre de Guayaquil y fue herido sucesivamente en cuatro
partes del cuerpo, siendo la última de ellas
mortal. I cuantas veces quisieron sus compañeros
retirarlo del sitio se negó a ello hasta que
al conocer la victoria, a las tres de la tarde, permitió
que lo pusieran en una ruana pues no podía
moverse.
"Sus soldados lo
condujeron al campamento y fue puesto sobre una frazada
en el suelo de una casita, porque no se encontraba
cama en qué acostarlo. Su estado de postración
requería de auxilios eficaces para al menos
calmar su devorante sed y darle algún alimento;
un amigo se encargó de prestarle aquellos servicios
porque el desdichado joven no podía hacer uso
de sus brazos, ni mover las piernas "En la relación
de la batalla escrita por el General López
se asegura que murió al día siguiente,
lo cual es falso, porque como se verá después,
su agonía se prolongó hasta el quinto
día. (1).
(1) La relación
de la batalla escrita por Manuel Antonio López
indica que "al empezar el combate por el centro,
el Teniente Calderón que mandaba la tercera
compañía del Yagauchi, recibió
un balazo en el brazo derecho y pocos momentos después
otro en el brazo izquierdo, afectándole un
tendón y fracturándole el hueso del
antebrazo, lo que le obligó a soltar la espada.
Un sargento la recogió del suelo y se la colocó
en la vaina de la cintura y le ligó el brazo
con un pañuelo colgándole del cuello.
Luego recibió otro balazo en el muslo izquierdo
y finalmente en el muslo derecho que le fracturó
el hueso y le hizo caer postrado a tierra. Sus soldados
lo cubrieron con una ruana y le sacaron a una casita
y allí, al conocer el resultado favorable de
la batalla, exclamó: "Hemos vencido, ahora
puedo morir en paz". El General Sucre informó:
"En tanto hago particular memoria de la conducta
del Teniente Abdón Calderón, que habiendo
recibido consecutivamente cuatro heridas, jamás
quiso retirarse del combate. Probablemente morirá,
pero el Gobierno de la República sabrá
recompensar a su familia los servicios de este Oficial
heroico", y cuando Bolívar arribó
a Quito, dispuso: 1) Que a la Tercera Compañía
del Yaguachi no se pusiera otro Capitán, 2)
Que siempre pasara revista en ella como vivo y que
en las revistas de Comisario, cuando fuere llamado
por su nombre, toda la compañía respondiera:
"Murió gloriosamente en Pichincha pero
vive en nuevos corazones, 3) Que a su madre se le
pasará el sueldo mensual de su hijo.
En cambio, en la relación
escrita por Jacinto Benavente, que peleó en
Pichincha como miembro del "Escuadrón
de Granaderos de los Andes", se dice que fue
uno de los que levantó el cuerpo -exánime
de Abdón Calderón y en junta de otros
oficiales lo llevaron en una ruana al Tejar, en donde
había un Hospital de Sangre con tiendas de
campaña y allí seguramente le hicieron
el reconocimiento de las cuatro heridas que tenía
en su cuerpo. Luego Benavente agregó que Calderón
fue enterrado en el Cementerio de ese lugar, donde
sus restos se confundieron.
Casi un siglo después
su pariente Juan lllingworth Icaza informaba que el
auténtico retrato de Calderón lo poseía
su hermana Mercedes Calderón y Garaycoa de
Ayluardo, que lo había adquirido de su madre
doña Manuela. Cuando doña Mercedes falleció
dejó dicho en su testamento que el retrato
fuera colocado en el salón de sesiones de la
Junta Municipal de Beneficencia, que estaba en un
edificio que se quemó entre el 5 y el 6 de
Octubre de 1896 desapareciendo entonces tan hermosa
reliquia.
"Era una pintura
al óleo como de media vara de alto, que la
familia estimaba muy parecida al original; fue hecho
en Quito y después de la Batalla del Pichincha,
por cariñoso acuerdo de la señora en
cuya casa expiró el héroe y ésta
se la envió a la madre, manifestándole
que en previsión de que no existiera el retrato
de su glorioso hijo, había querido obtener
ese, para ella. "Luego lllingworth agregó:
"Debe ser conocido el nombre de la familia en
cuyo hogar pasó Calderón sus postreros
gloriosos días, pero no lo recuerdo..."
En cuanto a los restos
mortales de Calderón, decía otro de
sus parientes Gustavo Monroy Garaycoa, que la familia
los trajo de Quito a Guayaquil y que su hermana Mercedes
Calderón Garaycoa de Ayluardo los tuvo en una
caja de madera que guardaba en el Altillo de su casa,
con los restos de sus hijos fallecidos. A la muerte
de tan rara señora sus albaceas testamentarias
debieron depositarlos en el mausoleo que mandaron
a erigir en honor a ella, pero de esto no hay certeza,
sólo suposiciones.
Así pues, Calderón
murió de cuatro heridas en brazos y piernas
después de cinco días de agonía,
posiblemente entre el 28 y 29 de Mayo de 1822, sus
restos fueron traídos a Guayaquil, ignorándose
el sitio en que se encuentran y sus actuales retratos
pueden ser copias de aquel original desaparecido entre
las llamas del Incendio Grande.
Sucre le ascendió a
Capitán en el Campo de batalla y Bolívar
decretó honores a su memoria.
Fue un heroico joven, abanderado
del batallón Yaguachi y en Pichincha tremoló
la bandera celeste y blanca de Guayaquil independiente
(2).
(2) En 1907 Manuel J.
Calle publicó “Leyendas del tiempo heroico”,
lectura para la niñez de América. Uno
de sus capítulos narra en forma de cuento la
heroica muerte de Calderón. Pues bien, no faltan
literatos más bien ignorantes en materia histórica;
que horrorizados porque este cuento de Manuel J. Calle
se repite en las escuelas a los niños ecuatorianos,
protestan contra lo que ellos llaman “El mito
de Abdón Calderón” sin comprender
que no existe tal mito, pues Calle recreó una
verdad y que Abdón Calderón fue un héroe
verdadero, que su muerte ocurrió tras una larga
y dolorosa agonía y que la Patria necesita
hoy más que nunca estos ejemplos de abnegación
y valor en tan corta edad.