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JUAN ANTONIO GUTIERREZ
COMISIONISTA.- Cuando el general Juan Manuel de Rosas declaró su dictadura personal en Buenos Aires hacia mediados del siglo pasado, numerosos intelectuales argentinos emigraron al exterior huyendo de la barbarie y de los crímenes que cometía la soldadesca. Unos fueron a Montevideo donde formaron hogares y fundaron familias, otros pasaron a Chile y de allí se desparramaron por el Perú y hasta por Guayaquil; los menos -contando con el dinero suficiente- viajaron a Europa, a seguir estudios y a aprovechar el tiempo.

Entre los que llegaron a Guayaquil estaban los hermanos Juan Antonio y Juan María Gutiérrez. El primero había ejercido el comercio en Valparaíso y después en Lima. En Guayaquil instaló una Casa dedicada a la compra de productos del país, tales como el cacao, café y la orchilla, vegetal muy usada para teñir telas, en la época en que aún no se inventaban las modernas anilinas químicas que hoy nos llegan de los Estados Unidos y Alemania.

Este Juan Antonio llegó a ser Cónsul de Chile en Guayaquil y era hombre de buen talante, amigo de escritores y artistas, hablaba idiomas, generoso con las cosas del espíritu y la cultura y hasta anticuario. En 1852 ayudó al artista francés Ernest Charton que estaba de paso por el puerto, sin ropa ni dinero a consecuencia de una aventura marítima ocurrida en las Galápagos. En 1858 le facilitó el dinero necesario a Manuel Villavicencio para la impresión de la “Geografía del Ecuador” en New York, pero en 1861 ocurrió la quiebra de su Casa Comercial, a causa de malos manejos de un amigo que abusó de la confianza que se le había concedido y Gutiérrez entró en mala situación. ( 1 )

El 20 de Agosto de 1864 comenzó a publicar «El Duende», escrito con Nicolás Augusto González Navarrete, Manuel Marcos Aguirre y Jorge Tola Davales e impreso por varios jóvenes liberales en una imprentita secreta que tenía Mercedes Calderón Garaycoa en su casa. Esta señora era hermana entera de la viuda de Rocafuerte y fue célebre en Guayaquil por su patriotismo, constancia e intrepidez. Más tarde sufrió persecuciones por parte del tirano y tuvo que salir desterrada, de suerte que con Manuela Sáenz y Marietta de Veintimilla han sido las tres únicas mujeres que han sufrido esa pena en la historia del país.

Para 1865 vio turbada su tranquilidad y hasta amenazada su seguridad personal cuando García Moreno hizo apresar al Dr. Santiago Navarro Viola, bajo la acusación de estar comprometido con el general Urbina en la invasión armada que culminó con la batalla naval de Jambelí.

Entonces Gutiérrez, que actuaba como encargado del consulado de la Argentina, intervino con más insistencia que ninguno otro y hasta con amenazas en nombre de la fraternidad internacional, para obtener el perdón de Viola, su amigo personal de muchos años y conciudadano argentino, con quien le unía el mismo odio a Rosas; pero el tirano no cedía y al final, agotada su paciencia, le gritó a Gutiérrez: “Si todavía insiste Ud., le envuelvo la bandera de la nación al Dr. Viola y lo fusilo” refiriéndose a la bandera argentina, lo cual resultaba no solamente un despropósito sino una grosería sin nombre.

( 1 ) Gutierrez y Compañía suspendió sus pagos el 11 de Octubre de 1861 pues el cajero Gabino Ycaza Gainza y el Contador principal Thomas Viner Clarke se confabularon para robar la cantidad de 360.000 dólares o quizá más. No solamente que de vez en cuando habían robado grandes sumas, haciendo que el balance mensual cuadrara siempre con el efectivo de caja; sino también habían embarcado inmensas cantidades de cacao y otros productos de las bodegas de Gutierrez con nombres ficticios, destinados a casa comerciales del extranjero que no existían más que en su imaginación. El 60 Gutierrez mandó a Clark a Europa a comprar y regresó con mercaderías invisibles y facturas falsas; Finalmente Clark tomó un vapor y se fue llevando 7.000 dólares más, pero Gutierrez lo persiguió en otro vapor, lo abordó y delante de la tripulación los apostrofó malamente y se los arrebató con la consiguiente vergüenza del culpable.

Gutiérrez escapó de sufrir la pena del fusilamiento por su calidad de Cónsul o agente de una potencia amiga y no se sabe si por la contrariedad o de enfermedad, murió el 6 de diciembre de ese año, dejando a su viuda Rosa Destruge y Maitín con numerosos hijos, de los cuales hay descendencia.