JUAN MARIA GUTIERREZ
CRITICO Y LITERATO.-
Nació el 6 de Mayo de 1809 en Buenos Aires,
hijo legítimo de padre español y madre
criolla. En su primera juventud estudió derecho
y topografía y manifestó temprana vocación
por los quehaceres de la inteligencia. En 1834 se
graduó de Abogado, acercándose a los
hombres que en la historia argentina se conocen como
la Generación del 37. Su discurso “Fisonomía
del saber español; cual debe ser entre nosotros”
en la sesión inaugural del Salón Literario,
anunció sus ideas cardinales y su actitud como
intelectual frente a los problemas decisivos del país,
su historia, su tradición y su porvenir.
Colaboró en los
periódicos “La Moda” y “El
Iniciador” y junto al gran poeta romántico
Esteban Echeverría , su maestro, fundó
la Asociación de Mayo cuyo lema fue “Mayo,
progreso y democracia”, pero fue perseguido
y encarcelado por “Cajetilla y hablantín”
y tuvo que viajar exiliado a Montevideo donde triunfó
en el Certamen Poético de 1838 con su composición
“A Mayo” revelando dotes líricas
e inspiración ciudadana. Poco después
colaboró en la defensa de la ciudad sitiada
y desde 1839 atacó la dictadura de Juan Manuel
de Rosas desde los periódicos “El Talismán”,
“Tirteo” y “Muera Rosas”.
En 1842 viajó a Europa con Juan Bautista Alberdi
y recorrieron varios países. Ocho meses después
regresaron a América y radicaron en el Brasil
hasta 1845 que pasó a Chile. En febrero de
1846 editó “La América Poética”,
colección escogida de compositores en verso
escritas por americanos en el presente siglo con noticias
biográficas y juicios críticos”.
Allí apareció la edición definitiva
de la Victoria de Junín de Olmedo. Esta primera
Antología volvió a editarse veinte años
después en Buenos Aires, sensiblemente ampliada,
siendo la primera que dio a conocer el mundo intelectual
americano.
El mismo año 46
fue nombrado Director de la Escuela Náutica
de Valparaíso, establecimiento en el cual permaneció
por algún tiempo e introdujo mejoras de gran
importancia. En 1848 publicó una recopilación
de las poesías de Olmedo, revisadas y corregidas
por este, poco antes de morir. El 49 dió a
luz una nueva edición de “El Arauco Domado”
de Pedro de Oña, con una Noticia biográfica
del autor. También recopiló y tradujo
durante su permanencia en Chile algunas obras didascálicas
tales como “El lector americano” el 46,
“La vida de Franklyn” traducida del francés
el 49, y “Los elementos de Jeometria”
el 50, pequeño pero magnífico texto
para la enseñanza de este ramo en las escuelas.
Allí le conoció
el viajero Alexander Holinski, quien publicó
en 1876 en París sus “Escenas de la vida
sudamericana” donde escribió de Gutiérrez:
“Encontré pocos hombres que yo pueda
poner por la variedad enciclopédica de conocimientos,
al nivel de este ilustre ciudadano de la república
argentina. Poeta y escritor político, se jacta
por una oposición enérgica contra Rosas.
Obligado a exiliarse, él redactaba en Santiago
uno de los mejores periódicos de Chile durante
mi estadía en esa capital en 1851. La literatura
le debe una cantidad de publicaciones remarcables”.
Ese año de 1850 viajó
a Guayaquil invitado por su hermano Juan Antonio que
ejercía el consulado de Chile y estaba encargado
de los asuntos comerciales de la Argentina en ese
puerto. Varios meses vivió en el trópico
que no le asentaba enteramente, pues a su amigo Diego
Barros Arana escribió: “Aquí tengo
a mi hermano, un caballo, una habitación cómoda
y mis libros. Sin embargo este clima es excelente
para los zambos que crecen aquí con una energía
poderosa, pero no para quien ha gozado del calor del
brasero y de la chimenea en ese sur de América”,
empero se dio tiempo para trabajar en lo suyo y hasta
logró que el joven José María
Aviles Pareja le proporcionara el copioso manuscrito
que contenía las mejores poesías del
padre Juan Bautista Aguirre, S.J. del que copió
Gutiérrez las más importantes y sugeridoras,
desechando las otras por gongoristas y enrevesadas.
Dicho manuscrito del
padre Aguirre debió pasar a su cuñado
el Cap. Gerónimo de Mendiola y Obregón
(Marido de María Ventura Fernández Caballero
y Carbo), posiblemente antes de 1767, fecha de su
extrañamiento a Italia; años después
estaba en la biblioteca del anticuario José
María Molestina Roca, que se ufanaba por ello,
como lo aseveró después su hijo Juan
Emilio Molestina Roca, primer antólogo ecuatoriano,
quien explicó: “Mi padre las había
prestado - las poesías - a José María
Avilés, para que las leyera con cuidado”.
En Enero de 1852 Gutiérrez
escribía “angustiado al ver qué
tristes consecuencias y a qué debilidad civil
conduce a un pueblo la anarquía; al ver saludado
el pabellón español con los mismos cañones
conque tantas glorias conquistó Bolívar.
Al ver la suerte de una nación independiente
(Ecuador) entregada a los movimientos tenebrosos de
un cuartel de quinientos hombres (los Tauras) mientras
una nación entera contemplaba como si se tratase
de los intereses del Papa o del gran turco”.
Poco después le
llegaron los ecos del triunfo militar del General
Justo José de Urquiza, quien el 3 de Febrero
había derrotado al odiado dictador Rosas en
la célebre batalla de Caseros, obligándole
a abandonar el poder y a salir exilado a Southampton
en Inglaterra. Entonces regresó a Buenos Aires
tras de doce años de exilio y siete días
después fue nombrado Ministro de Gobierno por
el Presidente Vicente López, en cuyo ejercicio
tuvo que defender el tratado de San Nicolás,
que encontró decidida oposición en la
capital porteña.
Gregorio Weimberg, a quién
hemos consultado entre otros autores para trabajar
esta biografía, asegura que Gutiérrez
se alejó a Santa Fe, participando en la Convención
Nacional, como Diputado por la provincia de Entre
Ríos, fue miembro de la Comisión de
asuntos constitucionales y autor principal con José
Benjamín Gorostiaga del anteproyecto de Constitución,
siendo de los que más gravitaron en la discusión
y aprobación definitiva. Mientras tanto no
desperdiciaba momentos libres y publicó “El
Nacional Argentino” en la población de
Paraná, considerado como uno de los más
grandes periódicos doctrinarios que ha tenido
esa nación.
En Marzo del 54 fue designado
por el presidente Urquiza Ministro de Relaciones Exteriores
de la Confederación que funcionaba en Paraná,
trabajó asiduamente y preparó las negociaciones
previas para el reconocimiento de la independencia
por parte de España.
En 1856 renunció para
volver a Buenos Aires y alejado de toda actividad
política se dedicó a investigar y a
escribir con la elevación que exigía
la hora. “No se sentía viajero provinciano
trabado por siglos y hemisferios, pues conocía
y ahondaba las más altas manifestaciones del
espíritu” y por ello su presencia descollaba
entre la de sus conciudadanos,
En 1860 editó
“Apuntes biográficos de escritores, oradores
y hombres de estado de la República argentina”
y “Artículos críticos y literarios”.
En 1861 fue electo Rector
de la U. de Buenos Aires y allí permaneció
por más de doce años hasta su jubilación.
Desde ese cargo, fundamental para el desenvolvimiento
de la inteligencia argentina, realizó una larga
labor solo comparable a la de Andrés Bello
en Chile, haciendo que esa U. adquiriera prestigio
continental, modernizando sus planes de enseñanza,
haciendo aparecer nuevas disciplinas y bien provistos
laboratorios.
En 1865 dió a la luz
“Estudios biográficos y críticos
sobre algunos poetas suramericanos anteriores al siglo
XIX” donde recogió su estudio sobre el
Padre Aguirre, aparecido meses antes en cuatro entregas
en “El Correo del Domingo”. En 1869 salió
“Origen del Arte de Imprimir en la América
Española”, “Noticias históricas
sobre el orígen y desarrollo de la enseñanza
pública superior en Buenos Aires, desde la
época de la extinción de la Compañía
de Jesús en el año 1767 hasta poco después
de fundada la U. en 1821, con notas biográficas,
datos estadísticos y documentos curiosos inéditos
o poco conocidos”, obra considerada como fundamental
para la historia de la cultura argentina y no superada
aún, por su aporte documental y que lograron
continuar en el siglo XX el célebre ensayista
José Ingenieros en su “Evolución
de las ideas argentinas” y Alejandro Korn en
“Influencias filosóficas en la evolución
nacional”. Igualmente dio a la imprenta un “Bosquejo
biográfico del General San Martín”,
las “Poesías de Florencio Balcarce”
y sus propias poesías que aparecieron bajo
el título de “Poesías de Juan
María Gutiérrez” de levantada
inspiración nacional, que analizaría
Amparo Villanueva en su libro “Crítica
y pico”.
En 1870 dió principio
a la publicación de las obras completas de
su maestro Esteban Echeverría que encabezó
con una magistral introducción y sirvió
para rescatar la labor de ese poeta. El 71 editó
“Estudio sobre las obras y la persona del literato
y publicista argentino D. Juan de la Cruz Varela”.
En 1873 pasó a presidir
el Consejo de Instrucción pública. Gutiérrez,
uno de los mejores conocedores del habla castellana
que ha tenido el país, rehuyó por instinto
la fogosidad y exuberancia corrientes en los poetas
rioplatenses de la época, a quienes aventajó
por la gracia y elegancia de las formas y por la autenticidad
de sus impresiones y delicadeza de sus sentimientos.
“En 1869 publicó
un volumen que contenía su propia selección
de Poesías. Realizo también una ponderable
labor antologista, editando varios libros con composiciones
de autores americanos... Seguramente su esfuerzo más
logrado en este sentido fue la “América
poética” 1846, en la que reunió
a poetas de once naciones del nuevo mundo. Era la
primera vez que se realizaba una obra de esta envergadura,
que sirvió para alentar ulteriores empresas
similares –y aún para ser plagiada sin
remordimientos- y que permitió difundir la
fisonomía del quehacer poético hispanoamericano,
Contribuyó a superar los provincialismos literarios
y mostrar la hermandad y madurez de las flamantes
naciones del hemisferio. Fue un aporte sustancial
para la conformación de una conciencia cultural
americana”.
En Febrero del 78 concurrió
a los solemnísimos festejo del Centenario del
nacimiento de San Martín y al día siguiente,
26 de ese mes, falleció de infarto, posiblemente
ocasionado por el intenso calor y la agitación
de la víspera.
Gutiérrez fue
un anticuario curioso que todo lo quería conocer
y al mismo tiempo un crítico versado y sapiente
que atisvaba con amor el alma del ser americano y
tenía apreciaciones de conjunto que transmitió
a las siguientes generaciones a través de sus
numerosos escritos. I aunque rechazaba la herencia
española por el notorio atraso, decadencia
y esterilidad de sus instituciones, comprendió
que era imprescindible entender a la colonia como
una continuidad en el desenvolvimiento de estos países,
por ello tan llenos de contradicciones. Más
que un simple crítico y literato fue ciertamente
un civilizador que gozó de la amistad de los
prohombres de su tiempo, considerado a la misma altura
de Mitre, Sarmiento, Alberdi, etc. y ejerció
gran influencia desde el rectorado de la U. de Buenos
Aires en la vida de su tiempo.
“Según el juicio de Menéndez y
Pelayo, fue “el más completo hombre de
letras” que hasta fines del siglo pasado produjo
el nuevo continente”.
“Paralelamente
a su vasta obra de historiador y vinculado directamente
con ella, Gutiérrez concreta su labor de crítico
literario. En este sentido se lo considera como el
iniciador de una crítica erudita, fundada en
metodología y apoyada en un profundo conocimiento
del contexto histórico que enmarca la producción
enjuiciada. Menéndez y Pelayo lo considera
el primer crítico hispanoamericano del siglo
XIX después de Bello”.
“Gutiérrez planteó,
entre los primeros, el problema de la tradición
y de la independencia cultural... En directa relación
con estas cuestiones debe recordarse la conmoción
internacional que provocó al rechazar, en 1875,
el diploma de miembro correspondiente de la Real Academia
Española, por no admitir hegemonías
de instituciones peninsulares sobre nuestra lengua
ni sobre aspecto alguno que afecte la independencia
cultural de esos pueblos”.
“De la polifacética
actividad cumplida por Gutiérrez corresponde
mencionar aquí cuanto atañe a su preocupación
literaria. Así, su adhesión al romanticismo,
al que considera no sólo como una tendencia
estética sino como un instrumento sensible
apto para captar la realidad. ...A ello deberá
añadirse un acendrado espíritu nacional
y americanista, que vivió con toda intensidad
la problemática de su tiempo. Esto lo llevó
a participar abierta y dignamente en la vida cívica
del país. El hombre de letras y el hombre político
fueron dos aspectos integrados y complementarios en
su personalidad...”
“Fue un destacado
poeta. Buscó inspiración en el paisaje
y en las costumbres nacionales y expresó su
lirismo con pulcritud y mesura”.