LASTENIA LARRIVA Y
NEGRON
POETISA.- Nació
en Lima hacia 1850, en hogar acomodado pero no rico,
formado por Pedro Luis de Larriva y Lavayen y Ascención
Negrón. “Desde su más tierna infancia
sintió que la inspiración desbordaba
su mente y componía versos, pero conservaba
en secreto su pasión literaria. Tenía
carácter vehemente y apasionado, y belleza
que la hacía notable en los salones de las
más escogida sociedad limeña”.
A los veinte años
viajó al Uruguay donde permaneció algunos
meses y al regresar a Lima conoció en el barco
al joven Adolfo de la Jara, natural de Arequipa, con
quien contrajo matrimonio en 1872 y tuvo cinco hijos;
pero en 1877 comenzaron sus pesares, pues falleció
de infección intestinal su hijita Adriana y
un año después estalló la guerra
del Pacífico y su marido se alistó en
las fuerzas peruanas que fueron a combatir al invasor
chileno, hallando gloriosa muerte en la batalla de
Miraflores, donde se perdió lo más granado
de la juventud del Perú. Entonces la viuda
tuvo que trabajar, encontrando en el piano el recurso
eficaz para atender a los apremiantes requerimientos
de la subsistencia. Un año después,
mientras cruzaba en tranvía las calles de Lima,
al detenerse el vehículo subió un caballero
de buen porte, que tomó asiento a su lado.
Sus miradas su cruzaron y fue el amor. Pocas cuadras
después descendió ella y fue seguida
a prudente distancia, hasta que subió a su
casa. Luego se encontraron en la Iglesia, en el teatro
y una tarde fue visitada y quedó encantada
al saber que su misterioso admirador era el poeta
guayaquileño Numa Pompilio Llona y Echeverri,
célebre autor de “La Odisea del Alma”
y ex diplomático del Perú ante numerosos
gobiernos de Europa, a quién ella conocía
y adoraba por sus versos. El era viudo de Enriqueta
Marchena y Bentín, sobrina-nieta del gran repúblico
lojano Miguel Riofrío y sentimental poetisa
y prosadora de primera, ella misma.
Don Numa Pompilio y Lastenia
se hicieron amigos en literatura, luego inseparables
y románticos compañeros, finalmente
novios y cuando a los pocos meses se casaron, cada
cual llevó a sus hijos al matrimonio, once
en total. En 1883 vinieron al Ecuador y coincidió
el viaje con la caída del General Ignacio de
Veintemilla. La intelectualidad del país se
conmovió y los poetas cantaron el retorno del
“Gran poeta nacional”. En 1884 el gobierno
de Caamaño designó a Llona en misión
diplomática en Colombia y con tal motivo los
esposos Llona Larriva visitaron Cali y conocieron
a los primos Echeverri, que aún conservaban
la hacienda donde el poeta había pasado sus
primeros años rodeado del cariño de
una familia numerosa, unida y feliz.
Hacia 1886 estaban nuevamente
en Guayaquil y Llona se dedicó al periodismo.
En 1888 Lastenia editó la novela “Un
Drama Singular” o historia de una familia, en
270 pags. En 1889 un decálogo escrito a petición
de las madres del colegio de los Sagrados Corazones,
titulado “La Ciencia y la Fe”, en 16 pags.,
y “Oro y Escoria”, novelita de cortas
dimensiones y de menor trama y desarrollo que “Un
Drama Singular”, pero tiene interés y
enseñanza social muy aprovechables, en 131
pags. Al año siguiente salió la segunda
parte en 153 pags. y “Pro Patria”, en
57 pags.
El 5 de septiembre de
1891 la primera revista femenina que conoció
nuestra ciudad, llamada “El Tesoro del Hogar”,
dedicada enteramente a la mujer, con material escogido
y selecto. Antes de finalizar el siglo regresaron
a Lima y publicó en “El Comercio”
notables estudios sociológicos y psicológicos
bajo el seudónimo de “N. Mayer”
que causaron la expectación de los medios científicos
de esta capital, más al saberse que eran “trabajos
de mujer”, se produjo la reacción machista
y dejaron de ser editados. En 1902 dio a la luz en
Lima: “Fe, Patria y Hogar”, colección
de poesías en 328 Págs. en estilo sencillo,
fácil y hasta en ocasiones, trivial.
Mientras tanto los esposos
poetas habían vuelto a la ciudad del Guayas
sufriendo grave pobreza que el gobierno del general
Alfaro trató de aliviar, designándole
Rector del Colegio “Olmedo” de Portoviejo.
Allí ocurrió que una hija de doña
Lastenia llamada Rosa Lastenia de la Jara y Larriva
se enamoró del joven manabita Octavio Cevallos
Bowen y el matrimonio se realizó en una hacienda
de los alrededores, reunión que aún
se recuerda por los hermosos y bien trazados brindis
en versos que la concurrencia lanzó en honor
de los desposados. De esta unión fue hijo el
Ing. Eudoro Cevallos de la Jara, quien ocupó
el rectorado de la U. Católica y falleció
después.
En 1904 el poeta Llona
vivía pobremente en Guayaquil y “El Diario
del Pueblo” tomó la iniciativa de coronar
sus cienes en el antiguo teatro “Olmedo”,
en fastuosa fiesta literaria que fue seguida por toda
la nación con simpatía y enormes muestras
de solidaridad. Entonces le obsequiaron una hermosísima
Corona de Hojas de Laurel de Oro amarrada con cinta
tricolor, que aún se conserva en el museo de
la U. de Guayaquil. El gobierno de Lizardo García
aprovechó el momento y le asignó una
pensión vitalicia pero exigua. Llona murió
al poco tiempo y en su casita de madera de la Calle
Sucre; la viuda que tenía a sus hijos en Lima
regresó al Perú, viviendo hasta avanzada
edad. Su muerte ocurrió el 24 de septiembre
de 1934 y entonces se dijo: “Fue una mujer atalaya
del feminismo en América. De ideas avanzadas,
de nobles y finos rasgos, de cultura exquisita, de
bondades innatas y de gran corazón”