PEDRO LEIVA
MEDICO CACIQUE.-
Nació posiblemente en Malacates, en el valle
cruzado por el río de ese nombre, en donde
eran Caciques sus familiares a principios del siglo
XVII. Se desconoce el nombre de sus padres y su nombre
indígena. La doctrina de Malacatos se componía
de los pueblos de Vilcabamba, Yangana y San Bartolomé.
Ricardo Palma cuenta en su tradición “Los
Polvos de la Condesa” que “un indio de
Loja llamado Pedro Leiva, bebió para calmar
los ardores de la sed del agua de un remanso, en cuyas
orillas crecían algunos árboles de quina.
Salvado así, hizo la experiencia de dar de
beber a otros enfermos del mismo mal, cántaros
de agua en los que depositaba cortezas de cascarilla,”
que en la lengua nativa se denomina “cara Chuccho”,
obtenidas del árbol para los fríos o
“yura chuccho”.
J. Ramillo Arango escribió que a principios
del siglo XVII los jesuitas habían comenzado
su penetración en Loja, avanzando por los ríos
del oriente y fundando la población de San
Francisco de Borja en 1619. Un jesuita de nombre Juan
López, había sido tratado de tercianas
palúdicas por el médico y Cacique Pedro
Leiva.
Poco tiempo después el Corregidor de Loja Juan
López de Cañizares, enfermó también
del terrible mal y siguiendo las normas de la medicina
europea se sometió a sangrías repetidas,
purgamientos y sinapismos y además había
tenido que beber los más increíbles
compuestos y pociones, no obstante todo ello iba camino
al sepulcro. Entonces el padre jesuita había
intervenido informando al Corregidor que él
había experimentado tal mejoría que
se sentía curado de las tercianas luego del
tratamiento con Leiva y gracias a los polvos preparados
de una planta que le era conocida y así fue
como hicieron viajar a Loja al herbolario y el Corregidor
tomó el agua de quina y quedó curado.
Esto debió ocurrir hacia 1630 pues al año
siguiente el padre Juan López S.J. estaba en
Lima en posesión del secreto de la quina, que
desde antaño se usaba en Loja para prevenir
el soroche y mal de la montaña y como remedio
infalible contra el paludismo y la malaria por sus
propiedades febrífugas y antitérmicas.
Entonces enfermó gravemente de tercianas palúdicas
el Virrey del Perú, IV Conde de Chinchón,
Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y
Bobadilla Cerda y Mendoza y no había tratamiento
que lo mejorara, su segunda esposa Francisca Henríques
de Cabrera y su médico el Dr. Juan de la Vega,
habían consultado a todos los herbolarios sin
resultados satisfactorios y al fin dieron con el padre
López en el colegio jesuita de San Pablo, quién
hacía curaciones milagrosas entre el pueblo
limeño y éste fue quien suministró
los polvos de quina al moribundo Virrey devolviéndole
la vida, por esta curacíón - que fue
notoria – se conoció a los polvos de
la quinua con el nombre de polvo de la condesa.
De allí en adelante
la historia es conocida y los bosques de quina de
la provincia de Loja comenzaron a ser explotados para
extraer sus cortezas. Sesudos autores como el agustino
Fray Antonio de la Calancha y el Dr. Pedro Barba,
médico de Cámara de Felipe IV, trataron
extensamente sobre sus maravillosas propiedades. Años
antes el rey “Felipe II había encargado
a su médico el Dr. Francisco de Hernández,
que viniese al nuevo mundo a verificar con sus propios
ojos aquello de lo que tanto se hablaba y maravillaba:
el conocimiento de los médicos aborígenes
acerca de las virtudes de innumerables plantas. I
estas resultaron ser en calidad muy superior a la
imaginada, tanto que Hernández tuvo que llenar
varios volúmenes con la descripción
de más de setecientas plantas de Méjico
únicamente. Ya los polvos de la Condesa eran
conocidos como polvos de los jesuitas y como quinina.
Ningún otro dato se tiene sobre Pedro Leiva”.