A su regreso fue designado
Director del Centro de Investigaciones Arqueológicas
y profesor de Arqueología de la Universidad
Católica de Quito y del Instituto Salesiano
de Filosofía y Pedagogía y para sus
alumnos comenzó a editar desde el 65, en mimeógrafo,
un texto de Arqueología prehistórica
que ha visto numerosas ediciones. El 68 publicó
su "Amazonía, poemas salvajes", escrito
tiempo atrás.
El 69 realizó
excavaciones en uno de los concheros más grandes
de América, situado en Agua Piedra, Isla Puna,
llamado por los pobladores "El Encanto",
aplicando por primera vez en el Ecuador sistemas de
seriación Ford. Este trabajo le sirvió
para establecer el grado de relación de la
cultura Valdivia con los concheros del Continente.
El 70 profundizó
sus estudios arqueológicos en la provincia
del Tungurahua, concluyendo que la llamada cultura
Panzaleo había florecido desde el año
400 A.C. en las zonas de Archidona, Baeza y Tena en
el oriente, con el nombre de pueblo de los Quijos
y un posible, origen en la cultura San Agustín
de Colombia, que fue una de las más antiguas
en Sudamérica y tuvo una gran dispersión.
Los Quijos monopolizaron la producción y el
comercio de la hoja de coca, movilizándose
a la sierra el 700 D.C. y el 1.100 a la zona del río
Daule, de donde partió la cultura Milagro-Quevedo.
Durante uno de sus viajes
halló en Cotundo y a solo siete kilómetros
al norte de Archidona, la presencia de indios negroides
descendientes de un fuerte contingente de esclavos
de color, llevados en el siglo XVI por los colonizadores
españoles al laboreo del oro en los ríos.
El 60 sacó "Mi
Homenaje", poemario escrito en la década
anterior. El 71 ingresó a la Academia Nacional
de Historia con "Reseña histórica
de las investigaciones arqueológicas en el
oriente ecuatoriano", con Luis Piana Bruno, que
solo pagó la primera, edición editó
"Breves notas sobre arqueología del Ecuador"
en 305 páginas, obra que ha visto tres reediciones,
y en el boletín de la A.N.H. publicó
un artículo de divulgación científica
"Seriación cerámica de la fase
Cosanga en el oriente ecuatoriano".
El 72 editó "Cinco
mil años atrás en la costa ecuatoriana",
estudio de aproximadamente cien páginas sobre
la cultura Valdivia. También "Petroglifos
del Alto Napo", su segunda obra sobre esa materia
edición, pequeña y bellísima
por sus numerosas fotografías y en el Congreso
de Americanistas reunido en Genova presentó
como ponencia "Secuencia seriada de los artefactos
de piedra pulida de la fase Cosanga en el oriente
ecuatoriano", complementando su seriación
cerámica del año anterior.
También descubrió
en Pimampiro, Imbabura, una gran bóveda de
piedra grabada con motivo zoológicos asociados
a la cerámica del Carchi y de Cosanga. El 73
viajó a Lima y divulgó en el Congreso
Internacional de Americanistas la fase Cosanga y la
localización de las ruinas de Baeza. Un año
después dio a la luz su libro "Historia
y arqueología de la ciudad española
Baeza de los Quijos" relatando sus expediciones
a esa zona, que no han estado exentas de peligros
pues en cierta ocasión y cerca del río
Upano se vio de pronto rodeado por casi cuarenta indios
armados de cuchillos y machetes, dispuestos a atacarlo
pues creían que les iba a robar las tierras.
Entonces Porras recordó que el jefe de ellos
había sido su alumno en Quito y la sola mención
de su nombre (Miguel Tanganashi) le salvó de
una muerte horrible en aquella ocasión. El
74 halló en las faldas del Sangay una ciudad
prehistórica de piedra construida entre el
1.500 y el 2.000 A.C. aún sin nombre, una pequeña
Machu Pichu.
El 75 salió su
libro definitivo sobre la Fase Cosanga, la primera
edición de su texto "El Ecuador Prehistórico"
y su estudio sobre la "Fase Pastaza" del
año 2.000 A.C. en 135 páginas. El 77
sacó la "Fase Alausí" y presentó
como ponencia en el I Congreso Nacional de la Prensa
Turística su trabajo sobre "El turismo
antropológico y científico".
El 78 realizó
una expedición a la cueva de los Tallos (pájaros
de pequeño tamaño que habitan en el
oriente) bajó a sesenta metros por el boquete
y de allí avanzó trescientos hacia el
interior, encontrando una sepultura en la piedra con
restos funerarios y conchas muy parecidos a los de
Cerro Narrío y cinco spondilius que dieron
una data de 1.600 A.C. estableciendo así la
existencia de un activo comercio evolucionado entre
costa, sierra y oriente hace 36 siglos. A la cueva
de los Tallos aún no se le asigna una cultura
especial, pero Porras cree que pudo ser la Kotosh-Huarahirca.
El 80 editó "Técnicas
para trabajo de campo. El 81 publicó el resultado
de sus catorce expediciones a los alrededores del
Sangay, clasificando los tiestos con el nombre genérico
de Upano y donde ha encontrado numerosos dibujos hechos
con tierra, sobrelevados y los primeros en Sudamérica
que tienen formas zoomorfas de jaguar. Porras ha manifestado
que esta cultura Upano pudo originar a la Olmeca en
Méjico.
El 82 sacó "Arqueología
de Quito. Fase Cotocollao". El 83 "Arqueología
Palenque". El 85 "Arte rupestre del alto
Napo. Valle del Misaguallí". El 87 un
libro para todo público titulado "Nuestro
ayer. Manual de Arqueología ecuatoriana"
conteniendo su Vocabulario, en 326 páginas.
El 87 volvió sobre los alrededores del Sangay
con nuevas conclusiones, croquis elaborados con fotografías
aéreas, etc.
Estaba considerado el
primer arqueólogo del Ecuador por la importancia
de sus trabajos y descubrimientos. Vivía en
la comunidad Josefina en la Magdalena y tenía
a su haber la localización, estudio y descripción
de nueve culturas diferenciadas en nuestro oriente,
antes totalmente desconocidas, a saber: 1.- Fase Precerámica
Dondachi hallada en la cueva de Papayacta (7.000 A.C.)
2.- Upano I 2.500 A.C. 3.- Cotundo 2.000 A.C. 4.—
Pastaza, paralela a Cotundo, también del 2.000
A.C. 5.- Los Tayos 1.600 A.C. 6.- Cosanga y Upano
II 500 A.C. 7.-- Napo y Upano III 500 A.C. 8.- Cosanga
II Suno 1.000 D.C. y 9.-- Ahuano 1.500 D.C.
Igualmente ha llegado a novísimas
conclusiones con relación a otras culturas,
así por ejemplo, la Machalilla, situada al
sur de Manabí, se originó en Upano I,
que pasó por cerro Narrío en Azogues
y llegó a la costa el 1.200 A.C. para formar
la Machalilla, de allí siguió al Perú
y estructuró la cultura Chavín. Igualmente
ha establecido que las fases Panzaleo y Protopanzaleo
de Jijón y Caamaño corresponden a la
dispersión de la Cosanga del oriente, que dominó
hasta Píllaro en la sierra, de tal suerte que
Porras las ha rebautizado como culturas Cosanga-Píllaro.
Alto, delgado, nervioso,
vital, ágil para sus casi 73 años, nuestro
querido arqueólogo y amigo seguía desafiando
a la selva y sus peligros, trajinando por andurriales,
atravesando peligrosas tarabitas, siempre adelante
y en procura del ideal. Había descubierto buena
parte del pasado milenario ecuatoriano, pero aún
le quedaba mucho por hacer, pues su insaciable curiosidad
científica hasta le hizo detectar la existencia
de numerosas piedras incásicas en Quito, especialmente
en el frontis del Palacio Presidencial. ( 1 )
Dirigía el Museo de
la Universidad Católica de Quito con varios
ayudantes; mas, el alto costo de sus expediciones
le limitaba. Su rostro curtido por el sol, grandes
lentes de carey, ojos negros y pelo cano, que sabe
pintarse de negro para engañar al tiempo. Su
palabra fácil, locuaz, agradable y llena de
fuerza, su amabilidad con todos, su profunda vocación
y en fin, la chispa del genio que se adivinaba primero
y se confirma después, le constituían
en uno de los más importantes ecuatorianos
junto a Jijón, Estrada y Zevallos Menéndez
formaba el hilo vital que enlazaba la arqueología
clásica ecuatoriana con nuevos valores de la
talla de Jorge Marcos y Presley Norton que trabajaban
la arqueología, pero un fulminante infarto
acabó con su existencia.
( 1 ) De paso por Quito,
casualmente le encontré sentado y pensativo
en un banco de la Plaza de la Independencia. Preguntando
el por qué de su preocupación, me contestó
que contaba cuantas piedras de más de cuatro
ángulos habían insertas en el pretil
del Palacio Presidencial. Eran como las once de la
mañana, me senté a su lado y juntos
elaboramos un plano a dos colores; rojo y azul. El
asunto terminó a las seis de la tarde y nos
fuimos a cenar a un restaurante cercano. Al día
siguiente con el rostro enrojecido por el sol. Al
Padre Porras no le sucedió nada porque estaba
enseñado al sol fuerte por sus expediciones
al oriente.
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