JOSÉ A. DE RUBIRA
RAMOS
PROFESOR.- Nació
en Guayaquil, en el barrio Villamil antiguamente llamado
“El Provenir”, y entes “El Conchero”
el 26 de octubre de 1886, en casa de sus abuelos maternos
en la esquina de la Tahona cerca de Malecón
y Avda. Olmedo, y fue bautizado el 20 de noviembre.
El segundo hijo del matrimonio formado por Obdulio
de Rubira Drouet, rentista y Maclovia Ramos Morla,
terrateniente, condecorada por la reina Mary, presidenta
de la Cruz Roja durante la Gran Guerra. Su infancia
transcurrió en el seno del hogar compartido
con sus padres y abuelos maternos, lleno de bondad
y amor. Su abuelo José Ramón Ramos Morales,
muerto en 1896, fue un rico terrateniente dueño
de la famosa hacienda "Balao Chico" y de
otra más en Puna cuando aún la sequía
no agostaba esa isla y había casado en segundas
nupcias con Rosa Morla de la Vera, hermana entera
de Nicolás Morla, filántropo y dueño
de una de las primeras fortunas del país.
Aprendió a leer
desde su tierna infancia y lo hacía tan bien
que su abuelo Ramos, ciego desde su juventud a causa
de Glaucoma indolora, hacía que le leyera todos
los días los periódicos sentado en una
hamaca y sólo para él.
Hizo sus primeros estudios en la escuela de los Hermanos
Cristianos llamada de San Luis Gonzaga situada al
lado de la Catedral.
Los Rubira Ramos vivían
en una amplia casa con tres patios y pozo de agua
en Bolívar y Panamá, donde luego fue
el hotel Metropolitano, con sus hermanos y hermanas
solteros, en gran unión, a quienes cuidaría
siempre, pues años más tarde, poco a
poco empezaron a quedarse paralíticos. Después
del incendio grande, que se produjo al poco tiempo
de la muerte de su abuelo Ramos, la familia se cambió
al lado del templo de San José y después
se trasladaron a París, donde cursó
la primaria en el Colegio de San Luis y la secundaria
en el Janson de Sailly y se graduó de Bachiller
en Filosofía y Letras.
Nuevamente en Guayaquil
entró a la Universidad y siguió la carrera
de Derecho con notable aprovechamiento hasta graduarse
en 1914. Era un joven de corta estatura, buenos modales,
rostro blanco colorado, pelo negro y vestía
elegantemente pero sin afectación, costumbre
que conservó toda su vida, al punto que ya
anciano era el profesor más pulcro y discreto
de la Facultad de Jurisprudencia, nítido, perfumado
y cn los zapatos que parecían un anís,
gustaba de los ternos grise se impecablemente planchados
.
En 1917 obtuvo su primera
asignatura como profesor sustituto de Filosofía
del Derecho, luego y por espacio de cuarenta y cinco
años fue profesor de Derecho Romano, actividad
sobre la cual desenvolvió toda su vida, con
entera entrega, pues solía levantarse a las
cuatro de la mañana a preparar su clase. Puntualísimo
y exigentísimo con sus alumnos que le respetaban
y temían ya que debían memorizar un
sinnúmero de frases latinas que les dictaba
con su tono de voz, tan bajo, que apenas podían
escucharle los que se sentaban lejos, de allí
que todos se peleaban los primeros puestos.
Para entonces la familia
Rubira Ramos se había cambiado a una casa alquilada
en Colón y Pedro Carbo, a la mamá de
Dn. Carlos Julio Arosemena, donde vivieron más
de treinta años.
Entre 1920 y el 22 fue
Secretario de la Legación del Ecuador en Bélgica.
Hablaba muy bien el francés y el inglés
y realizó una gran labor de acercamiento entre
ambos países pues con el Cónsul Francisco
J. Falques Ampuero se dedicó a difundir nuestra
cultura en Europa. De esa época fue su manía
por comprar y coleccionar libros, al punto que en
poco tiempo llegó a formar la más rica
biblioteca de autores universales y junto a la Bibliografía
Nacional del Dr. Carlos A. Rolando, servía
al puerto principal.
En 1923 estaba nuevamente
en el país y fue designado Defensor Matrimonial
y Concejal del Cantón hasta el 25, que cambió
el Concejo a causa de la revolución Juliana.
Entre 1930 y el 31 fue Diputado al Congreso representando
a la provincia del Guayas. En 1935 concejal por la
dictadura de Federico Páez y ocupó la
Vicepresidencia de la Comuna. En 1936 fue Jefe Político
del Cantón y al instaurarse la Ley del Divorcio
le correspondió divorciar al mayor número
de personas en un solo día.
Entre 1936 y el 37 sirvió
como Ministro de Educación Pública y
fundó el Colegio de Señoritas Guayaquil.
También reabrió la Universidad de Loja
que había sido clausurada.
Estaba casado con Olga
Orellana Villavicencio, su vecina, hija legítima
del Dr. Juan Antonio Orellana Ortiz, cuencano y de
Esilda Villavicencio Velásquez, de Montecristi,
pero ella falleció prematuramente en 1939;
de allí en adelante fue Decano de la Facultad
de Jurisprudencia y Vicerector de la Universidad,
correspondiéndole encargarse del rectorado
por varias ocasiones. Igualmente fue Gobernador accidental
de la provincia, Director del Banco Central e Hipotecario,
del Centro Agrícola Cantonal y del Banco Nacional
de Fomento.
En 1946 fue Síndico
del Comité Ejecutivo de Vialidad. Poco después
estuvo entre los fundadores de SOLCA así como
entre los directores de LEA, pues su amistad con Carlos
Julio Arosemena Tola y la confianza que de éste
gozó, le permitió ser vocal del Directorio
y Presidente del Banco de Descuento por algunos años,
al punto que en 1952 le sucedió en la Dirección
de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, desempeñándose
hasta el 65, por todo ello y en consideración
a sus méritos personales, en 1961 la Municipalidad
de Guayaquil le había declarado el Mejor Ciudadano.
Era toda una figura social pero ya los años
le pesaban y su andar se había tornado algo
lento y difícil y retirado a la vida privada,
se dedicó como buen padre y abuelo cariñoso
y preocupado a vivir con quienes lo rodeaban, devolviendo
el amor y el afecto que había recibido de sus
mayores, en igual grado, pues siempre fue un hombre
justo, ecuánime y en lo posible muy servicial;
y falleció el 13 de diciembre de 1971 a los
85 años de edad, de vejez que no de otra cosa,
en casa de su hijo Guillermo.
Su riquísima biblioteca
se quemó totalmente en el violento incendio
ocurrido el 27 de Abril de 1951 en el local de la
Casa de la Cultura Núvleo del Guayas en la
calle Pichincha y como su estudio profesional funcionaba
al lado, desapareció en pocos minutos el esfuerzo
de toda su vida.
Era un lector desordenado que
abarcaba temas jurídicos y de cultura en general
y tenía de todo en su Biblioteca; era lo que
se dice un bibliógrafo, pero no se especializó
en Ecuador ni escribió sobre sus lecturas,
quizá por falta de método o de vocación
y al perder su Biblioteca, quedó anulado. (1)
(1) En materia de rarezas
bibliográficas tuvo una vez en sus manos el
único ejemplar que se conocía de la
Vida de la beata Mariana de Jesús escrita por
el Padre Jacinto Moran de Buitrón, S. J. pero
lo hizo quemar al enterarse que había pertenecido
a un ilustre ciudadano enfermo de lepra.