MAX UHLE
ARQUEÓLOGO.-
Nació en Dresden, Alemania, el 25 de Marzo
de 1856 y estudió etnología en las Universidades
de Gottingen y Leipzig especializándose en
“lenguas Orientales”. Su tesis doctoral
tituló “Estudio al conocimiento de la
primitiva gramática china” y se publicó
en 1880. Enseguida fue designado Director suplente
del recién creado Museo Etnológico de
Dresden, en Sajonia, donde trabajó siete años
y publicó numerosos ensayos etnográficos
sobre temas tan diversos como el “Dios Balara
Gurú” de Malasia; “Las Diosas infernales
de Oceanía”; La lengua Dippi de Australia
occidental; “Armas raras de Asia, Africa y América”;
“Los Tam-Tam de Siam y el significado etnológico
del tallado de los dientes entre los malayos”.
También incursionó en antigüedades
de América y editó en Viena “Jabalinas
y dardos del nuevo mundo”; otro trabajo sobre
“Hachas de cobre en Sao Paulo, en el Brasil”
y dos exposiciones acerca de “Elefantes prehistóricos
en América”.
En 1888 se desempeñó
como Asistente del Museo Etnológico de Berlín,
cuyo director era el sabio Adolf Bastían, profundizando
en aspectos arqueológicos americanos a raíz
de la lectura de la monumental obra “La Necrópolis
de Ancón en el Perú” de William
Reiss y Adolf Stubel, que tanto éxito alcanzó
en Europa. Ese año y ante el Congreso Internacional
de Americanistas leyó “Relaciones y viajes
de los Chibchas y la clasificación de su idioma”.
En 1889 elaboró el texto explicativo de la
obra “Kultur und industries of sudamerikanisher
vueiker” que contiene la descripción
de numerosas piezas escogidas en la colección
etnográfica y arqueológica formada por
Reiss y Stubel.
En 1891 editó
en varias revistas especializadas “Adornos de
plumas mejicanos conservados en Viena” y “Ornamentos
en oro, y cobre provenientes de Costa Rica”
El Gobierno de Prusia y su Museo Etnológico
de Berlín lo enviaron a Sudamérica para
que estudiara la influencia incásica en e!
sur del continente. Visitó el norte argentino
y toda Bolivia, recorrió una gran extensión
de terreno, y aprendió el idioma aymará.
En la tribu de los indios Uros que viven en las islas
del lago Titicaca obtuvo un vocabulario de cuatrocientas
palabras. En Tianuanaco encontró a la guarnición
militar boliviana utilizando las estatuas monolíticas
como blanco para sus prácticas de ejercicio
de tiro y protestó ante el gobierno por tamaña
barbaridad. “Este viaje le produjo un completo
cambio en la orientación de sus estudios y
determinó su especialización en la arqueología
de esta parte del mundo”.
En Abril de 1893 embarcó
a Berlín una valiosa colección de objetos
arqueológicos y recibió de la Universidad
de Pensilvania la propuesta para realizar excavaciones.
Uhle escogió hacerlas en la costa peruana,
viajó a Lima en 1896, exploró las ruinas
de Pachamac y trabajó en Ancón, Supe,
Chancay, Lomas de Josefita, Ocujate, Colorado y Moche,
retornó a Filadelfia y publicó una extensa
monografía sobre ellas. En 1899 regresó
al Perú convertido en la mayor autoridad en
antigüedades peruanas, para reemprender excavaciones
por cuenta de la señora Phoebe Apperson Hearst,
condueña de la cadena de periódicos
“Herald”, empleando por primera vez el
sistema geológico estratigráfico o de
capas sucesivas, que consiste en revisar las capas
del suelo y subsuelo, clasificando a los objetos por
la profundidad en que se encuentran. Uhle descubrió
cuatro civilizaciones con asiento en la región
de valle de Trujillo, a saber 1) Protochimú
o de vasos pintados, 2) Tianuanaco hallada en los
sepulcros de la huaca del sol, 3) Post Chimú
y 4) Incásica invasora o expansionista y envió
los objetos encontrados al Museo de la Universidad
de California; pero comprendió que anterior
a todas ellas había sido el círculo
de los pescadores primitivos cuya gran antigüedad
no pudo calcular. En 1901 visitó las ruinas
ciclópeas de Chanchán y Moche y las
zonas de Ica, Chincha y Pisco y estableció
dos períodos: 1) Nazca y 2) Proto Nazca, muy
influidos por contactos con la civilización
maya de Yucatán y mesoamérica.
“Infatigable en
el trabajo, cuando no estaba haciendo excavaciones,
recogía notas etnográficas y lingüísticas
o catalogaba las ricas colecciones de objetos extraídos
de las tumbas o comprados a particulares. Con todo
ese material escribía artículos para
revistas científicas de diversos países,
daba cuenta a sus corresponsales en cartas interesantísimas
de los descubrimientos hechos y preparaba la organización
de una cronología relativa de las culturas
que se habían sucedido en todo el vasto territorio
de América Occidental”
En 1902 fue contratado
por la Universidad de California, para dictar conferencias
y realizar excavaciones en Emeryville, investigando
un montículo de conchas; primera excavación
arqueológica realizada en California con métodos
científicos.
En 1903 regresó
al Perú, exploró sus costas desde el
Valle de Lima hasta Supe. ( 1 ) y organizó
el Museo Histórico de Lima con objetos sacados
de numerosas huacas de los alrededores. En 1909 publicó
“La Esfera de influencia del país de
los Incas”
En 1912, fue invitado
por la Universidad Nacional de Santiago a la formación
del Museo de Antropología y Arqueología,
dictó una cátedra en la Universidad
Central de Chile y realizó excavaciones en
Pisagua, Arica y Calama y en los cementerios paleolíticos
de Tacna y Arica. Ese año publicó en
Buenos Aires “Los orígenes de los Incas”.
Por entonces sus trabajos
sobre los incas presentados a numerosos congresos
internacionales, pasaban de cuarenta, recibiendo el
calificativo de “Padre de la arqueología
peruana” que hoy comparte con Julio Tello. En
1919 Jacinto Jijón y Caamano lo invitó
al Ecuador con gastos pagados por el Museo de su propiedad
y la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos
Americanos lo designó su Miembro Correspondiente.(
2 )
( 1 )“En Ancón
pudo establecer diferencias arqueológicas en
yacimientos que Reiss y Stubel habían descrito
simplemente como prehistóricos”
Uhle aceptó y
en Noviembre de ese año estudió en Loja
a la tribu de los Paltas, descubriendo en las cercanías
de San Lucas 5 las ruinas incásicas del palacio
de “La Ciudadela”, de donde pasó
al cerro de Atacama. Fruto de estos trabajos fueron
dieciocho cajones de objetos debidamente clasificados
que envió al Museo Jijón Caamaño
de Quito.
“En Saraguro coleccionó
muchísimos objetos, en San Lucas contrajo una
infección cutánea muy molestosa debido
a la falta de higiene de las chozas donde tenía
que alojarse algunas veces para dirigir personalmente
sus excavaciones”, y después de un corto
viaje a Guayaquil por razones de salud volvió
a la sierra por El Pasaje.
Después buscó
a la antigua ciudad de Tomebamba en las zonas de Garcelán
y del río Jubones. En 1920 siguió con
este proyecto y exploró Nabón en el
valle de Yunguilla y en Nahuarurcu. En Diciembre estaba
en Cuenca con numeroso personal excavando las murallas
del templo incásico de Pumapungo y el 6 de
Enero de 1921 anunció la localización
de la legendaria Tomebamba, la segunda ciudad del
imperio de los Incas, “con todas sus reliquias
e igual a los mejores restos encontrados en el Cusco”.
“Es como si uno
se encontrase en e! Cusco mismo y no en una ciudad
ecuatoriana”. Enseguida avanzó a los
sitios de Azogues, Chordeleg, Quingue y Sigsig y se
formó una clarísima idea completa y
cabal del desarrollo prehistórico del austro
ecuatoriano, desde sus más lejanos tiempos
hasta la entrada de los incas en el siglo XV, arribando
a conclusiones definitivas que exposo en “Influencias
mayas en el alto Ecuador” publicado entre Mayo
y Junio de 1922.
(2) Uhle arribó
de Santiago de Chile para tomar parte en el tratamiento
de los problemas de la prehistoria ecuatoriana y mientras
entraba por al sur atravesando Loja y el austro, Jijón
Caamaño se dedicaba a trabajar en las regiones
de Ambato y Riobamba, determinando la serie de civilizaciones
que se habían sucedido en dichas zonas desde
hacía más o manos dos mil años.
Entre 1923 y 25, designado profesor de Prehistoria
Americana en la Universidad Central, por el Consejo
Superior de Instrucción Pública, dictó
un ciclo de conferencias recogidas al inglés
y publicadas con el título de “Arqueología
y etnografía americana” por la Universidad
de California, por el Profesor Rowe. En 1924 concurrió
a Gotemborg en Suecia, representando al gobierno ecuatoriano
en el Congreso Internacional de Americanistas y fue
electo Vice Presidente.
En 1925 creó la cátedra
de arqueología en la Universidad Central de
Quito y organizó el Museo Nacional de Arqueología,
el tercero fundado por él en América,
prosiguiendo las exploraciones de campo en provincias
tan distantes corno Esmeraldas, Manabí y Carchi.
(3 )
En 1928 y con Franz Spilman
descubrió en una quebrada cercana a Alangasí
el esqueleto de un mastodonte y a su lado numerosos
indicies de fogatas, fragmentos de alfarería
y puntas de obsidiana, que hacen suponer que dicho
animal sobrevivió al cuaternario, establándose
una acalorada polémica que modificó
la cronología mundial sobre la extinción
de esta especie.
En 1929 se destruyó
su colección privada en el pavoroso incendio
del edificio de la Universidad Central de Quito, pero
prosiguió sus trabajos en el cerro de Jocay
en Manabí, y en Cochasquí cerca de San
Gabriel, Carchi, donde halló un grupo de tolas
o ruinas enterradas que lo hicieron aún más
célebre, dada su importancia.
( 3 ) En sus excavaciones
arqueológicas encontró objetos que destinó
al recién fundado Museo. Estuvo en Cumbayá
cerca da Quito, en Esmeraldas y al norte del Manabí
y siguió al Carchi para el estudio de los antiguos
círculos de tierra, habitaciones de las primeras
poblaciones civilizadas da esa provincia y realizó
otra expedición preparativa a la región
y contornos de Alausí, cerca de su entrada
a la zona calienta de la costa, donde el sabio alemán
avizoró el paso obligado entre ambas regiones.
Todo ello la llevó a tener un cabal conocimiento
da la prehistoria ecuatoriana, que le permitió
redactar una clasificación muy completa, formal,
local y cronológica de las civilizaciones del
pasado.
En 1933 y de 76 años de edad regresó
a Alemania “después de haber vivido catorce
años en el Ecuador y con plena madurez mental”.
Su labor en nuestra Patria había sido inmensa,
en gran parte debido al generoso mecenazgo de Jijón
y Caamaño, que Uhle correspondió con
creces.
El Ecuador le debe el conocimiento
de la arqueología de su zona austral, la elevada
cultura de los pueblos preincásicos ecuatorianos,
el impulso dado a los estudios arqueológicos
en los años 20 al 30, que originó numerosas
vocaciones (Carlos Zevallos Menéndez y Francisco
Huerta Rondón, en Guayaquil y Max Konanz, en
Cuenca) y las similitudes culturales de los antiguos
pueblos de la sierra con la civilización Maya,
a través de la herencia amazónica.
En 1936 y con. motivo de sus
ochenta años la Academia Nacional de Historia
le envió un efusivo saludo de felicitación
y el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden
Nacional al Mérito en el grado de Comendador.
Uhle murió en Loben, pequeña población
de la Alta Silesia alemana, el 11 de Mayo de 1944,
amargado por la guerra que azotaba a su Patria.
Era un sabio que hablaba seis
lenguas vivas y siete muertas. Fue el primero en establecer
la importancia de los contactos a influencias mayas
en la costa peruana y en clasificar en períodos
cronológicos bien determinados, las civilizaciones
prehispánicas del Perú. Lamentablemente
en su época aún no se aplicaba el método
del carbono radioactivo catorce para descubrir la
antigüedad de los objetos, razón por la
cual Uhle no pudo establecer la cronología
de las culturas de la costa ecuatoriana, demasiado
antiguas y por ende, difíciles de elaborar.
Esta labor correspondería cuarenta años
después al grupo auspiciado por Emilio Estrada
y formado por Clifford Evans y Betty Meggers, que
lo lograron basados en los trabajos previos de Uhle,
Zevallos. Huerta y otros más.
La cronología de las
culturas serranas, menos antiguas y más fáciles,
pudo establecer para el centro y norte Jacinto Jijón
y Caamaño y para el sur, como ya se dijo, Max
Uhle. Nuestro oriente amazónico, avizorada
su gran antigüedad por González Suárez,
fue descubierto por el padre Pedro Porras.
La bibliografía
de Max Uhle es inmensa pero está dispersa.
Carlos Manuel Larrea en “Bibliografía
Ecuatoriana” ha coleccionado cuarenta y cuatro
títulos publicados entre 1909 y 1935.
En 1936, año que volvió
a Alemania casi al final de su vida, era alto, delgado,
huesudo y de espaldas encorvadas, tez blanca y quemada
por el sol, vestía siempre de casimir y hablaba
el español con un fuerte acento alemán,
según testimonios que me han sido referidos
por personas que lo trataron muy de cerca, personalmente.