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JOSÉ MARIA VARGAS AREVALO
CRITICO Y BIOGRAFO.- Nacíó en Chordeleg, cantón Gualaceo, el 9 de Noviembre de 1902, y fue bautizado con los nombres de Celso Pompilio. Hijo legítimo de Luis Vargas Jara y de Dolores Arévalo Marín, comerciantes en Chordeleg. El tenía una pequeña panadería, unas cuantas cuadras de tierras de sembrar, su raza era blanca y la de ella nativa y de profesión agricultora. Ambos excelentes cristianos, de modestos recursos y del pueblo llano.

A los seis años entró con privilegio -por su baja estatura- a la recién creada escuela de los Hermanos Cristianos. El Canónigo Nicanor Aguilar frecuentaba su casa, dirigía sus lecturas, le hablaba de la vida religiosa. También influyeron en el niño los dominicanos Ceslao Moreno y Antonino Alarcón, a cuyo cargo corrieron por entonces unos sonados ejercicios espirituales en las parroquias de San Juan y Chordeleg. El padre A. Alarcón siguió después a Guayaquil y trabajó mucho en la construcción del actual templo dominicano de cemento y cuando falleció le pusieron su retrato allí.

A los doce años pidió a sus padres que lo llevaren a estudiar a Quito y tras cabalgar tres días y viajar dos en tren arribaron al colegio dominicano de San Luis Beltrán, quedando recomendado a Fray Alfonso Antonino Jerves Machuca. Al despedirse, su padre le obsequió las obras literarias del Arzobispo González Suárez. "Llegué poco antes de su muerte y fuimos llevados los estudiantes a rezar ante su cadáver".

Sor Victoria Navarro, O. P. que trabajaba en Chordeleg, le dio carta de recomendación para su hermano José Gabriel, escritor y crítico de arte que vivía en Quito y con tal motivo, el joven estudiante comenzó a frecuentar su casa, sobre todo a fin de mes, cuando Navarro le entregaba la mensualidad enviada por su padre.

Desde 1917 realizó el noviciado. El 21 vistió los hábitos y empezó a leer los 62 tomos de las obras completas de Bosuet, De allí en adelante estudió cuatro años de teología y tres de filosofía con los padres Jerves y José Caicedo Albonoz. Con el Corista Alfonso Riofrío publicaron la revista "El Ideal dominicano" en 1923 de la que salieron seis números. Allí aparecieron sus primeros versos y un ensayo corto sobre Fray Domingo de Santo Tomás, O. P. autor de la primera gramática quichua que se conoce. El 24 Jijón y Caamaño fue derrotado por fuerzas del gobierno en San José de Ambi y tuvo que ocultarse en el interior del convento dominicano. Allí le prestó al joven Vargas un rarísimo ejemplar de la Predestinación del padre Solano, iniciándole en el laberinto de la investigación histórica.

El 28 de Diciembre de 1928 y estando de Prior el Padre Alberto Semanate, O. P. fue ordenado sacerdote por el Arzobispo Manuel María Pólit, quien le aconsejó dedicarse a la historia. Entre el 28 y el 40 dirigió la revista "El Oriente dominicano" que tuvo colaboradores de la importancia de Nicanor Aguilar Maldonado y Remigio Crespo Toral, con quien cultivaba antigua amistad. En dicha revista publicó cuatro ensayos cortos titulados: 1) Fran Domingo de Santo Tomás y la catequesis primitiva de los indios de América, en 4 páginas. 2) El primer misionero de nuestro oriente, en 14 páginas. 3) Los indios quichuas de las Misiones dominicanas del Ecuador, en 5 páginas y 4) Estado actual de las Misiones dominicanas en el oriente dominicano, en 10 páginas.

El 29 los padres José María Baca Lazo e Inocencio Jácome le nombraron Vice-maestro de Coristas. "Entonces me entró la preocupación de mostrar un modelo de perfección espiritual a los jóvenes y me permitieron leer algo del archivo Vacas Galindo. Fruto de ello fue mi biografía del Padre Bedón publicada el 35 en 74 páginas. El 36 regresó de Roma Fray Enrique Vacas Galindo y me autorizó a abrir los cajones que contenían su Cedulario y Archivo que se componen de 1) Las copias o probanzas de conquistadores, 2) El Cedulario propiamente dicho con sus Leyes, 3) Los documentos sobre la iglesia sacados por Vacas Galindo en la Casa matriz y 4) Los documentos civiles de la Audiencia de Quito, empecé a ordenarlo con el fin de iniciar una refutación a la Historia de González Suárez y así pude documentarme y escribir aún más sobre la vida y obra de Fray Domingo de Santo Tomás, que me sirvió de discurso de ingreso a la Academia Nacional de Historia y edité en 112 páginas. Don Jacinto Jijón me apreciaba y distinguía y me nombró Capellán de su hacienda Chillo Jijón para que oficiara misa los domingos". (1)

Mientras tanto algunos congresistas cuencanos y paisanos suyos le ayudaban grandemente. Crespo Toral le dijo un día: "Recuerde que los ríos tienen remolinos, ¿Para qué dedicarse a refutar a González Suárez?. Haga que la corriente avance, busque hechos positivos del Ecuador", y le enseñó que más se aprende de la gente que de los libros.

El 38 le eligieron Prior del Convento por dos años. El 40 fue reelecto y presidió las celebraciones del IV Centenario de la fundación del Convento Máximo de Quito, obteniendo del presidente Arroyo del Río la devolución de un tramo del edificio que ocupaba el batallón Marañen. Su pensamiento había evolucionado a través del influjo del Arzobispo Pólit y era uno de los dominicanos más distinguidos, bien es verdad que la Orden venía sufriendo una gravísima crisis como todas las demás en el país, pero merced a la tesonera labor de Jervis, Semanate, Alarcón, etc. la curva de descenso se había estabilizado.

Especial mención merece la intensa labor cultural que venía realizando desde 1940 en Quito el distinguido profesor español de Historia del Arte en América, Antonio Jaén Morente; de suerte que el clima cultural era propicio para el estudio serio y documentado de las manifestaciones estéticas coloniales, especialmente las obras que se habían conservado en iglesias y conventos.

(1) Su ingreso como Correspondiente de la Academia se debió al libro sobre Bedón, después subiría a miembro de Numero con su estudio sobre Miguel de Santiago.
El 41 dio a la luz "La Cultura del Quito Colonial" en 280 páginas y 20 ilustraciones, ensayo que después amplió considerablemente, diversificándolo al influjo de su maestro José Gabriel Navarro, "grande y buen amigo del convento", que le vivía aconsejando especializarse en el estudio del arte religioso y en las devociones populares de la colonia; por eso publicó el 43 "Nuestra Señora del Quinche" y el 44 "Arte quiteño Colonial" en 346 páginas y 85 láminas, que mereció el premio Tobar de la Municipalidad de Quito.

Había surgido el gran crítico de arte de esos tiempos y fue llamado por el padre Aurelio Espinosa Pólit a formar parte de la Academia Cultural Ecuatoriana y después del 28 de Mayo del 44 le designaron Miembro de la Sección de Historia de la Casa de la Cultura. Navarro empezó a sentirse molesto pues había sido igualado por el discípulo. De allí en adelante sus relaciones se volvieron tensas aunque sin llegar en ningún caso a la discordia pues cada cual dedicóse a lo suyo y Navarro publicó su libro el 48 para el Fondo Económico de México. ( 2 )

El 45 Vargas editó "La Misión científica de los geodésicos franceses en Quito" en 211 páginas. El 46 ayudó a Espinosa Pólit en la creación de la Universidad Católica de Quito y tomó a cargo las cátedras de religión en Leyes, Historia de la Economía en Economía e Historia de la Cultura en Pedagogía.

( 2 ) Es necesario aclarar que Vargas jamás tuvo los rasgos de genial institución y creación que singulariza la obra de Navarro, quien reconstruyó toda una teoría general sobre el Arte Colonial quiteño, redescubriendo un pasado glorioso de la nada. En cambió Vargas fue ordenado disciplinado y escribió más porque no se distrajo en otros quehaceres como Navarro, a quien siempre le gustó vagabundear, era romántico y hasta se casó tres veces.

Tantos trabajos, libros y responsabilidades le mantenía ocupado pero como era disciplinado y acostumbraba levantarse a las tres de la madrugada a estudiar, se daba tiempo para todo; además, los frailes de su convento le permitían todo el tiempo posible para escribir y él se ingeniaba en publicar con los mas diversos auspicios posibles.

El 47 asistió en Roma al Capítulo General de la Orden y el Presidente Velasco Ibarra le facilitó pasar al Archivo de Indias en Sevilla donde estuvo un año compartido con visitas frecuentes al Archivo Nacional de Madrid. Fruto de este viaje fue "La conquista espiritual del Imperio de los Incas" en 240 páginas, que respondió a la tónica católica triunfalista de esos tiempos falangistas.

El 48 regresó a Quito y nuevamente fue electo Provincial por tres años en reconocimiento a sus méritos intelectuales y a su ingénita suavidad de carácter que le sería sido siempre útil para ganar corazones, aunque a veces equivocadamente le calificaran de humilde. Era el nuevo Vacas Galindo de los dominicanos y así lo comprendía el país que le apoyaba adquiriendo sus obras.

El 49 editó "El Arte quiteño colonial en los siglos XVI, XVII y XVIII" en 346 páginas. El 52 recibió del Papa el título honorífico de "Maestro en Teología". El 53 publicó "Ecuador, monumentos históricos y arqueológicos", en 44 páginas, ilustraciones y mapas, con motivo de su intervención en la Exposición de Arte Ecuatoriano en Montevideo. Esta obra es de las más queridas por Vargas quien la reputa una de sus mejores.

El 54 "María en el Arte Ecuatoriano", el 55 "Los Maestros del Arte Ecuatoriano", en 161 páginas, y "Arte, naturaleza y religión" ensayos que se complementaron el 56 con "Arte religioso ecuatoriano" en 250 páginas, variaciones sobre el Arte Ecuatoriano que revelan que ya desde entonces el Padre Vargas era el más profundo conocedor de ese tema aunque comenzaba a repetirse.

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