CAJAMARCA
ALCALDE DE LOS
NATURALES DE QUITO.- Posiblemente nació en
Quito pero se desconoce la fecha. Fue su padre el
Curaca Carguatanta de los indios Huayacuntus del norte
del Perú, quien hacía las veces de Gobernador
de los Mitimaes Huayacuntus en Quito cuando se declaró
la guerra entre Huascar y Atahualpa, posteriormente
fue asesinado por una tropilla de españoles
al mando del Cap. Hernando de Soto cerca del sitio
Cajas. Entonces el joven Cajamarca fue promovido a
Curaca y cuando Sebastian de Benalcázar repartió
solares entre los primeros vecinos de la villa de
San Francisco de Quito el 6 de Diciembre de 1534,
Cajamarca, que no debía tener mas de quince
años, fue bautizado con los nombres de Don
Diego de Figueroa y Cajamarca, siendo adoctrinado
por el padre Pedro Bedón de Agüero, que
lo hizo ladino, es decir, que le enseñó
a leer y a escribir.
Años después
don Diego se ausentó de Quito con destino a
Cajas y gobernó entre los suyos. Para 1544
recibió a algunos vecinos de Quito que llegaron
huyendo de la rebelión de Gonzalo Pizarro.
Con ellos siguió a Lima acompañado de
doce indios Huayacuntus tomados de la tribu o huaranca
Pampamarca Collana, que era la principal familia del
reino de los Huayacuntus.
En Lima encontraron mal
ambiente pues gobernaba Alfonso de Ulloa que había
sido paje de Francisco Pizarro, quien los desterró
sin bastimentos a Chile, pero don Diego, los suyos
y los demás españoles a los que acompañaba,
se amotinaron en el barco bajaron a las playas de
Acari y siguieron a Méjico.
Allí los recibió
el Virrey Antonio de Mendoza y estuvieron algunos
meses. Después retornaron al Perú pero
don Diego resolvió vivir en Quito y para aprender
a cantar y a tañer instrumentos musicales decidió
encerrarse en el convento de San Francisco. En 1555
las pasó feas cuando los señores de
las etnias originales -Yactallos- quisieron arrebatar
las chacras a las etnias mitimaes -Mitmas- y se iba
armando la revuelta, pero intervino el Cabildo y volvió
la paz.
En 1557 los franciscanos
le designaron preceptor del Colegio de indios nobles
de San Andres y se aplicó a la enseñanza
de flautas, chirimías, sacabuches, teclas y
otros instrumentos musicales indígenas. También
daba clases de gramática a los niños
indios y españoles, sus clases eran bilingües,
mitad en quechua y mitad en castellano, pero nadie
quería asistir, así es que el Cabildo
lo nombró Alcalde de la doctrina del Colegio
de San Andrés para que obligara a los padres
a enviar a sus hijos al citado colegio.
En 1560 fue Varayuc o
Alcalde de los naturales de la provincia de Quito
por designación de la Audiencia y edificó
el templo parroquial de San Blas dándole de
comer y beber a los trabajadores. Para 1573 era todo
un personaje, fue Alcalde Mayor de los naturales de
la Parroquia de San Sebastian y fundó los pueblos
de Chillogallo y Machángara, trazando sus calles
y plazas y concediendo solares. Para entonces era
de verlo portando su vara alta y vistiendo a la española,
con capa y todo. Cuidaba los caminos, ejercía
justicia y se le consideraba "quiteño
y pacífico, amado y querido por el buen ejemplo
de su vida arreglada". En 1577 obtuvo probanza
de nobleza sobre su linaje y servicios de sus antepasados
a los Incas y españoles y una copia mandó
a España. Allí se dice que era de la
mas antigua y rancia aristocracia andina.
Al ocurrir la sublevación
de los indios Quijos en 1579 fue apresado pero solo
por precaución y como medida general a todos
los naturales que vivían en Quito. Después
se disculparon y lo aflojaron con honores, siendo
designado Jefe del Servicio de Chasquis para la defensa
de la isla Puna y Guayaquil amenazadas por los piratas.
En 1580 pretendió
ser Alguacil Mayor de los Naturales de Quito pero
no lo consiguió; sin embargo, obtuvo una Cédula
de Felipe II muy laudatoria y la asignación
de seiscientos pesos de plata al año que nunca
se los dio la Audiencia. Por eso vivía pobremente
aunque seguía poseyendo su chacra de árboles
frutales en Tucanca cerca de Quito. En 1589 despachó
pólvora a Lima y ayudó a recoger un
empréstito forzoso que el rey le solicitó
a las Comunidades indígenas. En 1590 volvió
a informar sobre sus servicios en procura de una ayuda
real y efectiva que nunca llegó.
Era de un magnífico
talento. Se sometió al nuevo estado de cosas
porque no tuvo otra opción, fue alumno y después
preceptor. Tocaba mas de diez instrumentos musicales,
cantaba el gregoriano y leía y escribía
correctamente. Fue todo un carácter. Para comienzos
de 1597 había muerto en Quito y fue sucedido
en su empleo por el Cacique Pedro Zambiza.