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ALBA CALDERON DE GIL
ACTIVISTA DE IZQUIERDA.- Nació el 27 de Julio de 1908 en la hacienda Vuelta Larga sobre el río Teaone, Esmeraldas. Hija legítima de Manuel Felipe Calderón Lemos, propietario de Vuelta Larga y Carolina, haciendas ganaderas, y de Ermelinda Zatizabal Paredes, esmeraldeños.

"Aprendí las primeras letras de mi madre y cuando tenía cinco años de edad estalló la revolución, que fue fatal para la familia, pues mi padre era anticonchista y tuvo que esconderse por un tiempo hasta que se unió a las fuerzas de Plaza y en el combate de Las Piedras ocurrido en 1914, recibió tres tiros y murió de gangrena a las heridas, por falta de una pronta atención médica. Poco después también caían otros familiares íntimos de mi casa, los tres hijos del tío Samuel Calderón Lemos (dos con tifoidea y uno de disentería), dos hermanos de mi madre llamados Efraín y Enrique Zatizabal también con la peste de disentería y mi hermano mayor Enrique Calderón que falleció de viruelas. El ambiente era tristísimo con tantas muertes y la guerra no tenía cuando acabar. Con mis dos hermanas menores permanecíamos escondidas y cada vez que llegaban las partidas revolucionarias nuestra madre nos hacía cruzar al frente del río con peones de confianza, para evitar problemas. En una de esas ocasiones mataron al tío Saúl Calderón Lemos sin motivo alguno y por la espalda. Así era esa guerra que despobló los campos e hizo huir a la gente a Esmeraldas en busca de garantías. Nosotros salimos con salvoconductos, pasamos los retenes y al final llegamos a nuestra pequeña casita de madera en el centro de la población, donde vivimos hasta el término de la contienda".

A fines del 14 entró a la escuela pública y tuvo de profesoras a su tía Margarita Alicia Portes de Calderón y a la directora Julia de Palacios. Su mamá también era profesora y recibía chicos en su casa, pues la situación familiar se había tornado demasiado estrecha, casi insostenible. Para colmos, el tío Luis Castro Lemos vendió en 1916 las haciendas y quedaron arruinadas.

El 20, Alba era una hermosa niña que dibujaba, recitaba y se distinguía como excelente alumna, por eso la Municipalidad de Esmeraldas decidió becarla al Normal Juan Montalvo de Quito, que entonces era mixto, y mientras estudiaba .vivía en casa de la familia del Coronel. García. Un año después y al crearse la escuela Manuela Cañizares para mujeres, anexa a dicho Normal, se pasó a ella. Era una chica lista que aparentaba más edad. Algunas tardes alquilaba bicicletas en el Ejido a S/. 3 la hora y paseaba con las hijas del Ministro de Gran Bretaña y "otras gringas", pero las beatas retrógradas no gustaban de estas demostraciones y una vez hasta le echaron piedras, en otras ocasiones le gritaban "mona tísica ándate a tu tierra" y "mona carishina".

Al año llegó su madre y se establecieron en una casa alquilada en el barrio del Tejar, al lado del Normal, donde era Inspector un hijo de su tío Luis Castro Lemos. La segunda Misión Pedagógica alemana dirigía los estudios en ambos centros pero lo hacía con la dureza propia de la raza teutona y al finalizar el tercer curso Alba tuvo un ligero incidente con el profesor Muller y salió para matricularse en la escuela de Bellas Artes cuyo director era el escultor Luis Veloz, allí tuvo de compañeros a Guillermo Coronel, Diógenes Paredes, Alfredo y Daniel Elías Palacio, Piedad Paredes, Leonardo Tejada, Germania Paz y Miño, Jaime Andrade Moscoso y Luis Crespo Ordóñez y estudió tres años hasta 1927 en que viajó a Guayaquil sin graduarse, llamada por su tía Escilda Zatizabal de Soto y con ella vivió en Luque entre Boyacá y García Aviles, siendo vecina de Aurora Estrada y Ayala, que fue electa reina de la poesía, ceremonia en la que participó Alba como "princesa de amor".

Entonces María Angélica Idrovo vino de Quito a fundar un colegio particular. Allí fue profesora Aurora y Alba alumna de los cursos superiores, pero el colegio cerró pocos meses después por causas económicas.
Su padrino Alberto Gastelú Concha, Director de la Asistencia Pública, la empleó de ayudante de secretaría con 80 mensuales y meses después se quedó sin empleo en un cambio administrativo. Armando Pareja Coronel la convenció para que diera clases de dibujo a domicilio, por paga, pues dibujaba y pintaba muy bonito y hacía versos y artículos entre románticos y trágicos, algunos de los cuales llegaron a publicarse, y hasta quizo hacer teatro pero no tuvo la oportunidad. Como profesora de dibujo cobraba cuarenta sucres por dos clases a la semana y pronto adquirió fama y clientela entre las principales familias del puerto, bien es verdad que su figura delgada, la blancura mate de su piel, su rostro de hermosas y finas facciones, pelo azabache, unos ojos cafés soñadores y la educación y buenos modales que sabía imprimir en todos sus actos, la distinguían positivamente, y pronto fue amiga de muchas señoritas de la sociedad guayaquileña entre las que recuerda a Lily Aviles Alfaro, fallecida prematuramente.

"En 1933 Aurora me invitó a una Exposición de Poemas Murales a realizarse en una casa particular. Cuando llegamos encontré un poema titulado El Cuatrero y el Tigre. Demetrio Aguilera, que hacía grabados, los imprimía y vendía, me presentó a su autor, que resultó ser Enrique Gil Gilbert y estalló el amor a primera vista, pues comenzó a enamorarme subido en la terraza de su casa y desde allí me conversaba".

"Yo me había cambiado a la casa de mi tía Margarita Valdés Paredes, situada en Calderón entre Villamil y Eloy Alfaro y por coincidencia habíamos sido vecinos sin saberlo. El 23 de Agosto de 1934 nos casamos en Pascuales con permiso del Jefe Político Manuel Eduardo Castillo. Nuestros testigos fueron mi tía Margarita y Joaquín Gallegos Lara, el amigo más íntimo de Enrique y su compañero inseparable. Cuando regresamos de la luna de miel fuimos a vivir temporalmente con mi tía, pues el sueldo de Enrique como profesor del Vicente Rocafuerte no era suficiente para tener nuestra independencia.

Para colmos yo perdí a mis alumnas porque habiendo salido en cinta y me dieron numerosos achaques que me tumbaron a la cama. Enrique ya era comunista, concurría diariamente a las reuniones del partido y a las veladas literarias de la buhardilla de Joaquín. Por esos días participé en una exposición colectiva. Jorge Carrera, Andrade que acababa de llegar de París, me compró un paisaje al óleo y un caballero alemán se llevó otro por cien sucres. Mi prima Mora Gil de Parra me visitaba y viéndome tan enferma me daba voces de aliento, llegó a regalarme los vestidos de maternidad y se portó muy buena conmigo. Enrique cobraba los arriendos de las propiedades de su tío el Dr. Abel Gilbert Pontón; mas, a pesar de todas las dificultades y pobrezas, éramos muy felices, pues siempre fue cariñoso y considerado conmigo y me conversaba sobre los cambios sociales necesarios para superar la crisis del país. El marxismo lo aprendí de él, era un hombre excepcional, inteligente, luchador, honestísimo y sobre todo generoso con el prójimo y rebelde ante las injusticias".

"Francisco Ferrandiz Albors, a) Feafa, crítico literario español que escribía para El Telégrafo, nos llevó a compartir su caserón de madera, donde vivía con Galo Galecio, Alfredo Palacio , Joaquín Gallegos, su esposa y madre, que hacía de administradora. La casa era alquilada y estaba céntrica. Cada cual trabajaba lo suyo y no existían emulaciones. La vida en común tenía sus ventajas, a veces yo cocinaba para que descansara doña Enma de Gallegos, Enrique lavaba los platos y Joaquín reía leyendo al Arcipreste de Hita. Los libros se prestaban entre nosotros y eran magníficas las polémicas que se armaban después de cada lectura, vivíamos una bohemia sana e intelectualizada, sin licores, ni excesos. El 35 nació nuestro hijo Enrique. Entre el 35 y el 37 formamos parte de la Agrupación) Allere Flama del Escultor Enrique Pacciani y volví a mi oficio de pintora que tanto agradaba a Enrique, aunque nunca lo pude hacer con sentido de profesionalismo. Quienes me entusiasmaron de nuevo fueron Galo Galecio y Alfredo Palacio . El 37 realicé un retrato al óleo de Enrique, que fue muy comentado así como los óleos “Tejedora de hamacas”, “Después del velorio”, “El betunero”, “La zamba”, “Retrato de mi hijo” y varios dibujos al carbón y en sepia. Ese año sucedió que el dictador Páez concurrió a una exposición de Allere Flamma y la agrupación se dividió en dos, un grupo pensaba y sentía con las viejas ideas como Rosa Borja y María Piedad Castillo y otros formamos la Sociedad de Artistas y Escritores Independientes cuya presidencia recayó en Carlos Zevallos Menéndez. Yo fui electa Tesorera y empezaron las reuniones literarias y artísticas en el salón Rosado y en el Gutiérrez, de las que aún queda tan grata memoria. Para entonces vivíamos Alfredo Palacio, Enrique y yo en una casa alquilada en Mendiburo, pero a mi suegra se le ocurrió llevarnos a la de ella en Villamil entre Abdón Calderón y callejón Gutiérrez, a donde nos acompañó Alfredo casi cinco años, hasta su matrimonio. En esos años la Asociación realizó numerosas exposiciones en los viejos salones del Correo, situado en Pichincha y P. Ycaza, aunque después del 40 nos fuimos a exponer al segundo piso del diario "El Universo". Como nadie nos ayudaba, Paulette de Rendón y yo limpiábamos y arreglábamos todo. Los caricaturistas se lucían por excelentes y numerosos y eran Galo Galecio, Rafael Rivas y mi cuñado Antonio Gil. El 38 concursé en la VIII Exposición con tres óleos y un carboncillo. Siempre he sido una pintora figurativa dentro de la línea del realismo y me ha gustado hacer retratos y paisajes y pintar a los campesinos en sus faenas agrícolas. A dicha Exposición también concurrieron Segundo Espinel, Héctor Martínez Torres, Marco Martínez Salazar, Manuel Rendón, Judith Roura Dávila, José María Roura Oxandaberro, Bolívar Ollague, Ezzio Patay, Enrique Pacciani y Alfredo Palacio, Yo pintaba diariamente por las mañanas y las tardes, exponía siempre en muestras colectivas y terminaba regalando mis obras. Al mismo tiempo Enrique y yo seguíamos trabajando en el partido, a diario concurríamos a las puertas de las fábricas y a mítines donde explicábamos qué era el partido, cuál su ideología y pedíamos que ingresaran a él. En muchas ocasiones nos insultaban los mismos obreros, a veces hacíamos bailes, rifas y paseos. Las reuniones eran casi siempre en la casa de Aníbal y Alejandro Velasco Mejía, en Chimborazo y Capitán Nájera. Los sábados íbamos al campo a organizar comités. Enrique era medio campesino y se ganaba la confianza de ellos pues había vivido largas temporadas en la hacienda Chojampe de sus abuelos y cuando ésta se repartió, en Tiramano, que así llamó la parte que le quedó a su madre. Yo organicé y fui Secretaria General de una célula en Naranjal que denominamos Luis F. Díaz por un honorable hacendado de esa zona que ayudaba mucho al partido. Ya tenía mi carnet de comunista y en esa célula trabajé hasta el 48. También había que concurrir a la Federación de Trabajadores, a los cursos, a los mítines y huelgas y eso absorbía todo nuestro tiempo".

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