JUAN FRANCISCO DE ELIZALDE
Y LAMAR
PROCER DE LA
INDEPENDENCIA - Nació en Guayaquil el 8 de
Septiembre de 1791. Hijo legitimo del Capitán
de Milicias Juan Bautista de Elizalde y Echegaray,
natural del lugar de Lecaroz en Viscaya, venido a
Guayaquil donde fue Alcalde Ordinario y Regidor Perpetuo
del Cabildo, Superintendente de Obras Públicas
y Alcalde de la Santa Hermandad, y de la guayaquileña
María Josefa de Lamar y Cortázar, hermana
del Gran Mariscal José de Lamar y Cortázar,
1er. Presidente del Perú, y sobrina nieta del
Dr. José Ignacio de Cortázar y Lavayen,
Obispo de Cuenca.
El tercero de una familia
de seis hermanos. Poco se conoce sobre su educación,
suponiéndose que debió estudiar en el
Colegio Seminario de Guayaquil. Para la revolución
del 9 de Octubre de 1820 tuvo una activa participación
en la toma pacífica de los cuarteles con los
oficiales cuzqueños del batallón "Granaderos"
y era de su propiedad la balandra que salió
de Guayaquil llevando al mensajero que participó
a Bolívar la grata nueva del movimiento revolucionario,
de donde se desprende que Elizalde estaba dedicado
al negocio de cabotaje entre los pueblos costeros
del Pacífico. El 20 de Noviembre, combatió
en la primera batalla de Huachi con el grado de Ayudante
Mayor a las órdenes del Coronel Luis Urdaneta,
donde cayó prisionero su hermano menor Antonio
de Elizalde.
Tras la derrota elevó
un parte a la Junta de Gobierno de Guayaquil, que
condujo al enjuiciamiento de los Jefes y Oficiales
y el puerto se aprestó a defenderse de una
inminente invasión realista, que no se produjo
por la pronta llegada de las lluvias en Diciembre.
Entretanto había
sido destinado a las zonas fronterizas de Zapotal
y Sabanilla, las de mayor peligro, pues por allí
se suponía que debían bajar las tropas
realistas de Quito y en tales circunstancias recibió
la comisión del presidente de la Audiencia,
para entregar un pliego al Dr. José Joaquín
de Olmedo, ofreciéndole entrar en Tratados.
En la entrevista que
sostuvo con Olmedo fue nominado para reemplazar al
Sargento Sebastián Pinilla, que adiestraba
a los campesinos y voluntarios de Manabí con
el fin de remitirlos a Guayaquil como milicianos.
Elizalde recibió el título de Comandante
Militar interino, viajó a Portoviejo y consiguió
cinco Sargentos para la práctica de los ejercicios
militares obligatorios los domingos y días
de fiesta y con buenas maneras y medidas menos drásticas
elevó considerablemente al entusiasmo del elemento
civil por la independencia; sin embargo, la situación
no se presentaba favorable a los patriotas y el 25
de Agosto de 1821 surgieron en Portoviejo infundados
rumores de que los realistas habían ocupado
Babahoyo y Baba y amenazaban por la vía Zapotal
y Palenque. Entonces Elizalde organizó las
defensas urbanas y con las autoridades del lugar constituyó
el batallón "Olmedo de los decididos de
Portoviejo" y hasta consiguió algunas
erogaciones para su manutención. Poco después
cobró un tercer empréstito entre el
vecindario y recibió trescientos fusiles de
la Junta de Gobierno, armando al resto de la caballería
con lanzas, como era usual por entonces.
En Noviembre envió
una compañía a Daule y mantuvo pendencias
a causa de un agravio que le infirió el Alcalde
de Montecristi Domingo Romero, pero el incidente no
prosperó debido a la enérgica actitud
de Olmedo, que los amenazó por escrito con
hacerlos juzgar por un Consejo de Guerra. Ya había
alguna tropa colombiana en Portoviejo, enviada por
Sucre. El 16 de Diciembre encabezó con el Cabildo
y el Cura de Portoviejo Dr. Manuel Rivadeneyra, el
movimiento militar que pidió en esa ciudad
la incorporación a Colombia. El golpe fue secundado
por las guarniciones de Montecristi y Jipijapa y por
las tropas colombianas, pero Sucre dio pié
atrás en Guayaquil debido a la incierta situación
militar reinante por esos días y dicha revolución
no prosperó.
En Enero de 1822 debía
incorporarse a las tropas que subirían a combatir
en la sierra y hasta fue reemplazado en la Jefatura
por el Comandante Matías Tirapeguí,
conocido por sus ideas peruanófilas; mas, a
última hora, Bolívar decidió
que se quedara para seguridad de los intereses colombianos
en Manabí.
Después de la batalla
del Pichincha regresó a Guayaquil con permiso
y el día 23 de Julio de 1822 estuvo entre los
primeros seis firmantes de la petición al Cabildo
para la incorporación a Colombia. Gozaba de
la entera confianza del Libertador, quien le designó
Juez Político de la Provincia de Portoviejo
y ofreció ascenderle a Gobernador cuando se
creare la provincia de Manabí en el Departamento
de Guayaquil, lo que ocurrió por la Ley de
División Territorial de Colombia del 25 de
Junio de 1824. El Ministro del Interior José
Manuel Restrepo, remitió al Intendente de Guayaquil
General Juan Paz del Castillo, el nombramiento de
1er. Gobernador para Elizalde y el de Asesor vino
en blanco, para que se llenare con el nombre de la
persona mas apropiada, designación que recayó
en el Dr. José Padilla.
Elizalde había procreado
una hija natural en Portoviejo y cuando regresó
el 22, lo hizo casado con la joven guayaquileña
Tomasa de Vera y Mizpireta, nacida en 1805, quien
prohijó y crió a esa criatura. De su
matrimonio nacieron dos hijos: José Domingo
y María Francisca, el primero llegó
a ser un ilustre patricio, periodista y hombre público,
que casó con Rosa Elvira Salcedo, de Guayaquil
y no tuvo sucesión. La segunda murió
niña en Guayaquil.
A principios de Diciembre
de 1824 se posesionó de la Gobernación
de Manabí y dictó un decreto para rematar
los terrenos comunales con los que pensaba abonar
los sueldos atrasados de la burocracia y la tropa.
En Marzo del 25 practicó el reparto de los
diez electores manabitas y realizó el primer
censo en la provincia. En Mayo suprimió en
Portoviejo el Convento menor de La Merced que había
quedado abandonado. Ese mes Jipijapa y Montecristi
fueron elevadas a la categoría de Villas.
En Julio decretó regocijos por las victorias
de Junín y Ayacucho y pidió que se reabriera
el puerto de Manta al comercio con el norte del Perú
y otros lugares del Pacífico, pero por falta
de armonía con el gobierno central de Colombia
renunció la Gobernación en Enero del
26, entregó las oficinas al Coronel Miguel
Delgado el 16 de Abril siguiente y retornó
a Guayaquil donde todo se aclaró favorablemente
y procedió a posesionarse de las funciones
de Juez Marcial, pero al poco tiempo volvió
a Manabí y reasumió el mando, limada
las asperezas que mantenía con las autoridades
del puerto principal.
Ese año comenzó
la dictadura de Bolívar, el General Páez
se insurreccionó en Venezuela y la situación
se tornó crítica, al punto que el Libertador
debió trasladarse a Caracas donde se produjo
la reconciliación de ambos Jefes, mientras
al Vicepresidente Santander se ponía a la cabeza
de la oposición en Bogotá.
En el sur de la Gran
Colombia el partido bolivariano se empezaba debilitar
y el 26 de Enero de 1827 el Teniente Coronel José
Bustamante se insurreccionó con la tercera
División Colombiana acantonada en Lima y con
el apoyo del gobierno peruano que quería desprenderse
de esas tropas foráneas, preparó viaje
a Guayaquil con el Batallón Rifles, dos Compañías
del Caracas y un escuadrón de Caballería
que también se sumaron pues sus miembros ambicionaban
regresar a sus tierras nativas del norte.
En Guayaquil se recibió
la noticia sin oposición pues los abusos de
las tropas colombianas habían creado un mal
ambiente al gobierno. En el interim, Bustamante había
logrado que los hermanos Francisco y Antonio de Elizalde
plegaran al movimiento. Antonio sublevó a la
guarnición de Guayaquil y tomó presos
a algunos Jefes y Oficiales. Francisco abrió
las puertas de la provincia de Manabí para
que pudieran desembarcar las tropas en esas costas
y junto a Bustamante se dirigió sin oposición
alguna a Guayaquil, mientras su tío el General
José de Lamar era designado por el Cabildo
para Jefe interino del Gobierno de la Provincia, hasta
que el poder ejecutivo nombrara otro en propiedad.
Días después Francisco de Elizalde ocupaba
el puerto principal con Bustamante, quien siguió
rumbo a Cuenca con el grueso de las tropas y la ocupó
sin resistencia. Esta división de fuerzas les
sería con el tiempo fatal.
El General Juan José
Flores había sucedido en la Jefatura Superior
del Departamento Sur al General Gabriel Pérez,
movilizó sus tropas y se dieron algunos combates
en la región de Daule, que le fueron favorables.
Entonces Lamar se replegó a Guayaquil y fue
llamado a Lima a asumir la presidencia de la República
del Perú, pero antes de ir designó a
Diego Noboa Arteta y a José Domingo de Santistevan
como delegados ante Flores para pactar la paz y confidencialmente
se convino con Flores en que continuarían en
Guayaquil las autoridades seccionales designadas por
la Municipalidad, que las tropas floreanas se retirarían
a Quito y que en el caso de que la Convención
de Ocaña aceptare la renuncia de Bolívar,
ambas fuerzas colaborarían para que el Departamento
Sur de la Gran Colombia formase una República
independiente.
Entonces Flores bajó
a Guayaquil y se entrevistó con Lamar que ya
partía. La Municipalidad designó a Diego
Noboa para las funciones de intendente del Departamento
y confirmó al Coronel Antonio Elizalde en la
dirección de las tropas. Juan Francisco, en
cambio, siguió como Jefe de uno de los cuarteles
y participó activamente en los sucesos que
con posterioridad se produjeron, tales como la ocupación
de Guayaquil por las fuerzas peruanas en Enero de
1829 y su devolución a Colombia a fines de
ese año, como consecuencia de la batalla de
Tarqui y de la campaña de Buijo, que el Libertador
dirigió personalmente desde su cuartel en Samborondón.
En 1832 vivía
en Guayaquil y a la muerte de su tío el General
José de Lamar heredó una parte de la
gran hacienda Buijo. El 33 el Congreso ecuatoriano
invistió al presidente Flores de las facultades
extraordinarias y Elizalde se alejó a Lima
con otros políticos y militares que fueron
considerados de cierta peligrosidad. Allí vivió
varios meses y casi a fines de año regresó
de incógnito y tomó parte en la revolución
de los Chihuahuas en favor de Vicente Rocafuerte.
Posteriormente se trasladó al cuartel general
en Puna y al producirse la Captura de Rocafuerte y
su pacto con Flores, se sintió defraudado por
este hecho que consideró una verdadera traición
y junto a otros Chihuahuas se pasó al bando
rebelde de la sierra, acaudillado por José
Félix Valdivieso y el General Isidoro Barriga.
En enero del 35 combatió
en las pampas de Miñarica cerca de Ambato y
salvó milagrosamente la vida pues fue perseguido
muy de cerca por un grupo de lanceros de Otamendi.
Nuevamente en Guayaquil viajó de incógnito
a Lima y cuando a fines de Septiembre su hermano Antonio
reanudó las hostilidades por la frontera sur,
en la zona de Santa Rosa, le acompañó
en dicha aventura militar pero fueron derrotados cerca
de Taura y tuvieron que volver a la frontera.
En 1839. al finalizar
el gobierno de Rocafuerte, se acogió a un indulto
general y regresó a Guayaquil. Estaba viudo,
su esposa había fallecido en Guayaquil el 5
de Septiembre de 1832, a consecuencia de un mal parto,
y con su economía destruida. Desde entonces
compartió su tiempo entre la vida de la ciudad
y el cultivo del campo en Buijo, de vez en cuando
se le veía acoderar en el Malecón de
la ría. Era un militar de porte marcial, de
continente robusto, alto y enjuto, que en su trato
cortés demostraba inteligencia y mucha dignidad.
De pocas palabras, serio
casi de continuo, se preocupó de la educación
de su hijo y le consiguió excelentes pedagogos.
Así fueron sus últimos años,
que los pasó tratando de reponer su economía.
Poseía una casa solariega y espaciosa en el
barrio del Bajo muy cerca de la iglesia y convento
de la Merced, donde falleció el 16 de Junio
de 1861, a la edad de 69 años.
Uno de los medallones de bronce
de la columna del Centenario de la Independencia tiene
su busto y una parroquia de la Provincia del Guayas
lleva su ilustre nombre.