SIMON ESPINOSA CORDERO
ESCRITOR: Nació
en Cuenca el 8 de Octubre de 1928. Hijo legítimo
del Dr. Luis Darío Espinosa Espinosa, natural
de la población de Cañar, provincia
de ese nombre, abogado, Notario, lector empedernido
y silencioso, miembro de la Sociedad de Estudios Históricos
y Geográficos del Azuay, su temperamento religioso
le llevaba a encerrarse semanas enteras en el convento
de los Redentoristas y era notable por su dedicación
a los presos de la Casa de Temperancia de Cuenca,
a quienes asistía caritativamente y donde por
auxiliar a bien morir a uno, haciéndole el
testamento, se contagió de tifoidea y falleció
en 1933; y de Blanca María Cordero Crespo,
cuencana de mucho humor, hija del ilustre escritor,
ingeniero e inventor Octavio Cordero Palacios, cuya
biografía consta en el tomo I de este Diccionario.
Los Espinosa Cordero
eran tres mujeres y dos hombres, nuestro biografiado
y un sacerdote en Cuenca. De las mujeres dos son solteras
y una casada y madre del escritor Eliecer Cárdenas
Espinosa, autor de "Polvo y Ceniza".
Recibió las primeras
letras en el Orfelinato de San Vicente de Paúl
y la primaria en la escuela San José de los
Hermanos Cristianos, saltándose el segundo
grado por saber leer de corrido y en la revista "Travesuras"
de esa escuela publicó un artículo suyo
cuando estaba en el sexto grado, titulado "La
cúpula de la nueva Catedral". Después
siguió la secundaria en el pensionado Rafael
Borja de los Jesuitas de Cuenca, se graduó
de Bachiller en 1946 y a la Compañía
de Jesús ingresó motivado por el ejemplo
de su padre.
En el Colegio San Ignacio
de Loyola de Cotocollao realizó el Noviciado
hasta el 48 en que tomó sus primeros votos.
Hasta el 50 siguió el Curso de Humanidades
Clásicas con el padre Aurelio Espinosa Pólit
y permaneció en Cotocollao tres años
más trabajando de profesor secundario en el
Colegio Loyola, al frente de las cátedras de
Gramática Castellana e Historia Universal y
como Inspector en los primeros cursos. Del 53 al 56
estudió Filosofía en el Colegio Máximo
de San Gregorio adscrito a la Universidad Católica
de Quito. Llevaba una vida metódica y de estudio,
escribió un trabajo sobre el Quijote, hoy perdido
como disertación en un acto público.
Tuvo entre sus compañeros a Fernando Cardenal
de Nicaragua, a Ignacio Ellacuría el mejor
teólogo centroamericano hasta su muerte, a
Rutilio Grande cuyo asesinato en el Salvador conmovió
tanto a Monseñor Oscar Romero, que motivó
su conversión para abrazar la causa de los
pobres.
El 56 obtuvo el grado
de Licenciado en Filosofía en la Universidad
Católica y de allí en adelante estudió
cuatro años de Teología en The Divinite
School de la Universidad de San Luis, Missouri. Ya
era un polígloto pues hablaba inglés,
francés, italiano, latín y su lengua
nativa el español.
En 1960 viajó
a Gante a seguir el segundo Noviciado, pero el 61
fue llamado a Quito de urgencia para reemplazar al
padre Juan Espinosa Pólit en la cátedra
de Filosofía, accidentado en una motocicleta
y operado del cerebro. Por esa razón Espinosa
no pudo terminar su tesis sobre "Los símbolos
místicos en San Pedro Damian".
En Quito siguió
un postgrado en Teología Ascética y
Mistica en la Universidad Gregoriana pues le estaban
preparando para formar a los jóvenes estudiantes
Jesuitas residentes en Quito y que provenían
de las provincias de la Orden en Centroamérica,
Venezuela, Bolivia y Ecuador, por eso llegó
a convertirse en el paño de lágrimas
y en el que daba los consejos y criterios y en esas
prácticas empezó a auxiliarse con charlas
y pláticas que escribía en seis páginas
y a doble espacio dos veces al mes, para consumo de
sus pupilos en el Colegio Máximo de San Gregorio,
“que tengo recogidas pero no publicadas y totalizan
unas mil páginas".
Era un Jesuita responsable
y cumplidor pero en el lapso comprendido entre 1963
y el 69 ocurrieron cambios fundamentales en la Orden
y en el mundo católico en general, originados
por las resoluciones del Concilio Vaticano II y en
la Declaración de los Obispos en Medellín.
"El trato con los jóvenes me fue enseñando
que debía darles contactos con la gente pobre
para que pudieran comprender el mundo y sus necesidades
más inmediatas y empecé a cuestionar
la falta de sentido histórico de la Compañía,
pues estábamos formando Jesuitas para la eternidad
y no para el momento y la época, y los criterios
que se aplicaban eran irreales por ser trasuntos de
un pasado cada vez más lejano".
"Entonces decidí
llevar anualmente y en los meses de vacaciones, a
cuarenta estudiantes a Guayaquil, a trabajar de obreros
en diferentes fábricas del puerto y esto lo
hice dos años, experimento que no fue bien
visto por los padres antiguos. Enseguida ocurrió
el incidente del padre Camaratta a quien había
sancionado el Nuncio Ferrofino a salir del país.
Unos estudiantes de la Universidad Católica
lo escondieron sin que yo lo supiera en el Colegio
de San Gregorio, pero después tuvimos que ayudarlo
por caridad cristiana, pues Camaratta no contaba con
medios para su manutención y cuando se conoció
nuestra humilde participación en el asunto,
se me acusó de quitar la fe a los jóvenes
y hasta me retiraron del cargo. Yo pedí que
me mandaran a trabajar a un suburbio pero en cambio
me destinaron a confesar señoras en la residencia
de los Jesuitas y allí estuve un año
oyendo naderías. Luego pasé a la casa
de al lado como Jefe de Redacción de la revista
"Mensajero" de los Jesuitas y con el padre
Luis Proaño, hoy Director de la Ciespal, cambiamos
los temas de piedad por otros de crítica social
que gustaron más y hasta logramos un aumento
considerabilísimo en la circulación,
pero eso significó otro problema serio. Simultáneamente
el padre Marco Vinicio Rueda me nombró Director
de Planificación de los Jesuitas en el Ecuador,
para aplicar las normas y preceptos del Vaticano II
y tuve la pretensión de tratar de sacar parcialmente
a los jesuitas del plano educativo y llevarlos al
social, pero no me aceptaron los planteamientos y
tuve que retirarme en 1972, a los cuarenta y cuatro
años de edad y veintiséis en la Compañía
de Jesús. El rompimiento fue muy duro pero
se realizó con decencia y seriedad y con todos
los permisos de ley, que me fueron concedidos generosamente
para mi secularización".
"Libre en la vida
pero sin medios económicos ni experiencias,
busqué trabajo en los Avisos Clasificados del
Comercio y concursé para una de las siete plazas
disponibles como profesor de Gramática de los
miembros del Cuerpo de Paz y gané una de ellas
con S/. 5.000 mensuales de sueldo. Allí permanecí
nueve meses, hasta que Ricardo Muñoz Chávez
me llamó porque estaba formando el Instituto
de Crédito Educativo y Becas IECE a que trabajara
como Director del Departamento de Becas. Entonces,
contando ya con un mejor sueldo, contraje matrimonio
con Ana María Jalil Zapata, a quien conocía
desde que había sido mi alumna en la Universidad
y hemos tenido un matrimonio estable y feliz y dos
hijos".
"El 74 renuncié
en el IECE porque me llamó la Universidad Católica
a dirigir la planificación General de Estudios
bajo un proyecto auspiciado por la Organización
de los Estados Americanos OEA, Luego me solicitaron
que me quedara como Profesor a tiempo completo. El
77 el Dr. Rodrigo Espinosa me llevó a trabajar
en las celebraciones del Cincuentenario de fundación
del Banco Central del Ecuador y seguí en la
Universidad pero a medio tiempo. El 78 fundamos el
Centro de Investigación y Cultura del Banco
Central del Ecuador, como una prolongación
de los planes del Banco en esa área de labores.
El 83 fundé la revista Cultura que dirigí
hasta el No. 13 y tuve numerosas experiencias y muchas
satisfacciones como programador y realizador cultural".
"Desde el 81 el
Dr. Espinosa me había llevado a dirigir el
Suplemento dominical del Comercio y el 83 decidí
trabajar a tiempo completo en ese Diario, por eso
renuncié al Central y me dediqué por
entero al periodismo; mas, al iniciarse la campaña
electoral, tuve que salir del Comercio tildado de
anti Febrescorderista y pasé al Diario Hoy,
donde aún me encuentro y muy a gusto, escribiendo
tres veces a la semana dos artículos serios
para la página del Editorial y uno medio en
broma que he titulado Cajón de Sastre, con
noticias de la actualidad política en tono
entre serio y festivo y que ha adquirido una gran
popularidad entre los lectores del país".
"El mismo año
83 Abelardo Pachano me consiguió la Dirección
de Publicaciones del CIC del Banco Central y poco
después pasé a Comisión de servicio
a la presidencia de la República, donde di
forma a la edición de los Discursos del presidente
Dr. Oswaldo Hurtado, pues él no tenía
tiempo para hacerlo personalmente".
"En Enero del 84
fui sacado del Banco Central por retaliaciones políticas,
pero el Tribunal Contencioso Administrativo falló
a mi favor y fui legalmente resarcido del despojo".
"En Abril del 85
pasé a dirigir la revista Chasqui, órgano
del Centro Latinoamericano para estudios de Comunicación
Social de la UNESCO, y en la CIESPAL tomé a
cargo la conducción de algunos cursos. En Febrero
del 88 el Consejo Latinoamericano de Iglesias Clai,
organismo ecuménico de cien iglesias e instituciones
protestantes que buscan la unidad cristiana, me trajo
a sus oficinas en Quito."
Fue designado Vicepresidente
de la Asociación de Escritores Cristianos del
Ecuador y continúa dictando una cátedra
en la Universidad Católica. Es un escritor
versado y valiente, erudito e interesado en todo lo
concerniente al país, por eso sus escritos
son buscados, ilustran y abren nuevas vías
al conocimiento cabal de los hechos. Jamás
se circunscribe solamente al comentario horizontal
y despersonalizado, ni ha puesto su pluma en almoneda
para agradar a los déspotas.
Alto, macizo y corpulento,
de tez tostada, amplio bigote y pelo lacio y negro.
Al hablar usa los términos con propiedad, pausadamente.
Cargado de espaldas 'pero ágil y de movimientos
rápidos. Su carácter franco y sus modales
sencillos. La conversación sin reticencias,
clara y versátil. Su figura adquirió
talla nacional durante el gobierno de la Reconstrucción
Nacional que acaba de finalizar y actualmente es uno
de los más importantes periodistas del país.