JOSE GABRIEL NAVARRO
ENRIQUEZ
CRITICO DE ARTE.
Nació en Quito el 3 de Diciembre de 1883. Hijo
legítimo del Dr. Rafael Navarro Romero, abogado
quiteño que murió joven a causa de una
caída de caballo y de Joaquina Enríquez
Paz, natural de Popayán, quienes vivían
en la Cruz de Piedra de San Sebastián.
Niñez pobre al
lado de su madre que era una mujer de carácter
muy dulce y tranquilo y de su abuelo Francisco Navarro
Lagraña, que los protegía en su casa
de la esquina de Sucre y Benalcázar, barrio
de San Francisco, "donde también vivió
largos años su ahijado el pintor Juan Manosalvas
y en ella murió. Su habitación era un
lugar de interesante tertulia. Allí iban Rafael
y Alejandro Salas, el Dr. Diego Salas, Joaquín
Pinto, un hijo de Cadena que era sobrino político
de Manosalvas, pues las esposas de Manosalvas y Cadena
eran hermanas, Antonio Salguero, Leandro Venegas el
sordo, un español de nombre José Duran
discípulo de Cadena, el escultor Benalcázar
y varios otros artistas".
En ese ambiente artístico
se fue formando el joven Navarro como pintor y de
las conversaciones que escuchaba sacó abundante
material para la historia y la crítica del
arte, mientras estudiaba la primaria en el colegio
de la Santa Infancia y la secundaría en el
Seminario Menor de San Luis.
En 1901 se graduó
de Bachiller en Humanidades Clásicas y entró
a estudiar Jurisprudencia en la Universidad Central,
destacando como uno de los mejores alumnos pues obtuvo
cinco Diplomas de Muy Sobresaliente y varias Medallas
de Primera Clase; y al refundar el Ministro de Instrucción
Pública Luis A. Martínez, el 24 de Mayo
de 1904, la Escuela de Bellas Artes, bajo la dirección
de los pintores Rafael Salas, Juan Manosalvas y Joaquín
Pinto, fue de los primeros en matricularse en ella
y pronto destacó por su habilidad como retratista
y paisajista. (1)
En 1905 se graduó
de Licenciado con la tesis "La extraterritorialidad
de los fallos extranjeros" que publicó
la Universidad Central y el 6 figuró entre
los redactores del recién fundado Diario El
Comercio, en el que colaboró con toda asiduidad
hasta su muerte, con artículos sobre arte quiteño
y otros temas menores. Este año figuró
entre los socios fundadores del Banco del Pichincha
y a la muerte de su maestro Joaquín Pinto,
le confeccionó un magistral retrato al óleo
que aún se conserva.
En 1908 se graduó
de Doctor en Jurisprudencia y comenzó a practicar;
pero, por poco tiempo, pues la aridez de las leyes
no llenaba sus sentimientos estéticos. Ese
año inició sus estudios de historia
con el Arzobispo González Suárez y posteriormente
conformó la "Sociedad Ecuatoriana de Estudios
Históricos Americanos" y recibió
la Placa de miembro de la Real Academia de Ciencias
y Artes de Cádiz. A ambas instituciones ingresó
con su amigo Juan León Mera Iturralde, también
notable pintor aficionado, quien le presentó
a su hermana menor Eugenia Mera Iturralde, con quien
Navarro contrajo matrimonio en Quito en Noviembre
de 1910, pero no tuvieron hijos.
En 1909 fue segundo secretario de la Cámara
del Senado. El 12 ocupó la dirección
de la Escuela de Bellas Artes y fundó la Revista
de dicha Escuela. También estuvo entre los
animadores de la primera revista gráfica de
Quito llamada "Vejeces y Novedades" y cuando
en 1918 comenzó a editarse el "Boletín
de la Academia Nacional de Historia" colaboró
con una serie de cuatro entregas aparecida hasta 1919
sobre "Epigrafía quiteña"
en 69 páginas donde estudió las inscripciones
antiguas existentes en Quito.
(1) Actualmente conservan
en el Museo Municipal de Quito un paisaje y un desnudo
femenino de magnífica facturas y de corte romántico
y figurativo, ambos ejecutados por Navarro.
Por esa época
fue tutor del joven novicio dominicano José
María Vargas, que le llegó recomendado
por su hermana la madre Victoria Navarro, que profesaba
en Gualaceo. Navarro acostumbraba recibir al joven
Vargas todos los fines de semana en su casa y le familiarizó
con las antigüedades y obras de arte de su colección,
que ya era numerosa.||En
1920 envió a Madrid para su publicación,
un artículo sobre la Iglesia de la Compañía
de Jesús de Quito y sobre la arquitectura americana,
en 11 páginas, su primer esfuerzo para dar
a conocer la importancia de dicho templo y del arte
quiteño en la madre patria. En 1930 volvería
a las andadas con un extenso genial ensayo en 171
páginas y sobre dicho templo. Allí hizo
un depurado elogio sobre el barroco colonial y probó
con numerosas razones que la serie de lienzos con
los retratos de los profetas de Israel, era del pincel
de Gorívar y no del Hermano Hernando de la
Cruz y aunque no fue el primero en aseverarlo, pues
ya otros lo habían diccho con anterioridad,
fueron tales las razones que expuso, que el asunto
debió quedar cerrado a la polémica.
Entre 1921 y el 24, luego
el 39, después entre el 47 y el 49 y finalmente
entre el 51 y el 52, escribió en el Boletín
de la A.N.H. sus "Contribuciones a la Historia
del Arte en el Ecuador", catorce publicaciones
parciales con un total de 647 páginas siendo
la primera serie la más valiosa por los descubrimientos,
novedades y agudezas que aportó al conocimiento
del arte quiteño, para entonces casi ignorado
en sus detalles y poco avizorado en su importancia
total.
En 1925 ocupó
la cátedra de Historia en el Colegio Mejía,
y compuso una síntesis de la historia de la
pintura en el Ecuador a petición del Dr. Rowe,
de la Unión Panamericana, para conmemorar el
centenario de nuestra independencia, que se editó
en inglés bajo el título de “Art
in Ecuador”, al que luego sucedió “Quito
and it Colonial Art”. El 27 dictó Historia
e Historia del Arte en los Institutos Normales Manuela
Cañizares y Juan Montalvo y dirigió
y organizó el Instituto de Pedagogía
de Quito. Su vida transcurría entre esos planteles
y los archivos y bibliotecas de las iglesias y conventos
que estudió a plenitud. Años de intensas
y pacientes investigaciones en la Curia y formación
de su importantísimo archivo de documentos,
todo lo cual dio por resultado que pudiera ensamblar
el inmenso mural hasta entonces disperso del arte
quiteño, no solo en epigrafía y arquitectura
—sus temas iniciales- sino también en
imaginería, techos, artesonados y alfarjes
mudejares, pintura y otras manifestaciones de artes
menores como el labrado, la orfebrería, la
escultura en piedra, mamparas, púlpitos y sagrarios,
el mobiliario en general, la sillería de marquetería,
de cordobán y de embutido, la fabricación
de la loza en el siglo XVIII; estudios que fueron
revelando a los asombrados quiteños el inmenso
valor de todo lo antiguo que hasta entonces era considerado
feo, rústico e imperfecto en relación
a lo europeo y por eso se relegaban las piezas de
arte quiteño a los dormitorios interiores de
las domésticas, como cosas sin valor estético
ni comercial y sin embargo, merced a Navarro, a la
vuelta de poco tiempo empezaron a ser apreciadas y
revalorizadas y hasta fueron objetos de colección
o adorno para las moradas de las principales familias.
En 1925 recogió
la parte publicada de sus contribuciones en un tomo,
relievando su descubrimiento en los frisos superiores
de la fachada del templo de San Francisco, donde halló
confundidos diversos elementos griegos, románicos,
bizantinos, barrocos italianizantes y hasta indígenas.
Iglesia y convento que Navarro resaltó en toda
su grandeza, calificando al conjunto como "la
obra más interesante para la historia de la
arquitectura en la América del Sur"
En 1928 publicó
un artículo sobre la "Arquitectura Hispano
colonial americana" en 3 páginas con el
subtítulo de "Curiosa ordenación
arquitectónica en el claustro del convento
de San Agustín de la ciudad de Quito",
que originó su serie de los años 39,
40, 42 y 48 sobre la "Arquitectura religiosa
en Quito" y que sumada a sus artículos
sobre la "Arquitectura Civil doméstica
en Quito en la época virreinal" aparecida
en la Revista América en 3 páginas,
y "La Arquitectura Civil en América, la
Casa Urbana" en 13 páginas, año
1942, Boletín del Ministerio de 00. PP., proporcionan
una idea cabal y completa del tema. Escritos que merecerían
ser recopilados en un volumen para evitar su dispersión.
En 1927 la Real Academia
de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, había
convocado a un Concurso sobre la escultura colonial
para escritores de España e Hispanoamérica.
Navarro presentó “La Escultura en el
Ecuador, siglos XVI al XVIII” que constituyó
el campanazo de alerta que se requería para
despertar la atención de los críticos
españoles sobre la trascendencia del arte quiteño
y así lo estimó el Jurado cuando dictaminó
que "la novedad, el rigor y el buen gusto de
la exposición, la abundancia de noticias, etc...
" hacíanle acreedor al Premio Unico, la
publicación de su trabajo en edición
de lujo de 195 páginas y 187 ilustraciones
y la designación de Académico del Número
"como recompensa extraordinaria a sus méritos
excepcionales". Y en efecto lo era, pues poseyó
la intuición natural que todo lo descubre y
la laboriosidad y sistematización que origina
a la erudición; era pues, un escritor completo.
Su triunfo le abrió
en el Ecuador numerosas posibilidades y en Enero de
1928 fue designado Cónsul General en Madrid
y allí permaneció estudiando hasta Diciembre
de 1930, metido en archivos y asistiendo a clases
"como cualquier muchacho" en la Facultad
de Filosofía y Letras, Historia, Arte y Arqueología
con los grandes profesores de la materia", aunque
de vez en cuando le enturbiaba esa tranquilidad los
chismes de Quito, acerca de que le querían
cambiar de destino.
El 29 se deslumbró con
"Un Cuadro admirable del siglo XVI en el Museo
Arquelógico de Madrid", que estudió
en 30 páginas. Se trataba de un retrato de
tres caciques negros esmeraldeños, pintado
por Adrián Sánchez Galque en Quito.
También concurrió
como Delegado a diferentes eventos internacionales
como el Congreso Oceanográfico Iberoamericano
de Madrid y el Histórico Municipalista de Palma
de Mallorca el 29 y el de Historia y Geografía
Hispanoamericana de Sevilla del 30. El 29 dictó
un curso sobre Arte Hispanoamericano en la Universidad
de Sevilla y cuando regresó a Quito el 31 editó
"El Arte de hacer el estuco en el siglo XVIII"
y el 4 de Diciembre sustentó una Conferencia
Magistral sobre "El Arte de Miguel de Santiago"
refutando las afirmaciones del Padre Valentín
Iglesias, quien había escrito en 1906 sobre
las deficiencias que élencontraba en Santiago.
Esta Conferencia dio motivo para que el ex Director
de la Escuela de Bellas Artes de Quito, Víctor
Puig, acusara en 1933 a Santiago, de haber sido un
mero copista sin imaginación; Navarro estaba
por entonces de Canciller y con su esposa gravemente
enferma y no pudo refutarle a tiempo, reservándose
hasta 1950, en que presentó una documentada
y explícita defensa de nuestro mejor pintor
colonial.
El 31 fue designado Miembro
de la Junta Consultiva del Ministerio de Relaciones
Exteriores y el 30 de Octubre del 33 ascendió
a Canciller de la República en reemplazo del
Dr. Manuel Cabeza de Vaca, último Canciller
del presidente Martínez Mera.
Navarro fue designado
por el Presidente encargado Dr. Abelardo Montalvo
y le acompañó durante ese interinazgo
que finalizó el 31 de Agosto de 1934. Durante
su desempeño no se presentaron problemas mayores,
editó un Memorándum y un Informe de
Labores y viajó a Panamá por la enfermedad
de su esposa, que falleció allí, de
un cáncer generalizado.
En 1935 fue invitado a Panamá,
Chile y Uruguay a dictar un ciclo de conferencias
sobre Historia del Arte Americano. El Centro de Estudios
de Panamá editó en 45 páginas
"Summary of en lectures on ecuatorian art"
y en Quito salió "El estado actual de
los estudios históricos en el Ecuador y su
importancia para la historia de España",
aporte deNavarro, en 24 páginas, para el Boletín
de la A.N.H.
El 36 fue designado miembro
de la Comisión Nacional de Codificación
del Derecho Internacional y en Noviembre viajó
como Delegado Plenipotenciario a la Conferencia Interamericana
de la Paz en Buenos Aires. El 38 asistió a
la Conferencia de Cooperación Intelectual en
Santiago de Chile y para el II Congreso Internacional
de Historia de América celebrado en Buenos
Aires presentó un Informe titulado "Estado
actual de las investigaciones sobre la historia del
Arte en el Ecuador" en 6 páginas.
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