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El 26 de Mayo de ese año había sido designado Embajador extraordinario a la transmisión del mando en el Uruguay. En Montevideo conoció, trató y se casó en 1940 con Angélica Lussich Márquez a quien llevó enseguida a Quito, pero cometió el error de sacarla al día siguiente de llegada a ver la ciudad, iglesias y conventos; ella se agitó y le sobrevino una descompensación del oxígeno en la sangre llamado mal de altura o soroche y falleció a los diez días, ante la consternación de su esposo, a quien le quedó por algún tiempo un sentimiento de culpabilidad atroz.

En 1938 fue Delegado a la Conferencia de Cooperación Intelectual en Santiago de Chile. El 40 sacó dos artículos sobre el Convento de San Diego en el Boletín del Ministerio de 00. PP. y formó parte del Jurado de Admisión del Salón Exposición de Pintura "Mariano Aguilera" de la Municipalidad de Quito.

Para la invasión peruana pasó a la Dirección del Departamento de Límites de la Cancillería. El 42 y el 47 presidió los Jurados de Premiación del Salón "Mariano Aguilera", descubriendo la valía de Guayasamín y profetizando sus futuros éxitos. El 44 presidió la Comisión Asesora Demarcadora de Límites con el Perú compuesta de técnicos y militares, que colocó los hitos en las nuevas fronteras y con tal motivo viajó a las capitales de los países garantes del Protocolo de Río de Janeiro, como Embajador plenipotenciario y Delegado a la Conferencia de Paz de Buenos Aires y en Misión especial en Río de Janeiro. También fue Delegado al IV Centenario de la Fundación de Lima y descubrió en las gradas del coristado de San Francisco la lápida mortuoria del Licenciado Miguel de Ibarra, Presidente de la Audiencia.

Ese año fue invitado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos a New York, el Museo Metropolitano le solicitó que dirigiera la elaboración del fichero sobre Arte Hispanoamericano y ofreció dos Conferencias con grandes fotografías que posteriormente fueron exhibidas en los principales Museos de ese país.

En Mayo del 45 contrajo matrimonio en New York con María Cecilia Lynn Iglesias, natural de San José de Costa Richa y publicó "Religious architecture in Quito" y "Artes Plásticas Ecuatorianas" en 266 páginas en la Colección del Fondo de Cultura Económica de Méjico, que devino en su obra más leída por ser la síntesis de sus conocimientos generales. Allí evocó a través de sus recuerdos la vida gremial de los talleres, descubrió la rica tradición artística del siglo XIX y calificó y cuantificó los barrocos, desde el fino y severo a lo Herrera hasta el alegre y pintoresco de Churriguera, y todo ello escrito en un estilo popular, dirigido al lector no iniciado.

En esta obra Navarro se mostró más crítico que historiador acusando el defecto de los autores antiguos, que al hablar de arte lo hacían como historiadores, sin cuidarse del arte místico. Contra esa forma de escribir reaccionó manifestando que no hay historia del Arte sin una comprensión del fenómeno creativo, que debe ser valorado principalmente.

El 47 editó un artículo sobre el Padre Almeida. El 48 empezó una serie en el Boletín de la ANH sobre iglesias y conventos con "El Monasterio de Santa Catalina, la Concepción y Santa Clara" en 70 páginas. El 49 prosiguió con "Carmen Antiguo y Carmen Moderno" en 38 páginas. El 52 con "La Catedral" en 70 páginas, el 58 "El Arquitecto español don Antonio García y la Catedral de Quito" en 28 páginas, el 64 "Las vicisitudes del templo de la Compañía en su segunda época desde su construcción y arreglo" en 16 páginas.

El 48 ingresó al Grupo América que por entonces constituía un cenáculo formado por escritores y artistas de la primera categoría intelectual de Quito y también al Instituto de Cultura Hispánica. El 50 intervino en la polémica sobre los Profetas de Gorívar con un trabajo en 54 páginas que salió en la Revista de la CCE. Por esa causa ocurrió su definitivo distanciamiento con el Padre Vargas, con quien venía manteniendo desde hacía algunos años una actitud competitiva.

El 51 recibió el Premio Tobar de la Municipalidad de Quito y fue designado Embajador en Chile. A principios del 53 vivía con su esposa en España y vacacionó dos meses por el norte del África huyendo del frío. El Pachá de Marruecos los invitó a su mesa. Las Academias de Historia y Bellas Artes le recibieron en su seno. Esta última le designó Académico de Honor. La Asociación de Escritores y Artistas españoles de Madrid celebró una sesión en su honor y el 55 editó en Madrid "Los franciscanos en la conquista y colonización de América" en 178 páginas que había presentado al Concurso Internacional convocado en la Habana con motivo del VII centenario de la muerte de San Francisco de Asís. El 56 estudió un mes las 6.707 láminas de la Flora de Bogotá de Mutis, pintadas por diez artistas quiteños y consideradas de primerísima calidad y dignas de Durero, y comenzó a examinar los archivos para hallar documentación que se relacionare con la revolución del 10 de Agosto. Ese año veraneó en la Costa Azul y en París.

El 57 se trasladó a Sevilla engolfándose en el Archivo de Indias. La revista "Mundo Hispánico" le hizo una entrevista. En Julio había concluido su trabajo histórico sobre "La Revolución del 10 de Agosto de 1809", pero le faltaba corregirlo y pasarlo en limpio. Tenía casi 700 páginas de borradores y 2.000 de documentos transcriptos. Estaba eufórico e impaciente.

El 58 regresó a Quito y editó en la CCE "El Arte de Quito en el siglo XVI". El 59 presentó su obra al Concurso Nacional convocado por el presidente Camilo Ponce Enríquez, con motivo del sesquicentenario de la Independencia. Esperaba ganar pero el Jurado seleccionó tres obras —entre las cuales estaba la de Navarro - y envió el dictamen al Ministro de Educación, quien premió la del Dr. Carlos de la Torre Reyes. La desilusión de Navarro fue inmensa y recién en 1962 pudo publicarla por su cuenta. El 60 había editado en Méjico y como simple guía: "El Arte en la provincia de Quito" en 98 páginas. El 61 salió "Las formas Europeas en la Arquitectura".

Desde entonces comenzó su salud a decaer notablemente y hasta dejó de salir y tras muchos sufrimientos murió en Quito el 21 de Agosto de 1965, de 81 años de edad, en su gran casa ubicada al norte de la capital.

Inteligente, cordial, bondadoso, anecdótico y erudito. De carácter suave y agradable. Como crítico fue genial y aun no ha sido superado en el país. Poseyó los atisbos que jamás tuvo el Padre Vargas. Navarro lo descubrió todo sobre el arte quiteño y fue tan lejos que "llegó a identificar en las actitudes de ángeles y santos, sobre todo en la expresión y actitud de las manos, algunos preceptos de la estética budista", (2)

Alto, corpulento, tez morena nativa, de pelo gris lacio, ojos negros profundos e inquisitivos. Sus colaboraciones en El Día y sobre todo en El Comercio deben ser recopiladas. Su viuda ha constituido una Fundación e Instituido el premio anual que lleva el nombre de tan ilustre crítico de arte. Su archivo fue adquirido por el gobierno de Venezuela, pérdida grande para nuestro país pero su Biblioteca está consignada en Cotocollao, donde los padres jesuitas.

Dejó inéditas las siguientes obras: “La Diplomacia chilena en el Ecuador de 1895 a 1910”según los documentos da la Legación de Chile en Quito. “Estudio sobre la pintura en el Ecuador del XVI al XIX” escrita por capítulos aparentemente independientes hacia 1950 y que apareció en edición de lujo de 245 pags. y numerosos grabados a todo color en 1991, con una muy completa bibliografía suya preparada por Wison C. Vega

(2) Vargas lo superó en cambio en el género biográfico para el que estaba muy bien dispuesto y en el manejo de material histórico que Navarro no llegó a conocer por ser posterior a su fallecimiento.
Vega, de la biblioteca de los jesuitas en Cototcollao. El estudio ofrece una valoración muy completa de nuestra pintura y sus cultores en los períodos: Clásico que comienza con el Renacimiento y Moderno a partir de la segunda mitad del siglo XIX.“Estudio sobre Miguel de Santiago”.

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