Entonces quizo cumplir con
su viejo anhelo de vivir en la península de
Santa Elena (1) y se estableció en el recinto
Valdivia con un almacén distribuidor de cervezas,
colas, hielo, pero el negocio le dio pérdidas
porque la clientela sacaba a crédito y no pagaba.
Al mismo tiempo instaló una casa en La Libertad,
era corresponsal de El Universo y escribía
sus remitidos con el seudónimo de "Pecho
Bordado" que pronto se hizo famoso en todo el
país.(2)
Y queriendo ser útil
al pueblo empezó a combatir el caciquismo del
Velasquista Simón Yagual, amo y señor
del Municipio de Santa Elena y de Carlos Espinosa
Larrea que por más de veinte años dominaba
en Salinas; dio vida a la "Juventud Revolucionaria
Peninsular" y fundó el bisemanario "La
Verdad" donde fustigó a las trincas, que
intentaron comprarlo y hasta le dieron bala en su
domicilio. El 60 salió electo concejal de Salinas,
pero ante la dictadura del voto mayoritario espinosista,
prefirió abandonar esas funciones y seguir
denunciando desde afuera, con mayor impulso al movimiento
que lideraba, que el 62 ganó la presidencia
del Concejo de Santa Elena con Jones Lino y el 63
triunfó en las elecciones de Salinas, pero
Espinosa hizo fraude en Guayaquil con la complicidad
del Tribunal Provincial Electoral del Guayas, fraude
que fue tan escandaloso que se trató hasta
en el Congreso; mientras tanto Pérez Castro
se había tomado el
(1) La península aprisionó
mi espíritu desde mi lejana infancia. Fue como
un presentimiento. I la vi cuando apenas tenía
seis años.
(2) El origen de este apodo
radica en unas guayaberas bordadas que acostumbraba
usar en esa época y que fueron las primeras
que se conocieron en la Libertad.
edificio del Municipio, fue
desalojado por el ejército que le encerró
en el cuartel, de donde lo liberaron a las pocas horas
las masas populares entre aplausos y aclamaciones.
En Julio de ese año
la Junta Militar de Gobierno destituyó a Espinosa
Larrea y en vez de premiar a Pérez Castro por
su patriótica lucha contra los caciques, lo
persiguieron con zaña inaudita, solo por ser
comunista. Su casa de la Libertad fue allanada, los
muebles destruidos, los enseres robados a vista y
paciencia de la población, los libros incinerados
en la vía pública -allí se quemó
la única colección del bisemanario La
Ver dad— las máquinas impresoras embarcadas
en camiones del ejército y nunca más
se supo de ellas. Para colmos, quisieron arrebatarle
su casa por decreto y tuvo que apurarse en venderla,
perdiendo mucho dinero. Dos veces cayó en prisión
y al salir la segunda vez se escondió para
no volver a la cárcel, su situación
se tornó insostenible en Guayaquil y viajó
a la provincia de Bolívar llamado por un generoso
camarada que le ofreció hospitalidad, pero
allí también fue detenido por el ejército
y trasladado al cuartel de Guaranda. Dos semanas después
le pusieron de noche en libertad y lo obligaron a
que tomara el jeep de su propiedad y se fuera manejando,
sin embargo, el jeep había sido dejado sin
luces y sin frenos y tuvo que maniobrar con gran pericia
para estacionar a pocas cuadras de distancia, donde
pernoctó bajo intenso frío. Al día
siguiente arregló como pudo el jeep y se fue
a Ambato, allí su amigo Cosme Romano le ayudó
a que pudiera regresar a Guayaquil.
"El 64 el Partido comunista
estaba dividido en dos alas, la de Pedro Saad y la
de Rafael Echeverría, a quien traicionaban
sus principales colaboradores Jorge Arellano Gallegos,
Mario Cárdenas y Luis Vargas, agentes encubiertos
de la CIA. y de la dictadura, como después
se supo. Trabajé algunas semanas con Echeverría
y hasta tomé contactos con Jaime Galarza Zavala
y Alfredo Vera Arrata para organizar una guerrilla,
pero nada pude hacer porque los traidores Arellano,
Cárdenas y Vargas pusieron sobre aviso a las
autoridades. El resto del tiempo de la dictadura,
hasta el 66, lo pasé a salto de mata, huyendo,
cambiando de domicilio, siempre escondido y sin poder
regresar a la península, donde me hubieran
arrestado enseguida. La Juventud Revolucionaria Peninsular
había sido deshecha, a los principales dirigentes
los habían comprado con puestos públicos.
Mi ayudante Montenegro presidía
el Consejo de Salinas pero al caer la ominosa Junta
regresé a Valdivia e instalé una finca,
la Herlinda, que produjo sandías, tomates,
melones y pepinos con buen éxito, al punto
que hasta empecé a comprar maquinarias, el
67 contraje matrimonio con Vixia Murillo Villacrés
y el 68 nació mi hija Raquelita y reedité
La Verdad en su segunda etapa, pero el 72 enfermé
de infarto y estuve hasta el 74 sin poder trabajar.
Tres meses permanecí
en la clínica Kennedy, tres meses más
recuperándome en casa de mi hermano Büchner
y para distraerme por las noches, porque sufría
de insomnios, comencé a escribir una columna
en Expreso que titulé Cartas de un desvelado,
bajo los siguientes seudónimos: Filosorate,
Musculado, Pi es igual a 3,1416 y finalmente Desvelado.
El 75 viajé a un chequeo
médico en los Estados Unidos y a mi regreso
construí una villa mixta sobre un terreno que
tenía en la ciudadela Costa de Oro, cerca del
carretero Libertad-Salinas. Entre el 77 y el 79 apareció
La Verdad en su tercera época y me casé
con Nínive Noboa Tola.
Ese último año
ingresé de Coordinador activista a la Asociación
de Cooperativas Agrícolas del Ecuador ACAE
que dirigía Efraín Robelly y allí
estuve hasta el 80 que pasé a coordinar la
Federación de barrios de La Libertad.
En Septiembre del 82 el Ministerio
de Recursos Naturales me designó con igual
cargo para que organizara la Federación de
Comunas Indígenas de Achupallas en Alausí,
para terminar la explotación que un tal Lara,
sobrino del ex-dictador Rodríguez Lara, venia
haciendo con unas millonarias concesiones recibidas
en el gobierno de su famoso tío, sobre las
minas de mármol de Sula, al pie del río
Chanchán.
Lara era socio de un sádico Coronel Merizalde,
que tenía por costumbre castigar con látigo
y alcoholizar a los indios de los contornos, según
fuere el caso. Nadie podía entrar a esos territorios
porque era asesinado por orden de Lara y Merizalde,
pero yo me armé de valor y con la ayuda de
Monseñor Proaño y de los curas de Tixán
y Alausí logré reunir a más de
treinta comunidades de las zonas paupérrimas
próximas a los pantanos y a la laguna de Osogoche
y tras varios meses de intensos trabajos durante los
cuales se atentó dos veces contra mi vida,
conseguí la unidad de más de ocho mil
indígenas, que obtuvieron la devolución
de sus minas del Ministerio.
Por este éxito fui contratado
nuevamente por ACAE, pero meses después el
gobierno de la Democracia Popular quitó graciosamente
la concesión a sus legítimos propietarios
los indígenas, para dárselas a unos
italianos recomendados por la Central de ese partido
transnacional en Roma, que para colmos resultaron
socios de Merizalde y Lara y todo volvió a
ser como antes, látigo, alcohol, abuso, violencia.
A principios del 84 ayudé
a organizar la Cooperativa de Vivienda Agrícola
Pancho Jácome en el Kilómetro 8.1/2
de la carretera a Daule, que tanto escándalo
ocasionó porque sus miembros fueron acusados
de invasores. Ese año contraje nupcias con
Leonor Argote Doilet y pasé a organizar la
Comuna de Puerto del Morro para impedir que las autoridades
del IERAC y los oficiales de la Marina se siguieran
enriqueciendo con el tráfico de las adjudicaciones
y concesiones como es público y notorio en
esas tierras camaroneras. Entre el 84 y el 87 saqué
por cuarta vez el bisemanario La Verdad. El 86 edité
en 48 páginas una colección de poemas
titulada Vientos peninsulares. En Julio encabecé
el Movimiento Patriótico por la libertad de
Frank Vargas Pazos y recogimos más de veinte
mil firmas sólo en la península.
El 87 volvía enfermar
gravemente con varios preinfartos y estuve tres veces
hospitalizado en Guayaquil. Al egresar de la clínica
edité mi segundo poemario Familia y otros poemas
en 90 páginas, asumí la coordinación
del Movimiento Patriótico pro Frank Vargas
Pazos para presidente y en la Espol aparecieron dos
poemarios más: “Vientos peninsulares”
en 48 pags. y “En familia” en 90 pags.
así como una selección general de mi
poesía que saldrá en los próximos
meses bajo el título de Del Cerro al Mar, posiblemente
en 300 páginas".
Semiretirado a causa de su
dolencia cardíaca, no había perdido
sus arrestos revolucionarios en esta segunda etapa
de su vida, dedicada por entero a la península,
a las Cooperativas y a las Federaciones de Comunas,
a la causa del pueblo, sin esperar ninguna recompensa
mas que la satisfacción del deber revolucionario
sin posturas sectarias ni mezquinos intereses políticos.
Se consideraba un revolucionario de la extrema izquierda
y un francotirador independiente. No conocía
Cuba ni Rusia pero si su Patria.
Culto, instruido y actualizado
en sus lecturas. De estatura mediana, musculoso, nervioso,
ágil y delgado. Ojos cafés —había
perdido la visión del ojo derecho y usaba un
lente negro como los piratas, que le hacía
juego con su pelo, bigote y descuidada barba cana.
Hablaba con la convicción de siempre, con el
entusiasmo proverbial en su persona y sin sentirse
disminuido o enfermo, pues era uno de los idealistas
más puros del país.
En su poesía "Por
este Corazón" ha escrito: // Por este
corazón que me palpita / al ritmo del clamor
que nos habita / en la sed de Justicia que tenemos..
// Por este corazón, claro y contento / amo
al niño vivaz que llevo adentro, / - ese niño
que muchos conocemos -...// por éste, que se
iba enriqueciendo / cuando bienes terrenos fue perdiendo.../
por este corazón, que se ha elevado / porque
de falsas cumbres ha bajado... / por este corazón
que fue creciendo / cuando iba sus prejuicios reduciendo
// por este corazón, jamás venado /
ante la furia atroz del potentado... / por este corazón,
que ha tremolado / las banderas del pueblo rebelado...
// por este corazón, que ni aún vencido
/ ha mordido la hiel del derrotado / y que una y otra
vez se ha levantado, / de las tibias cenizas renacido...
// por este corazón, necesitado / pero jamás
vendido, ni comprado... / por este corazón,
que ya sin susto / se va cerrando al fin, de puro
gusto, / feliz de haber vivido en su verdad / ejerciéndola
en plena libertad ...//
Falleció este patriota,
este ecuatoriano a ultranza, una madrugada, en que
la soledad y la pobreza le acompañaban como
siempre, en su casa a medio construir entre Salinas
y La Libertad, del último de sus infartos y
fue sepultado ese día, que fue de luto cerrado
entre los pobladores de la Península.
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