MANUEL POLANCO CARRION
CONSPIRADOR.-
Nació en Quito el 19 de Octubre de 1834. Hijo
legítimo del Coronel Fernando Polanco y Peñaherera,
Concejal de Quito, militar antifloreano y vecino del
Sagrario y de Mercedes Carrión y Quiñónez,
de la Casa de los Marqueses de Miraflores, quiteños.
A los trece años
quedó huérfano de padre. En 1852 se
graduó de Bachiller y el 21 de Septiembre inició
estudios de Jurisprudencia, carrera que culminó
seis años después. Para entonces ya
había entrado en posesión de su herencia
paterna que ascendía aproximadamente a cinco
mil pesos y por su carácter bromista y jovial,
divertido sin llegar al libertinaje, pero sin método
en la manera de vivir, gozaba de gran popularidad
y gastaba más de lo que podía.
Y en este género
de vida anduvo hasta que a principios de 1863, quizá
por consejos maternos o por propia voluntad, decidió
enmendarse, y consiguió de su amigo personal
el Presidente García Moreno, le recomendara
ante el Superior de la Compañía de Jesús
en Quito, quien lo admitió al Convento.
En Septiembre fue enviado
a enseñar a Guayaquil el primer Curso o ínfima
en el Colegio Seminario del puerto principal. Allí
su conducta como religioso fue aparentemente intachable
y sus conocimientos pedagógicos como maestro
dejaron plenamente satisfechos a sus superiores, pero
no pasaron tres meses de su llegada cuando comenzó
a tener dificultades por las deudas que había
contraído anteriormente en Quito y tuvo que
escribirle a su amigo el Dr. Camilo Ponce Ortiz para
que asumiera su defensa.
El 13 de Enero de 1864
cayó enfermo con fiebre amarilla pero sanó
después de pasar la gravedad del caso. Entonces,
no solamente para reponerse sino también para
arreglar la situación con sus acreedores capitalinos
que le amenazaban con la insolvencia, pidió
permiso a sus superiores y regresó a la capital.
Sin embargo, lo de los acreedores bien pudo haber
sido un mero pretexto, algo así como una excusa,
pues su carácter libre e independiente no se
avenía a la rígida disciplina jesuita,
y había descubierto que no tenía vocación
religiosa ni pedagógica y como tampoco había
pronunciado el primer voto, no se sentía unido
a la Compañía, a la que había
entrado en un momento de desconcierto.
En Quito sus hermanos
se negaron a entregarle su parte en la hacienda Conrrogal
en Perucho y por eso tuvo que empezar a vender parte
de sus bienes. Cedió una casa en la esquina
de la calle del Beaterio a Manuel Chiriboga Guzmán
y con el dinero pagó lo más urgente,
pero como empezó a circular en sociedad, pronto
se vio abocado a la antigua vida de fiestas y saraos,
sin hacer nada de utilidad para sí o para sus
semejantes; era incorregiblemente alegre, vivo y juguetón
y en todos los círculos se mezclaba y hacía
bromas que divertían a los circunstantes. Era
el Aristófanes de Quito, caía bien,
componía poesías de mediano valor literario
pero de innegable buen gusto, pronto en la palabra,
rápido en los juicios y oportuno en sus observaciones;
mas, al mismo tiempo, su carácter impulsivo
le hacía entrar en contradicciones a cada instante
y cuando alguien se le oponía llegaba al extremo
de la injuria, como ocurrió con el Dr. Vicente
Cisneros, Juez de Letras de Quito, por causa de una
providencia que éste último había
dictado en un juicio ejecutivo que se le seguía
a Polanco.
Entre 1868 y el 69 fue Consejero
Municipal de Quito y parece que en el ejercicio de
esta honorífica función pública
se motivó a graduarse de abogado, y cuando
García Moreno dio el inicuo golpe revolucionario
contra el gobierno del Dr. Javier Espinosa en Enero
del 69, Polanco fue de los primeros en adherirse al
nuevo estado de cosas, firmó el Acta de Pronunciamiento
del 17 de ese mes y hasta llegó al colmo de
increpar al defenestrado Presidente por su notoria
debilidad para defender su cargo.
En la sesión del
Concejo capitalino del 27 de Enero pidió "que
se tributara acción de gracias a García
Moreno por haber operado la salvación de la
República" y dos días antes había
felicitado a la "Sociedad Conservadora"
por haber mandado a celebrar una Misa en agradecimiento
por la transformación. Al mismo tiempo, mantenía
una ruidosa acusación en el Concejo contra
el Doctor Manuel Ángulo, pedagogo a quien tachaba
de ser un peligroso corruptor y jansenista. Ángulo
se quejó al Arzobispo Checa y abierto el proceso
de investigación canónica, éste
pronunció sentencia condenando a Polanco a
dar explicaciones públicas a Ángulo
en sesión de Concejo.
El 21 de Septiembre dio el
grado de Bachiller en Jurisprudencia con una disertación
sobre la Compraventa. El 24 de Mayo del 70 se recibió
de Doctor y habló sobre la Contribución
del Diezmo y como además se requerían
dos años de Prácticas Judiciales, concurrió
a la relación o lectura de las Causas ante
la Corte Suprema.
El 13 de Junio del 72
rindió su examen sobre Circulación de
la Riqueza y tras jurar defender la Constitución,
recibió su título el 24 de ese mes,
a los 37 años de edad. Su biógrafo Wilfrido
Loor opina que los exámenes fueron brillantes
y que pronto se hizo famoso y de mucha clientela,
dada su natural simpatía e inteligencia. La
mujer del general Juan José Flores y otras
personas de viso y dinero ocupaban sus servicios profesionales
y consultaban con él sus asuntos. Entonces
ocurrió un hecho que sería decisivo
en su vida.
Resulta que en 1874 el
Dr. Agustín Cueva, de Cuenca, le pidió
que actuara como su apoderado ante la Corte Suprema,
para acusar los abusos que venía cometiendo
Carlos Ordóñez Lazo desde la Gobernación
del Azuay. Ordóñez era íntimo
de García Moreno y al saberse enjuiciado le
pidió ayuda. El tirano tomó el asunto
en serio y comenzó en Mayo por cancelar a Polanco
de su cargo de Bibliotecario; luego, sabedor de que
esté último había contratacado
lanzando en una hoja volante la candidatura presidencial
del Dr. Antonio Borrero, liberal católico,
so pretexto que García Moreno se había
negado a aceptar la reelección, el 8 de Junio
escribió al Dr. Ramón Borja lo siguiente:
"Aquello que dice Polanco, de que he protestado
no aceptar la presidencia, es una solemne mentira.
Su carta circular ha hecho reír y nada más".
Claro está que los políticos
y la intelectualidad del país se había
dado perfecta cuenta de que la única manera
de terminar con la dictadura perpetua de García
Moreno era hacerlo desaparecer, pues por intermedio
de la clerecía y los altos mandos militares
tenía sojuzgado al país. Por eso Polanco
empezó a preparar su conspiración.
Ese mismo año
dio dinero a Gregorio Campusano para que viajara a
Guayaquil a realizar varios contactos políticos.
En Junio del 75 fue personalmente a Ibarra con el
pretexto del negocio de una mina pero con la finalidad
concreta de seguir a Ipiales a entrevistarse con Juan
Montalvo; García Moreno lo tenía vigilado
y mandó a seguir. Polanco se dio cuenta y tuvo
que regresar a la capital sin verse con el Cosmopolita.
Varios autores y entre ellos
Wilfrido Loor, han opinado que la labor de Polanco
fue perfecta. Fernando Jurado Noboa asegura que "la
organización fue perfecta. Unió en torno
a sí a jóvenes liberales, a militares,
mujeres de vida airada y a gente con venganzas personales.
El 6 de Agosto estuvo paseándose en Santo Domingo
en unión de los conjurados y antes del medio
día retiró unos periódicos en
la tienda de Ulpiano Reyes en el palacio arzobispal.
Poco después estuvo en el hotel Bolívar
de la calle Sucre libando algo, mientras el presidente
estaba en casa de su suegro. Dejoles a sus compañeros
y fue al Correo y se considera que fue Polanco quien
envío un falso recado al mandatario, de que
lo esperaban en el Palacio. A la hora precisa estuvo
frente a la Catedral acariciándose la barba
y mientras Rayo atacaba, Polanco se retiró
algo de los demás. A poco se paseó con
Rafael Barba Jijón por el portal Arzobispal,
dio vueltas por las cercanías y al regresar
a la plaza se topó con Roberto Andrade y Abelardo
Moncayo que venían en fuga, quienes le increparon
su conducta. De dos a cuatro de la tarde estuvo entre
la calle de la Platería y el sitio del crímen,
ansioso, esperando la ayuda militar ofrecida. A las
cuatro marchó a su casa de Santa Bárbara
donde una hora y media más tarde fue apresado
y llevado al Cuartel de Artillería".
Su presencia causó
indignación a los soldados porque como se habían
acostumbrado al oprobio de una dictadura, no comprendían
aún la acción de los conspiradores.
El Teniente Darío Buitrón dijo: "Ojalá
me tocara la suerte de mamármelo" refiriéndose
a dirigir el pelotón de fusilamiento. Desde
el día 10 de Agosto lo sumariaron y cargaron
de grillos, mas no se arredró por eso y escribió
su Defensa. Después daría a la imprenta
un folleto titulado 'Mi primera palabra" donde
explicó su conducta.
El 26 de ese mes el Consejo
de Guerra le sentenció a diez años de
presidio, pena que entonces no se estimó muy
grave, pues a otros conspiradores les aplicaron la
muerte por fusilamiento; sin embargo, Polanco apeló
de ella y la Corte Suprema confirmó el fallo.
Mientras tanto había
entrado en polémica con el General Francisco
X. Salazar y redactado un soneto en honor al difunto
Faustino Lemos Rayo, principal asesino de García
Moreno. Así las cosas, subió a la presidencia
de la República el Dr. Borrero, su amigo personal
de muchos años, quien no se atrevió
a indultarlo. En Septiembre del 76 triunfó
la revolución de Veintemilla, que tuvo la exquisita
deferencia de irle a visitar en prisión y hasta
ordenó que se le permitiera salir por las noches
a casa de su amante, la hermosa joven Juana Terrazas,
con quien Polanco mantenía estrechas relaciones
desde que ella había sido abandonada por su
esposo.
Para el alzamiento conservador
del 15 de Diciembre de ese año y en vista de
que las fuerzas rebeldes atacaron Quito, Polanco pidió
que se le abrieran las puertas de su celda para defender
al gobierno con el arma al brazo y se apostó
en la esquina de la casa de los Veintemillas en las
calles Chile y Benalcázar, de donde disparó
implacablemente a la torre de la iglesia de La Merced
para impedir que saliera una guerrilla a atacar el
Palacio de Gobierno; pero una bala enemiga le dio
en medio de la frente, le voló los sesos y
cayó al suelo muerto de contado. Cuando la
noticia se supo al día siguiente, las beatas
dieron en decir que había sido "por castigo
de Dios".
Su cadáver fue enterrado
casi en secreto y solo le acompañó su
amante, quien no era una cualquiera, pues era hermana
del Canónigo José María Terrazas,
desgraciada dama que lo quería bien y le lloró
largamente.
Polanco fue el alma de la conjuración
antigarciana por su posición social, conversación
amena, inquietudes literarias y porque sabía
inspirar hondas simpatías. Tenía la
frente ancha, los ojos negros y vivaces y mostraba
mucha menor edad de la que realmente tenía.
Su estatura mediana, la tez blanca y sonrosada y tan
llena de .colores que todo el conjunto mostraba una
fisonomía franca y risueña, salud y
energía.
Su muerte impidió conocer
hasta qué punto fue su cómplice el Ministro
de Guerra de García Moreno, general Francisco
Javier Salazar.