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JOSE FAUSTINO SANCHEZ CARRION
PROCER Y ESCRITOR.- Nació en Huamachuco, Perú, en 1787 y se formó en el Convictorio de San Carlos de Lima, más tarde fue perseguido por la Inquisición por el delito de leer libros prohibidos aunque parece que logró salir bien del apuro porque después fue nombrado Profesor de Digesto Viejo, y en 1815 se le encargó el discurso de homenaje de la Universidad al virrey José de la Pezuela.

Para entonces era un conocido intelectual de ideas liberales que había leído a Voltaire y a Rosseau y apenas se supo en Lima el desembarco de San Martín al sur de Pisco, constituyó el partido independentísta y fundó el periódico "La Abeja Republicana" que aparecía los jueves y domingos bajo el epígrafe de "Antes la muerte que consentir jamás ningún tirano".

"La Aveja Republicana" se vendía por suscripciones en la calle de Bodegones a tres pesos cada cuatrimestre y se imprimía donde José Mesías. Hablaban sus editores de la libertad y de la felicidad como estados inherentes a la naturaleza humana aún en su forma más primitiva. Mantenía el criterio que no se requería de civilización para el gobierno pues la libertad era el único ídolo y desde el No. 4 Sánchez Carrión comenzó a remitir sus célebres cartas bajo el seudónimo de "El Solitario de Sayán".

Llegado San Martín a la capital, Sánchez Carrión se proclamó enemigo mortal del Ministro Monteagudo que ambicionaba la instauración de una monarquía, pues Opinaba que un trono iniciaría una nueva tiranía "República queremos, que sólo esta forma nos conviene". También abogaba por la cesación del espionaje político y la terminación de la policía y elogió la inauguración del Congreso de 1822 proponiendo motivos para su estudio; más, en Junio de 1823, los congresistas tuvieron que trasladarse al Callao y la capital fue ocupada por los realistas, siendo Sánchez Carrión expulsado de Lima.
Reinstalado el Congreso en Agosto de ese año, en principio se opuso a que se invitara a Bolívar a pelear al Perú porque suponía que todo general victorioso era un potencial tirano; pero, luego, comprendiendo la gravedad de la situación creada por los ejércitos españoles, viajó con Olmedo a Quito a invitar al Libertador, no sin antes haber obtenido la formación de un gobierno plural pues "La libertad es mi Ídolo y lo es del pueblo, sin ella no quiero nada, la presencia de uno sólo en el mando me ofrece la imagen de un rey, de esa palabra que significa herencia de la tiranía" como había asegurado Luna-Pizarro en célebre discurso.

Sánchez Carrión tenía "junto a su grandeza y honradez, recursos mágicos que cautivaban los espíritus con invencible simpatía”. "Buscaba” nuevos rumbos metafóricos, con antítesis, deprecaciones, apóstrofes, hipérboles y metátesis y llegado Bolívar a Lima se convirtió en su amigo más influyente, en su colaborador, casi en su todo, concitándose odiosidades de émulos como Monteagudo y Heres, que veían en él al competidor prestigioso que amenazaba sus posiciones.

De allí es que a poco se vio obligado a mover su demoledora palabra y sus escritos no menos destructores para atacar a Monteagudo, hasta que este pereció de una puñalada una noche misteriosa y cuando iba por la calle, sin que hasta la presente fecha se conozca el nombre de los culpables, pero la opinión pública acusó al partido de Sánchez Carrión.

Como el mayor exponente democrático de la Constituyente de 1823 fue electo sucesor de Monteagudo por el propio Bolívar, dominando al partido colombianófilo también llamado de los persas. Entonces se convirtió en vocero continental de los planes latinoamericanos de Bolívar, que preconizaba la unidad de estos pueblos a través de un magno Congreso Anfictiónico a celebrarse en Panamá.

Poco después de firmar la invitación a los gobiernos, Sánchez Carrión bajaba a la tumba tras cruenta y penosa enfermedad, envenenado según se dijo, por orden del General Tomás Heres; como jefe del grupo jacobino que jamás dudó de las formas republicanas, con fama de escritor fustigante y orador patriota y como el mayor y más puro independentista del Perú, de Ideas muy definidas en un medio donde por naturaleza, todos dudaban. No dejó obra alguna, a no ser sus escritos en "La Abeja Republicana" que firmó como "El Solitario de Sayán" que son su mejor gloria, su ejemplo.