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DIEGO DE ALMAGRO EL VIEJO
CONQUISTADOR.- Nació en la Villa de Almagro, que había pertenecido a la Orden de Calatrava, en la Diócesis de Toledo, en 1479. Hijo natural de Juan de Montenegro, Copero del Maestre Tellez-Girón, y de Elvira Gutiérrez, quien lo hizo criar secretamente en Aldea del Rey con Sancha López del Peral hasta que tuvo cuatro años, que lo pasaron a casa de su tío Hernán Gutiérrez, quien acostumbraba encerrarlo en una jaula de hierro. De allí huyó a Toledo como simple campesino y fue Criado del Alcalde Polanco, pero habiendo herido con un cuchillo a otro criado, volvió a huir, esta vez a Sevilla y tras numerosas aventuras pasó a Indias en 1514 con el Gobernador de Tierra Firme y el Darien, Pedrarias Dávila, sin saber leer ni escribir, como la mayorfa de los Conquistadores. Tenía 35 años de edad y hacía de peón, pero como era trabajador y sufrido, prosperó y se enriqueció moderadamente.

Primero intervino en la expedición de Pedrarias Dávila al Darien y Costa Firme, donde quedó tuerto a causa de una herida de flecha recibida en la batalla de Pueblo Quemado en las costas del Chocó. En 1518 tuvo un hijo en Panamá, en su criada indígena bautizada como Ana Martínez.

El 10 de Marzo de 1526 formó una Sociedad con el Capitán Francisco Pizarro y el Clérigo Hernando de Luque para el descubrimiento y conquista de las tierras del Sur.

Pizarro viajó a España y firmó con el Emperador Carlos V el 26 de Junio de 1529 unas Capitulaciones en Toledo en las que obtuvo la Gobernación de las nuevas tierras, Luque el obispado de Tumpis (Túmbez) y Almagro la tenencia de esa supuesta fortaleza y el título de Mariscal. Posteriormente se le concedería la condición de hidalgo y cien mil maravedises de salario cada año; Logrado este primer propósito la sociedad comenzó a funcionar. Almagro quedó en Panamá mientras Pizarro avanzaba al sur. Fue pues, un administrador a cuyo cargo estuvo la organización de las cinco expediciones que se efectuaron entre 1529 y el 32 entre Panamá y el sur inexplorado; por eso no tuvo la oportunidad de figurar en los 13 de La Fama, ni la gloria de intervenir en la captura de Atahualpa y solamente a mediados de Febrero de 1533 se presentó en Cajamarca con 150 hombres traídos en tres bajeles, debidamente armados. Pizarro le recibió con alegría y cordialidad, no así su hermano Hernando, que le tenía gran antipatía.

En Cajamarca pudo conocer al Inca pero no llegó a gozar de su confianza ni amistad. A su muerte participó del reparto del botín y enseguida partió al Cusco con Pizarro, sometieron al inca Manco Cápac y le hicieron coronar en esa capital; pero como el General Quisquís se levantó en armas contra Manco Cápac y los españoles, Almagro le sometió, hizo prisionero y envió a Jauja, donde lo mataron sus propios soldados. En esa campaña mandó la vanguardia con Juan Pizarro y Hernando de Soto.

En Jauja se enteró del arribo de Pedro de Alvarado, que llegó proveniente de Guatemala con enorme concurso de gente y con el ánimo de disputarles el dominio de estos territorios. Entonces marchó hacia el norte, a donde ya había salido Sebastián de Benalcázar por Túmbez, juntos enfrentaron primeramente al General Rumiñahui y a sus tropas.

La situación era difícil y conflictiva. Almagro debía asegurar la conquista de esos territorios con la fundación de tres poblaciones, según lo estipulaba el Derecho Indiano.

Por eso fundó el 15 y el 28 de Agosto de 1534 en la llanura de Liribamba, la ciudad de Santiago de Quito, hoy Santiago de Guayaquil, y la villa de San Francisco de Quito, que ha conservado su nombre, siendo la primera en estas tierras San Miguel de Piura, sobre el sitio de Tangarara.

Poco después y vencida la resistencia indígena, pudo enfrentar exitosamente a Alvarado, quien aceptó abandonar la empresa y dejarle a sus soldados, caballos, perros y armas. Almagro comisionó a Benalcázar que continuara la campaña, mientras él regresaba con Alvarado, a quien entregaron cien mil pesos de oro en calidad de compensación económica.

Ese año de 1535 Pizarro le encargó la conquista de la tierras del Sur o provincias del Collosuyo en las que estaban comprendidos los territorios del noroeste argentino y parte del norte chileno. En Septiembre salió del Cusco con 560 españoles y 1.500 auxiliares indígenas, fundó a ciento treinta leguas la ciudad de Paria, continuó por Tupisi, entró al valle de Jujuy, cruzó los Andes por el camino del Inca del altiplano y como lo hizo en pleno invierno, padecieron fríos glaciales y hambre. Entonces sufrió la deserción de Paullo Topac hermano del Inca y del Gran Sacerdote Villac Umu, así como de numerosos indígenas, luego bajó a Copiapó y Coquimbo a esperar al Capitán Diego de Ordóñez que llegó con la retaguardia y así continúo al río Rapel, siempre resistido por los indios que les hacían difíciles las marchas. El río Bío-Bío era el límite meridional del Incario, pero hasta allá no pudo llegar Almagro porque el país era desértico y pobre y no encontrando ninguna ciudad o reino de importancia, se dio cuenta de que la expedición no lograría botín. Además, en Coquimbo recibió a Juan de Rada, que le llevó la noticia de la nueva división territorial hecha por la Corona y de su nombramiento de Gobernador de la provincia de Nueva Toledo, al sur de Nueva Castilla asignada a Pizarro. De todo esto concluyó que su presencia en el Cusco era necesaria para asegurar que dicha ciudad quedara incluida en sus territorios.

Regresó a ocuparla y tomando el camino del Inca de la costa, cruzó el desierto blanco de Atacama, arribó a Arequipa y partió al Cusco, que ocupó en 1537 haciéndose reconocer del Cabildo y poniendo en prisión a Hernando Pizarro, su mortal enemigo.

De allí pasó a Chincha con el fin de entrevistarse con Francico Pizarro en el sitio de Mala, mas no llegaron a ningún acuerdo debido a la malicia reinante entre sus consejeros y quedó declarada la primera guerra Civil del Perú, pues Almagro volvió al Cusco dispuesto a defender esa plaza, pero encontró que durante su ausencia Hernando Pizarro había sido liberado y le esperaba con gente armada en la llanura de las Salinas, donde se libró un singular combate, el primero entre españoles, el 26 de Abril de 1538, que le fue contrario, por lo que huyó al Cusco donde le tomaron prisionero y tramitado un juicio sumarísimo en su contra, fue sentenciado a muerte por la comisión del delito de subversión, el 8 de Julio siguiente.

Estaba enfermo en cama pero la sentencia se cumplió de todas maneras y en la misma prisión donde habían instalado en uno de los patios un garrote vil, que sirvió para su estrangulamiento. Minutos después su cadáver fue sacado a la Plaza Mayor y lo decapitaron. El cuerpo se enterró en la iglesia de la Merced, de limosna, bajo el Altar Mayor y con la cabeza cortada y colocada a los pies.

Así pereció quien fuera "buen soldado, animoso y sufrido en las expediciones, crédulo y falto de perspicacia; paternal, bondadoso y amable pues olvidaba fácilmente las injurias recibidas y se mostraba condescendiente en los conflictos, buen administrador y fiel cumplidor de las órdenes recibidas. Por eso gozaba de gran atractivo personal, pues era sencillo y generoso y su carácter descendía a veces a una especie de condescendencia franciscana universal".

En su aspecto físico era, al decir de los Cronistas, mas bien pequeño y feo, de contextura musculada, ancho cuello y rostro aldeano. Una barbilla no olímpica pero rizada, café y bien peinada complementada su rostro.

No brilló por su inteligencia o saber, pues como buen manchego tenía mucho del ibero aldeano y algo de Sancho Panza, aunque esto último es discutible pues pereció por amar demasiado la gloria y despreciar las comodidades de sus títulos, tierras y mercedes recibidas del rey. Y como nunca se sabe quien puede tener la última palabra, en 1541 fue vengado por su hijo Almagro el Mozo y varios de los suyos, que asesinaron a Francisco Pizarro en Lima.

Su retrato apareció grabado en la obra “Historia General de los hechos de los Castellanos” escrita por el cronista Herrera a fines de la conquista, y editada poco antes que terminara el siglo XVI.