PEDRO DE ARANA
MILITAR.- Nació
probablemente en Bilbao en 1514. González Suárez
dice que era de "humilde condición y obscuro
linaje". Militó desde 1538 en los ejércitos
del rey. El 42 fue Veedor y proveedor de la Real Armada
que mandada por Alonso de los Ríos pasó
a América con encargo de recoger el tesoro
real, de lo cual rindió debida cuenta ante
la Casa de Contratación de Sevilla, volviendo
en 1543 con más de un millón cuatrocientos
mil castellanos de oro y plata y mil marcos en perlas.
Recorrió entonces Puerto Rico, Cuba, Santo
Domingo o la Española, Santa Marta, Cartagena
de Indias y Nombre de Dios.
En 1545 fue nombrado
Comisario Proveedor durante la guerra de Carlos V
contra Francisco I de Francia y a cuyo término
marchó a Milán y el 47 acompañó
al Emperador a Alemania durante la campaña
contra los luteranos, destacándose como "hombre
principal y de lustre".
A mediados de 1549 se
trasladó al Perú acompañado de
varios criados que trajo de Castilla. Posiblemente
su espíritu vivaz, enérgico le hacía
un ser insaciable en aventuras. Ya debía tener
algún capital reunido pues su paso por el océano,
fue significativo y ostentoso. A poco de llegado a
Lima estalló la rebelión de Francisco
Hernández Girón en 1553 y entonces Arana
vio que se le abrían numerosas posibilidades
de ser útil a la corona y a los gobernantes.
Se hallaba en Lima cuando recibió encargo de
pasar a Pachacámac acompañando al Oidor
Hernando de Santillán, para reunir tropas y
hacer fíente al rebelde. Nuevamente en Lima,
salió en campaña con el grueso del ejército
realista que mandaba al Arzobispo Jerónimo
de Loayza y los Oidores. En el trayecto conjuró
una conspiración que tramaban Galíndez,
de la Riva y Tirado, tomando prisioneros a treinta
soldados que pensaron en hacer traición. Conjuntamente
con Gómez de Solís consiguió
reclutar gente en Arequipa, Callao y Charcas, sirviendo
como Proveedor General y Consejero de Guerra. En Arequipa
sostuvo un combate con Juan de Piedrahíta,
lugarteniente del rebelde, cayendo prisionero. Aunque
fue amenazado de muerte si se negaba, no consintió
en servir a Girón y poco después logró
fugar y se unió al ejército del rey
antes de librarse la batalla de Pucará en Octubre
de 1554, en la que sobresalió como uno de los
más arrojados. Vencido el caudillo rebelde,
fue el encargado de salir en su persecución
acompañando al general Meneses.
En 1556 obtuvo nombramiento
de Tesorero de la Real Hacienda en Potosí y
por encargo del Virrey Marqués de Cañete
salió con el Gobernador Gómez Arias
Dávila a la conquista de la región de
Rupa Rupa. Tiempo después el Virrey Toledo
le encargó efectuar una entrada a la región
de los Chunches, a donde fue acompañado de
varios padres agustinos, y tras vencer numerosas dificultades
efectuó una entrada de ciento veinte leguas,
saliendo finalmente por la villa de San Juan de Oro
en Carabaya, donde se reunió con Juan Nieto
y Francisco Ruiz.
El 61 fue soldado de
Ursúa en la jornada de Omagua y el Dorado y
con Lope de Aguirre estuvo en Borburata y en Nueva
Valencia, donde recibió varias puñaladas
de Rodrigo Gutiérrez.
Luego encabezó
una expedición que partió a la provincia
de las Esmeraldas. Estas jornadas, que se sucedieron
por más de diez años, le trajeron solo
penalidades y ningún provecho.
En Junio de 1570 el Virrey
Toledo le mandó que arrestara al Conquistador
Francisco de Aguirre, sentenciado por la Inquisición.
Tuvo algunos altercados con las autoridades y varios
encuentros con los indios, pero finalmente logró
cumplir su misión y regresó a Lima en
Marzo de 1571, año en que le designaron Visitador
de la Ciudad de los Reyes y de León de Huánuco
hasta 1574. Permaneció en Lima hasta el 77
desempeñando varios cargos. El 13 de Febrero
de 1578, cuando Sir Francis Drake atacó el
Callao, el Virrey ordenó preparar una escuadra
que puso a las órdenes del General Diego de
Frías y nombró Almirante a Pedro de
Arana. La Armada zarpó a Panamá en Febrero
del 79 en persecución del corsario, pero llegó
tarde, cuando éste ya había salido de
la ciudad, y tuvieron que regresar en Julio a Lima.
Entonces fue nuevamente comisionado para debelar la
insurrección de los negros cimarrones sublevados
en Panamá y permaneció allí hasta
fines de ese año. En premio a esos servicios
le fueron asignados mil pesos de plata por dos vidas.
Desde 1580 ocupó
el cargo de General de Galeras y en 1587 el Virrey
Conde del Villar le encargó enfrentar al pirata
Cavendish, que incursionaba en el Pacífico.
Arana lo vino a buscar a la isla Puna y consiguió
quemarle una de sus naves, pero Cavendish pudo huir
y siguió asaltando varios puertos. Arana lo
persiguió sin éxito y regresó
el 88 al Callao. (1)
El 1° de Noviembre
de 1591 Felipe II mandó establecer en el Perú
el impuesto de las Alcabalas para gastos navales en
el sostenimiento de la real flota que debería
custodiar las costas de América. En Julio del
92 se recibió la noticia en Quito y el Ayuntamiento
elevó una representación al Rey y a
la Audiencia, para que se suspendiera el cobro, dado
el estado de pobreza y atraso en que se vivía.
Los Oidores acogieron la solicitud pero el presidente
Dr. Manuel Barros de San Milian ordenó de todas
maneras cobrarlas el día 15 de Agosto, el pueblo
se amotinó y no fue posible y desde ese día
comenzaron los disturbios en todos los barrios. Entre
el populacho sobresalía Alonso Moreno Bellido,
rematista de obrajes en Latacunga, a quien se apresó
el 28 de Septiembre en la cárcel pública.
El asunto se conoció
en Lima y el Virrey Marqués de Cañete
designó Capitán General y Justicia Mayor
de Quito a Pedro de Arana, comisionándole para
que con sesenta hombres armados se hiciera inmediatamente
a la vela en el Callao, con rumbo al norte. Cerca
de Guayaquil estuvieron a punto de naufragar pero
al final arribaron con felicidad al puerto y subieron
hasta Chimbo, donde descansaron. El 4 de Diciembre
circuló en Quito la noticia de su llegada y
el Cabildo decidió resistir. Entonces Arana
avanzó tranquilamente a Riobamba en busca de
mayores comodidades, aunque contaba con los refuerzos
recogidos en Guayaquil y Chimbo, se dedicó
a esperar otros más que le habían prometido
enviar de Cuenca y Loja.
(1) En "Armas Antárticas"
su autor Juan de Miramontes Suázola le menciona
de la siguiente manera: // Cortaba el sesgo mar la
Capitana / llevada de un suave y fresco viento, /
a tiempo que el audaz Pedro de Arana / recogiendo
la voz, dio fin al cuento. //
El Cabildo quiteño
le mandó dos comisionados acompañados
de varios religiosos, pidiéndole que se retirara,
pues su presencia no era considerada necesaria dado
que a nadie se le había ocurrido desconocer
el gobierno del Virrey ni de su Audiencia; pero los
religiosos, en lugar de cumplir con su cometido, traicionaron
al Cabildo y al pueblo de Quito y se pasaron al lado
de Arana, dándole cumplida cuenta de cómo
era la situación, chismeando y metiendo inquina.
Mientras tanto en Quito se aprontaba la gente a defenderse
y el Regidor Perpetuo Diego de Arcos, a pesar de ser
un anciano nonagenario, se hacia obedecer de todos,
por su gran valor.
Arana avanzó a
Latacunga, pero en vista de que la situación
no se le presentaba del todo clara, prefirió
esperar. En Quito, Moreno Bellido había vuelto
a recobrar su libertad mientras que el presidente
Barros no se atrevía a salir a la calle y permanecía
como prisionero de sí mismo en el interior
de las Casas Reales; pero, en la madrugada del 29
de Diciembre de 1592, un disparo de arcabuz hirió
gravemente a Moreno Bellido, quien fue prontamente
llevado a su domicilio donde expiró horas después
en medio de general consternación. Ese incidente
sirvió para que el pueblo se volviera a amotinar
y asaltara las Casas Reales con el ánimo de
matar al presidente y a los Oidores. Barros tuvo que
saltar por una ventana para salvar su vida y así
terminó un nuevo capítulo; nunca se
llegó a descubrir al autor del disparo, aunque
dijeron que pudo haber salido de alguno de los soldados
yumbos, así conocidos porque eran gente blanca
venida de esas montañas, al occidente de Quito.
El año 93 comenzó
con nuevos escándalos pues volvieron a asaltarse
las Casas Reales y hubo necesidad de tranquilizar
a la gente sacando a la calle las Sagradas Formas.
En uno de esos desórdenes
murió un sobrino del Oidor Pedro Zorrilla,
muchacho inexperto que se asomó imprudentemente
a una ventana de las Casas Reales y recibió
un disparo en la frente. En otro incidente anterior
habíanle cortado la cola a la mula del cura
Jácome Freile de Andrade, peninsular que viudo
y viejo se había hecho sacerdote y enemigo
de los revoltosos, a quienes les impidió fabricar
pólvora en Latacunga.
Así las cosas,
un tal Polo Palomino, de profesión sastre,
se fingió enviado por el Ayuntamiento del Cusco
e incitó al pueblo con falsas noticias. Estaba
alojado en casa del joven Juan de la Vega, vecino
de familia poderosa y rica, y entre ambos decidieron
asesinar por dos ocasiones a los Oidores, que ya no
estaban tranquilos en Ouito, pero fracasaron.
Los Oidores creyendo
que con unas cuantas víctimas menores podían
atemorizar al populacho, hicieron ahorcar a tres hombres,
uno de ellos acusado del crímen del joven Zorrilla.
En eso el Capitán Juan Mogollón de Obando
llegó con gente armada de Pasto, a defender
a los Oidores, quienes se envalentonaron y enviaron
a Riobamba a sus mujeres y ellos mismos, creyéndose
más seguros en el Convento de San Francisco,
escapararon de las Casas Reales.
El Rey Felipe II, decidido
a terminar con los alborotos, designó en Madrid
al Lic. Esteban de Marañón para que
visitara la Audiencia de Quito con plenos poderes.
Marañón era Oíaor de la de Lima,
pero se trasladó prontamente a Riobamba y con
cartas muy sugerentes se ganó la voluntad de
los quiteños, que ya se habían pacificado
merced al influjo de los jesuitas.
Juan de la Vega y Francisco
Castañeda le fueron a visitar y allí
Marañón los agasajó y trató
bien, consiguiéndoles un salvoconducto de Arana,
a quien el Cabildo escribió tres cartas para
que se retirara, pues ya la ciudad estaba tranquila
y su presencia con tropas no era necesaria. Entonces
el Visitador Marañón entró tranquilamente
en Quito con gran contentamiento de todos, separó
a Barros de la Presidencia y mandó a llamar
a Arana, quien hizo un marcial ingreso con 500 arcabuceros
y un negro que tocaba la corneta, el día Viernes
10 de Abril de 1593. Al día siguiente mandó
a romper las puertas del Cabildo, apresó al
secretario Sebastián Hidalgo y se apoderó
de los libros y demás papeles que llevó
a leer a su casa. El domingo, que era de Ramos, constituyó
en su casa un tribunal compuesto por un Notario y
un Fiscal, mandó a coger presos al Bachiller
Martín Jimeno y a Diego de Arcos y los condenó
sin fórmula de juicio a morir ahorcados. Por
la prisa, el primero murió en ropa de calle
y muy vistosa y el último en simple camisa
de dormir y sus cadáveres amanecieron colgados
el día Lunes, en una galería que miraba
a la plaza mayor de la misma casa donde se alojaba
Arana.
Esa semana no fue Santa
sino trágica para la gente de Quito, pues también
mandó ahorcar a Pedro Llerena Castañeda
y a otros más. El Visitador Marañón
y los propios Oidores, así como la ciudad,
estaban aterrados y cuando llegó el Domingo
de Pascuas tuvieron que asistir a la corrida de toros
y otros regocijos públicos con que se afrentó
al duelo general.
De allí en adelante
todos los implicados, de ambos bandos, leales y revoltosos,
se dedicaron con singular ahínco a fraguar
declaraciones y procesos enteros para salvarse y la
justicia sufrió relajamientos, pues fueron
premiados los culpables si poseían influencias
y se exageró la culpabilidad de los que no
tenían como defenderse, llenándose las
cárceles con más de sesenta ciudadanos
sentenciados a muerte, pero como las autoridades no
pudieron ponerse de acuerdo para ver a quien correspondía
hacer ejecutar las penas, los presos tuvieron tiempo
para escribir a Lima y a Madrid.
Juan de la Vega pudo
llegar al Virrey, quien le conmutó la pena
de muerte por la de deportación, pero murió
a poco en Nombre de Dios; sin embargo, su casa había
sido demolida y el terreno arrasado con sal. Su mujer
Ana de Ortega, al saberse viuda, entró al recién
fundado convento de Santa Catalina.
En Abril de 1593 el jesuita
Hernando Morillo alcanzó finalmente en Lima
un perdón general para la ciudad y como corolario
el ex-presidente Barros fue sentenciado a destierro
perpetuo de América.
Felipe II nombró
al Arzobispo de Méjico Alonso Fernández
Bonilla para que pasara a Lima en calidad de Comisionado
Real, con el objeto de seguir a Quito a pacificar
esas regiones, pero fue detenido por el Virrey que
no quería que un sujeto imparcial pudiera juzgar
los actos y abusos de sus subalternos. El buen Arzobispo
así lo comprendió y no viajó
a Quito, pero, en cambio, escribió una carta
muy fuerte al Rey, el 12 de Abril de 1594, denunciando
las medidas de Arana y Marañón. El Rey
la leyó, reprobó los abusos y ordenó
al Virrey corregirlos, quien ordenó un Indulto
General y el regreso de Arana y sus tropas a Lima.
Años después, su sucesor, permitió
en 1598 que los Regidores de Quito se reintegraran
a sus funciones, con grave escándalo de los
Oidores, que aún seguían en sus cargos.
En Mayo de 1594 Arana estuvo
nuevamente en Lima, no sin antes dejar de Corregidor
de Quito a Diego de Portugal, quien reemplazó
a Marañón. La memoria de Arana fue aborrecida
por muchos años. En su contra pesa la represión
general de la población, la ejecución
de 25 revolucionarios, la confiscación de sus
bienes, el arrasamiento de sus edificios, así
como el arrebatamiento de sus Encomiendas a muchos
de los implicados.
Entre otros cargos históricos
que se le han formulado está el de haber remitido
a Lima a los Alcaldes de Cabildo Francisco de Olmos
y García de Vargas, decapitado al Procurador
Alonso Sánchez, ahorcado a Arcos, Jimeno, Llerena-Castañeda
y otros más, cuyas cabezas mantuvo por varias
semanas en diferentes sitios de la capital; sin embargo,
el Virrey le premió con 6.000 pesos de renta
anual por dos vidas y cargado de honores y años
falleció en Lima, no sin antes escribir en
1598 una "Memoria de lo acaecido en Quito con
motivo del establecimiento de la Alcabala" y
una "Memoria sobre las prevenciones y medidas
que debían tomarse por si otra vez venían
corsarios a las costas del Perú y Chile".