EDUARDO KINGMAN RIOFRIO
PINTOR.- Nació
en Zaruma, en Febrero de 1913. Hijo segundo del Dr.
Edward Kingman, médico de Newton, Connecticut,
USA quien llegó a Portovelo traído por
la "Sout América Development Company"
y registró su título en al Facultad
de Quito en 1906, trabajó en las minas de Zaruma
y usó el segundo vehículo que circuló
en Quito después que el Dr. Juan Isaac Navarro
importó el primero, de Rosa Riofrío
Riofrío, viuda de Córdova, madre de
dos hijos. Tuvieron tres hijos, el segundo de los
cuales es Eduardo el pintor y el tercero Nicolás
el novelista.
El Dr. Kingman y su familia
vivieron en Zaruma algunos años y partió
dejando 100.000 sucres, suma más que considerable
en ese entonces, pero que entregada a terceros para
que la administren, se perdió en corto tiempo
y liego la pobreza. Dona Rosa tuvo que vender en Loja
la casa solariega, viajó con sus hijos a Quito
en busca de mayores horizontes, y alquiló una
casita por la Colón en 1928.
De inmediato fue matriculado
en la escuela anexa al Normal Juan Montalvo donde
realizó la primaria, pero como dibujaba desde
niño, al terminar el primer curso de secundaria
en el Mejía decidió cambiarse a la Escuela
de Bellas Artes y allí siguió tres años
con Víctor Mideros, que "pasaba de una
pintura indigenista estilizada hacia regiones de simbolismo
convencional e ilustración bíblica colorista
y efectista, con predilección por lo escatológico".
Igualmente el escultor Luis Mideros influía
sobre el gusto semiclásico reinante, y sus
alumnos se rebelaban contra esas formas alejadas de
la realidad y hasta domesticadoras, sin que por ello
renunciaran al arte del maestro. Otros profesores
como Pedro León y Camilo Egas tambien eran
pintores notables.
En 1931 murió
su hermano mayor César Augusto y la familia
se trasladó a vivir a Guayaquil en Eloy Alfar
y Febres Cordero donde el joven pintor “trabajó
obra creativa de caballete, así como retratos
y publicidad” y se ganó algún
dinero como dibujante para "El Universo"
y estudió números en una escuela contable,
sin embargo, lograba darse tiempo para la bohemia
artística-literaria pues por esos tiempos existía
una gran unión entre los escritores y pintores
y compartió en Allere Flamma su tiempo con
Joaquín Gallegos, Demetrio Aguilera, Enrique
Gil Gilbert, Galo Galecio, Alfredo Palacio, Alfredo
Pareja Diez-Canseco, José de la Cuadra, Antonio
Bellolio, Enrico Pacciani, Mario Kirby, Marco Martinez
Salazar, Eduardo Solá Franco, Alba Calderón
de Gil, Alfredo Palacio, Manuel Rendón Seminario,
José María Roura Oxandaberro, Judith
Roura Cevallos, Segundo Espinel, Galo Galecio, Eduardo
Puig Arosemena, etc.
En 1933 expuso con Antonio
Bellolio en la última muestra de Allere Flamma
de ese año, algunos "barrios obreros y
retratos desafiantes". Al año siguiente
hizo grandes cuadros que envió al Salón
Municipal 'Mariano Aguilera" de Quito, donde
un jurado intenso los rechazó, declarando desierto
al salón de 1935.
Los trabajadores y pobladores
marginales Huancavilcas fueron los privilegiados de
su pincel. “Lavanderas, Cacahueros, vivanderas,
estibadores, canillitas, fruteros, floristas, carboneros,
y demás seres humildes que quedaron inmortalizados
en sus cuadros.
Entonces los exhibió
en la Escuela de Derecho y volvió a presentarlos
en 1936 en el "Mariano Aguilera". Un jurado
compuesto por Gonzalo Escudero, Pablo Palacio y Antonio
Salgado premió su óleo "El Carbonero"
y le dio el espaldarazo de la fama que tanto necesitaba.
Además, al premiar su óleo, declararon
que no interesaba si los colores eran reales y que
la proporción de los miembros no era esencial
a la corriente expresionista y se abrió nuevos
cauces a la pintura nacional hacia lo imperante en
Europa y los Estados Unidos.
En 1937 fue secretario de la
Escuela de Bellas Artes.En 1938 expuso en Bogotá.
El 40 el Museo de Arte Moderno de New York adquirió
su óleo "Los Chucchidores". Para
entonces vivía en Quito nuevamente y alternaba
con gente de izquierda como Benjamín Carrión,
Alejandro Carrión, Pedro Jorge Vera y Pablo
Palacio. Carrión había estado en Méjico
y admiraba los murales de Rivera, cuya escuela de
pintura abandona la delicadeza y el detallismo para
conseguir la belleza a través del efecto rudo
de una verdad descarnada, en muchos casos denunciadora
de una injusticia, que en el dibujo acentuaba lo que
se quería decir. Kingman ya había pintado
al indio, pero entonces comenzó a ahondar en
la interioridad de esos seres sojuzgados por siglos,
solitarios, empobrecidos, acobardados, y por esos
caminos también trató lo urbano, con
su carga mestiza, chola y popular.
El 42 exhibió en la
muestra de arte contemporáneo de los países
andinos en el Newark Museum de San Francisco y en
el Museo de Bellas Artes de Caracas donde el público
pudo admirar 22 grandes óleos y 14 acuarelas
que arrollaron por su "hirviente crudeza, gran
contenido humano y fuerza emocional".
Un año antes había
recorrido el Perú contemplando en toda su grandeza
el pasado andino, recibiendo las influencias del indigenismo
de José Sabogal y Julia Codecido. Igualmente
había pintado murales como el de la Granja
de Benjamín Carrión en Conocoto, que
ya no existen porque fueron realizados al fresco.
Carrión escribió: no detallista sinó
contundente y simplificador. No hay en él ni
la más minúscula pequeñez de
la intención. Después realizaría
otros grandiosos por sus proporciones y medidas como
el del Instituto de Altos Estudios Nacionales, el
de la Capilla del filosofado de San Gregorio, en el
club Campestre El Prado y en el Templo de la Patria
en los altos del Panecillo. En 1944 decoraría
la Exposición de Industrias del Ministerio
de Agricultura y fue miembro fundador de la Sección
de Bellas Artes Plásticas de la Casa de la
Cultura Ecuatoriana.
Su mejor crítico, Hernán
Rodríguez Castelo, ha dicho que por entonces
Kingman llegó a su plenitud con grandes composiciones
donde la luz del fondo se fue depurando de cualquier
efectivismo y el color enriqueciendo sin perder gravedad.
Además, el dibujo fue cediendo a una integración
con la pintura; en suma, síntesis tensa, vibrante,
de enorme plasticidad. De esa época es "Los
Guandos", reputado como su mejor cuadro de todos
los tiempos.
Y en esa hora, quizás
la más tensa de su vida, cedió a la
bohemia tremenda de su generación. "Tomábamos
la vida con ligereza por decirlo así, éramos
noctámbulos impenitentes, bebedores de alcohol,
soñadores a tiempo completo... "Quizás
por eso se dedicó a buscar el dolor de la gente.
El 45 sin embargo viajó a los Estados Unidos.
En Junio del 46 expuso en el Museo de San Francisco.
La revista Time le coloca entre los grandes pintores
de hispanoamérica, luego fue a New York, expuso
en la Unión Panamericana de Washington y se
hace célebre por sus grandes y poderosas manos,
símbolo desasosegado de fuerza y desde allá
mandó a la Casa de la Cultura de Quito tres
telas y ganó el premio Nacional de Pintura.
El tema de las manos, que repite en casi todos sus
cuadros, le ha ganado la reputación de ser
"el pintor de las manos", que ni rechaza
ni acepta, diciendo que son parte de la figura. El
47 escribió el I premio en el tercer Salón
Nacional de Artes Plásticas de CCE.
En Enero del 48 contrajo matrimonio
con Bertha Jijón Ante, tienen un matrimonio
feliz y dos hijos. Ella tuvo que batallar contraía
bohemia de su esposo, pero al final lo puso en vereda,
aunque siempre tiende a escapársele pues es
un bebedor fuerte. El mismo año 48 fue Director
del Patrimonio Nacional. El 50 Director del Museo
de Arte Colonialy se desempeñó allí
por 20 años.
Su estadía en los Estados
Unidos de casi cuatro años no significó
nada al artista que estaba formado y tenía
técnicas y objetivos propios. Después
ha opinado que hasta reniega de ella, como también
de un período abstracto por el que anduvo en
los años 56 al 59. En Enero del 48 dictó
una Conferencia en el Centro Ecuatoriano-Norteamericano
de Quito. Para ese tiempo ya tenía discípulos
y seguidores,... Guayasamín uno de ellos, el
mejor de todos. En Marzo se posesión ó
del cargo de Director del Patrimonio Artístico
Nacional e inició el primer Catálogo
del Museo de Arte Colonial. El 49 expuso en dicho
Museo veintiséis óleos con motivos populares
y colores frescos, briosos, alegres. El mundo parecía
sonreirle en brazos de la fama. Dominaba la composición,
el color y su temática estaba a tono con la
democracia que el país vivía, promesa
de cambios y tiempos mejores; sin embargo, ni aún
así pintaba mucho, pues siempre ha sido parco
en sus producciones y existen cuadros que no logra
terminar, otros en cambio le salen de corrido, todo
depende de su estado de ánimo.
En 1953 obtuvo el I Premio
del quinto Salón de Artes Plásticas.
El 55 expuso en Guayaquil. El 56 en Bogotá
y en Caracas, y abandonó el cromatismo inicial
por la búsqueda de nuevos caminos hacia la
simplicidad del blanco y negro donde se funden los
demás colores y obtuvo el bicromatismo de belleza
absoluta. El 57 la búsqueda fue aún
más allá y comenzó a dar rienda
suelta al dibujo presentando setenta y dos obras en
Quito y Guayaquil con figuras difusas como "Prisionero
Nuclear", luego vendría "Niños
y Satélites" donde la composición
y el dibujo libre lograron amalgamarse en una visión
cósmica de trazos helicoidales de suprema hermosura.
El 59 ganó el Primer
premio en el "Mariano Aguilera" con "Yo
el prójimo", visión aterradora
de un mundo en crisis y sin embargo, a pesar de la
fuerza de esa figura descarnada que incita a muy diversas
conclusiones, la crítica nacional le pidió
que dejara la evasión abstraccionista y volviera
al hombre. "Hay que recuperar a este gran pintor,
ha renunciado a lo real, se ha vuelto anti-artístico...”
llevaba solo tres años de abstraccionista.
Entonces el pintor se dio tiempo
para pensar y fueron años de retraimiento ¿De
crisis espiritual quizás? pues deambuló
por las numerosas tendencias y casi no pintó.
Dicen que bebía mucho. Sin embargo el 68 produjo
espléndidas telas de una profundidad y belleza
antes no logradas, como "Figura abatida"
y "Figura de Procesión", notándose
que la composición se ha simplificado en algunos
casos a una sola figura. El 69 "Plegaria"
es quizás su última gran gran obra de
transición a través de la pobreza de
colores buscada como arma para expresar mejor un mensaje,
una especie de tenebrismo de siglo XX, que Guayasamín
ha sabido mantener hasta hoy en su serie la Edad de
la ira; pero de allí en adelante kingman redesembrió
el color a través de mucha luz y del uso de
un cromatismo alegre, abundante, gozoso. Sus cuadros,
en cuanto a temas, en cambio se simplificaron al máximo
y pasaron a ser composiciones más bien simples
pero al mismo tiempo tiernasy muy humanas.
El 71 expuso en el Banco Interamericano
de Desarrollo de Washington y el 72 en Quito sorprendió
a todos por el dolor que había redescubierto.
Algunas figuras tenían estampados similares
al colage, otras eran tan descarnadas que parecían
flotar en la tela. Ese año dictó una
conferencia en Loja sobre el "Arte de una Generación"
donde explicó sus motivaciones y formó
parte de la Comisión de Fiscalización
y Reordenamiento de la Casa de la Cultura y trabajó
en la elaboración de la nueva Ley de Cultura.
El 73 le fue concedida la Medalla al Mérito
Artístico de la Municipalidad de Guayaquil
y el 75 la Condecoración Nacional al Mérito
en el grado de Comendador. Para el 74 había
expuesto en la MaxweII Galleries de San Francisco.
Esta época coincidió
con su alejamiento de Quito, que le resultaba opresiva
para sus nervios, y se trasladó al pueblito
de San Rafael a solo quince minutos pero en plena
campiña, donde adquirió una antigua
panadería con horno y todo, que la adecuó
para casa y museo con exquisito gusto, llamando "La
Posada de la Soledad".
Allí el ambiente está
rodeado de un río rumoroso que corre por entre
árboles movidos por el viento y a lo lejos
se observa una vieja capilla con campanario, prácticamente
aislado pero cercano a todos, vive desde entonces
feliz, tranquilo y dedicado por entero a su arte que
depura con gran respeto, pues siempre ha sido serio,
responsable, aunque él se juzga un hombre conflictivo,
intolerante; y a tales extremos llega en el respeto
a sus obras, que al tener dudas o encontrarse inconforme
con lo que está haciendo, se sumerjo en la
neurosis y deja de pintar dos o tres meses, para madurar
posibles soluciones, nuevos caminos, otros tratamientos/
"con un pintor así no caben dudas sobre
su obra".
El 73 fue condecorado por la
Municipalidad de Guayaquil. El 74 produjo un tríptico
sobre la procesión del Señor del Gran
Poder y volvió a las Galerías Maxwell
de San Francisco, tras un breve período como
miembro de la comisión de fiscalización
y reordenamiento de la Casa de la Cultura y de elaboración
de una nueva Ley de Cultura. El 76 expuso en París.
En la década de los
80 volvió a los temas religiosos, aunque no
es practicante en sus obras siempre se ha respirado
una vaga religiosidad. Un tríptico de San Francisco,
hermoso por su síntesis y simplicidad mas que
por el dibujo o su composición que son mas
bien pobres, fue adquirido por el Banco Central del
Ecuador y se expuso el 85 en el Salón del Arte
Sacro Contemporáneo celebrado en Guayaquil.
El 81 la Cancillería
abrió una Muestra retrospectiva de Kingman
con 181 obras suyas, indudablemente no estaban todas
pero si las más representativas de una vida
dedicada por entero al arte. De allí en adelante
ha lanzado una carpeta con grabados. En 1986 recibió
el Premio, Eugenio Espejo. El 94 el premio Gabriela
Mistral Nacional de Cultura de la Organización
de los Estados Americanos OEA. Vivía cerca
de Quito en la Posada de la Soledad, que había
hacho acondicionar como estudio y domicilio.
Conflictivo y vital, este enorme
pintor nacional tiene aún mucho camino que
recorrer en pos del ideal; serio, circunspecto, jamás
ha sufrido de angurrias económicas ni de poses
seudo intelectuales.
Su carrera comenzó como
pintor expresionista por sus ideas político-sociales,
luego devino en planos de búsquedas constantes
del arte por el arte dentro de un indigenismo que
fue ahondando a través del dibujo y el color
hasta llegar a las raíces mas profundas de
esos hombres cansados y sufridos, sin olvidar por
ello a lo urbano-mestizo. La era nuclear y las nuevas
tendencias le hicieron buscar un abstraccionismo,
pero salió de él a través de
temas agrarios llenos de color, donde las mujeres
y los niños forman un mundo expresado a través
de manos y rostros de ricas cualidades y trazos breves,
visión realista pero al mismo tiempo optimista,
anuncia nuevos y mejores días. Ya no estamos
frente al indio destruido y acanallado como en "Fin
de Fiesta” su patético óleo de
1941, sino frente al mundo esperanzado de "Siembra"
que sin embargo no olvida la problemática dolorosa
que presenta en otras telas: "Vida que huye",
"Aniquilamiento", "Intima Plegaria".
Un mundo elemental si pero expresado con valor único,
pues solo se parece a sí mismo.
En Septimbre de 1997 estuvo
animosos y hasta quizo preparar el dibujo de la portada
del libro de los Riofrío de su pariente Marcia
Stacey de Valdiviezo.
En Octubre tomó unas
vacaciones en Bahía de Caraquez con todos los
suyos y al final se sintió muy débil
y regresó a Quito donde se declaró una
licencia, agravda con su efisema pulmonar por su condición
de ex fumador. Hospitalizado en una clínica
estuvo tres semnas gravísimo. Falleció
el Jueves 27 de Noviembre, de 84 años de edad
y fue enterrado en el cemnterio Jardines del Valle.
Blanco tostado, de estatura baja, pelo negro, grandes
manos de artista y campesino, sonrisa fácil
y agradable. Excelente amigo de sus amigos, se sacrifica
por ellos. Buen padre y esposo, constituye una de
las glorias vivas de la cultura nacional.