CRISTOBAL DE MENA
CRONISTA.- Nació
en Ciudad Real, Castilla la Nueva, España,
en 1502. Su condición hidalgo, culto e instruido.
Hijo legítimo de Diego Sánchez, de Medina
y de Inés Alonso, pasó a Indias entre
1510 y el 13, posiblemente de veinte años de
edad. Para 1526 era Capitán y servía
a Pedrarias Dávila en la conquista de Nicaragua
y estando Mena de Regidor de la ciudad de Granada,
le encomendó que fuera al descubrimiento de
minas.
En 1531 acompañó
a Francisco Pizarro en su tercer viaje al Perú.
Mena era el más destacado Capitán después
de aquel y sus hermanos, gozaba de la confianza de
su jefe y el Cronista Herrera le menciona en primer
lugar después de aquellos. La expedición
había partido de Panamá tras eludir
al Gobernador La Gama, porque no habían podido
cumplir todas las Ordenanzas Reales sobre expediciones
descubridoras.
"Mena se había
quedado en el puerto de Realejo para recoger a los
aventureros de última hora y a otros prohibidos
de embarcar por no haber saldado sus cuentas de hambre
en Panamá. El Funcionario Real, avisado de
eso, envió un Teniente al barco, pero al arribo
del dicho Teniente, le resistieron la entrada".
"Como Capitán del
barco partió hacia las islas de las Perlas
llevando buen número de esclavos indios de
Nicaragua y el 22 de Abril vendió una india
a dos soldados de la expedición. Luego en Coaque
vendió un caballo a crédito, quedándoselo
como garantía de la deuda y fue enviado a Puerto
Viejo a rechazar a los indios hostiles. En Caraquez
despejó con una escuadra de jinetes a los indios
sublevados y cuando estaba en la isla Puna llegaron
Hernando de Soto y Sebastián de Benalcázar,
que lo opacaron, pasó a segundo plano"
pues en razón de su origen era paisano de Almagro,
condición que le acarreó la desconfianza
de los Pizarro.
En Túmbez figuró
como jefe de las balsas que se aventuraron al desembarco
y en Cajamarca mandó unos de los trazos de
la caballería que tanta parte tuvo en tan horrible
matanza y obtuvo 8.380 pesos de oro y 366 marcos de
plata del rescate del Inca, suma que consideró
injusta y motivó su retiro de la empresa conquistadora.
Entonces recibió varios contratos y comisiones
para España. Almagro le confió en secreto
un Poder para solicitar al Rey ciertas mercedes y
honores cuya gestión había encargado
a Hernando Pizarro, pero desconfiaba que éste
las cumpliera; también le entregó 7.000
castellanos de oro en calidad de préstamo,
debiendo cobrarse con algunas escrituras de deuda
que Mena le dejaba y con la parte del rescate que
éste aún no recibía.
En España pidió
con Juan Téllez las provisiones reales que
Almagro solicitaba y obtenidas éstas le envió
traslados de ellas, mientras Hernando Pizarro incumplía
sus encargos y en lugar de pedir a nombre de Almagro
lo acusaba ante el Rey.
Merced a sus esfuerzos la corona
le concedió a Almagro la Gobernación
de Nueva Castilla en términos Geográficos
que se prestaron a equívocos y malos entendimientos,
provocando a la postre una disputa de jurisdicción
sobre el Cusco, que provocó la guerra civil
entre los conquistadores, en la cual murieron violentamente
Almagro el Viejo y su hijo Almagro el mozo. Francisco
y su hermano Gonzalo Pizarro.
En Abril de 1534 publicó
en Sevilla, sin firma, la primera crónica que
se conoce sobre la conquista del Perú, que
tituló "La conquista del Perú,
llamada la nueva Castilla, La qual tierra por divina
voluntad fue maravillosamente conquistada en las felicísima
ventura del Emperador y Rey Nuestro Señor y
por la prudencia y esfuerzo del muy magnífico
y valeroso Caballero el Capitán Francisco Pizarro,
Gobernador y Adelantado de la Nueva Castilla y de
su hermano Hernando Pizarro y de sus animosos Capitanes,
fieles y esforzados compañeros, que con él
se hallaron", impresa en la Casa de Bartolomé
Pérez. (1)
(1) Impresa por Bartolomé
Pérez, Sevilla, Abril de 1534. Folleto de 16
páginas sin folio, con 12 apretadas paginas
de texto, portada con grabado.
Dicha Relación fue considerada
como Anónima hasta que ya bien entrado el siglo
XX se llegó a descubrir a su autor y solo se
conserva en dos ejemplares, uno en el Museo Británico
y el otro en la Biblioteca Pública de New York,
que ha hecho una edición facsimilar de dicho
ejemplar. Numerosos investigadores la han reproducido
con anterioridad y otros sólo se han referido
a ella. Su interés principal radica en que
Mena o Medina como figura en otros documentos, fue
"testigo presencial de los hechos que relata
espontáneamente y sin llegar a las deformaciones
de algunas Crónicas o Relaciones posteriores,
por eso "Es la más fresca y espontánea
de todas, las que guarda más fiel e intacta
la emoción de los sucesos de Cajamarca. Sumarísima
para relatar las etapas del viaje marítimo,
acentúa su minuciosidad a medida que los españoles
se acercan al Inca. Los mensajes de Atahualpa a Pizarro
adquieren en ella mayor precisión. La prisión
y el rescate, el viaje de los comisionados al Cusco
y Pachacamac, no pueden restaurarse sin sus datos
esenciales, mas palpable en éste que en ningún
otro relato. Indios y españoles son menos convencionales:
se siente el choque de las dos razas tal como fue
y no se omiten las rudezas imprescindibles de él.
Crueldades de los Capitanes españoles con los
indios, como actos de barbarie de éstos, se
refieren sin melindres. Mena es el único cronista
español que refiere las torturas impuestas
por Soto a Calicuchima, para hacerle declarar donde
estaban los tesoros de Atahualpa, el primero que trae
noticias de los cadáveres de indios colgados
en los caminos incaicos por orden de Atahualpa y describe
el tambor humano del Inca, hecho del pellejo disecado
de su hermano y su vaso fúnebre labrado en
el cráneo del mismo. La emoción auténtica
de la conquista se adquiere en sus páginas.
Ni en Jerez, relato frío y oficial; ni en Pizarro
o Trujillo, cronistas retrospectivos, se siente esa
sensación de incertidumbre y de angustia por
el peligro, que trasciende esta crónica. El
tono personal de la crónica es uno de sus mejores
atractivos. En él respira el soldado de la
conquista con sus afectos, pasiones, odios, codicia,
ambición, temor u osadía confundidos.
Pura sinceridad, verdad primera, vivida e infalsificable.
Estamos ante un manantial histórico".
Parece que Mena escribió
esta Relación parte en Panamá y parte
en la travesía por el Atlántico y que
tuvo terminada al arribar a Sevilla, donde litigó
por Almagro, la publicó y después debió
vivir tranquilamente con la fortuna adquirida en el
Perú, pues no se tiene otras noticias de él.